La paz es femenina
Hace un año por estas fechas se celebró en Córdoba un concierto por la paz cuyo eslogan fue “La paz es femenina”. En su concepto fundamental, la obra reivindicaba a la mujer como epicentro y motor de la paz mundial. Le pregunté a Fernando Vacas, su creador, que si lo creía de verdad, y me dijo algo así como que si las mujeres gobernaran el mundo no habría guerras, ya que a los que mandan a morir son sus hijos y por ahí una mujer no pasa.
Esta posición, que me pareció válida, me invitó a una reflexión más profunda. ¿Debemos feminizar el poder para acabar con las guerras?
El instinto de vida frente a la cultura de la muerte
La afirmación de Fernando me lleva al siguiente pensamiento; la mujer como dadora de vida sería, por naturaleza, contraria a la muerte. Quién que ha gestado y criado a un hijo, ¿podría enviarlo a morir en una trinchera?¿Podría mandar a los hijos de otras madres?
Este argumento me encaja porque en la historia de la humanidad, han sido mayoritariamente los hombres quienes han hecho la guerra. Han sido estos quienes han creado los ejércitos, quienes han diseñado las estrategias bélicas, quienes han cantado epopeyas de batallas y quienes, desde el poder, han decidido qué hijos de otros padres y madres debían morir en los campos de batalla. Sí, la guerra, ha sido tradicionalmente un club de hombres.
La violencia como herramienta masculina
Si bien el argumento del instinto maternal tiene fuerza, hay otra razón que personalmente encuentro menos esencialista y más sociológica que explica por qué las mujeres tienden a apartarse de la violencia en general. Nunca han tenido muchas opciones de usarla, por eso no se la plantean como la solución a un conflicto.
Las mujeres no han formado parte de los ejércitos, no han empuñado las armas en los conflictos, no han ocupado los puestos de mando desde los que se ordena matar, ni siquiera se plantean usarla de manera física en una discusión doméstica o de trabajo . Esta exclusión, lejos de ser una debilidad, las ha obligado a desarrollar un repertorio de herramientas para la resolución de conflictos. Cuando no se tiene acceso al puño, hay que aprender a usar la palabra. Cuando no se puede amenazar con el castigo físico, hay que persuadir, tejer alianzas y construir consensos.
Y no creo que las mujeres sean especialmente dadas a evitar conflictos, el conflicto es inherente a la vida en sociedad. La clave está en cómo son capaces de gestionarlo. Al haber estado tradicionalmente al margen de los espacios donde la violencia es moneda corriente, el ejército, la policía, los duelos de honor de hombres machotes, la política entendida como campo de batalla, las mujeres han debido enfrentar sus disputas en otros terrenos; el doméstico, el comunitario, el asociativo, lo que la politóloga Mary Kaldor llama “política cotidiana de resolución de conflictos”, una forma de hacer política basada en la negociación constante, el cuidado de las relaciones y la búsqueda de soluciones que no aniquilen al contrario.
El declive de la violencia según Steven Pinker
En Los mejores ángeles de nuestra naturaleza, Steven Pinker, autor del que soy fan desde hace años, sostiene y demuestra a lo largo de las casi 1000 páginas de su obra, que la violencia en la humanidad ha disminuido históricamente e identifica la feminización como una de sus cinco causas. Lo que me queda de artículo voy a dedicarlo a resumir y exponer su línea de pensamiento.
Su tesis principal combina la psicología evolutiva con el cambio cultural; la guerra ha sido tradicionalmente una actividad masculina porque para los hombres, el éxito reproductivo podría incrementarse mediante estatus y territorio obtenidos en conflictos. Por el lado de las mujeres, la prioridad evolutiva era mantener un entorno seguro para criar a su descendencia, lo que para Pinker, las convierte en una “fuerza pacificadora” natural.
Pero en su tesis, la feminización va más allá de que las mujeres simplemente ocupen cargos de poder. Es un proceso cultural que incluye el respeto por sus intereses y la influencia de su voz en la esfera pública. Las sociedades con mayor autonomía y derechos para las mujeres tienden a ser menos violentas.
Las excepciones
Pinker aborda la excepción de mujeres como Margaret Thatcher, Indira Gandhi o Golda Meir, que llevaron a sus países a la guerra. Su respuesta básicamente es que estas mujeres llegaron al poder teniendo que jugar con las reglas de un mundo de hombres. Para triunfar en un sistema político diseñado por y para varones, adoptaron un estilo de liderazgo “masculino”, mostrándose duras y decididas. Si las mujeres ostentaran al menos la mitad de los cargos de liderazgo, el entorno político, el poder, se feminizaría, y no se verían obligadas a emular esa “masculinidad”.
Feminizar el poder
Para Pinker, feminizar el poder significa transformar las estructuras para que dejen de ser patriarcales. Incorporar las experiencias y formas de hacer de las mujeres a la toma de decisiones. Cuestionar un modelo de poder históricamente masculino, jerárquico y basado en la dominación, para construir uno más horizontal y centrado en el cuidado de la vida.
No se trata de esperar que las mujeres nos salven por ser mujeres. Se trata de que, por su trayectoria histórica de exclusión de la violencia, poseen un saber hacer específico para navegar conflictos sin recurrir a las armas. Incorporarlas al poder no es solo algo de justicia o equidad; es dotar a las instituciones de un conocimiento perfeccionado durante siglos en el seno de cada familia, pero ignorado en las estructuras de poder.
El artículo me ha quedado algo más largo de lo habitual, pero creo que el tema y el momento histórico que vivimos lo merece. Tenemos que parar las guerras, los asesinatos, la violencia; nos va a ir la vida en ello; y tal vez es ya hora de que la humanidad saque su mejor arma.
Sobre este blog
Javier Jiménez (Córdoba 1976) es un empresario cordobés con más de 25 años de experiencia en los que ha iniciado proyectos de todo tipo en diferentes sectores. Futurista empedernido y adicto a la búsqueda y desarrollo de oportunidades y alianzas estratégicas tanto en el ámbito nacional como internacional. Un líder creativo y optimista con excelentes habilidades para el desarrollo de productos innovadores y mercados basados en tecnología. Actualmente dirige la empresa Grayhats en la que hace consultoría estratégica y de ciberseguridad.
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