A The Hole se le va la imaginación por el agujero

María ha salido el viernes tarde con intención de pasarlo bien y ha acabado sujetándole el trasero a un adonis de mirada despistada y pectorales de infarto. Por 39,90 no se puede pedir más. Al fin y al cabo cuando compraron las entradas para el espectáculo de moda no esperaban que alguna de ellas fuera tocada por la varita mágica del maestro de ceremonias y elegida para una de las escenas del cabaret. Sus más de cien kilos y su sonrisa entre tímida y pícara han cautivado al presentador, que no duda en elegirla para protagonizar una de las escenas más picantes de la tarde.

Sólo los malpensados juzgan cuchicheando a los productores de The Hole por elegir a la gorda para provocar la risa fácil. El resto disfruta de ver a María pasarse por el forro de su combinación lo que piense el personal mientras se abraza al escultórico personaje. Quizás la hayan elegido por gorda, pero en vista de lo decepcionante del argumento y de lo facilón y predecible que ha resultado el alegato final, el magreo ha compensado el sablazo del precio de la entrada.

He observado la escena desde una esquina entre gripe, mocos y dolor de cabeza. Admito que no es el mejor estado para desparramarse en The Hole, aunque he disfrutado de los números acrobáticos y alucinado con el montaje técnico, pero admito que envidio sanamente la sonrisa de María y su regia manera de mandar a tomar viento al personal y que, como ella, creo que el precio no compensa la falta de imaginación de los guionistas.

Quizás haya que mandarlos un tiempo al agujero en busca de las musas, que no son sílfides de tetas turgentes, sino carnosas venus exuberantes con la inteligencia suficiente para reírse de sí mismas.

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Publicado el
19 de marzo de 2016 - 13:37 h
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