En Córdoba hay petróleo

En Córdoba hay petróleo, como lo oye. Es más, al contrario que el resto de los pozos de todo el mundo, cuya producción ha alcanzado ya su cenit o está a punto de hacerlo, el petróleo que se ha encontrado aquí presenta una fuente inagotable, aunque de suministro estacional.

Podrá pensar que estoy loco, pero ¿qué es petróleo para ti? Para mí el petróleo, y no caben discusiones, es dinero. No hay más. Y Córdoba hace dinero en mayo. Nos hemos adueñado de este mes como ninguna otra ciudad lo ha podido hacer con ningún otro. No hemos tenido que pedirlo, pero tampoco nos lo han regalado. Estaba ahí, como perro sin amo, y hemos sabido alimentarlo. Tampoco hemos necesitado perforaciones, ni investigaciones químicas, ni grandes maquinarias… sino que la tradición se ha refinado y la constante participación popular nunca ha cesado para alcanzar este descubrimiento tan valeroso, y lo más importante, tan inmaterial, que difícilmente pueden arrebatárnoslo. Todos deben sentirse partícipes de esta hazaña.

Tal es la revolución que provoca el mes de las flores, de las rejas, del Arenal, que el metabolismo del cordobés ha ido moldeándose como bien sabe hacer el alfarero con el barro, o el platero en su arte fabril, señas de identidad.

Y es que los cordobeses suelen tener un ciclo vital muy parecido al de algunas especies animales que en estos momentos no quieren venir a mi memoria. Es lo de menos, lo importante es destacar que el cordobés no necesita reloj. Su hibernación dura un tiempo tan preciso que más de uno podría llegar a pensar que la descendencia califal es un producto de la más alta tecnología suiza.

Permanecen aletargados durante un largo período, pero cuando llega el quinto mes del año, vuelven a activarse las constantes vitales. De hecho, ya sabemos que con el mayo cordobés se produce una agradable transición, deseada imperiosamente por gran mayoría, incluso por los alérgicos. Las callejas renuevan su vestuario, despiden el incienso de la Semana de Pasión y conceden su paso al aroma de azahar, al frescor de las rosas… Regresa con fuerza la melodía del cabalgar, el contacto del hierro con la piedra embellece el galopar y el crujido de los coches de caballos se enmudece, típico y necesario.

Si bien en este tiempo no cabemos ni en nuestro propio pellejo, pues nada se resiste a los encantos de la ciudad, caer hipnotizados por el juego del petróleo nos llevará a depender en exceso de él. Merece la pena seguir extrayéndolo en mayo, pero también puede merecerlo abrir más pozos petrolíferos en otros meses, para que en el resto del año no lo tengamos tan crudo. Utilizando el patrón entonativo del español en Buenos Aires, podríamos decir que nuestra ciudad es tan rica que no necesita la plata, sin embargo, sí necesita empleo. Oasis de la capital, querido mayo, gracias por servir de ejemplo; aunque una cosa quiero decirte: me preocupa que seas el único hijo mimado.

José Antonio León Llorente @vistadpajaro

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11 de mayo de 2014 - 12:49 h