Muñecos

Si te mira a los ojos corres el riesgo de que se te caigan las bragas hasta los tobillos. Si además te sonríe, gesto que siempre añade a sus saludos, probablemente dejes de vocalizar. Los guapos es lo que tienen, que no puedes dejar de mirarlos, en un intento de erosionar su belleza a base de observarla.

He visto colas mujeres esperando a que las saludase. Lo apodaron "el muñequito"; le buscaron un doble, Alejandro Sanz, y las de buena familia perdieron la cabeza por aquel chico de barrio con mirada cautivadora. Servía copas en los bares de moda. Eran los noventa y cada día despertaba junto a una mujer distinta.

Anoche volví a cruzarme con él. Nos abrazamos y de nuevo vi en el fondo de sus ojos esa inocencia infantil que ninguna de aquellas mujeres supo apreciar y que sigue siendo su gran valor. No es su sonrisa, no son sus ojos, es su bondad, una irresistible predisposición a ser cariñoso y una terrible necesidad de ser querido que lo convierte en el hombre más bello del mundo.

Me alegró volver a verte, amigo.

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6 de julio de 2013 - 12:00 h
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