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Hacer política ahora

Herminio Trigo

Blogópolis Opinión / Herminio Trigo

1 de agosto de 2026 20:03 h

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En la dictadura franquista la política era una palabra que tenía un sentido peyorativo. El propio dictador aconsejaba a sus ministros que hicieran como él, no meterse en política.

He estado metido en política desde que era joven y he tenido la oportunidad de hacerlo con responsabilidades de gestión. Siempre he interpretado que hacer política es intentar resolver los problemas de la ciudadanía y hacerlo especialmente en beneficio de los sectores de la sociedad más desfavorecidos y más necesitados . Tuve una oposición que discutía nuestras propuestas para resolver esos problemas porque sus ideas políticas les conducían a favorecer otros intereses. Lógico. Es el juego de la democracia.

En los escasos medios de comunicación existentes entonces, se hacían públicas las distintas opiniones, con más o menos tendenciosidad pero la izquierda nunca gozó de su favor. Entendíamos ingenuamente que los medios debían informar con objetividad de cómo se producían los hechos. Aprendí que los medios son empresas privadas cuyos propietarios tienen unos intereses que se ven especialmente favorecidos por la derecha. Entonces no existían como ahora medios escritos financiados por los lectores. Siempre he creído que el trabajo, los hechos y el contacto directo con los ciudadanos, eran la mejor publicidad que se podía hacer. De esa manera y con mucho trabajo conseguimos transformar y modernizar la ciudad, solucionando los graves problemas que tenía.

Desde entonces se ha producido una revolución en la manera de comunicarse con la ciudadanía. Internet y las redes sociales surgidas para una mejor y más rápida comunicación, unido a la transformación digital de los medios escritos y su gran proliferación, han cambiado nuestra forma de entender el mundo. Este profundo cambio, ha sido potenciado por el poder económico, siempre el dinero, que es el que controla a la derecha política. Al poder económico le interesa más concentrar su control lo más posible, de ahí que sean las dictaduras su régimen preferido. Los sistemas democráticos en los países de occidente, ha hecho que tengan que actuar sobre los votantes. En su ayuda han venido las redes sociales y los influencers con enorme atención por los votantes, la inmensa mayoría sin preparación ni interés en la política. Un terreno abonado para controlar sus sentimientos, lo que les permite introducir ideas que son aceptadas, aunque sean contrarias a sus intereses. Es la nueva religión, la fe se deposita en los “sacerdotes de la comunicación”, su Iglesia son las redes sociales. Esto se ha complementado con la creación de nuevos medios de comunicación, radio, prensa y televisión que defienden de forma grosera los intereses de la derecha política y siembran el odio hacia la izquierda. Hemos visto y escuchado en redes sociales a trabajadores, mal pagados y explotados, que insultan al Presidente del Gobierno que les ha subido el sueldo y que ha creado las condiciones para que haya más empleo que nunca y mejorado sus condiciones de trabajo.

Antes decíamos que había que ganarse a la calle, eso requería contactos personales con los ciudadanos. Ahora las redes y los medios pagados hacen el trabajo, más cómodo y más eficaz. Siempre ha sido más fácil ganarse el sentimiento que la razón.

El colmo de esta estrategia llega con la presencia de la derecha en los gobiernos locales y autonómicos, porque desde ahí contribuyen con dinero público a la financiación de los nuevos medios creados. El gurú de la derecha Miguel Angel Rodríguez lo expresó muy gráficamente: “ a los medios ya no hay que comprarlos, hay que ser su mejor cliente”. Inundan con anuncios publicitarios, la inmensa mayoría innecesarios o propagandísticos, los medios afines, que producen una información tendenciosa y en muchas ocasiones falsa siguiendo las directrices de quién los financia. Dos pájaros de un tiro, hacen su propaganda y la pagamos nosotros.

En los tiempos de mi responsabilidad de gestión, las reglas eran otras. Lo único que pagábamos a los medios eran los anuncios que la ley nos obligaba a difundir, edictos, bandos… Hoy me asombra la cantidad de publicidad-propaganda institucional que se lee, se oye y se ve en algunos medios, no en todos. La propaganda ya forma parte del presupuesto de la institución en detrimento de otras necesidades más perentorias. Lo importante no es la gestión sino difundir, aunque sea humo.

En tiempos de la dictadura, contaban el chiste de que un viajante llegó a un pueblo y se paró a comer en el bar. La radio estaba dando “el parte” y el locutor dijo que el caudillo había inaugurado esa misma mañana un puente en una localidad cercana. El viajante sorprendido exclamó que había pasado por el lugar y allí no había ningún puente. El sargento de la guardia civil que estaba presente, le reconvino de una forma airada que lo que tenía que hacer era viajar menos y escuchar más la radio.

Conviene que los que no controlamos los medios, viajemos por el camino de la verdad y denunciemos las mentiras.

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