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Manifiesto Diciembre

José María Martín

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Cuando ustedes lean esto ya será hoy, a pesar de que yo escribo en el ayer; es —al fin y al cabo— una de las grandezas del periodismo: escribir en pasado lo que se leerá en futuro.

En fin, decía que ayer fue un gran día, el último día de diciembre. Diciembre, para los que no lo sepan, es un mes del año que se llama d-i-c-i-e-m-b-r-e, a pesar de que haya sido anulado por el concepto Navidad. No es este un artículo contra la Navidad, es un artículo contra los conceptos que fagocitan sin tapujos los meses. También le ocurre a mayo, que en Córdoba ya no es sino un 'mes folclórico insoportable' que se ha apropiado incluso del término 'mayo'.

Así que esta tarde, cuando enciendan las luces de Navidad, diciembre dejara de ser diciembre (si lo fue alguna vez, yo no lo recuerdo) para pasar a ser inundado completamente por el concepto Navidad. De hecho, pronto enseñaremos en nuestros colegios los 12 meses del año así: enero, febrero, marzo, abril, mayo, junio, julio, agosto, septiembre, octubre, noviembre y navidad.

Entiendo que haya gente a la que le guste esto. Yo lo rechazo de plano, pues condiciona la identidad de los días. Porque esta Navidad estirada nos obliga a oír petardos desde hoy —si no antes—, a celebrar cenas de Navidad a principio de mes e incluso a tomar turrón durante más de 30 días. ¿Dónde quedaron esos anónimos días de diciembre, tibios y simples como los de noviembre, o como los de enero?

Esta semana me ha gustado leer a alguien que escribía: «reivindico la felicidad sin euforia». Lo compro y me lo apropio. Al repetir mentalmente la frase recuerdo otra sentencia que ofrecía, a modo de consejo para poetas principiantes, el escritor Eduardo García: «en un poema, la alegría no se nombra». Pues eso, que la felicidad no se nombra, pues se pierde. Diciembre acabó ayer, lo mataron el día que los centros comerciales adelantaron la promoción de sus oportunidades navideñas, el mismo día que el telediario informó del nuevo anuncio de la lotería, el día que conocimos los protagonistas del de Freixenet. Todos esos malditos irresponsables mataron diciembre pensando sólo en su propio beneficio. Sólo nos queda cruzar los dedos para que no invadan noviembre, como están haciendo con abril.

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