BioCórdoba y los transgénicos

Durante esta semana pasada, concretamente del 18 al 22, se ha celebrado en Córdoba, un año más, la feria Biocórdoba, un evento muy importante para el conocimiento y divulgación de la agricultura y ganadería ecológica, por parte de los profesionales y de los consumidores. Este año además de los diversos foros técnicos y las consabidas jornadas sectoriales se ha incorporado como novedad un  ecomercado, y también dirigir la atención de este sector a las posibilidades que tiene en la restauración.

En la foto de rigor, nuestras autoridades políticas, en este caso representadas por la Diputación Provincial y la Dirección General del ramo, de la Consejería de Agricultura y Pesca y Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, se afanaban en explicar el auge y la importancia de la agricultura y ganadería ecológica en nuestra tierra, y sobre todo el aumento que en los últimos años se ha dado en este sector, alcanzando en la actualidad casi 1,8 millones de hectáreas. Los retos son ya conocidos: aumentar la comercialización, el consumo de estos productos sanos, y sobre todo afianzar la consolidación y diversificación de las industrias agroalimentarias.

Llegados aquí, quiero recordar que hace unas semanas el científico Dr. Seralini, de la Universidad de Caen, publicaba una reciente investigación donde exponía con meridiana claridad la mortalidad de ratas de laboratorio por la ingesta de maíz modificado genéticamente y de maíz fumigado con pesticidas.

Y traigo a colación esto porque cuando de una vez por todas nuestras autoridades competentes van a prohibir la siembra en nuestro país, de los cultivos modificados genéticamente.  La agricultura ecológica es totalmente incompatible con la siembra de los cultivos transgénicos. Otros países europeos como Grecia, Austria, Hungría, Francia, Luxemburgo, Alemania, Polonia, Italia y Bulgaria tienen prohibida la siembra de una variedad de maíz transgénico, comercializado por una conocida multinacional. Sin embargo, España es uno de los países europeos que cultiva más superficie de transgénicos, y sobre todo, con una falta de transparencia y de control. Son enormes los impactos que se están trasladando al medio ambiente  y a los consumidores. Hay que recordar que estas prohibiciones están basadas en las evidencias científicas sobre los daños al medio ambiente y a su incidencia en la salud de los humanos y en la imposibilidad de proteger la agricultura convencional y ecológica de la contaminación genética.

Necesitamos coherencia en nuestros políticos y sobre todo necesitamos una agricultura con poco uso de insumos y respetuosa con la naturaleza. Está demostrado que aumentar la producción agroalimentaria con métodos intensivos como los cultivos modificados genéticamente no erradican ni un ápice la pobreza, al contrario, la aumenta.

Otro mundo es posible.

Etiquetas
Publicado el
22 de octubre de 2012 - 08:00 h
stats