Sobre este blog

Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

Mujeres que celebran la vida

Mujeres que celebran la vida

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Y allí estaban todas las que eran, pero no todas las que son. El universo femenino es infinito, poliédrico y fascinante, como cada una de ellas.

Mujeres que han luchado y superado al peor enemigo en forma de cáncer; mujeres que han cuidado a los que lo sufrieron, o han soportado el desgarro de la pérdida irremediable; mujeres que paren y cuidan a hijos y los aman sin tiempo para ellas; mujeres que han abierto camino, emprendiendo cuando nadie lo Imaginaba; mujeres de raza que han superado las barreras; mujeres que duermen solas y se aman ellas, y también las enamoradas que encontraron por fin a los que las aman a ellas.

Mujeres que empiezan y mujeres que llegan con honor a la meta, que no al final del camino; mujeres solteras, casadas, viudas o divorciadas. Da igual, porque lo importante es que son ellas. Mujeres que creen en Dios y rezan y mujeres ateas. Mujeres todas con alma. Mujeres de ciencias, de letras, de la universidad de la vida y mujeres que crean arte con sus manos. Mujeres que son la simiente de otras y mujeres que la tejerán algún día.

Mujeres que lloran y ríen, mujeres que cantan, comen, beben y aman. Mujeres que disfrutan después de haberlo llorado todo. Mujeres que se empeñaron en un sueño; mujeres cuidadoras de padres, de madres, que curan a los que están con ellas. Mujeres que llegaron de otros mundos y mujeres que nunca salieron del suyo.

Mujeres que han sobrevivido en mundos laborales antes masculinos; a trabajos peor pagados, a jornadas laborales eternas; mujeres que hacen la lista de la compra mientras revisan el e-mail; y cosen disfraces mientras preparan el informe en estrados; y ponen la thermomix y pasan la aspiradora, y estudian cada noche al final de la jornada. Mujeres naturalmente entrenadas para sobrevivir a todo.

A lo largo de la historia los hombres se han reunido en torno a aficiones, a ideas, o a profesiones; se han unido para luchar y hasta para pensar; han practicado deportes en grupo y les ha unido ese atávico sentimiento por un equipo fútbol; se han unido en la cultura del vino, en la masonería, en las asociaciones, en las peñas o las cofradías y hasta en torno a los peroles y la buena cocina. Reuniones tribales que les dieron el poder y la fuerza de ser, pertenecer y sentir su identidad masculina. Los hombres sabían que disfrutar siempre une.

Propongo una nueva tribu, la de las mujeres que se unen para celebrar la vida. Por eso este 25 de Noviembre nos hemos reunimos todas. También las que sufrieron el maltrato de esos que la vida condenará y las que, sin saberlo, aún conviven con ellos. Este 25 de noviembre ha sido el día de la sororidad festiva, del disfrute femenino, del poder de las vaginas. Mujeres que celebran juntas la vida. Su vida. Mujeres que se quieren. Sin más.

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Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

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