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Soledad Gallego-Díaz: “La dirección de un medio es poder y se procura que las mujeres no estén”

Soledad Gallego-Díaz | MADERO CUBERO

Los periodistas saben que el mundo entero puede cambiar en menos de lo que se tarda en redactar un breve en lo más profundo de la quinta columna de una página par. Es lo que pasó apenas 24 horas después de que Soledad Gallego-Díaz (Madrid, 1951) acabase de charlar con CORDÓPOLIS durante su participación en el tercer el congreso Córdoba, ciudad de encuentro y diálogo.

La veterana periodista de El País -y flamante premio a la Mejor Trayectoria Profesional de la Fundación Ortega y Gasset- estaba invitada a participar en una edición centrada en el papel de la mujer en los medios de comunicación. Los tres cuartos de hora de conversación con este periódico sirvieron para repasar su visión sobre la situación de sus compañeras en los periódicos y la precariedad general de la prensa, además del valor de la verdad, las palabras y los hechos.

Pero la misma actualidad que alimenta a las redacciones de prensa, radio y televisión terminó atropellando no una, sino dos veces, el contenido de una entrevista realizada el miércoles de esta semana. Así, el jueves acabó dimitiendo la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, tras publicarse un vídeo que demostraría su implicación en el supuesto intento de hurto de un par de cremas en 2011. Y el viernes, miles de mujeres salían a la calle en toda España para protestar por la sentencia que consideraba solo agresión sexual la violación múltiple de cinco hombres -que se autodenominan como La manada- a una joven hace dos años en Pamplona.

Ajenos todavía a ese terremoto que se avecinaba, CORDÓPOLIS y Gallego-Díaz buscaron un rincón del Rectorado de la Universidad de Córdoba para acomodarse y conversar sobre un oficio que lleva años sufriendo una crisis con múltiples aristas: desde las financieras a las de la propia credibilidad de sus contenidos.

Pero para empezar, se optó por destacar la extraña -y no tan extraordinaria- situación que se da cuando un periodista entrevista a otro periodista.

Pregunta. ¿Qué te incomoda más, entrevistar a un periodista o que un periodista te entreviste?

Respuesta. Prefiero entrevistar a un periodista. Siempre prefiero hacerlo yo, prefiero ser yo quien entreviste a periodistas o a quien sea. Lo prefiero a que me entrevisten a mí porque muchas veces no sé muy bien cuál es mi papel (risas).

P. ¿Cómo se ve el oficio desde el otro lado de la grabadora?

R. La preocupación es la misma se esté a un lado o al otro de la barrera: uno espera que se reflejen bien las cosas; que se cuente bien lo que se quiere decir. Que el entrevistado logre decir aquello que quiere decir realmente sin ser confuso. Y que el entrevistador ayude a lograr una correcta expresión dejando claro aquello que se quiere decir.

P. ¿El machismo ha jugado algún papel dentro de la actual crisis del oficio periodístico?

R. Afecta en el sentido de que el 64% de los trabajos precarios en periodismo lo ocupan mujeres. No sé si es una expresión más del machismo, pero en cualquier caso sí que es una diferencia palpable: hay muchas más mujeres sin empleo fijo.

P. ¿Por qué hay tan pocas mujeres directoras de grandes medios de comunicación?

R. Porque la dirección de un medio es un área de poder claramente y lo que se procura es que las mujeres no estén presentes en esas áreas de poder. Tampoco sé si es una decisión consciente por parte de los hombres de las sociedades occidentales en este momento, pero lo que es cierto es que cuando un grupo de hombres tiene que dejar una vacante, siempre se les ocurre el nombre de otro hombre para sustituirlo. No piensan nunca en las mujeres que podrían ocupar ese espacio de poder. En general, les cuesta muchísimo incorporar a mujeres. Y como buena parte de las decisiones de incorporaciones nuevas depende de ellos, siempre encuentran un hombre que les resulte más atractivo.

Un cuarto poder debilitado solo favorece a los otros poderes

P. ¿Esperas ver a una mujer al frente del diario El País?

R. Claro, estoy convencida de que habrá una mujer al frente del diario El País y espero que sea lo antes posible porque creo que hay muchísimas profesionales que son perfectamente capaces de ejercer la dirección. Es más, estoy plenamente convencida de que habrá pronto una mujer directora.

P. Mientras hablamos, el diputado catalán Antoni Comín, que se encuentra en Bélgica, acaba de delegar su voto y en dos semanas podría haber debate de investidura para un nuevo presidente de la Generalitat en el Parlamento Catalán. ¿Han explicado bien los grandes medios nacionales todo el proceso independentista ocurrido en Cataluña?

R. Tan bien como lo hayan podido hacer los grandes medios catalanes, que también existen.

P. Pues los grandes medios en general.

R. Dentro de que es un tema complejo y difícil creo que sí se ha contado tanto lo que pasaba en Cataluña, como lo que pasaba en el Parlamento y en la calle. ¿Es la línea editorial de los medios lo suficientemente sensible? Pues eso no lo sé y tampoco sé si es un problema de sensibilidades. En todo caso, se ha hecho lo más importante: los medios de comunicación, antes de nada, lo que tienen que hacer es contar los hechos y en ese sentido, han cumplido.

P. ¿La debilidad económica de los medios y su dependencia de factores económicos a veces cercanos a las instituciones públicas ha podido polarizar sus líneas editoriales?

R. No lo sé porque no tengo datos al respecto. Lo que está claro es que existen nacionalismos opuestos. Por un lado, tenemos un nacionalismo catalán que había venido conviviendo bien con un nacionalismo español que estaba adormecido. El problema ha surgido al convertirse el catalán en una fuerza independentista. Eso ha provocado el despertar de un nacionalismo español que es igualmente complicado para la sociedad. Creo que esos dos nacionalismos enfrentados están provocando esta situación tan políticamente inestable y tan poco satisfactoria para el conjunto de los ciudadanos, sean catalanes o españoles. En conjunto, si miras el resultado de las elecciones en Cataluña o España, da la sensación de que ni unos ni otros ciudadanos tienen realmente una condición nacionalista tan fuerte como la que aparentemente se está registrando. En suma, creo que los españoles no son tan nacionalistas como puede parecer ahora ni los catalanes son todos tan independentistas como a veces se da a entender.

P. ¿Alguna vez creíste posible que las posiciones de los partidos políticos se iban a enconar tanto?

R. Lo han hecho por falta de capacidad de diálogo. La obligación de los partidos es intentar solucionar los problemas. El Gobierno y la Generalitat también tienen esa obligación y ninguna de las dos administraciones han sido eficaces; ninguna ha cumplido con su deber de encontrar una solución. Han hecho lo contrario y han terminado enfrentándose de esta manera.

P. Muchas veces se acusa al Gobierno de Mariano Rajoy no hacer nada, de no moverse. ¿Eso es hacer política?

R. Claro que lo es. Pero hay que decir que hacer política tampoco quiere decir dar la razón a tu adversario en todo. Hay un punto medio: ser capaz de sentarse y conversar sobre los problemas para ver qué espacios son comunes y cuáles no. Hacer política es ver si en esos espacios comunes se puede avanzar en el diálogo. Pero en el caso catalán, eso no se ha hecho ni por un lado ni por otro y es lo que ha llevado a una situación tan enconada y tan paralizada. Ojalá ahora con el voto delegado de Comín se pueda elegir a un presidente de la Generalitat de una vez. Hasta ahora ha sido imposible porque ellos [las formaciones independentistas] no han sido capaces tampoco de acordar un candidato factible. Tampoco será fácil ahora, pero de lograrse por lo menos permitiría la posibilidad de reanudar algún tipo de diálogo entre la autoridad de la Generalitat y el Estado.

El 64% de los trabajos precarios en periodismo lo ocupan mujeres

P. ¿Puede explicarse lo que ha ocurrido en Cataluña y la manera de ejercer la política desde el Gobierno sin tener en cuenta los casos de corrupción que atenazan al PP y a la antigua Convergencia?

R. Los independentistas catalanes existen al margen de que exista o no corrupción en el Gobierno catalán. Y lo mismo ocurre con los nacionalistas españoles. Pero sí es verdad que los grupos políticos afectados por la corrupción han encontrado en el nacionalismo y en el independentismo una buena manera de utilizar lo que yo llamo armas de distracción masiva. ¿Quiere eso decir que los ciudadanos independentistas catalanes participan de esa corrupción? No. Yo creo que existe un independentismo completamente al margen de la corrupción, al igual que pasa con el nacionalismo español. Han sido dos partidos concretamente los que, afectados por casos muy graves, han usado al nacionalismo y al independentismo como armas de distracción masiva.

P. Pero estamos jugando con dinamita.

R. Estamos jugando con dinamita, claro que sí. Y es algo que no deben hacer los políticos: usar las instituciones para protegerse a sí mismos. Su paper es justo el contrario: defender las instituciones. Y eso es algo que no han hecho ni los políticos catalanes ni los españoles con suficiente claridad y honestidad. Lo primero siempre es defender la institución.

P. Como resultado del enfrentamiento de estos dos grandes grupos ha resurgido un tercero de derechas, Ciudadanos, que ganó las últimas elecciones autonómicas catalanas y amenaza con ganar las próximas generales al PP. ¿Pero dónde está la izquierda?

R. A la izquierda le ocurre lo de siempre: compite entre sí mucho más de lo que pueden hacer Ciudadanos y el PP; estos dos tienen más puntos en común que les permite engancharse con facilidad el uno con el otro. Y eso no ocurre en el caso del PSOE y Podemos, los dos grandes partidos de la izquierda y el centro izquierda en España. Ninguno de los dos ha encontrado la fórmula para aliarse y ser capaces de ofrecer una alternativa al Gobierno del Partido Popular. Tuvieron una ocasión para hacerlo y no se pudo plasmar en nada.

Ni la Generalitat ni el Gobierno han sido capaces de cumplir con su obligación

P. En paralelo a este y otros debates se ha producido un hecho muy interesante: el cambio de uso de algunas palabras o términos como terrorismo o preso político. Aprovechando que eres miembro del consejo de Fundéu del Español Urgente, ¿qué opinas de esto? ¿Tienen que revisarse estas palabras?

R. No tienen que revisarse desde el punto de vista lingüístico porque son construcciones perfectas sin ningún tipo de problema. Lo que existe es una utilización políticamente desviada de esos términos. O por lo menos, a mí me lo parece sin ser yo el paradigma de interpretación del sentido de las palabras. Pero a mí, personalmente, me parece que se desvía el significado de los términos para hacer un aprovechamiento ideológico de ellos. Se acusa de terrorismo por acciones que pueden ser desórdenes públicos pero que difícilmente se podrían asimilar como situaciones de terrorismo, tal y como se entendía hasta ahora el término. Existe también la condición de preso político adjudicada a personas que son políticos que han cometido delitos. En este último caso, el orden de los factores sí altera el producto claramente: no es lo mismo un político encarcelado que un preso político.

P. ¿Este uso interesado de las palabras puede llegar a imponerse y triunfar? ¿Se puede terminar aceptando que terrorismo también es una pelea de bar o que un preso político también es un político detenido por cometer irregularidades?

R. Si esa pelea de bar, como tú dices, es o no terrorismo lo determinarán los tribunales. En todo caso, y por lo que leo, me da la impresión de que no era terrorismo, aunque yo tampoco soy un juez y son ellos los que tienen que decidirlo. Lo que sí es verdad es que cuando una palabra se utiliza mal con la suficiente insistencia, ese nuevo concepto acaba calando en la gente que lo termina utilizando también mal. Es lo que muchos sociólogos americanos llaman crear un marco, un nuevo frame en el que las palabras tienen un significado determinado. El problema es que obligan a todo el mundo a jugar dentro de ese marco. Y si tienes que empezar a discutir qué es o no terrorismo dentro de ese nuevo marco impuesto, siempre va a ganar quien lo haya creado.

P. Es una trampa.

R. Vas a ir rebotando en los bordes de ese marco cuando lo que en realidad quieres es salirte de esos márgenes.

P. ¿Y qué podemos hacer?

R. Necesitamos ser lo suficientemente decididos en la ruptura de ese cerco y en la defensa de un debate mucho más abierto y no el estrictamente acogotado que se pretende. Los periodistas especialmente debemos estar en esa lucha e intentar que los debates políticos sean mucho más abiertos, incluyan la participación de más gente y sean menos sectarios.

P. ¿Ves el panorama de los medios de comunicación actual con la decisión necesaria para favorecer la ruptura de esos marcos?

R. En todas partes está siendo muy difícil, no solo en España. Mira lo que nos ha pasado con el Brexit en Reino Unido o con la elección de Donald Trump en Estados Unidos. Lograron establecer unos marcos que fue muy difícil romper o salirse de ellos. Pero es una obligación de los grandes medios, como hace The New York Times, intentar romperlos, aunque no es nada fácil. En España es también muy complicado pero deberíamos intentarlo entre todos porque será una muestra de salud democrática.

P. El País ya dedica espacio de su web para desmontar los bulos que suelen publicarse en Internet y que muchas veces acaban colándose entre los grandes medios. Las famosas fake news.

No es lo mismo un político encarcelado que un preso político

P. Es una muestra de que estamos intentando recuperar el sentido de los hechos y volver a ser capaces de su comprobación. En eso consiste nuestro oficio. No nos dedicamos a difundir cualquier cosa sin comprobarla ni a difundir cualquier opinión sin saber de dónde procede. Pero dado que existen tantas maniobras de distracción masiva, cada vez es más importante que los periodistas y los grandes medios -y los pequeños digitales también- sean capaces de acotar ese fenómeno e impedir que se extiendan las informaciones falsas.

P. Pero el problema de todos los medios, grandes y pequeños -aunque los pequeños lo sufren más- es la precariedad, la falta de personal y de material, además de su sobrecarga de trabajo. ¿Esa situación a quién favorece?

R. A las fuerzas que no quieren ser controladas. Los poderes, por definición, intentan estar lo menos controlados posible. Y los medios de comunicación, si realmente quieren cumplir su función, han de ejercer un control sobre esos otros poderes. El problema es, efectivamente, que si los medios están debilitados -por incapacidad financiera, falta de periodistas o pluriempleo de los mismos- los únicos beneficiados son aquellos que no quieren ser controlados. Eso es evidente. Un cuarto poder, como se llamaba antes, debilitado, solo favorece a los otros poderes.

P. ¿Una empresa periodística siempre tiene que ser una empresa rentable?

R. Sí. Una empresa periodística puede ser rentable de muchas maneras pero el dinero siempre tiene que salir de algún lado. Si no sale de tus lectores, de las ventas o la publicidad, tiene que salir de algún otro sitio, provocando que los medios sean más dependientes. En la situación contraria, si logras que el medio sea capaz de financiarse directamente, todo cambiará a mejor. Ahora tenemos ejemplos muy interesantes en este sentido gracias al papel que representan los suscriptores. Esta estrategia abre una vía de defensa de un periodismo independiente financiado directamente por los propios lectores que creen que tienen que pagar para conseguir esa información. Si ese sentimiento se extiende -que los medios independientes son una defensa de la capacidad de análisis de los ciudadanos- será una magnífica noticia.

P. Pero en España triunfó el modelo de los grandes medios de abrir los contenidos digitales. Y con ello, la contradicción de ofrecer gratuitamente al lector la misma información por la que se le pedía una cantidad económica en el quioscos. Yo creo que en ese momento los periódicos se dispararon en el pie.

R. Sí, evidentemente debimos darnos cuenta al principio que dejar completamente abierta la información acostumbraría a la gente a recibir la información de manera gratuita cuando antes siempre había pagado por ella. Y una vez que te acostumbras a recibirla gratis es difícil que luego vuelvas a pagar por ella luego.

Es importante que los periodistas impidan que se extiendan las informaciones falsas

P. Y con ello, de alguna forma, también se pierde el valor del trabajo.

R. Ahora se están introduciendo nuevos modelos como los muros de pago que cobran por acceder a la información de las webs. Pero hay algo estupendo que está haciendo The Guardian, el periódico británico, que sigue poniendo toda la información gratuita en el digital pero pidiendo a sus lectores una aportación económica. Es decir, te lo ofrecen gratis pero si realmente valoras el producto, te piden que pagues por ello. En España lo hacen algunos medios pequeños como la revista Contexto (ctxt.es) pero The Guardian lo hizo a lo grande y ya supera los 600.000 suscriptores que pagan por leer algo que es gratis. Y lo hacen porque tienen el convencimiento democrático de que el tipo de periodismo que hace esta magnífica cabecera necesita ser apoyado desde el punto de vista financiero.

P. ¿Ves extrapolable ese modelo a los periódicos grandes españoles?

R. Habría que estudiarlo porque evidentemente si a The Guardian le está dando resultado se podría ver qué es lo que ha hecho. Está claro que se parte de una idea: ser capaz de ofrecer un periodismo extraordinario y de una grandísima calidad. Y hacerlo hasta el punto de que tu lector, sea digital o no, piense que ese tipo de periodismo no puede desaparecer y que es necesario. Entonces es cuando se lanza a colaborar. Si el modelo se extiende sería estupendo al exigir dos vertientes muy importantes: un periodismo de extraordinaria calidad y unos ciudadanos conscientes de que lo necesitan.

P. Mientras tanto, los grandes medios, también The Guardian, han orientado parte de sus contenidos a buscar audiencia con informaciones llamativas que claramente persiguen la audiencia.

R. Conozca usted los diez mejores cordones de botas.

P. Por ejemplo.

R. Pero la audiencia que está pagando no lo hace por ese tipo de contenidos. Es posible que esos listados logren un aumento de clicks, pero está claro que los suscriptores no buscan esas informaciones. The Guardian consigue a sus suscriptores por las buenas informaciones periodísticas que ofrece. Es cierto lo que dices y que hay piezas que sobre todo buscan que pinches en ellas para aumentar la audiencia, pero los periódicos empiezan a separar los dos mundos. The Guardian no mezcla en un mismo plano los listados de cordones con el resto de informaciones duras. Ni coloca en el mismo plano informativo ni lo pone al mismo nivel ni le da la misma importancia. No se producen confusiones en ese aspecto y de esta forma se es capaz de dar al lector un baremo de importancia de cuáles son las noticias más importantes.

Si logras que un medio sea capaz de financiarse directamente, todo cambia a mejor

P. ¿En qué se parece el periodismo de hoy, con todas las nuevas tecnologías, con el que se hacía durante las Cortes Constituyentes que tú conociste?

R. El periodismo es un oficio y por tanto tiene unos mimbres que siguen idénticos. Es como ser carpintero: se podrán usar unas maderas o unas técnicas distintas pero una mesa siempre será una mesa. El problema es lo que comentábamos antes: al convertirse en un oficio tan precario, las condiciones laborales empeoran y eso no favorece la calidad del trabajo final. En mis tiempos, yo podía estar todo el día en el Parlamento siguiendo un debate desde la mañana hasta la noche. Probablemente ahora tendría que estar un rato en el Congreso, otro poco en el Ayuntamiento y luego en una reunión de dentistas. Está claro que no es lo mismo estar todo el día siguiendo un debate para escribir al final dos folios y medio que estar todo el día escribiendo varios artículos de dos folios y medios sobre distintos temas. Es imposible que se pueda exigir la misma calidad si se trabaja en condiciones tan precarias.

P. Pero tendemos hacia eso.

R. Lo hacemos porque las empresas periodísticas no han salido de la crisis todavía ni se ha encontrado un modelo como el de The Guardian. Y no se le da la suficiente importancia al deterioro que produce la precariedad en la información y que es muy difícil de recuperar, además de peligroso.

P. En España nuestro oficio es uno de los menos valorados por la opinión pública.

R. Si eso es así, es culpa nuestra. Si la opinión pública española tiene un mal concepto de los periodistas españoles es culpa nuestra, nos lo hemos ganado y deberíamos de recapacitar. ¿Qué hemos hecho para que los ciudadanos tengan esa opinión tan mala de los medios? Creo que eso está cambiando pero si el CIS [Centro de Investigaciones Sociológicas] dice que eso es así, quienes tenemos que juntarnos para debatir qué ocurre somos los periodistas y no los ciudadanos. Somos nosotros los que nos estamos equivocando y no ellos.

P. ¿La culpa es tanto de los periodistas como la de las estructuras empresariales que sostienen a los medios y que favorecen este modelo precario?

R. Uno de los problemas de la precariedad es que impide que los periodistas se puedan unir ya que cambian de trabajo continuamente.

P. O trabajan en varios a la vez.

R. Claro. Mientras que una de las maneras de defender la calidad de la información es que los periodistas puedan juntarse para defenderla e impedir que las empresas trafiquen con ella. Porque pude haber empresas que en un momento dado se sientan tan agobiadas que puedan pensar que esa es una de las vías para salir de sus problemas. Pero las redacciones, entonces, tendrían que decirle que no: hay que salir de los problemas de otra forma. No podemos negar que los problemas empresariales existen pero no podemos salir así, traficando con la información, hay que hacerlo de otra manera. Para eso es imprescindible que los profesionales de la información tengan fuerza suficiente dentro de las empresas periodísticas. Tiene que haber un equilibrio de manera que las redacciones también tengan una capacidad de defensa de su propio trabajo.

La actual precariedad del oficio de periodista no favorece la calidad del trabajo final

P. Te defines como periodista de redacción. ¿Le damos poco valor o hemos explicado mal lo que es ser un periodista de redacción?

R. Lo hemos explicado mal, lo hemos explicado muy mal. Por supuesto que los periodistas tienen que salir a la calle a buscar la información, tienen que viajar y conocer otros lugares. Pero ese trabajo necesita también un buen trabajo de redacción. Los redactores jefe, los jefes de sección, los directores… todos ejercen un trabajo muy importante porque son los que tienen acceso al conjunto de la información y son ellos los que hacen la escaleta de valores. Establecer esa escala de importancia con criterio profesional es un trabajo muy delicado y tremendamente importante. Los periodistas tiene que ser conscientes de ello y reconocer que el trabajo de redacción implica tener también cierta autoridad.

P. ¿Y cómo fue tu relación con la redacción en tus distintas corresponsalías?

R. Para los corresponsales es muy importante la comunicación con la redacción. En El País los corresponsales están obligados a llamar todos los días y hablar con los responsables de ese día. Es algo muy importante porque los periodistas que trabajan en el extranjero, al cabo del tiempo, pueden perder un poco el contacto, el feeling con su propio país y su propio periódico. El contacto permanente con la redacción ayuda a los corresponsales y les orienta sobre lo que pasa.

P. Y una corresponsalía imagino que también enseña mucho de la tradición periodística del país donde se recala. Tu última plaza en el extranjero fue Buenos Aires, capital de un país con una excelente cantera de reporteros.

R. El de corresponsal es un trabajo que tiene una enorme dificultad porque llegas a un país que no conoces. Tienes que procurar enterarte, conseguir las fuentes y los contactos para, cuando se dan situaciones en las que no sabes lo que algo significa, poder preguntar. Eso no se hace en un día y exige una dedicación de casi 24 horas al día cuando se está empezando. Todo, para conseguir crear esa agenda que te permita estar luego un poco más seguro de lo que haces. Esa parte tan inquietante del principio de una corresponsalía a mí me encanta pero es verdad que estás a punto de que te dé un infarto de un momento a otro. En el caso de Argentina, hablamos de un país con unos excelentes profesionales. como en general lo son los periodistas latinoamericanos. Allí han desarrollado géneros como la crónica, de los que los periodistas españoles tenemos muchísimo que aprender. Nos han demostrado que son géneros periodísticos extraordinarios y que en ocasiones están realizadas, tal vez no en Argentina pero sí en México y Centroamérica, en unas condiciones peligrosísimas. La admiración que tengo por los periodistas latinoamericanos es enorme. Creo que en conjunto son brillantes y serios.

De la crisis de las empresas periodísticas no podemos salir traficando con la información

P. Siempre recuerdo la figura de Rodolfo Walsh, el gran renovador del periodismo argentino que terminó en las filas de los Montoneros, la guerrilla peronista argentina de los años setenta.

R. Tiene algunos ejemplos de excelente periodismo, era un profesional extraordinariamente brillante y lúcido que se daba perfecta cuenta de lo que pasaba también en su oficio. Desgraciadamente, lo mataron y pagó carísima su militancia, además de una manera profundamente injusta ya que no participó en acciones violentas. Sin duda fue mucho más periodista que soldado. Eso es lo que era él. Y estoy segura de que pensaba que tenía derecho a morir por sus ideas pero no a matar por ellas.

P. En Europa también hemos tenido casos de periodistas que mueren por sus ideas y por su trabajo. Un periodista esloveno que investigaba casos de corrupción fue asesinado en febrero con su pareja. Y una reportera que también investigaba casos de corrupción fue asesinada en Malta en octubre de 2017. ¿Tenemos que empezar a preocuparnos?

R. Tenemos que preocuparnos por levantar la información, tenemos que ser capaces de encontrar dónde están esas informaciones de interés y publicarlas porque cuantos más seamos haciéndolo menos casos como los de Eslovenia o Malta se producirán. Y si cae un periodista debería haber otros 35 cubriendo la información que aquel seguía. La manera de evitar que haya crímenes así es que el número de periodistas sea tan alto que no compense matar a ninguno.

P. Ya estamos viendo uniones temporales de grandes medios a la hora de publicar filtraciones masivas de datos.

R. Organizaciones como el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación busca procesar todos esos datos informáticos a través de los grandes medios. Es sin duda una labor muy útil y muy necesaria que demuestra que el trabajo que realiza esta entidad es estupendo.

P. Y no hemos hablado de las últimas filtraciones en España: como el caso de Cristina Cifuentes.

R. Los papeles que levantó eldiario.es con Nacho Escolar y Raquel Ejerique son indestructibles. Diga lo que diga ella, aunque intente abrumar con otros datos, lo que logró eldiario.es es un ejemplo perfecto de investigación periodística con un claro interés público.

Hay que lograr que el número de periodistas sea tan alto que no compense matar a ninguno

P. Y aún así Cifuentes aguantó sin moverse.

R. Eso no va a ninguna parte, es una pérdida de tiempo por parte de Cristina Cifuentes. ¿Cómo va a resistir? Ella es responsable de un presupuesto de 20.000 millones de euros en la Comunidad de Madrid y no puede decir que ha aceptado que le dieron un máster sin hacer nada. Tardará lo que tarde, pero eso se paga.

(24 horas después de realizarse esta entrevista, Cristina Cifuentes dimitió de su cargo tras una nueva filtración a la prensa: la publicación de un vídeo de 2011 que demostraba que la política había sido retenida una hora en un supermercado acusada de robar dos cremas por valor de 40 euros).

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