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Sobre este blog

Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.

La edad dorada

Una antigua Olivetti.

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No sé si el periodismo atraviesa por su mejor momento. Miro atrás y recuerdo cuando un día me llamó un editor para invitarme amablemente a dejar de escribir de memoria histórica, porque eso “no es noticia”. Entonces no había redes sociales y creo que Pablo Iglesias empezaba a dar clase en la Universidad Complutense.

Este verano he descubierto cómo en los locos años veinte del siglo pasado los americanos descubrieron los tabloides. Antes incluso del Hearst de Ciudadano Kane, había periódicos que se inventaban las noticias porque sí. Ya sabemos qué pasó antes incluso, en 1898, cuando Estados Unidos le declaró la guerra a España por el hundimiento de un barco que en verdad fue un accidente. Hubo guerra, muertos y Cuba dejó de ser una provincia española.

Este oficio y este negocio siempre ha estado mal por una razón: tiene una enorme influencia en la sociedad. Y además no es rentable. O al menos con el modelo de negocio actual. Miren donde miren, los grandes medios de comunicación están quebrados. La falta de un modelo claro lo apuesta todo a la publicidad, algo que desde hace años descubrieron los que de verdad tienen poder, los que de verdad pagan.

Es como Facebook: si algo es gratis, es que tú eres el producto. Pues en el caso de la prensa siempre hay que preguntar que quién es el que paga. Y es muy importante saber la historia de cada corporación, por que las hay malvadas pero otras son heroicas. Y como los políticos: no todos son malos. Espero. Ya sabemos que generalizar no es bueno.

Pero si hay algo que cada vez tengo más claro es que al periodismo solo lo salvará el periodismo. Todos los periodistas tenemos el deber de acercarnos a la fuente. Pero sin olvidar lo que somos: periodistas.

Siempre cuento que en ciudades pequeñas como Córdoba es donde más difícil se hace ejercer el oficio. De repente, ese chico que era tu amigo se convierte en alcalde. O resulta que la prima de tu hermana con la que tan bien se lleva acaba siendo consejera.

Cada mañana, por ejemplo, camino por Capitulares y Claudio Marcelo. Hay terrazas y bares donde tomo café y me encuentro precisamente con los munícipes de la ciudad. Los hay más o menos chistosos, amables y que incluso, de manera sincera, se preocupan por ti, por tu familia o tus amigos. E incluso algún día puede que lleguéis a ser amigos. Pero a la gran mayoría siempre los noto con un freno de mano echado: están hablando con un periodista. Y eso se nos olvida casi siempre a los periodistas: estamos hablando con un cargo público.

Creo también que ninguno sobreviviríamos a una grabación que nos hubieran hecho en nuestro pasado. Incluso en algún encuentro con alguna fuente. No sé, pienso en algún chiste de mal gusto, en algún comentario fuera de contexto. Pero dudo que me encuentren conspirando. Lo odio. Con todas mis fuerzas.

En todos estos años me he encontrado con compañeros excelentes. En serio, en Córdoba el nivel de la prensa para una ciudad no tan pequeña pero tampoco tan grande es muy elevado. Aquí se han creado y editado periódicos excelentes. Pero es que los que se hacían antes de la Guerra Civil (cuando el franquismo los prohibió todos) eran excelentes en su mayoría. Ahí están las hemerotecas.

Pero también me he topado con otros no tan bueno, obsesionados con agradar y con ese miedo terrible que muchos editores te susurran el día que pisas una redacción: que en la calle hace mucho frío. Por eso es tan importante que los lectores retomen el control y dejen de convertirse en el producto y pasen a formar parte del negocio.

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Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.

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