Follemos sin joder

"Me puedes follar, pero no permitiré que me jodas". Si oyes esa frase mientras esperas sobre tu bicicleta a que el semáforo cambie de color para continuar tu camino y eres sólo la mitad de curiosa y cotilla que yo, ya les puedo confirmar que no importa que la luz sea del verde más luminoso. No hay esperanza. Detendrás tu bici, simularás que ha sonado tu teléfono y te pondrás a escuchar el resto de la conversación.

"Me puedes follar, pero no permitiré que me jodas" dicho con los decibelios adecuados y la suficiente dosis de rabia contenida no es sólo una frase, es toda una vida.

"Me puedes follar, pero no permitiré que me jodas". Nueve palabras que pronunciadas por una mujer de esa edad incierta a medio camino entre las profundidades de la treintena y el medio siglo bien llevado pueden ser una declaración de guerra o sencillamente el tiro de gracia a una relación que empezó entre sonrisas cómplices, continuó con encuentros clandestinos y terminó frente a un semáforo cualquier tarde de principios de otoño.

"Me puedes follar, pero no permitiré que me jodas". Una sentencia que en labios de una abnegada esposa es una verdadera declaración de independencia, la ruptura definitiva del acuerdo de adhesión al antinatural estado del matrimonio.

"Me puedes follar, pero no permitiré que me jodas". Una afirmación convertida en la sentencia de muerte de un amante que no ha sabido entender los términos de una relación.

"Me puedes follar, pero no permitiré que me jodas". Una advertencia sin cursilerías hecha por una novia prematura decidida a dejar claros los antecedentes de derecho que regirán la aventura que empieza.

"Me puedes follar, pero no permitiré que me jodas". Un aforismo dictado por la sabiduría popular, esa que se escucha en la calle, en un semáforo cualquiera sin que el ruido te permita conocer el resto de la conversación. Un máxima que no necesita adornarse para convertirse en ley. Prueben a aplicarla; probablemente el mundo giraría menos torpemente si quienes lo empujan follaran más y jodieran menos. Creo.

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6 de octubre de 2012 - 06:00 h
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