Velas y cempasúchil

Días fríos sólo alumbrados por la calidez de las velas en los altares de Muertos típicamente mexicanos, con el luminoso naranja cempasúchil -la flor de los muertos- que le da aún más el aire místico al festejo de los muertos que por una noche al año regresan a bailar y reír con los vivos, con esos que aún les llevan en la memoria. ¿Hay mejor vida que ese recuerdo que dejamos en los vivos? La fiesta más tradicional y relevante del calendario azteca, se convierte no sólo en una muestra de su colorido folclor y gastronomía, sino en una oda a la vida misma. En un país que vive tan pegado a la muerte y el dolor, en estos días el chocolate de las calaveritas, el dulce azúcar del pan de muerto, endulzan esa realidad monótona de portadas con cuerpos ensangrentados aparecidos en cunetas, bajo puentes o en bolsas de plástico. Así suele ser, solo hay que pasar por un quiosco y echar una ojeada por las cabeceras de todos estos diarios sensacionalistas.

No es

sólo una fiesta de disfraces, de pintura blanca y negra adornando y ornamentando la piel de las bellas Catrinas, es una fiesta de todos, de todos, llena de tradiciones e iconos típicamente mexicanos que puede reconocerse en todo el mundo, incluso por el "ilustre" Donald Trump. En todos los años que llevo residiendo en México, es la festividad que más me sorprende y que cada año puedes vivir de una manera diferente según te adentres en unas tradiciones u otras: el desfile de alebrijes, la visita de altares, vestirte de catrina, un paseo por cualquiera de los cementerios...

La noche y el país en el que los muertos no asustan ni dan miedo, sino que cantan, comen y comparten con los vivos, los monstruos mitológicos no muerden sino que llenan de luz, color y regocijo nuestra alma. ¡¡Feliz día de Muertos México y a seguir gozando la vida!!!

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31 de octubre de 2016 - 02:00 h