Paco's Dream

La velocidad de un dardo dirigiéndose hacia la diana es directamente proporcional al tiempo que Mari haya tardado en ponerle la cena al Jose el martes de partido. Juan, que no pasó de la EGB, no necesita saber de magnitudes ni de proporcionalidad ni de matemáticas para saberlo. Le basta con compartir cerveza en Paco's Disco Pub con su amigo los días que se juega la Copa del Rey para saber si la Mari se ha demorado más de la cuenta en poner la mesa. Si lo hace, el Jose llega tarde a donde Paco y el balón empieza a rodar y si bajan el volumen lo suficiente puede oírle gritar y dar un portazo antes de cruzar la calle vacía en un pueblo que agoniza entre el hastío del desempleo y la curiosidad que despiertan los extranjeros de la ciudad cuando se dejan caer por allí.

Hoy han venido unos cuantos. Están de visita. Por su aspecto no parece que vayan a pasar más de una noche por allí. Han monopolizado el futbolín y los dardos, impidiendo al Jose liberar la tensión provocada por el descuido de su mujer. Han acaparado la pista frenando sus deseos de saltar al escenario para demostrar a esos urbanitas cómo se baila de verdad. Por eso no le ha quedado más remedio que agarrarse a la barra y beber.

Mientras observa cómo los extranjeros tratan inútilmente de acompasar sus movimientos al ritmo de la música más canalla, imagina que Mari lo espera con una sonrisa. Sueña que al abrir la puerta no tendrá que encender la vela para llegar hasta el dormitorio, que podrá entrar en la habitación de los niños sin quedar paralizado por el frío porque habrá calefacción y la compañía de la luz les habrá devuelto el suministro. Fantaseará con las prisas de meterse bajo las sábanas preocupado por el madrugón que le espera antes de volver al tajo por la mañana, pero el despertador no va a sonar; los niños dormirán bajo un edificio de mantas y Mari le recordará que perdió la capacidad de sonreír el mismo día que gastaron los últimos euros de la prestación.

Juan lo ha visto caer sobre la barra. Sabe que es el momento de arrastrarlo a casa, abrir la puerta con la llave que le dio Mari y dejar caer a su amigo en el sofá. Podrá dormir hasta el sábado. Ese día hay Liga.

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1 de diciembre de 2012 - 07:30 h