Miguel Moreno: “Si el mundo muta, Scarpia muta con él”

Miguel Moreno  MADERO CUBERO

A Miguel Moreno Carretero (Córdoba, 1980) no le gustan nada -pero nada- las entrevistas. Se lo confiesa a los periodistas de CORDÓPOLIS que acuden un tórrido jueves a El Carpio a encontrarse con él. La excusa para pasar semejante calor está clara: Scarpia, las jornadas de intervención artística en el entorno natural y urbano que cumplen la friolera de 14 años en el municipio cordobés.

Miguel saca un hueco de donde puede. Porque están siendo días de mucho ajetreo, con un montón de actividades y más de un centenar de participantes que han agotado las matrículas para los talleres. Durante media hora, deja en el Casino del pueblo a Rogelio López Cuenca, artista que ha expuesto en el hall del Museo Reina Sofía y encargado de uno de los primeros talleres, para atender a la prensa.

PREGUNTA. ¿Qué pasó hace 14 años para que arrancase el proyecto carpia?

RESPUESTA. El proyecto comenzó en un local del Palacio Ducal de El Carpio, donde un chico, Antonio Sánchez, que estudiaba Historia del Arte, y yo, que estudiaba Bellas Artes, comenzamos con un taller de arte público, de arte y naturaleza. Así comenzó todo. Poco a poco fuimos desarrollando el proyecto.

P. Era un taller pagado por el Ayuntamiento.

R. Eso es y en principio estaba pensado solo para la gente del pueblo.

P. Desde el principio, un proyecto vinculado a El Carpio.

R. En ese momento yo vivía aquí, a pesar de estar haciendo Bellas Artes. Y Antonio también vivía en el pueblo.

P. ¿Qué era lo que proponíais en vuestros inicios?

R. Bueno... partíamos de las enseñanzas de arte y naturaleza.

P. ¿Pero qué pasó para que ese taller concreto terminase convirtiéndose en todo lo que es Scarpia?

R. Fue muy interesante ver que con personas del pueblo surgieron acontecimientos curiosos que nos hicieron ir avanzando. El primer año trabajamos con personas de perfiles muy diferentes. Solo entre el 5 y el 10% eran personas vinculadas al mundo de las Bellas Artes. Eso hizo que el año siguiente diésemos un paso más y nos pusiésemos a trabajar con artistas que habían salido o estaban todavía en las facultades de Bellas Artes. A partir del séptimo año fue cuando empezamos a darle una categoría temática a las jornadas. Y siempre hemos ido poco a poco avanzando.

En Scarpia pusimos la semilla del arte público en Andalucía

P. ¿Los vecinos del pueblo siguen siendo los principales participantes?

R. Sí, claro. Aunque siempre hay una mezcla importante entre los personajes del pueblo con los que trabajamos y los participantes que vienen de fuera. Este año, por ejemplo, hemos completado todas las plazas.

P. ¿De dónde viene el nombre?

R. Hicimos un poco como la gente de Demencia, en Doña Mencía, que estaba en ese momento. Es decir, cambiar el nombre del pueblo hacia Scarpia.

P. ¿Ya trabajabais juntos la gente de Demencia y vosotros?

R. En ese momento no pero con el tiempo y gracias a la Fundación Botí hemos terminado siendo proyectos hermanados configurando Periféricos.

P. ¿Arte contemporáneo en la calle?

R. Desde los años sesenta hasta ahora el arte público se ha estado dando pero en el caso de Scarpia es muy curioso y muy concreto en Andalucía. Pero fuera hay otros proyectos parecidos, como los Encuentros de Pamplona y en la zona de Barcelona y Valencia hay una larga tradición de arte público. Nosotros, tal vez, pusimos la semilla del proyecto en Andalucía. Y se ha ido desarrollando en otras zonas rurales.

P. ¿Y en El Carpio ya se asume Scarpia como algo propio del pueblo?

R. Hay una gran mayoría que lo ve como algo propio y que le da una identidad al pueblo. Les gusta esa mirada oblicua que el arte aporta sobre la propia visión local.

P. ¿Qué te dice la gente?

R. A la gente le gusta ese punto de locura, de tomarse las cosas de otra manera. Creo que es importante que en todo contexto racional haya un punto discordante que haga ver las cosas de otra manera y aporte un punto curioso.

A los vecinos les gusta esa mirada oblicua que el arte aporta sobre la propia visión local

P. El humor siempre ha sido muy importante en Scarpia. Recuerdo aquel enorme billete de 500 euros ondeando como una bandera en lo alto de la Torre de El Carpio.

R. Es una base fundamental. El sentido del humor es una visión que se tiene siempre de la realidad. En el arte, el humor gráfico es una forma de ver la cruda realidad desde otra visión. Y los artistas tienen esa cualidad de usar el humor gráfico del arte como un espejo por el que ver las cosas de otra forma.

P. En tu propia carrera como artista el humor está siempre presente. ¿Qué te ha aportado Scarpia?

R. Muchísimo. Hoy en día Scarpia no es que camine sola, siempre lo hará conmigo, pero ya cuento con un equipo fantástico. Siempre ha habido mucho de mí en el proyecto, pudiendo hacer con Scarpia todo lo que no hago con mi obra personal. Pero es verdad que hay un juego de espejos donde yo voy desarrollando una actividad y donde Scarpia es, sobre todo, una experiencia como producción para aprender de los artistas que vienen.

P. Dices que Scarpia es en parte una proyección de ti mismo. ¿Te la imaginas caminando sola o bajo la responsabilidad de otra persona?

R. Eso no me lo planteo. De momento tengo ganas de seguir adelante caminando con el proyecto que de un año para otro se va encadenando. Tengo ganas de seguir.

P. ¿Cuántos componéis el equipo?

R. Somos ocho personas.

P. Trabajando con presupuestos que, como mínimo, son volátiles...

R. Cada año aprendemos a seguir desarrollando el proyecto con mayor independencia. El hecho de que las matrículas vayan aumentando hace que el proyecto se vaya financiando. En cuanto a las producciones, es verdad que cada vez los gastos son menores al haber girado a un modelo más teórico. Así que vamos mutando.

P. Te lo preguntaba porque en estos 14 años habéis conocido la cara y la cruz: la época de las alegrías presupuestarias de las administraciones y la de los recortes salvajes, especialmente en cultura.

R. Hemos aprendido a adaptarnos a las circunstancias. Es verdad que cuando nacimos en 2002 surgieron proyectos como el Musac y la cosa iba muy bien. Pero los años de crisis económica a nosotros nos ha servido mucho para adaptarnos en las producciones y entrar en un momento más teórico. Pero no nos importa. Y es una mutación en la que estamos inmersos desde hace cuatro años.

Cada año aprendemos a seguir desarrollando Scarpia con mayor independencia

P. ¿Con cada nueva corporación política te sigue tocando defender la vigencia y el interés de Scarpia?

R. Claro. Hemos pasado ya por diferentes corporaciones municipales. Y esos cambios también te hacen mutar con los proyectos. Los desarrollos de los proyectos se hacen siempre en paralelo a la situación que acompaña a nivel local y global. Estamos en un proceso de cambio y somos conscientes de eso.

P. ¿Pero con esos cambios políticos no te ha llegado nunca alguien preguntándose por las razones de Scarpia y sus beneficios?

R. Ahora ya no, pero sí al principio. En los primeros años creyeron incluso por ahí que éramos una secta. Pero poco a poco fuimos conquistando al pueblo. Puede haber gente que no lo acepte y que piense que es un malgasto de dinero que no sirve para nada. Pero siempre que haya gente no crea en la cultura habrá motivos para seguir dando guerra. Los que somos utópicos pensamos que el futuro está por venir.

P. Ahora ha habido cambio en la Diputación, otra vez. ¿Te toca volver a defender a Scarpia o hace ya tiempo que llegaste al punto en el que no se puede entender el calendario sin la cita de El Carpio?

R. Eso último siempre se ha dado. Scarpia siempre se ha desarrollado a pesar de todos los cambios políticos, sabiendo que era un punto importante. Incluso a nivel social.

P. Pero esa apuesta política no se ha ido viendo reflejada en el aporte económico, ¿no?

R. Nunca hemos aspirado a ser grandes en el aspecto económico. Hemos ido cambiando. Hubo un momento importante de gestión por parte de la Junta, la Fundación Boti y el Ayuntamiento de El Carpio pero eso ha ido mutando. Nos hemos ido adaptando a ese juego nuevo de la realidad con la que nos íbamos encontrando.

En los primeros años creyeron incluso por ahí que Scarpia era una secta

P. ¿Scarpia podría llegar a financiarse a sí misma sin necesidad de lo público?

R. Lo público, en sentido de infraestructura, es necesario. Todo lo que nos aporta el Ayuntamiento es necesario y vamos a seguir contando con ello. Pero es verdad que da cierto vértigo pensar en esa autogestión, esa independencia que ha ido tomando Scarpia, gracias a las propias personas que hacen el proyecto. Pero en eso somos también un poco reflejo de la sociedad. Esa especie de descapitalización de la sociedad que nos lleva, en momentos de crisis, a juntarnos y ver qué somos capaces de hacer para tirar adelante entre todos. De alguna forma, somos paralelos en ese sentido a lo que se está viviendo y eso es algo curioso. Somos un proyecto cultural que en los momentos álgidos fue con más presupuesto y en los momentos más bajos con menos. Y eso refleja a la fuerza cómo está la situación.

P. Scarpia podría hacerse y se hace, de hecho, en la calle y en las plazas. Y así es como se hace política hoy en día en muchos sentidos.

R. El proyecto Convocados, en el quiosco de El Carpio, surge del 15M. Entonces, vimos una forma en la que la gente se comunicaba y la adaptamos al arte. La propia financiación de Scarpia surge también en parte del crowfounding, de ese sentimiento colectivo. Siempre vamos de la mano con el mundo. Si muta, mutamos con él. A veces ir contracorriente es un sinsentido.

P. Os sentís valorados en Córdoba.

R. Nosotros hemos sido nuestros propios críticos. Eso es muy importante, no esperar a que alguien te alabe. Tener los pies en la tierra, saber de dónde vienes y no confrontar siempre con lo que los demás digan es importante. No hay que entender el mundo por lo que los demás ven de tus sino por cómo tú lo veas.

P. ¿Scarpia tiene herederos?

R. Desde luego. A uno de los niños que empezaron en nuestros talleres hace 15 años y que sigue con nosotros siempre le digo que será mi sustituto como director de Scarpia. Vemos que vamos sembrando. Eso pasa siempre. Donde hay un festival de teatro, hay varias compañías de teatro; donde hay un festival de danza, hay varios grupos de danza. Son fenómenos que se dan en las comunidades. En El Carpio, por ejemplo, tenemos tres bandas de música. Scarpia puede ser lo más conocido pero a nivel cultural hay más movimiento. Incluso a nivel deportivo, tenemos equipos de baloncesto porque una sola persona mueve a 150 niños del pueblo desde pequeños. El sentido de comunidad y de pueblo lo tenemos muy arraigado.

Con el 15M vimos una forma de comunicación en las plazas y en Scarpia la adaptamos al arte

P. ¿Qué tiene El Carpio para que haya tres bandas de música, equipos deportivos y una de las citas de arte contemporáneo más importantes de Córdoba?

R. Algo tiene que tener, no lo sé. Siempre hemos sido inquietos. Y yo me siento orgulloso.

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