¡Noticia excepcional...por los pelos!

Casualmente, revisando notas para uno de mis nuevos libros, me he enterado que unos arqueólogos polacos encuentran una peluquería existente hace veinte siglos en un templo egipcio. Fue –según la fuente- en el transcurso de unas excavaciones en el templo de Tutmés III, ubicado en el alto Egipto, donde encontraron los restos de una peluquería de aquella época. La noticia procede del diario Trybuna Ludu mediante una entrevista que le realizaron al profesor Kazimierz Michalowski, jefe del grupo de arqueólogos polacos en Egipto en referencia a estos descubrimientos tan singulares. Con ello se demuestra el interés que el acicalamiento y las evoluciones del cabello ha tenido en el transcurrir del tiempo como fuente inagotable de belleza.

Tal cuestión me ha enardecido los ánimos para contaros cómo, en qué momentos y de qué forma se preocuparon más en la antigüedad por tener unos cabellos embellecidos, deslumbrantes y qué métodos emplearon para lograrlo, amén de otras curiosidades que, según creo, os deben interesar a todos. Y, aquí estoy, entregado en cuerpo y alma. Lo dividiré en dos partes a fin de que resulte más corto y atrayente.

-PARTE I--

Los egipcios

Diodoro de Sicilia dice que "Osiris hizo el juramento de no rasurarse la cabeza hasta que no estuviese de vuelta a su patria". A esto, Diodoro añade "que el origen del uso constante entre los egipcios de no cortarse los cabellos ni la barba estriba desde el día en que salen de su país hasta en el que vuelven a su patria". De este pasaje se puede concluir que los egipcios se rasuraban habitualmente la cabeza. Herodoto lo asegura positivamente de los sacerdotes de aquella nación, añadiendo, además, "que no solo se rapaban toda la cabeza sino también todas las otras partes del cuerpo, temiendo profanar el culto de los dioses con alguna suciedad oculta o con la presencia de algún insecto nacido entre el pelo".

En cuanto a las mujeres egipcias, parece que conservaban su cabellera, que cortaban en forma cuadrada sobre el cuello y cubrían con una especie de gorro muy grande. Acostumbraban también los egipcios ofrecer votos a los dioses, como casi todos los otros pueblos, para la curación de sus hijos enfermos, y cuando se hallaban restablecidos los conducían al templo, en el que les cortaban el cabello, poniéndolo luego en una balanza y ofreciendo igual peso de oro, el que entregaban a los que cuidaban de los animales sagrados.

Judíos

Los judíos estaban sujetos a ciertas reglas particulares acerca el modo de traer el pelo. No se les permitía el cortarlo en redondo porque los árabes, los amonitas, los moabitas, los idumeos y pueblos del Cedan, de Tema y de Blus los llevaban de esta manera en forma de corona a imitación de Unco. Y a esto alude lo que dice Jeremías en el cap, IX. v. 26, y lo que leemos en el Levítico cap. XIX. v. 27. En ciertas ocasiones se les permitía cortarse el cabello, como en caso de lepra u otras enfermedades, en el luto, en tiempo de penitencia, etc. En estos casos llevaban sobre la cabeza una especie de tiara como los persas y caldeos para disimular su pelada cabeza por esta causa.

Antiguos griegos

Entre los griegos los jóvenes de ambos sexos no se cortaban los cabellos hasta la época en que entraban en la adolescencia. Las muchachas se los cortaban la víspera de su matrimonio y los ofrecían por lo común a Diana o a las Parcas. Los jóvenes griegos consagraban por lo común sus primeros cabellos a Apolo o a Esculapio, y a veces a Baco. Los jóvenes de Megara dedicaban su primera cabellera a Ifinoe hija de Alcatoo, que murió virgen. Los de Siciona, a Egea. Los de la isla de Delos, a Ecaergeo y a su hermana Opi. Y los de Argos y de Atenas, a Minerva, etc.

Teseo ofreció el primero su cabellera al Dios de Delfos, cuyo ejemplo fue seguido por todos los jóvenes de distinción de Atena. Los asirios tenían una costumbre semejante, ofreciendo los jóvenes los cabellos y los mayores en edad la barba. Los pobres, a veces la consagraban a Hércules, o a cualquier otro dios adorado en Atenas.

En los primeros tiempos este uso no era constante y vemos a varios héroes consagrar su primera cabellera por un voto particular a las deidades que habían tenido un especial cuidado de su infancia y muchas veces, a los dioses de los ríos. Así es que Aquiles prometió la suya al río Sperchio si volvía sano y salvo de la guerra de Troya: pero habiendo después sabido que debía perecer en aquel sitio, dice Homero que se cortó los cabellos y los echó sobre la pira de su amigo Patroclo. Memnon ofreció la suya al Nilo.

Este uso de los griegos fue imitado por los jóvenes romanos, los cuales ofrecían a alguna deidad su primera barba y cabellera. Dion lo cuenta de Augusto y Suetonio reprueba a Calígula el haber admitido esta ceremonia religiosa. Juvenal habla de las fiestas y convites que se hacían en semejantes casos.

Muchas veces se contentaban los jóvenes con atar los primeros cabellos a la estatua de la divinidad a la cual los habían consagrado y Pausanias dice que la estatua de Igia estaba casi enteramente cubierta con las cabelleras que habían colgado o atado en ella las mujeres de Siciona.

Solamente las bacantes entre las mujeres griegas eran las que llevaban el cabello ondeante y sin ningún freno. Las muchachas se lo ataban sobre la frente o detrás de la cabeza: pero las mujeres casadas se lo anudaban ordinariamente sobre la nuca en una sola trenza que ondeaba sobre los hombros.

Los griegos creían que los dioses infernales cortaban un cabello a los mortales en el instante en que las Parcas (diosas de la muerte o arrebatadoras de la vida) cortaban también el estambre o cordón umbilical de su vida. Así es que la muerte en Eurípides aparece armada de una espada en actitud de cortar el fatal cabello de la generosa Alceste para hacer una víctima consagrada a los dioses infernales. Macrobio reconoce una imitación semejante de este pasaje de Eurípides en Virgilio, los que indican el uso que había entre los griegos de cortar los cabellos a los moribundos.

Acostumbraban también los griegos a cortarse los cabellos en el luto para echarlos sobre los cadáveres y sobre la pira de las personas que les habían sido queridas; y cuando no habían estado presentes a los funerales iban a deponer la cabellera sobre el sepulcro de los parientes o amigos, de cuyo uso podríamos citar infinidad de ejemplos. A veces, no solo los parientes y amigos del difunto daban esta prueba exterior de dolor sino que en ciertos casos un pueblo entero se cortaba el cabello en obsequio de algún personaje cuya pérdida le era muy sensible. Los tesalienses, al decir de Plutarco, todos se cortaron el cabello a la muerte de Pelopidas y los persas después de la de Masistio. Otros pueblos fueron aún más lejos, cortando las crines de sus caballos a fin de manifestar que hasta aquellos animales participaban de su dolor. Alejandro no se contentó con hacer llevar luto a los macedonios y a sus caballos por la muerte de su amigo Efestion, sino que hasta quiso que los seres inanimados diesen una prueba de sentimiento mandando derribar las almenas de las torres y murallas….

Por hoy, hasta aquí. La próxima semana… el capítulo II: ¡¡Cuidado, que vienen los romanos y la Edad Media!!

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Publicado el
31 de enero de 2017 - 06:33 h
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