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Sobre este blog

Manon y Julio han recorrido medio mundo en bicicleta y están empeñados en montar al otro medio sobre dos ruedas para propagar los beneficios de la movilidad activa. Discípulos de Malabrocca, llevan lustros investigando sobre intermodalidad, urbanismo, mecánica o educación. Siempre en y sobre sus velocípedos. Como profes que son, les encanta aprender. Están convencidos que esto de la movilidad activa es la solución a la insoportable levedad del ser en la era del petróleo. Para ello han puesto a pedalear todo lo que han aprendido en su formación en sociología, economía, pedagogía, turismo o gestión cultural. Y han metido todo en una coctelera para fundar Revelociona SCA. Los de Cordópolis les han dejado esta esquinita para compartir los paisajes, análisis y resultados que ven desde su manillar.

Guiando por la Mezquita II: Contra la resignación y el silencio

Visitas a la Mezquita Catedral.

Julio Díaz Sánchez

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Las victorias tienen una curiosa tendencia a parecer inevitables una vez que suceden. Cuando llegan las resoluciones favorables, los comunicados oficiales y los cambios normativos, es fácil olvidar los años de desgaste, incertidumbre y soledad que las hicieron posibles.

Incluso llegan a parecer en cierto modo predecibles, lo que les confiere una perspectiva que atenúa los años de trabajo, lucha, silencio, rechazo o frustración. Esta racionalización de lo que un día fue impredecible a la luz pública es lo que se conoce como la metáfora del “Cisne Negro”, que desarrolló el filosofo libanés Nassim Taleb.

La rectificación del Cabildo a su propio sistema de segregación laboral contra los guías turísticos acreditados por la Junta de Andalucía puede resultar un giro predecible o sorpresivo. Pues bien, aunque la noticia ha sacudido el mundo del turismo y ha dejado a unos atónitos –los partidarios del inmovilismo– y a otros eufóricos –la mayoría de la profesión y buena parte de la opinión pública– ni puede sorprender ni era predecible. Ni uno ni lo otro. Es el resultado de una larga batalla que durante años se libró lejos de los focos pero que, también, ha llegado con antelación, cuando nos estábamos armando para un largo invierno de denuncias, movilizaciones y pleitos

Por eso conviene recordar cómo hemos llegado hasta aquí.

Como ya es bien sabido, desde hace décadas, los guías turísticos habilitados por la Junta de Andalucía no podemos ejercer nuestra profesión en la Mezquita de Córdoba debido a una segregación laboral ilegal impuesta por el Cabildo y permitida por la Administración. En todo este tiempo, esto se ha asumido como una realidad inamovible entre los guías, optando en su mayoría por adaptarse a ella y buscar otras salidas laborales. Haciendo de la necesidad virtud y convenciéndose de que no existía alternativa posible.

Pero siempre ha habido un discurso contestatario latente frente a este atropello laboral en el sector. Un discurso quizá intermitente, que se daba de bruces contra las puertas del Cabildo, de la Administración y, sobre todo, contra la hostilidad que sufrían, que sufren, quienes se atrevían a cuestionar aquel sistema mientras frecuentan el entorno de la Mezquita durante el ejercicio de su trabajo.

Ese discurso se fortaleció tras la última convocatoria del examen del Cabildo en 2023 que, además de carecer de cobertura legal, dejó un reguero de suspicacias sobre su imparcialidad. La combinación de ilegitimidad, opacidad y arbitrariedad llevó finalmente a un buen puñado de guías oficiales a plantarse ante un sistema diseñado para perpetuarse a sí mismo (que abordaremos en la próxima entrega).

En ese contexto, un grupo de profesionales decidió no resignarse. Y se organizó bajo la Asociación INGUIATE. Un grupo motor que lleva tres años trabajando con denuedo. Invirtiendo tiempo, energía y dinero para intentar sacudir una estructura que condena al ostracismo profesional a la inmensa mayoría de los guías turísticos de Córdoba y que, además, nos mantiene excluidos de cualquier ámbito efectivo de representación profesional.

Así nació una batalla que, vista con perspectiva, tiene algo de obstinación y bastante de locura. Porque cuestionar una situación consolidada durante décadas significa enfrentarse a inercias profundamente arraigadas. Y significa exponerse profesionalmente, asumir costes personales y hacerlo sin ninguna garantía de éxito.

Lo hicimos —y lo seguimos haciendo— presentando escritos, impulsando denuncias, solicitando reuniones y acudiendo a todas las instancias administrativas posibles. Llamando a puertas que durante años permanecieron impasibles. Insistiendo cuando la respuesta era el silencio o el portazo. Manteniendo una reivindicación extraordinariamente sencilla: exigir a la Administración que haga cumplir su propia normativa. Muchas de estas denuncias y reclamaciones aún siguen sin resolver. Veremos cómo terminan ahora.

Un trabajo arduo que no siempre ha sido un trabajo visible. Las fotografías, los titulares o las declaraciones públicas representan apenas una pequeña parte de lo ocurrido. Detrás ha habido innumerables horas dedicadas a estudiar normativa, redactar documentos, preparar reuniones, responder alegaciones y sostener una presión constante que rara vez trasciende a la opinión pública.

Porque también hemos mantenido una importante batalla comunicativa. Nuestra reivindicación ha encontrado espacio en RTVE, La Sexta, Canal Sur Radio, Cadena SER, elDiario.es, El País, El Mundo, El Salto, Espacio Andaluz, Paradigma Radio y numerosos medios más.

Aunque merece una mención especial la cobertura que hemos encontrado en esta: Cordópolis. Que ha demostrado una enorme sensibilidad, además de ser un altavoz veraz de los acontecimientos de la ciudad. Hay periodistas que consideran que esto no trata de una disputa menor, sino de una cuestión que afecta al modelo de gestión del principal monumento de Córdoba y al ejercicio profesional de centenares de trabajadores.

Por eso hay ausencias especialmente dolorosas de ciertos medios tradicionales locales. Es cierto que los medios no deben tomar partido en cuestiones políticas, pero igual de político es mostrar un conflicto como no mostrarlo. Y tratándose de una problemática que afecta a toda una profesión en un escenario de relevancia internacional, mirar para otro lado está mucho más politizado que recoger la voz y la rabia de tus paisanos y paisanas. El silencio también es político.

Porque esta visibilidad ha sido decisiva. No porque resuelva el problema por sí sola, sino porque ha impedido que el conflicto se mantenga en los márgenes. Hay ciertas posturas, ciertas polémicas que solo se sostienen cuando son extirpadas del debate público. Mientras que permanecen aletargadas u ocultas, se perpetúan por inercia. Pero difícilmente resisten un debate público y riguroso, porque nadie se atreve a defender abiertamente una ilegalidad si no consigue disfrazarla de tradición. O porque la responsabilidad pasa de unos a otros hasta que termina por diluirse.

Uno de los momentos de más trascendencia en este periplo llegó cuando varios guías decidimos reivindicar públicamente nuestro derecho a acceder a la Mezquita para hacer una visita guiada. Aquella acción terminó con una intervención policial y con escenas de gran tensión que reflejaban hasta qué punto se había normalizado una situación injustificable para la opinión pública.

Pintada en la avenida de los Piconeros.

Una minoría y un gasto patrimonial incalculable

Además de las horas robadas a la formación, a nuestros proyectos profesionales, familiares o al ocio, la parte más difícil ha sido enfrentarnos a la incomprensión, la indiferencia, los silencios y reproches dentro y fuera de la propia profesión. O tener que ser testigos de actitudes paternalistas o fiscalizadoras constantes en el entorno del monumento.

Dentro de la profesión ha habido todo tipo de posturas. Muchos compañeros entendían el problema pero preferían mantenerse al margen. Otros consideraban imposible cambiar nada. Algunos temían los costes profesionales y personales que podría acarrear posicionarse públicamente. Los hubo que temían enemistarse con personas de su entorno. O manchar su carrera académica en un conflicto sin visos de solución.

O los que, desde el lado privilegiado, entendían que era la legislación la que estaba equivocada y que la mayoría de profesionales no se habían esforzado lo suficiente o tenían un formación inferior a la suya.

Ninguna de estas posturas resulta especialmente sorprendente. Los conflictos prolongados suelen generar resignación. Así como los privilegios consolidados suelen presentarse como situaciones naturales.

Sin embargo, la historia de cualquier avance colectivo demuestra que las transformaciones nunca comienzan cuando una mayoría está convencida de ellas. Comienzan cuando una minoría decide insistir, haciendo buena la máxima de “Une minorité à la ligne révolutionnaire correcte n’est plus une minorité”.

Sin embargo, esta historia no pertenece únicamente a las caras visibles ni a los que a partir de ahora van a poder normalizar su situación laboral. Y ni siquiera es una victoria de INGUIATE.

También es un triunfo de quienes iniciaron esta reivindicación hace años, aquellos que dedicaron tiempo, esfuerzo y energía a denunciar una situación que parecía imposible de revertir, ya a principios del s. XXI. Y es una victoria simbólica, especialmente, de los y las compañeras de profesión, a todos aquellos que se jubilaron con la frustración y la tristeza de no haber podido trabajar jamás dentro de los muros de la joya omeya de Córdoba, a pesar de tener la ley de su parte. La administración les falló, así que esta victoria va por ellas y ellos. Una reparación moral que les llega muy tarde.

La resolución conocida estos días no es una heroicidad, pero es el fin de un atropello laboral mayúsculo que nos ha impedido el desarrollo laboral para el que estamos formados. Una segregación que ha supuesto pérdidas profesionales y económicas difíciles de cuantificar. No podemos saber cuántos guías hasta la fecha se han visto censurados ni estimar el perjuicio económico que han sufrido ellos y sus familias a lo largo de todos estos años.

Tampoco se pueden contabilizar las jornadas de trabajo dedicadas a reuniones, a estudiar normativa y preparar documentación, enviar reclamaciones, llamadas de teléfono. Las horas robadas a nuestras familias, nuestras aficiones, nuestra formación, para que esta cuestión no cayera en el olvido. ¿A cuánto sale la hora invertida? ¿Cómo cuantificar el daño patrimonial que sufre un profesional al que le impide ilegalmente ejercer su profesión durante décadas? Ciertamente, es un perjuicio incalculable e irreparable, que aún veremos alargarse seis meses más. Y por ello animamos a toda la profesión a presentar recursos por el perjuicio patrimonial sufrido por este agravio que ahora se demuestra que era fácilmente corregible.

Retroactivamente todos somos Manolete

Resulta llamativo comprobar cómo, tras el anuncio, han surgido muchas voces que inmediatamente se han erigido en adalides de esta batalla, llegando incluso a posicionarse públicamente como activos protagonistas de esta reivindicación. Cuando en todo este tiempo ha reinado el quijotismo y la soledad de unos guías en busca de grietas en una estructura monolítica y hostil. En esta otra pelea por la legitimidad, hemos tenido que estar vigilantes. Y se ha dado el caso de tener que exigir una rectificación cuando personas ajenas a nuestra asociación han suplantado nuestra identidad públicamente en medios de comunicación (ver ejemplo en enlace). Dejando claro que no queremos la hegemonía de un proceso complejo, lleno de aristas, pero que tampoco vamos a permitir que se usurpe nuestro rol riguroso, fruto de años de trabajo y sinsabores.

Por último, destacar que a pesar del cansancio o de la euforia, este pulso demuestra que la resignación no puede ser infinita. Y que incluso los conflictos más enquistados pueden cambiar cuando existe una combinación suficiente de perseverancia, convicción y trabajo colectivo.

Por eso la noticia que estos días celebramos no es únicamente una modificación de un sistema de acceso profesional. Es la prueba de que un pequeño grupo de personas, enfrentándose a una realidad que parecía inamovible, puede modificar el curso de una historia que hasta la misma administración había dado por perdida. Y puede que esa, quizá, sea la victoria más importante de todas.

Estamos cansados, sí. Pero no vamos a cejar hasta que todo compañero guía o intérprete con la acreditación oficial pueda ejercer su trabajo según la legislación vigente en la Mezquita-Catedral de Córdoba. Sin argucias y en igualdad de condiciones. Y, a partir de ese momento, porfiaremos para que se depuren responsabilidades y se lleven a cabo medidas encaminadas a compensar este daño laboral y patrimonial históricos.

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Manon y Julio han recorrido medio mundo en bicicleta y están empeñados en montar al otro medio sobre dos ruedas para propagar los beneficios de la movilidad activa. Discípulos de Malabrocca, llevan lustros investigando sobre intermodalidad, urbanismo, mecánica o educación. Siempre en y sobre sus velocípedos. Como profes que son, les encanta aprender. Están convencidos que esto de la movilidad activa es la solución a la insoportable levedad del ser en la era del petróleo. Para ello han puesto a pedalear todo lo que han aprendido en su formación en sociología, economía, pedagogía, turismo o gestión cultural. Y han metido todo en una coctelera para fundar Revelociona SCA. Los de Cordópolis les han dejado esta esquinita para compartir los paisajes, análisis y resultados que ven desde su manillar.

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