Sobre este blog

Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.

Oro verde

Recogida de aceituna en una finca de El Rinconcillo (La Carlota)

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De la antigüedad, el sur de la Península Ibérica fue una de las zonas más prósperas del Mediterráneo gracias a su particular oro. El olivo, el árbol más fuerte de toda la cuenca, resistente a sequías, a temporales, a nevadas y a vientos intensos, arrojaba un fruto que transformado servía para todo: el aceite. Para comer, para fabricar, para la cosmética. Para todo.

En Roma, de hecho, el único monte artificial es un basurero de la Bética. El Testaccio está formado por montones de ánforas que se arrojaban una vez depositado el aceite de oliva que llegaba principalmente desde el Valle del Guadalquivir.

El aceite siempre fue una especie de petróleo de la antigüedad, por su valor para que la vida siguiera funcionando. Una grasa natural óptima y sana, con mil y un usos, que hacía ricos a los terratenientes propietarios de los inmensos olivares donde se producía. Y que fue la causa principal de que desde siempre el sur de la Península fuese un lugar muy habitado, de enormes municipios, donde siempre hizo falta mucha mano de obra.

El aceite de oliva sigue siendo el oro verde, una especie de petróleo mediterráneo, que está alcanzando precios de récord. En origen, los olivicultores jamás pudieron pensar que iban a ver el kilo de aceite por encima de los cinco euros (y el kilo de aceituna a más de un euro). Los hay que no dudan que superará pronto la barrera de los seis euros. Las causas están claras: este año está siendo un producto escaso y al que millones de consumidores no quieren renunciar. Si no hay aceite, sube el precio.

El olivar, a pesar de todo, a pesar de sufrir la segunda peor cosecha del siglo XXI, a pesar de sus enormes costes, y de que depende de las zonas donde se produzca (los olivareros de Sierra Morena este año ni van a cosechar), es el único cultivo rentable del campo cordobés. Y la provincia tiende a convertirse en lo que ya fue en la Bética: una enorme plantación de olivar.

Jaén ya es hoy una provincia monótona, donde el paisaje de olivares se pierde en el horizonte mires donde mires. Córdoba mantiene amplias campiñas de cereal y zonas de regadío, donde ser agricultor es una lotería. En la última década son pocos los años rentables y muchos los que se ha cultivado casi por amor al arte. Lo comido por lo servido.

Por eso, cada año se arrancan más viñas, se dejan de sembrar cereales o almendros, y se planta más olivos en intensivo o en súper intensivo. Por que es lo único que merece la pena. Y por eso, quizás, Córdoba está condenada a ser una enorme plantación de olivar como Jaén.

Y a estas alturas creo que eso no es malo. El olivar es el único cultivo capaz de fijar población y de evitar que Córdoba forme parte de la España vaciada.

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Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.

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