Los misterios del color (I)

¿Qué es el color? ¿Existe en realidad? ¿Por qué lo observamos? ¿Cómo y por qué nos afecta?

El color es una sensación observada, sin que tenga o corresponda a una existencia material. Está encerrado en la luz, la cual, al descomponerse en el prima de nuestro ojo mediante los tres conos coloreados que dispone, el rojo, el azul y el amarillo, dan lugar a observar, además, el verde (mezcla de amarillo y azul), el violeta o morado (combinación del rojo y el azul) y el anaranjado (unión del rojo y el amarillo)… hasta formar ¡más de cien mil matices! Es similar a como hace el arco iris cuando atraviesa las gotas o el prisma del agua apareciendo a nuestra vista. ¿No es sorprendente?

¿Solamente así sucede? Pues no. Para nuestro asombro hay más detalles: Si observamos el color en un elemento cualquiera, por ejemplo el verde, es, además, porque él absorbe el verde y rechaza el resto de colores. ¿Mágico, verdad? Pues de tal manera e el color al observarlo, una particularidad casi exclusiva del humano, a pesar de que existan algunos animales que también pueden verlo, aunque muy mermado y de  escaso valor colorímetro en comparación nuestra. Fue el físico Newton el investigador del sistema actual del color, aunque fueron los mayas los primeros que lo descubrieron, demostrado al ser su bandera la que reflejaba los seis colores del arco iris, quizá por este motivo adoraban al sol como el carcelero de tan fascinante contenido coloreado.

Como digo, el color arranca de la luz. Tiene su origen en lo que se denomina , donde existen diversas longitudes de ondas; unas, las que vemos o , es decir, los colores, mientras que otras no pueden ser observadas por nuestros ojos, llamado ; éstas últimas, a su vez se reparten en dos secciones: las infrarrojas (que se sitúan antes del rojo) y las ultravioletas (que se sitúan detrás del violeta), aunque ambas puedan observarse mediante aparatología a exprofeso.

Las ondas visibles (los colores) tienen radiaciones normales, las que nos fascina, atrae e influye en nosotros hasta extremos insospechables (como que os descubriré en próximas ocasiones), sin otra particularidad mayor que la de gozar con y por ellas de cuanto nos rodea, que no es poca cosa. Sin embargo, las infrarrojas y las ultravioletas son dañinas a ultranza, de no tomar precauciones para ello; las primeras son propias de bajas y medias latitudes, como en playas y montes medios, siendo las que más poder calorífico encierran, mientras que las ultravioletas se extienden en la alta montaña y son las más peligrosas por sus radiaciones químicas. Por estos motivos debemos protegernos de ambas con cremas apropiadas y específicas al ser muy dañinas para nuestro organismo, e incluso cancerígenas y a veces mortales, especialmente las ultravioletas. Sin embargo, no hay que preocuparse, la vida es sabia. Nos ha otorgado la piel, la cual, en primera instancia, nos protegerá filtrando delicadamente estas radiaciones y reconvertirlas en vitamina D para fortalecimiento de nuestros huesos, amén de otras propiedades beneficiosas y apenas conocidas, de lo que os hablar. La piel, a su vez, se protege de forma natural poniéndose morena e hinchándose a la vez para frenar sus radiaciones creando más melanina, motivo por el cual la piel de la raza negra es más gruesa y mucho menos que la nórdica, existiendo intermedios entre las otras existentes, igual que le sucede en sus cabellos y uñas…

Os dejo con la miel en la boca, perdonad por ello, pero la próxima semana os contaré más cosas sobre el color que os dejará fascinados. Os lo prometo.  

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17 de febrero de 2015 - 01:21 h
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