Crisis galopante en la peluquería mundial

El peluquero en general y en numerosos países, además de su permanente crisis de identidad individual, atraviesa por un periodo comercial muy negativo que le ha obligado, insensatamente, a situar sus precios a la baja a más del 99% de los casos. Pero lo más curioso de esto es que se contradice por la gran demanda existente de sus servicios, aunque cada día más en merma por esas ventas de productos en establecimientos ajenos a su sector utilizados por millones de mujeres y hombres desde los 13-14 años de edad, donde debe incluirse lo derivado del fácil acceso a la profesión y por lo que se liberan miles de nuevos profesionales mes a mes, tantos como polvo en el ambiente, bajo una titulación que es papel mojado. Y, por  a todo esto, mediando productos de excelente calidad para una buena resolución técnica-artística, además de un sinfín de posibilidades, en parte, para su aprendizaje y continuado reciclaje artesano.

Lo más grave de esta situación, sobre todo para los profesionales de tipo medio y similares (los más abundantes y, quizá, con deseos de sobresalir muchos de ellos), con este tipo de precios en los que se mueven a la baja (que también afecta –por efectuarlo- a los de más élite), es la falta de expectativas que les posibiliten una salida para situar sus precios a la alza, todo ello, a la vez, que logre una normalización entre un justiprecio en relación a su calidad-precio-servicio en función de su demanda y la categoría adquirida por cada cual. Y, al ser así, se traduce en una falta de valoración personal-profesional por incapacidad en ellos para lograrlo. Porque, a todo esto, se añade la imposibilidad de promoverse individualmente de forma publicitaria en los medios de comunicación ajenos a los profesionales a fin de conseguir una mayor atracción de clientes a sus peluquerías, más aún si estos se mueven con métodos arcaicos, inviables o sin conocimiento de tener una organización interna cabal, apropiada y más acorde a los tiempos actuales. Este es el "lio mental" de muchos y, que si me apuráis un poco, sospecho que podría abarcar a la mayoría del colectivo en general.

Centremos el asunto en los posicionados en el nivel medio hasta casi llegar a los de élite: Veremos en ellos que, primero, por sus descalabrados precios a la baja, no son comparables con los márgenes actuales al compararlo con los de otras respetables profesiones (fontaneros, fotógrafos, señoras de servicio, braceros, chóferes, albañiles,  etc., etc.) que se hacen pagar más caros o, al menos, manteniendo precios desde hace años y a pesar de la crisis actual. En ellos observaremos, también, que no ponen, o muy poco necesitan algunos, para mantener su establecimiento abierto o poder ejercer como profesional por cuenta propia mediante una costosa instalación ni con producto costoso alguno que adquirir para desarrollar su loable actividad, muy al contrario que un peluquero con su establecimiento y cuanto a él le concierne, ni tampoco en aquellos trabajadores por cuenta ajena, pues en cualquiera de ambos casos siguen siendo superiores las ganancias netas a obtener por los primeros. Y esto es representativo que, de comparar las ganancias en unos y en otros, el profesional peluquero es un mendigo a su lado en ese 99,99% de los casos. O lo que es igual, un profesional de saldo y rebaja. Y, a todo esto, sin añadirle otros esfuerzos mayores y más costosos que invierte en el reciclaje continuado a llevar, la puesta al día de sus instalaciones y otros gastos que bien se conocen. Y así anda, dando tumbos y sin poderse mantener apenas en pié por tales circunstancias.

Veámoslo unos ejemplos de salarios comparativos en uno y otro caso: Un peluquero de media cañacaña cobra por peinar a una novia, incluyéndole otros atrezos técnicos (mechas, color, tratamiento capilar, depilación y maquillaje), una media de 500 euros. Vale. Un fotógrafo, de la misma categoría, por realizar un reportaje de novia completo, con retocado y álbum montado, cobra entre 1.500 y 2,000 euros. Ahí queda. ¡¡Y solo con una cámara, un digitalizador con programa y el tiempo invertido!! Nada comparable con la instalación de una peluquería, planos municipales de seguridad (que realiza un aparejador o arquitecto), costosas solicitudes de permisos en Industria y de Ayuntamiento para su apertura, instalación eléctrica y de agua adecuadas, espejos, vitrinas, productos, etc., etc.

Otro ejemplo ya nombrado: Peinar a una fémina en una peluquería media viene a cobrarse –según largo- entre 6,00 y 12,00 euros, para lo que empleará (sin contar gastos de realización, mantenimiento, amortización de instalación, herramental, impuestos, gestoría, S.S., etc., etc.), un cociente de entre media y de tres cuartos de hora. Una señora de limpieza cobra, sin poner nada más que su trabajo, entre 10,00 y 12,00 euros mínimo por utilizar este tiempo. Ahí vuelve a quedar el dato.

Más aún: Un albañil, quien solamente pone un herramental de escaso costo para una chapucilla cualquiera, nos demandará diariamente entre 80,00 a 120,00 euros. Una peluquera/o oficiala/al contratada por días, alcanza diariamente 30,00 euros, si acaso. Asalariados ambos con un contrato, el estilista (¿?

) cobra entre 900,00 y 1.200 euros mensuales que, unidos a las propinas, serán poco más de 1.000 ó 1.300 euros, mientras que el oficial albañil se embolsa entre 2.000,00 y 2.500,00 euros. Y así con el chófer, el fontanero, el visitador del gas o de la lavadora (30,00 euros por visita de 10-20 minutos, además de los gastos de su trabajo y el de las piezas)…, casi siempre en ellos mediando escaso reciclaje y unos modales rústicos que, a veces, se convierten en prepotentes.

Y, ahora, comparemos el cabello con un objeto. Sí, con aquel que es una monada, incluso de buena y costosa porcelana o con aquel valioso cuadro de firma postinera, y ambos nos gustan a rabiar al contemplarlos, el primero encima de un estante o un mueble, y el segundo en un atril o en la pared… de existir la luz por el medio, claro. Sin embrago, aunque siga siendo valioso estando a oscuras, ¿es comparable con el valor personal de una hermosa cabellera? Yo, creo que no. Porque, para empezar, el cabello no es algo inerte y sin vida propia como en los citados ejemplos; además, se puede acariciar por otra persona estando a oscuras mientras median sentimientos entre ambos y, con ello, la acción de poder transmitirse emociones inconmensurablemente indescifrables y vitales. El cabello tiene, por si no bastara, un gran poder para hacer sufrir o, contrariamente, gozar por su propietaria/o a causa del simbolismo y significado personal que encierra por sí mismo, sobre todo al estar bien trabajado y al gusto de la usuaria/o. Y, a todo esto, sin entrar en otras valoraciones que obvio tener de mayor importancia en sus portadoras/es entre quienes las/los admiren por tales cualidades personales únicas. Digamos, en este caso, que el cabello es un elemento activo capaz de conminar a afectos, con vida propia, que nace y se desarrolla independientemente de nuestra voluntad, el que padece cualquiera de nuestras circunstancias, sean personales o de salud, y el que nos sirve de potenciación personal y de imagen, tanto para nosotros como para quienes lo admiren, lo que otros adornos u obras de arte no logran, a no ser por su valor crematístico… que ya es otra cuestión diferente.

Nada de lo anterior es comparable con ninguna otra materia trabajada por artesano o artista alguno, que es más fácil, por otro lado, de trabajar. En la ropa, sus fibras están unidas y, por tanto, más fácil le es para el modisto o el sastre, mientras que para nosotros, y a fin de otorgarle una forma con la tijera ¡¡están sueltas y en la cantidad de ente 100.000 y 160.000 fibras capilares!! Y, a todo esto, hecho con una simple tijera y dependiente de nuestras manos, sin contar con remolinos, textura, calidad, exigencias de su usuaria/o… De tal manera que, comparando al cabello con un vestido u otra prenda, si esta se deteriora se tira y en paz. Nada más perdemos que su costo, y si acaso la vanidad de lucirlo, lo que con el cabello no se puede realizar, aunque se pretenda. Cualquier indumentaria y complementos, por muy caros y sugestivos que sean, no serán tan vistosos si lo acompaña un pelo descuidado y desfasado, ralo, sucio o...

Ya lo compararemos –analizando otras cuestiones al respecto- la semana próxima. ¡¡Os vais a quedar pasmados!!

Etiquetas
Publicado el
13 de diciembre de 2016 - 06:47 h