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Sobre este blog

Manon y Julio han recorrido medio mundo en bicicleta y están empeñados en montar al otro medio sobre dos ruedas para propagar los beneficios de la movilidad activa. Discípulos de Malabrocca, llevan lustros investigando sobre intermodalidad, urbanismo, mecánica o educación. Siempre en y sobre sus velocípedos. Como profes que son, les encanta aprender. Están convencidos que esto de la movilidad activa es la solución a la insoportable levedad del ser en la era del petróleo. Para ello han puesto a pedalear todo lo que han aprendido en su formación en sociología, economía, pedagogía, turismo o gestión cultural. Y han metido todo en una coctelera para fundar Revelociona SCA. Los de Cordópolis les han dejado esta esquinita para compartir los paisajes, análisis y resultados que ven desde su manillar.

¡Camarero, una de rally!

Tramo urbano del Rally Sierra Morena

Julio Díaz Sánchez

18 de abril de 2026 20:34 h

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Una media maratón, cuatro carreras populares, decenas de procesiones, docenas de conciertos, centenares de despedidas de soltería, una magna... Y, camarero: ¡una de rally! Da igual el formato o la lógica. Al tratarse de Córdoba, la pregunta parece no ser dónde encaja mejor un evento, sino cómo nos las ingeniamos para meterlo en el casco histórico. Y, a ser posible, que termine a las puertas o dentro de la misma Mezquita, para así salir mejor en las fotos.

Sales a pasear un martes a la noche y te tomas un helado: hay días en los que Córdoba parece una ciudad seria, incluso solemne. Y luego llegan las agendas, los findes, los mayos, los eventos encadenados, solapados o amontonados.

Porque no deja de tener su gracia —o su mala leche, según se mire— que en pleno 2026, con todo el discurso sobre sostenibilidad, protección patrimonial y calidad de vida, la UNESCO, los ODS y la Agenda 2030, nuestra querida ciudad se envuelva en la bandera del ruido, la gasolina y el mal gusto, y meta a setenta coches en el centro histórico otro año más. Sí, sí, un rally de coches.

Faltaría tan solo que algún año aprovechen la ausencia de la celosía de Rafael de la Hoz y hagan aparcar en batería a los pilotos en la sala de oración de la Mezquita Aljama, para completar la foto con la estampa tan pintoresca que quedaría de esa sala hipóstila repleta de parihuelas metálicas sobre ruedas.

Bromas aparte, o no. Habría que aceptar que el casco histórico, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, no es un mero decorado ni un escenario de cartón. No es un plató de TV donde todo cabe, que nada tiene consecuencias. Es un espacio frágil, limitado, con vecinos, pocos, y que tiene una historia única y una identidad propia. Con un valor patrimonial que, como el mar, no es infinito. Y, aun así, se le esquilma como si no tuviera fin, como si no hubiera un mañana. Ni un ayer.

El absurdo alcanza su apogeo cuando un centenar de coches de competición acceden a la zona ACIRE. La zona de las restricciones, de las cámaras, de las multas si te despistas. La misma donde el vecino tiene que justificar cada movimiento. Y no por capricho, sino como ejemplo de preservación. La ZBE, o ACIRE, es una reserva protegida de movilidad amable. Pero, si hay un evento, se abre la mano. O se apagan directamente las cámaras. O quizá, quién sabe, hasta han solicitado el permiso por la web del Área de Movilidad. Faltaría más. Tienen hasta 48 h para hacerlo.

La estampa desde el jueves pasado nos deja un casco histórico tomado por las vallas enmarcado en un espectáculo kitsch, a medio camino entre el futurismo de los años sesenta, un parque temático noventero, la feria del pueblo y un parque logístico.

Y esos muros que son testigos de la historia, convertidos en epicentro del turismo de masas, haciendo de caja de resonancia de la onanística y estéril combustión de petróleo. Con lo caro que le está saliendo el oro negro a la humanidad y al planeta, infinitamente más que a nuestros bolsillos.

Cómo conciliar un rally con grupos y más grupos, visitas exprés, colas, prisas. Entre medias, despedidas de soltero y soltera que ven los coches y se suben a las rejas, como si fuera un toro embistiendo en un encierro. Quién dijo ruido. Quién se atreve a hablar de saturación. Que nadie mencione la sensación de que el espacio ya no pertenece a la ciudad o a sus habitantes, sino al negocio.

Aunque, bien mirado, al menos las molestias de este maratón de sin sentidos a los exiguos vecinos y vecinas son muy escasas. Algo bueno tenía que tener que la gentrificación haya ido vaciando poco a poco la medina de la ciudad. Menos gente a la que incomodar, menos ventanas con vida detrás, balcones con flores de plástico y poco sueño que conciliar. Todo resulta más fácil de gestionar cuando casi no queda a quién pedirle paciencia ni hay apenas rutinas que interrumpir.

Pero dejemos el ego urbanita y vayamos a la Morena Sierra. Ese contraste brutal con el entorno bucólico por el que transita el rally. Paisaje, naturaleza, silencio… hasta que “yiropaaaa”, llega el “homo automobilis” y arrampla con todo. Porque los efectos colaterales son innumerables: contaminación de toda índole —ruido, gasolina, basura—, impacto en la flora y la fauna, caminos alterados y una incompatibilidad evidente con otras actividades que, directamente, se ven desplazadas o suspendidas.

Aquí gas y después gloria

Todo por unos euros y unas horas de espectáculo. Esta orgía de petróleo y rugidos es el epítome del concepto acuñado por Cara Daggett en 2018: la “petromasculinidad”. Esa mezcla de gasolina, testosterona y ruido que ha esculpido buena parte de la personalidad de muchos de nosotros. Una narrativa de la potencia y la virilidad que hay que exhibir. Una estética que tiene su público, y el público tiene voz. Y voto. Aunque se hunda el Titanic.

Pero no nos pongamos muy serios. Porque aquí no se trata de estar en contra de todo ni de nada. Los eventos suman, generan actividad, dan vida. El problema es cuando todo se hacina en el mismo sitio. Cuando no hay equilibrio ni dos dedos de frente, cuando no hay estrategia, cuando la ciudad entera se pliega siempre al mismo punto. En el ombligo al que mirarse como Narciso.

En serio: ¿todo tiene que pasar por el centro? ¿Es el casco histórico el mejor circuito de coches de la ciudad? ¿Todo tiene que terminar en la Mezquita?

Parece que se llevaron la feria al Arenal para que todo lo demás pueda realizarse en el centro. Entender que Córdoba es más que su postal más famosa, más que su eje turístico, más que su kilómetro cero emocional; es una lección por aprender. Que no todo cabe en todos lados. Que es muy fácil centralizar pero mucho más complicado es pensar. Distribuir. Diversificar.

“Camarero, una de rally”, pues sujétame el cubata.

Cuidado con los trajes de comunión, no vayan a llenarse de grasa para las fotos. Que luego la manchas de grasa no salen.

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Manon y Julio han recorrido medio mundo en bicicleta y están empeñados en montar al otro medio sobre dos ruedas para propagar los beneficios de la movilidad activa. Discípulos de Malabrocca, llevan lustros investigando sobre intermodalidad, urbanismo, mecánica o educación. Siempre en y sobre sus velocípedos. Como profes que son, les encanta aprender. Están convencidos que esto de la movilidad activa es la solución a la insoportable levedad del ser en la era del petróleo. Para ello han puesto a pedalear todo lo que han aprendido en su formación en sociología, economía, pedagogía, turismo o gestión cultural. Y han metido todo en una coctelera para fundar Revelociona SCA. Los de Cordópolis les han dejado esta esquinita para compartir los paisajes, análisis y resultados que ven desde su manillar.

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