Las termópilas y el alcalde

Les ruego que por esta única vez me permitan emular al inmortal Heródoto. Queda la puerta abierta para que un moderno Tucídides me enmiende la plana si ello procede.

Resulta que se acercaban las diez de la noche en El Arenal y las huestes de Jerjes Nieto, con su emplumado líder a la cabeza, se aprestaban para tomar al asalto la Caseta Municipal por la fuerza de su mayoría absoluta. Disponían de arqueros, infantes ligeros y pesados, caballería blanca y torda y no menos de diez o doce temibles Inmortales de negro, camuflados de concejales. Sin embargo habían de atravesar necesariamente el angosto camino de las Termópilas. Y nunca su traducción como "puertas calientes" resultó tan oportuna porque, hallaron flanqueado- que no bloqueado- el paso por no menos de cuarenta pacíficos hoplitas espartanos, auxiliados por otros tantos ilotas que parecían más bien parientes y amigos. A Leónidas no se le distinguía. Espartanos exigiendo pan y respeto. Héroes sin espadas.

Ocurrió entonces que la oscura visión de las prietas filas de la falange de ACSUR provocó tal cagalera en los peperos del Imperio aqueménida, que todos ellos, guiados por un improvisado y traidor Efialtes, decidieron conquistar la caseta por la retaguardia cruzando un secreto desfiladero. Es decir, que se colaron por la puerta de atrás hartos de miedo. Luego ya dentro, el ánimo y la higiene recuperados, llegaron los discursos sobre la amistad, el divertimento y también los falsos buenos deseos.

Y es que amigo lector, resulta que hay políticos a los que contemplar ciudadanos agrupados, lúcidos y reivindicativos les abulta de forma sospechosa el nudo de la corbata, y perdone la expresión algo machista. Uno de los problemas que tenemos en España, es que la ciudadanía aún no es mínimamente consciente de su enorme poder, y se exige previa conciencia para poder actuar y permitir de este modo que las cosas cambien. No sería bueno que esa conciencia colectiva sea el resultado de los primeros escarceos revolucionarios, sino que se genere de forma progresiva, pacífica y útil.

Les estoy hablando de empoderamiento ciudadano. Es decir, del proceso razonado por medio del cual el ciudadano de forma organizada asume el control de los procesos económicos sociales y políticos que inciden o que pueden incidir en la mejora de su calidad de vida. Es necesaria hoy más que nunca una actitud exigente que implique la participación activa de los miembros de la comunidad en la construcción de una sociedad más democrática, equitativa y justa. Y es precisamente el ámbito de la gestión pública local el escenario idóneo para que este empoderamiento tome cuerpo. El municipio es el espacio natural adecuado para el desarrollo de procesos de empoderamiento ciudadano.

Es comprensible- que no disculpable- que un gobierno local de mediocres condene la participación ciudadana, fomente la desinformación y procure evitar la toma de conciencia de los ciudadanos. Es comprensible sí, pero es también torpe y miserable. Las mayorías absolutas obtenidas en un día no justifican nunca cuatro años de prepotencia y atropello alienante.

Observo la inmensa riada de personas que estos días anega nuestro Recinto Ferial. Llevan en sus entrañas el poder necesario para lograr la verdadera evolución social y pocas lo saben. Desde las atalayas otros pretenden que su inconsciencia sea perpetua. Una pena.

Carlos Baquerín AlonsoConcejal

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9 de junio de 2013 - 05:49 h
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