Sobre este blog

Sergio Gracia Montes es graduado en Derecho por la Universidad de Córdoba. En 2018 impulsa desde Córdoba el Centro de Investigación de la Extrema Derecha (Cinved), con el que analiza y estudia los movimientos populistas y extremistas en España y a nivel internacional. Gracia cuenta con amplia formación en materia religiosa, política y de derechos humanos, e interviene en medios nacionales (Cuatro, La Sexta, Huffington Post, El Independiente, El Confidencial o El Temps) como experto en fanatismos y movimientos de ultraderecha.

Aporofobia, migrantes y violación de derechos por parte de la extrema derecha

Acto de campaña electoral de Vox con Macarena Olona y Santiago Abascal

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El Tratado de la Unión Europea, en su artículo 2, dispone: “La Unión se fundamenta en los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías. Estos valores son comunes a los Estados miembros en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres y hombres”.

La llegada del S.XXI debería haber significado la ratificación de los derechos conseguidos y plasmados en múltiples Convenios y Tratados Internacionales a lo largo del S.XX y principios del XXI, pero nada de eso ha sido posible debido a la aparición de una serie de políticos que trajeron consigo el cuestionamiento a si esos derechos deberían mantenerse, o por el contrario, deberían abolirse.

Si perteneces a algún grupo social minoritario que expresa en el espacio público de forma libre los derechos que le reconocen los Convenios y Tratados anteriormente referidos, es muy probable que puedas ser objeto de ataque de quienes se autodefinen como “demócratas” y “salvapatrias” de invasiones o de la corrupción moral que pone en peligro Occidente.

El propio Consejo de Europa ya alertó del auge de estos partidos y movimientos ultraderechistas que atacaban a las minorías. Este crecimiento se debe principalmente a que, por un lado, estos partidos llevan a cabo un discurso xenófobo, racista y criminalizador, y por otro, porque los partidos moderados y demócratas, compran esos discursos intolerantes o no los condenan con la suficiente firmeza para ganar algunos votos, dejando así espacio para que crezca esa semilla reaccionaria en la sociedad, donde el único fin es limitar el espacio a dichas minorías.

Por supuesto, los migrantes también suelen sufrir violaciones de derechos como la denegación de derechos civiles y políticos, en forma de detención arbitraria, tortura o ausencia del debido proceso judicial o la vulneración de derechos económicos, sociales y culturales. Todo ello suele estar vinculado al desarrollo de leyes discriminatorias, prejuicios y actitudes xenófobas.

Si grave y preocupante es la situación en Europa, en EE.UU. y Sudamérica no lo es menos. Ya que mientras que en Europa hemos asistido impasibles a los ataques en Calais, Lesbos, Lampedusa, Ceuta, Melilla, Hungría o Polonia, en EE.UU. y Sudamérica vivimos las ocurrencias de Trump y su muro en México, las declaraciones de Macri donde se refirió a los extranjeros con “tener intenciones que nos complican la existencia a todos” o de Bolsonaro donde dijo en su día que “la mayoría de los inmigrantes no tienen buenas intenciones”. A estas declaraciones les han seguido ataques a venezolanos en la frontera de Colombia o Brasil, los ataques a inmigrantes en Chile o los recientes envíos desde Texas a Nueva York de migrantes en autobuses donde la Alcaldía de Nueva York acusó al gobernador de Texas de “utilizar a los inmigrantes como arma humana”.

Estos ataques se realizan día sí y día también por adalides de la moral desde púlpitos y atriles en nombre de la libertad, la seguridad, la religión y la pureza racial, incitando a una caza de brujas contra aquellos que son acusados de ser el mismísimo diablo y buscar la decadencia de la sociedad.

El escarnio público y la criminalización de estos grupos y de quienes los componen que realizan estos nuevos líderes mesiánicos a través de sus discursos, ha servido como justificación para que haya barra libre para atacarlos verbalmente, coaccionarlos, mercadear con ellos, propinarles palizas, quemarles su pocas pertenencias, y en casos extremos, incluso asesinarles, buscando con ello, nuevamente la invisibilización, donde si se revelan o reclaman lo que la Ley les reconoce, son vistos como violentos o señalados por no integrarse en el sistema.

Casualmente, cuando se piden cerrar fronteras o crear muros estos siempre caen del lado del más débil y vulnerable. Así lo hemos visto en la reciente guerra de Ucrania donde hemos asistido a un tratamiento de inmigrantes de primera clase (arios de ojos azules) y otro de segunda (gitanos, negros o musulmanes). Véase la Ley que aprobó el Parlamento de Polonia donde autorizaba a la guardia fronteriza a expulsar inmigrantes o como Hungría criminaliza la ayuda a inmigrantes.

Estos líderes que se creen los nuevos “Mesías” enviados para llevar a cabo esta Cruzada contra la decadencia moral de Occidente, con sus políticas nacionalistas vulneran los principios más básicos del cristianismo que dicen defender.

Todo esto no va contra los inmigrantes va contra los pobres y se llama aporofobia, que no es otra cosa que el miedo, aversión y rechazo a los pobres. Y es de aquí de donde surgen las políticas criminalizadoras. No verán ustedes expulsar a grandes lobbistas usurpadores, ni a jeques, ni a banqueros corruptos que hacen caer las economías. A estos les ponen alfombras rojas y les rinden pleitesía.

Los discursos del miedo, la inseguridad y la invasión son los que crean y alimentan el rechazo a inmigrantes y refugiados y para ello, cuentan con la inestimable ayuda de pseudoperiodistas y voceros de la caverna más reaccionaria que cargan continuamente sus tintas con estereotipos, clichés y prejuicios.

Pero si esto no fuera suficiente, en la década de los bulos y las fake news, las redes se han inundado de forma constante de información falsa y fraudulenta que ayuda a mantener esa persecución.

Durante demasiado tiempo, el crecimiento del extremismo violento y no violento de extrema derecha en Occidente ha sido minimizado como una serie de acontecimientos aislados o cambios políticos nacionales separados.

El único objetivo que tienen estos partidos y movimientos ultraderechistas es perpetuar el poder de la raza blanca y los privilegios que le han sido inherentes durante siglos. Vendiendo una raza superior, que quiere mantener su estatus de privilegios, que se cree mejor que “el otro”, y que piensa que puede actuar con impunidad.

La continua crisis económica en la que estamos inmersos desde hace 15 años, que ha traído consigo el aumento de desigualdades y la proliferación de hambrunas, ha ayudado a percibir a los pobres como una amenaza contra nuestro estatus social.

Quienes compran estos discursos de invasión son los mismos que olvidan que eso de coger la maleta y emigrar ya lo hicieron antes nuestros antepasados, y que piensan que los “desclasados” de los que habló Zygmunt Bauman, esos que están fuera del sistema, sería mejor que no existieran.

Para ello, intentan alejarse de esas zonas de la ciudad conocidas como barrios periféricos o marginales para evitar relacionarse con ellos, construyendo así muros imaginarios. Esas fronteras de las que tanto habla la extrema derecha están creadas en nuestra propia ciudad, llevando a sus hijos a “colegios bien” para evitar que crezcan en suburbios, guetos y barrios empobrecidos.

Esos “desclasados” son sometidos continuamente a un prejuicio injustificado, colocándolos en una posición social y económica contraria a la dignidad humana.

Con sus discursos, estos líderes tienen como único fin fracturar la sociedad a través del miedo al “otro”, donde se les culpa de la mayoría de los problemas sociales y económicos, buscando así dividir a la población.

Con ello buscan destruir la convivencia y los valores humanistas. El hecho de que una parte de la sociedad no quiera relacionarse con determinadas personas por su nivel adquisitivo, aunque detrás estén motivaciones racistas y xenófobas, viene a demostrarnos lo permeable que es la sociedad al discurso del miedo.

Esa extrema derecha especialista en crear enemigos imaginarios con el único fin de crear una guerra contra los Derechos Humanos, busca que no empaticemos con el dolor humano, que nos hagamos insensibles al mal ajeno, para de esa manera no ser críticos con la violación de derechos del otro, ya que esos que crean esos muros imaginarios piensan que si atacan al “otro” ellos estarán a salvo.

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Sergio Gracia Montes es graduado en Derecho por la Universidad de Córdoba. En 2018 impulsa desde Córdoba el Centro de Investigación de la Extrema Derecha (Cinved), con el que analiza y estudia los movimientos populistas y extremistas en España y a nivel internacional. Gracia cuenta con amplia formación en materia religiosa, política y de derechos humanos, e interviene en medios nacionales (Cuatro, La Sexta, Huffington Post, El Independiente, El Confidencial o El Temps) como experto en fanatismos y movimientos de ultraderecha.

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