Libros

Esta semana ha vuelto a pasar. He encontrado a Proust de bronca con Vargas Llosa para ver cuál de los dos ocupaba el estante de la izquierda. Es el rincón más soleado de mi librería y cada vez que toca limpieza general volvemos a vivir la misma escena. Poe los ignora y a García Márquez le da la risa floja de ver al peruano desgañitarse argumentando que su literatura ha sido siempre más luminosa y que por eso necesita más sol. Se pueden imaginar cuánto pasa Marcel de todo esto.

Esther Tusquets y Rosa Regás, que llegaron en pleno verano, esperan que los dos ganen la disputa. Ambas están hartas de tanto sol y arena. Anna Freixas les ha hecho un huequito en la parte central del anaquel donde llega el calor sin abrasarlas y se pasan la tarde hablando de su adorada Barcelona. Bueno, en alguna ocasión apuestan a ver cuánta testosterona desprende cada una de las novelas de Dan Brown. Entonces no falla: Vázquez Montalbán sale del fondo y la risa catalana lo inunda todo.

Darwin y Sagan asisten a la guerra convencidos de que el vencedor será determinante para saber cómo evoluciona la vida en ese ecosistema de papel y ácaros en el que se ha convertido mi biblioteca. De reojo miran a mi tableta y cuchichean a mis espaldas cuando creen que no les oigo. Charles lo tiene claro: acabaré abandonándolos y sustituyéndolos por toneladas de pdfs. Lo que ignora es que yo he dejado de evolucionar. Ahora estoy en plena involución y sólo quiero disfrutar de verles a la gresca por ver quién vuelve a la mesilla de noche. Allí da el sol todo el día.

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23 de noviembre de 2013 - 12:02 h
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