Gaby y Javi (Jugo y Plata): “Nosotros no inventamos nada, nos gusta copiar lo que funciona”

Gaby y Javi (Jugo y Plata)

Picasso dijo una vez: "Los grandes artistas copian, los genios roban". Gabrielle Mangeri (Nueva York, 1978) y Javier Orcaray (Barcelona, 1980) son más certeros: ante la duda, copia lo que funciona. La frase que encabeza esta entrevista puede parece una boutade o una ingenuidad. Lo que no cabe duda es de que, en un tiempo en el que hasta los hábitos de conducta se importan, la mejor manera de quitarse el complejo es asumir que todo está inventado y que corren tiempos de redescubrimiento.

Javi y Gaby se descubrieron el uno al otro en Barcelona, desde donde viajaron a Nueva York. Y desde allí, la ciudad más cosmopolita del mundo, saltaron a Belalcázar, un pueblo de 3.000 habitantes en pleno Valle de los Pedroches. Allí fue donde los descubrió quien les escribe: a través de un artículo, publicado en un medio nacional, que relataba como una pareja de jóvenes había convencido a un grupo de monjas para que les dejaran instalar una comunidad artística en un convento del siglo XV con más de 7.000 metros cuadrados. Sonaba aquello de La Fragua tan utópico que acabó como acaban todas las utopías.

Aunque Javier Orcaray, un chaval que nació en Santa Coloma y que se crió en la calle Montero de la Córdoba de los ochenta, recordará en esta charla que la utopía es la única forma de mejorar. Su esposa, Gaby, por su parte, menos utópica, pedirá interlocutores para que lo de La Fragua no vuelva a ocurrir. Lo harán ambos desde su hábitat: ese comercio comunitario y tienda de vinos naturales llamado Jugo (por las iniciales de todos los miembros de la familia Javi, Uma, Gaby y Olympia), que desde hace unos meses compaginan con una nueva aventura: Plata, un laboratorio de ideas que recoge parte del espíritu de sus proyectos pasados.

Y de pasado, presente y futuro, pero también de alimento para el cuerpo y de alimento para el alma, charlamos durante algo más de una hora con Gaby y Javi, los de Jugo, Plata, Combo y La Fragua.

PREGUNTA. Estábamos hablando de vivir en la ciudad. Ahora os pregunto por vivir en la ciudad antes y durante la pandemia.

GABY. Yo creo que esto nos pasa a muchos y puede sonar fatal, pero a nosotros nos ha unido muchísimo la pandemia. Fue un momento en el que pudimos estar juntos con nuestras hijas, cuidándonos, comiendo súper bien y teniendo tiempo para reflexionar, para leer, para charlar… Fue un momento muy íntimo que disfrutamos mucho. Porque fue tan excepcional. Además, tuvimos la suerte de que Jugo no cerró, al ser tienda de alimentación. Y, en cuestión de quince días, se convirtió en un colmado de verdura y fruta ecológica. Para nosotros fue como un acto de resistencia: sabíamos que no íbamos a cerrar, que íbamos a dar luz al barrio, que íbamos a abrir la persiana, poner música y seguir encendiendo las velas. O sea, que teníamos muy claro que no íbamos a parar. Fue una decisión incluso política. 

JAVI. Sí. Era muy curioso como incluso la policía continuamente al principio estaba tan despistada con nosotros. Venía y decía: ¿Pero vosotros podéis? Y nosotros es que somos tienda de alimentación. Y de repente vimos que la única opción que había para alimentare era el supermercado. La gente del Mercado de La Corredera nos lo decía: la gente tenía miedo hasta de ir. Entonces, alrededor de ese acto político, como dice Gaby, apostamos por una alimentación de cercanía real. Jugo no fue una tienda eco; fue un colmado de barrio con la verdura de Hermisenda, Luna (Millán) y Agripino (Terrón), el queso viene de Adamuz, y el vino de José Miguel de Montilla. Y la gente respondió de manera increíble. 

GABY. Sí, fue precioso. Recuerdo perfectamente las colas.

JAVI. Fue un acto de socialización cuando no se podía, y en un tiempo muy raro.

GABY. Y cómo estaba la ciudad. Yo recuerdo estar bajando y ver todos los naranjos en flor y la calle desierta, como una ciudad fantasma. O sea, no nos cruzábamos con nadie. Y las primeras semanas teníamos un cuidado extremo. Es que no sabía nadie lo que estaba pasando. 

JAVI. Y mucha gente que vive sola en el barrio. Gente joven, que de repente se vio que su único momento para socializar era bajar a Jugo a comprarse un pan o una lata. 

GABY. Socializar era decir ¡Hola!, hacer contacto de ojos, una sonrisa y una pequeña charla. Y luego llenar su cesta con color y alimentos.

Se nos olvida que vivimos en una ciudad agrícola

P. Creo que empezasteis a llevar también Jugo a domicilio.

JAVI.  También. Tardamos bastante en adaptarnos, pero hubo también una respuesta chulísima.

GABY. La pena fue que cuando acabó el primer estado de alarma fue disminuyendo y todo el mundo retomó el ritmo.

P. A veces parece que aquello fue una ensoñación, como un viaje opiáceo, del que despertamos muy rápidamente.

JAVI. Hubo un momento ciertamente utópico en el que pensamos que había cosas que se iban a cambiar. Pero duró muy poquito. 

P. ¿Hoy cómo lo veis? 

JAVI. A ver, algo quedará, pero hay indicadores muy preocupantes. En esta ciudad había ciertas tiendas con una orientación de comida sana que están cerrando.

P. ¿Y vosotros, no habéis acusado el golpe?

JAVI. Sí, claro. Nosotros lo hemos pasado fatal a nivel económico. Porque, además, es muy complicado… Antes lo hablábamos, las minorías del mundo están conectadas, y esas minorías, cuando vienen a Córdoba, pasan por Jugo. Entonces, si esas minorías, encima no se mueven…

GABY. Es que Jugo es una referencia para el público que busca los vinos naturales. Es que no hay muchos sitios así en Andalucía. Venía gente.

P. ¿La pandemia llegó al punto de cambiar la filosofía? 

GABY. A ver, la cosa es que Jugo cada dos por tres se reinventa. 

JAVI. Sí, es como un proyecto de arte continuo. Por ejemplo, este fin de semana Gaby organiza una exposición otra vez.

GABY. Pero a mí me hubiera encantado que hubiéramos podido seguir como colmado. 

P. Claro, eso es lo que os pregunto, si eso estuvo sobre la mesa, el convertir a Jugo en un colmado convencional.

GABY. ¿Convencional? Convencional nunca.

JAVI. Pero, por convencional se refiere a tradicional. 

El dinero no es garantía de modernidad

P. Sí, a lo que hacías en el estado de alarma.

GABY. A ver con el producto que tratamos sí. A mí me hubiera encantado seguir, aunque a nuestro estilo. Pero no funciona. 

P. Es que ahora se habla mucho de eso, de volver a un consumo como el de antes.

JAVI. El retrofuturo.

P. Bueno, hay quien lo califica reaccionario; a mí me gusta más lo de retrofuturo. En definitiva: saber lo que compramos, partiendo de la base de que llenar la cesta de la compra puede ser un acto político.

JAVI. Sí, sí.

P. Lo que ocurre, a mi entender, es que eso se ha convertido en una cantinela que nos decimos y que luego cuesta poner en práctica. 

GABY. Pero está bien que se convierta en cantinela. Estaba hablando esto el otro día con Pablo (del Astronauta). En Scalpers, en el escaparate hay dos maniquíes con unas bolsas de papel en el que pone “Comprar local” o algo así. Y que se convierta esta idea en algo tan popular es algo positivo. Está bien que haya una conciencia, y que poco a poco vaya cuajando. Es que es muy difícil llevar una vida comprando y comiendo todos los días con conciencia. Conozco a muy poquita gente. Y yo no me considero uno de ellos.

P. Además, yo personalmente no creo que sea positivo cargar al pobre consumidor, que a veces ya tiene bastante con llegar a fin de mes, el tener que preocuparse de ello. Convendría que todo esto se articulara desde las administraciones.

GABY. Con eso no estoy de acuerdo en absoluto. Creo que tiene que ser uno mismo el que elija este cambio de hábitos. Desde arriba (resopla)

P. Sí, me refiero a que, como tú has dicho, uno no puede andar fustigándose por no llevar un carro de la compra súper concienciado. Es que, a lo mejor, tienes que acabar el mes, y punto. Por tanto, lo ideal sería que, para que lo sano no cueste más caro, sean las administraciones las que regulen esto. 

GABY. Es un tema súper complejo. Javi y yo hablamos mucho de esto.

JAVI. Sí, esto está en sintonía con un proyecto que estamos desarrollando en esta línea. Y yo creo que lo interesante ahora mismo no es fijar el debate en si la gente sabe o no sabe lo que es comercio de barrio o si sabe lo que es el comercio de cercanía. Ahora mismo, la gente no está en eso. Ahora mismo la gente está en salir adelante como pueda. Y eso sí estoy un poco de acuerdo con Juan: las instituciones deben procurar un sistema de alimentación que complemente a la única solución que tienen ahora los consumidores, que es la gran superficie. 

Es muy difícil llevar una vida comprando y comiendo todos los días con conciencia

P. Efectivamente. Es que, sin ir más lejos, aquí hemos visto como se prohibía El Ecomercado por cuestiones pandémicas, mientras los supermercados, que son espacios cerrados, estaban atestados de gente. 

JAVI. Por ejemplo. O, dejándote caer tiendas que han ido en esa dirección sin darle un apoyo directo. Es decir, ¿se pueden hacer políticas hacia la alimentación sostenible? Claro que se pueden hacer. Lo que pasa es que los lobbys de alimentación son gigantes. Ayer estaba escuchando el ciberataque a la segunda empresa cárnica de EE.UU. Y acaban de descontrolar un país entero hackeando el sistema de la empresa que comercializa el 20% de la carne de EE.UU. Y claro, el titular es: Nos estamos preocupando de niveles súper macro. Que desaparezca una tienda de barrio o que nuestros colegas tengan que dejar de hacer quesos para la industria es como un chiste. Y para una institución, la pregunta que se hace es: ¿Eso cuánto me genera a mí? En lo potente, sí está. Si Mercadona dice: “A partir de mañana no podemos abastecer los supermercados porque hemos recibido un ciberataque”, ¿qué hace el Ayuntamiento? Ahí es donde está el tema real, que es la seguridad alimentaria. La seguridad alimentaria no es esas políticas tan grandes, sino que desde lo micro, hay que favorecer que el territorio periurbano vuelva a ser productor. Es que se nos olvida que vivimos en una ciudad agrícola.

P. Desde hace milenios, de hecho.

JAVI. Pues no te puedes hacer a la idea de la falta de productores de comida real que hay ahora mismo en Córdoba. Es súper complicado. No estamos en Cataluña donde en cualquier pueblo hay doscientas huertas interesantes.

P. ¿Aquí qué ocurre? Que todo va al aceite de oliva a nivel industrial?

JAVI. De aceite de oliva no podemos vivir exclusivamente. Es que es algo sorprendente. Tenemos un sitio donde puede haber de todo y cada vez hay de menos.

GABY. Es que en los pueblos mismos la gente va a comprar al supermercado, al Día y al Mercadona. 

JAVI. La tienda de mi pueblo vende las bolsas de comida china para meterlas en el microondas. O sea, el concepto de que en los pueblos se come mejor hace mucho tiempo que desapareció. Y es que si lo trasladas a Córdoba, que sigue siendo un sitio agrícola, dices: ¿Cómo puede ser que no podamos todos alimentarnos de la huerta de Córdoba, si terreno hay?

P. Ahora, no sé si has visto, que con una caída de 3 céntimos el litro de leche, está en riesgo la producción de Los Pedroches.

JAVI. Bueno, ese es otro tema que a mí me duele inmensamente. La Covap ha destruido toda la biodiversidad que había en Los Pedroches y lo que genera son cultivos para alimentar a las vacas. Estamos alimentando vacas. En mi pueblo no hay garbanzos ya. Los garbanzos famosos del pueblo, ya no se cultivan. Lo que se cultiva es mucho cereal para la vaca. Mucha hierba.

P. Todo va vinculado hoy a un rendimiento industrial. 

JAVI. Claro, por eso las conexiones entre arte y agricultura son muy parecidas. Porque en el momento en el que se entra en un circuito de la economía a gran nivel, hacerlo a escala pequeña es complicadísimo.

P. Yo ahí discrepo un poco. Siempre planteo que quizá al arte lo que le vendría bien es que tuviera un componente industrial. 

JAVI. ¿Ah sí?

El concepto de que en los pueblos se come mejor hace mucho tiempo que desapareció

P. Por ejemplo: Berlanga siempre decía que el cine nunca debería estar vinculado al Ministerio de Cultura, sino al Ministerio de Industria. En España no hay industria cultural, y lo que hay es el ejército de Pancho Villa.

JAVI. Lo que hay es filas de mendigos para que nos den una migaja a cada uno. 

P. Pero entiendes por donde voy, ¿no? 

JAVI. Sí, quieres que la gente dignifique profesiones que ahora mismo están precarizadas. ¿La fórmula? Pues a lo mejor hay que buscar una combinación. Hay que buscarla, claro. Somos una parte del PIB importante la gente que nos dedicamos a estas dos cosas. Pero, desde luego, se necesita repensar todo. Y, al menos, ya estamos de acuerdo en que eso de seguir trabajando gratis… No sé cómo lo están abordando las nuevas generaciones que están saliendo del Mateo Inurria. No sé cuántas cosas gratis están haciendo. Nosotros hemos aprendido en diez años que ya no, que merece la pena valorar un proyecto cuando te lo ofrecen por lo que te van a pagar.

P. Recuerdo que cuando abristeis Jugo me hablasteis de eso, que yo no había escuchado en la vida, de los vinos naturales. No sé en esos cuatro años si eso es algo más conocido.

GABY. Pues depende de dónde. En Córdoba sigue igual. Es que veo que la gente viene a Jugo por Jugo. La gente que está en Córdoba viene a estar con nosotros, en la plaza y con su gente. Hay alguna clientela pequeña que viene a comprar botellas porque realmente ha descubierto todos los beneficios de beber vino natural, con la mínima intervención posible, y que busca otro tipo de matices. Pero yo creo sinceramente que la gente viene por el sitio.

P. ¿Y eso os lo planteasteis cuando arrancasteis el proyecto, sabíais que ibais a crear esa comunidad?

GABY. Sí. Bueno, cuando decidimos abrir una buena duda era: A ver quién se va a acercar aquí.

JAVI. Pero es para mí emocionante la cantidad de nuevos colegas que tenemos.

GABY. Sí, muchos.

JAVI. Es que también, volver a una ciudad y pensar: ¿por dónde empiezo? ya estoy perdido. Pues fue abrir Jugo y decir: Estamos acompañados. Gente que, de otra manera, nos hubiera sido muy difícil conocer.

GABY. Y nosotros, con el tema de Jugo, no hemos cambiado de filosofía desde que hemos abierto. En Jugo no ha estado ningún vino que no sea natural y de alguien que conocemos. Y eso jamás va a cambiar. De hecho, una cosa que ha sido bastante coñazo con la pandemia es que no hemos podido visitar viñas. No hemos podido cumplir con esta parte del trabajo que es de investigación: ir a las viñas, a conocer, a ver las bodegas y andar con los viñerones es una gran parte del curro. Y no poder hacer eso me ha afectado bastante. Es que es algo muy bueno para ir aprendiendo, porque el mundo del vino es muy infinito. Es complicado realmente pillar el truco.

P. Y además, vosotros entráis en el mundo del vino directamente como consumidores.

GABY. Sí. 

JAVI. Bueno, yo recuerdo que fue entrar en La Fragua y lo primero que hicimos fue plantar una viña. Que fue recuperar uno de los usos que tenía ese espacio.

P. ¿Las Clarisas tenían su propio vino?

GABY. Los monjes. 

JAVI. Sí. Ahora hay un proyecto super bonito de un amigo nuestro, que trata de la recuperación del viñedo del Valle de Los Pedroches.

La Fragua no hubiera terminado si no hubiera sido por el roce con el Ayuntamiento y la Diputación

P. De Domínguez.

GABY. ¿Lo conoces?

P. Sí, sí.

JAVI. Empezar en La Fragua por ese acto del cultivo y ver los ciclos, eso te conecta. Y luego nosotros tenemos nuestro cachillo de viña, que vamos cuidándolo como podemos. Y es interesante saber de donde viene un líquido fermentado. Que no viene de la nada.

P. ¿No concebís ahora mismo vivir sin las manos manchadas de tierra?

JAVI. Más tierra me hace falta.

GABY. Javi sobre todo. Javi lo necesita. Yo también, pero no tengo prisa. Es que yo pasé de Brooklyn a Belalcázar. Y yo jamás pensé que iba a poder echar tanto de menos aquello. O sea, los primeros dos años, tras la muerte de La Fragua, fueron horrorosos. O sea, nos íbamos al pueblo y rellenábamos el coche con verdura de la huerta de un colega, y teníamos tierra por todas partes, en el coche y en el frigorífico. Era como un cambio brutal. Nos costó mucho. Ya llevamos seis años aquí y me he ido haciendo a la idea de que vivimos en la ciudad.

P. ¿Y qué tal ese cambio de Brooklyn a Belalcázar. Cuéntame eso.

GABY. Lo de Brooklyn-Belalcázar fue muy duro. Además con una niña de seis meses. Fue durísimo. Pero vamos… Una experiencia vital alucinante. Se lo recomiendo a todo el mundo que le guste el aire libre. Porque fue alucinante. Pero es que el proyecto de La Fragua fue bastante potente.

JAVI. Imagínate ahora toda la peña que está saliendo de Madrid, tratando de irse a un pueblo. Cada vez se tiene que ir más lejos porque eso sí que está gentrificando. Porque el concepto de cosa bucólica y llegar al pueblo y al año pensar: ¿Qué hacemos aquí?

P. Claro, y que te cante el gallo todos los días y al mes quieras matar al gallo y al dueño del gallo. Lo bucólico es muy peligroso. 

GABY. Nosotros estuvimos año y medio sin internet. No vendían mantequilla en el pueblo. No podíamos tomarnos una tostada con mantequilla, ni hacer una tarta de chocolate con mantequilla… Era como ¡hostia puta! Ahora hay de todo. 

P. ¿Pero cuándo fue esto?

JAVI. En 2010. Justo después de que yo acabara el Master, que fue el motivo por el que yo pude estar en Nueva York, porque me dieron la beca Talentia de la Junta y pude irme a Estados Unidos,

GABY. El cambio fue durísimo y maravilloso al mismo tiempo. Es que si te vas moviendo de sitios así como medio radicales, tu sensación es que la vida va cambiando cada dos por tres.

La confusión de la exposición de Anguita en el Pepe Espaliú parte de que nadie tiene claro cuál es la dirección del centro

P. Es que no me imagino que te decía tu madre cuando le contabas que te habías plantado en Belalcázar. 

GABY. Mi madre estaba horrorizada. Cada vez que veníamos, éramos marcianos nosotros, pero ella también, y de dos planetas diferentes. Yo recuerdo que la primera vez que fui con Javi a Belalcázar fue la primera vez que experimenté un shock cultural. Allí entendí por primera vez la expresión. Yo en ese momento vivía en Barcelona y la primera vez que fui fue: ¿qué es esto? Comiendo cochino frito, sin una hoja de lechuga. Ahora me gusta todo eso, el rabo, el hocico, me chupo los dedos, me como las manitas de cerdo, pero cuando llegué por primera vez fue: ¿qué hago con este hombre en este sitio tan horroroso que huele a mierda de vaca? Pues mira, de Belalcázar me fui llorando. Nos fuimos los dos llorando. Fue durísimo venir los dos aquí a Córdoba. Teníamos ese contacto, los amigos, la huerta, la gente que venía, la naturaleza, el silencio. 

JAVI. A nivel emocional nos lo montamos bastante bien. La premisa de La Fragua era: si tú no puedes salir al mundo, que el mundo venga a ti. Nuestra casa estaba llena de peña, siempre. Las nenas han crecido rodeadas de japoneses, americanos… 

GABY. Bueno, eso sigue. 

JAVI. Sí, sigue aquí. Nuestra casa es un espacio muy multicultural. 

P. ¿Y ahora qué sentís cuando volvéis a Belalcázar?

JAVI. Estamos pasando el trauma. Yo ya me estoy recuperando un poco.

GABY. Es que fue muy difícil. Creo que necesitamos unos años más para ver en qué metimos la pata con La Fragua. Evidentemente no fuimos perfectos, pero fue muy doloroso la forma en que terminó. Además, es todo como muy metafórico. Javi hizo toda la mudanza solo en un brote de locura. Y cuando volvimos dos semanas después a coger esquejes de la huerta -y en La Fragua recuperamos todo el espacio exterior hasta convertirlo en un huerto jardín increíble- habían arrasado con toda la huerta. Todo, tío, todo. Estaban echando herbicida, quemando ramajes… Fuimos con Uma (una de sus hijas), que cuando vio aquello empezó a llorar. Y yo solo decía: “No me lo puedo creer”. Hoy me pregunto qué problema de comunicación tan profundo tuvimos con el Ayuntamiento, sobre todo con el alcalde. O sea, mi sensación fue que el alcalde necesitaba tener el poder y, por una cuestión de celos hacia nosotros, se chafó todo. O sea, todo fue muy triste. Y ahora, después, ha acabado allí una asociación de cetrería que tiene aquello lleno de jaulas con pájaros atados. Más metafórico imposible. Allí hay una escultura de Hisae Yanase para hacer de casa de un perro. 

P. Entiendo que todavía estéis pasando el duelo.

GABY. Hostia, el duelo y un enfado… Un desprecio absoluto hacia un trabajo que hizo. 

Gaby y Javi (Jugo y Plata)

P. Yo de La Fragua recuerdo que me enteré por un reportaje en Eldiario. Yo estaba fuera, pero me enteré en un medio nacional, de esta cosa que se está haciendo en un pueblo de Córdoba que yo a duras penas ubicaba en el mapa.

GABY. Claro. Esa es la pregunta que no tiene respuesta, pero me pregunto mucho en qué nos equivocamos que no hubo manera de seguir con aquello.

JAVI. Yo lo veo ahora un poco más desde la tranquilidad y la equivocación es que necesitas saber comunicarte con la institución. Y si tú llegas con un brío y una energía y estás comiéndote el mundo como nos lo comíamos nosotros -y, de repente, venga peña a llegar al pueblo, venga creación, venga investigación, venga impulso económico-, la institución se queda como: ¿Cómo es esto? No me entero.

P. ¿La Fragua no era un proyecto municipal? 

JAVI. No, no. La Fragua fue un proyecto autogestionado. La ayuda primera -que fue donde creo que la cagamos-, fue que, tras conseguir la cesión del convento, para el que necesitábamos el papel de las monjas y el papel del Ayuntamiento, solicitamos una casa para que duerman los artistas. Allí, en el pueblo, hubo un intelectual que dejó para el pueblo una casa para uso cultural. Y nuestra propuesta fue: Déjanos la casa porque esto es lo que complementa el proyecto. Era una casa que estaba cerrada y que ahora está cerrada, pero que, insisto, se cedió al Ayuntamiento para uso cultural. Nosotros cometimos el error de cálculo de firmar un contrato económico. Y llegó un momento en que dejamos de pagar ese contrato económico porque era abusivo y porque era imposible sacar la actividad continuando con aquello y porque no tenía ni pies ni cabeza. ¿Al final qué queda? Pues que para irnos de allí, el alcalde dijo: “Vamos a decir que no tenéis deuda de la casa”. 

GABY. La casa la arreglamos toda nosotros. La fuimos arreglando como pudimos, sin ayuda de ningún tipo.

JAVI. En el Ayuntamiento siempre se pueden agarrar a ese tema.

P. De hecho, estoy convencido de que se van a agarrar a ello cuando lo lean.

JAVI. Claro, y nos pondrán colorados. Pero, lo mires por donde lo mires, todo el pueblo se benefició de La Fragua le gustara o no el proyecto. Los bares se llenaron de gente, si llegaba alguien y pinchaba una rueda iba al mecánico, los artistas compraban en el pueblo todos los materiales, la gente los grupos de teatro que quisieron participar acudieron al pueblo, los colegios tenían actividades educativas continuas de arte. Todo eso lo hacíamos de manera altruista. 

Si Córdoba Contemporánea u otros colectivos similares se plantean que el C3A es el espacio para ellos, mal vamos

P. A eso ahora hay quien lo llama hacer patria. 

JAVI. A mí, cuando empezaron a presionarnos con la idea de que querían montar allí un museo, la pregunta fue: ¿Un museo de qué? Nos dimos una vuelta por el Valle de los Pedroches para hacer un diagnóstico de cómo estaban los museos locales. Y llegamos con un informe, le dijimos: “Ahí tenéis. Montar un museo, una estructura que después no tenga vida, es dinero público tirado al wáter”.

GABY. Diputación también metió mucho la pata en aquello. La sensación es que hubo colegueo entre las administraciones políticas. Es así.

JAVI. Pero tuvieron en la mano hacer un gran proyecto donde se juntaran las pretensiones del Ayuntamiento con lo que había: vamos a hacer un museo que parte de una base que no tiene ningún otro lugar de Los Pedroches, que es un museo vivo cuya colección la trabajen los artistas continuamente. Lo que no puede ser es que te vayas al Museo de La Matanza o al Museo del Pastor y le tengas que pedir las llaves al concejal de turno para abrirlo. ¿Para qué sirve esa inversión? Hacer una vez al año una actividad que salga en prensa no es desarrollo rural. Desarrollo rural es tener un museo vivo. Y esa es la potencia. ¿Sabes lo que pasó? Nos fuimos de allí, el convento cerrado. ¿Ahora qué pasaba? Que la gente llegaba y el convento estaba cerrado. ¿Y antes? Antes estaba abierto porque nosotros estábamos allí y lo abríamos todos los días. ¿Qué pasa? ¿Eso no se considera un trabajo nuestro? ¿Cuidar el convento qué es? Pues la idea, parece que no iba por ahí, y ciertas fuerzas de poder vieron que era más interesante montar un museo, y bueno, yo no lo he visto todavía el museo. 

GABY. Y es que luego ves proyectos en otros pueblos -aunque yo ahora estoy un poco fuera del círculo- y ves que hay colaboración. 

JAVI. Ahí se abre una cuestión muy interesante: las políticas culturales se tienen que pensar en el medio rural desde la sostenibilidad y los impactos. Está bien que un pueblo tenga un festival, está de puta madre, y que dure una o dos semanas, pero lo que un pueblo necesita es gente. Y para que a un pueblo llegue gente y se quede gente, la estructura no puede ser de festival. Así es como funcionaba La Fragua. 

GABY. La Fragua no hubiera terminado si no hubiera sido por el roce con el Ayuntamiento y la Diputación. Y nosotros no pedíamos mucho. 

JAVI. Al revés, pedíamos darlo todo. Dijimos: “Aprovecharos de nosotros. Toda la estructura que hemos montado, haced lo que sea para que siga existiendo. Me da igual que se llame Wanda Metropolitano”…

GABY. Pero tenemos que cobrar por nuestro trabajo. El proyecto necesitaba presupuesto para el mantenimiento y para el crecimiento. 

JAVI. Peleábamos entonces, y seguimos peleando ahora, para que el programa Periféricos se reoriente a proyectos con más impacto. Y nosotros siempre estuvimos fuera de Periféricos, por una cuestión legal, tan sencilla de variar, como que Periféricos solo financia proyectos de ayuntamientos. Cuando la gente que hace autogestión, como puede ser Miguel (Scarpia) o podemos ser nosotros, que tenemos formación y ciertas claves, siempre estábamos pillados por eso. Es algo que no tiene sentido. Tienes que contar con la gente que tiene experiencia si quieres que las estructuras sean sólidas. De todos modos, yo dejo la puerta muy abierta a volver a hacer proyectos allí.

GABY. ¿En Belalcázar?

JAVI. Me encantaría. Me encantaría volver a reorganizar todo. Ahora se ha abierto una nueva oportunidad, que le toca a la Junta, que es diseñar el plan de uso del Castillo de Belalcázar. O sea, el castillo ya está abierto. Ahora sale en prensa que está aprobado el proyecto museográfico, pero eso no puede quedarse en visitas guiadas, sino que es más saludable apostar por una infraestructura que genere actividad cultural. ¿Nos enteramos o no nos enteramos? Que yo siempre lo he dicho: Nosotros no nos inventamos nada. A nosotros nos gusta copiar lo que funciona. Tienes allí un castillo que es un caramelo para organizar un pedazo de festival de verano, por ejemplo. Pero yo no oigo nada de eso.

GABY. Es que los artistas son las personas más adecuadas para activar los sitios. A darle sentido a los espacios.

P. Y a los políticos les encantan los artistas. Hasta que piden cobrar por su trabajo.

JAVI. Jejejeje. 

GABY. Yo no puedo hablar de esto, porque voy a meter la pata.

Que Córdoba está carente de estímulos es innegable

P. ¿Créeis que en Córdoba se cuida al arte? Arte contemporáneo, claro.

JAVI. Yo creo que hay que empezar desde la base, asumiendo que hay muchos conceptos de arte contemporáneo. Arte contemporáneo no es solo lo que nosotros tenemos en la cabeza. Tenemos que ser más humildes.

P. Repregunto si quieres. ¿Quién está más lejos de quién: los artistas de las autoridades o las autoridades de los artistas? Porque evidentemente hay un muro. 

GABY. Sí. 

JAVI. Estamos hablando de arte contemporáneo, ¿no?

P. Sí. Es que a veces pienso es que el problema del arte contemporáneo en Córdoba es que necesita 500 años para que lo valoren en esta ciudad. Hablamos de una ciudad que no se entiende sin el arte, pero que, en estos momentos, no tiene galerías de arte, y que tiene espacios museísticos que siempre están en cuestión: el C3A lleva tres meses sin director a pesar de su trayectoria creciente y el Pepe Espaliú es un desastre desde hace años. Y el mayor referente artístico, Equipo 57, no tiene ni una visita turística que muestre su implantación en la ciudad. Entonces, pregunto: ¿qué falla?

GABY. Un interlocutor. Hace falta una persona que se comunique en los dos lenguajes para que los dos actores, el político y el artista, se entiendan. Lo que no puede ser es que vayas a reuniones en las que parece que estás hablando en árabe. Esto no puede ser. Hace falta una comunicación en la que nos entendamos. Y yo pienso que es posible. Y luego hay otra cuestión: hay que concretar cosas. 

JAVI. Hay políticas muy fáciles de aplicar y que, sin embargo, cuesta mucho trabajo. La infraestructura que haya, sea la que sea, no creo que sea tan pobre, porque si partimos de que tenemos el C3A no podemos decir que estamos en una…

GABY. ¿Pero pobre a nivel económico?

JAVI. No, la respuesta no va por ahí. Si tienes cuatro o cinco equipamientos de arte contemporáneo lo que hace falta es una política que decida una línea para cada infraestructura.

GABY. Y con continuidad.

JAVI. Que diga, este sitio tiene una dirección artística y ésta es por la que se apuesta. Porque así es como logramos integrar muchas de las voces que hay y no generar confusión.

GABY. Ni anarquía.

JAVI. Obviamente, la confusión de la exposición de Anguita en el Pepe Espaliú parte de que nadie tiene claro cuál es la dirección del centro. Si no lo tienes claro, pues hay huecos por donde entra el debate.

GABY. Vale, pero es evidente que no es un centro cívico.

JAVI. Cuando a mí me invitan a Alicante, por ejemplo, hace un par de años, a elegir de entre 200 proyectos cuáles van a cada infraestructura de Alicante, allí tienen clarísimo dónde va cada uno.

En el primer estado de alarma hubo un momento ciertamente utópico en el que pensamos que había cosas que se iban a cambiar

P. ¿Pero tú crees que aquí hay confusión o aquí lo que hay directamente es un grupo dirigente que se hace el sueco?

JAVI. Ahora mismo no se sabe para qué está Vimcorsa o para qué está el Espaliú, y hay muchas dudas de para qué sirve el C3A.

P. Vale, y al mismo tiempo, tenemos a un alcalde que, en medio de toda esta confusión, anuncia que quiere una nueva sala de arte contemporáneo.

JAVI. A mí me parece estupendo si se sabe desde el principio si se sabe cuál es la línea y la dirección artística que va a tener.

P. Pero la mejor predicción del comportamiento futuro, es el comportamiento pasado: y tenemos ahora mismo tres espacios en la ciudad sin dirección artística y cuestionados, no entiendo por qué el nuevo espacio no va acabar siendo cuestionado.

JAVI. A mí este optimismo que me define lo que me lleva es a que vamos a contar con una infraestructura más donde podemos dar voces a una de las líneas de pensamiento de arte contemporáneo en la ciudad. Porque hay seguramente un grupo muy grande al que hay que darle cabida y no sabemos dónde. 

P. O lo mismo se abre para cuando sea la próxima exposición de arte sacro, y acaba allí un monográfico sobre el arrianismo.

GABY. Yo quiero saber por qué quiere abrir otro sitio. De dónde parte la idea. A quién está copiando él.

JAVI. Pero bueno, a ver si nos vamos a tirar piedras contra nosotros mismos. Mientras más infraestructura cultural tengamos, mejor.

P. Ostras, yo no lo creo. Yo creo que eso da lugar a que ocurra como el C3A, que hay quien solo lo valora en base al número de visitas. Vamos a suponer que el alcalde se gasta 2 millones de euros en la nueva sala y acaba cerrada o ninguneada. Eso acaba repercutiendo a todos los demás. Mejor sería usar esos dos millones en llenar de vida lo que ya tenemos.

JAVI. Yo es que voy por otra línea. 

P. A mí me gustaría, como a Gaby, que digan a las claras qué hay detrás de la nueva sala de exposiciones. Que aclaren si aquello va a ser una sucursal de Córdoba Contemporánea pagada con dinero público.

JAVI. Pero es que precisamente este es el potencial que yo le veo a esa sala, que puede acoger a ciertas corrientes, y para que esas corrientes no confundan los usos del C3A. Yo es que soy optimista porque veo la utopía como la única forma de mejorar. Si no lo pensamos así vamos a seguir teniendo problemas, porque si Córdoba Contemporánea u otros colectivos se plantean que el C3A es el espacio para ellos, mal vamos. Si eso es así, es que no hemos contado el C3A bien. 

Las minorías del mundo están conectadas, y esas minorías, cuando vienen a Córdoba, pasan por Jugo

P. A la vista está.

JAVI. No lo hemos contado bien, pero yo quiero romper una lanza por Álvaro Rodríguez Fominaya. El director del C3A ha tenido el valor de decir que no a un montón de cosas. Y eso es hacer política. Me guste más o menos la programación.

P. Yo no tengo los elementos para valorar todo lo que ha programado, pero es evidente que ha respondido a una dirección y una ambición de continuidad.

JAVI. Claro. Eso es lo que cada infraestructura debe tener: una persona que tenga las cosas tan claras como las tuvo Álvaro, para defenderlas. Y que, si abren algo en Caballerizas, haya una persona allí así.

GABY. Un profesional de su gremio. Alguien que realmente trabaje de esto. 

JAVI. Pero no quiero que nos dejemos fuera la responsabilidad del artista de ganarse la vida lejos de la ayuda pública. Eso también hay que plantearlo. Yo sigo alucinando, y lo digo muchas veces, el gran programa europeo de financiación de proyectos que es Europa Creativa -que es el que hace el Festival de Cine de Sevilla o Remos-, donde está la pasta, pues aquí no hay un colectivo de artistas que haya trabajado para llevarse un cacho de Europa Creativa. Eso es muy significativo, porque Córdoba debería tener tres o cuatro proyectos que fueran autogestionados, con la connivencia del Ayuntamiento, pero de Europa Creativa a tope. Y eso es lo que vamos a intentar nosotros con Plata. 

P. Intuyo que Plata nace casi con la idea de ser ese interlocutor que echabais en falta.

JAVI. Sí. 

GABY. Sí, pero nos falta otro, porque todavía parece que hablamos en marciano.

P. Entonces lo que falta también es un traductor. 

JAVI. Sí, pero porque, aunque hayamos tenido algunas fricciones, hemos conseguido cambiar cosas. Por ejemplo, cuando abrimos Combo, no recibimos un puto duro de esta ciudad, y aquel proyecto, no es por nada, pero no había otra cosa, era un pedazo de proyecto curacional, con una programación de artistas nacionales e internacionales, todos en ARCO. Pues una de las ayudas nos la denegaron porque el domicilio fiscal de La Fragua estaba en Belalcázar y no en la capital. Entonces les dijimos: “ya que no nos la dais cambiad las bases para la semana que viene. Porque, que yo sepa, la SEAT recibe pasta de la Generalitat, y su sede fiscal seguramente no está en Barcelona”. Eso se acabó cambiando. 

P. Entiendo que al político también le gusta ponerse a veces la medallita de salvador del arte.

JAVI. Yo es que no lo veo tan complicado. Si infraestructuras tenemos, se trata de dar una dirección artística a cada cosa, dotándola de un presupuesto real, que tampoco estamos hablando…

P. Aquí con muy poquito se hace mucho.

JAVI. No queremos el modelo de Málaga.

GABY. Además hay un espacio muy fértil que no se toma en consideración. Es una ciudad pequeña, manejable, los artistas que vienen aquí tienen ganas de quedarse. Nadie se quiere ir. Sobre todo si existe una red de cuidados que también forma una parte muy importante de los proyectos. Yo creo que se podrían hacer muchísimas cosas.

La modernidad pasa por replantear futuros sostenibles desde la agroecología

P. Totalmente. De hecho, creo que, más que invertir en una ciudad de arte, el esfuerzo debería ir dirigido a convertir a Córdoba en una ciudad amable con el arte y atractiva para los artistas.

JAVI. Pero Juan, a ver, somos conscientes de que el Ayuntamiento está tanteando y hay proyectos que están revoloteando y son muy interesantes. Pero, si tú quieres que venga gente de fuera y haya gente siempre aquí desarrollando sus proyectos, tú necesitas una infraestructura. Y esa infraestructura no puede ser un espacio expositivo.

P. Claro, eso es lo que estoy diciendo. 

JAVI. Tiene que ser un espacio de creación que complemente al espacio de producción tan potente que es el C3A. Que no olvidemos que ahí hay programas de cinco artistas que van viniendo, lo cual es un pelotazo para la ciudad. Pero no es suficiente. Es que cinco artistas teníamos nosotros en La Fragua. 

GABY. Cinco artistas en una población de 3.000, se nota muuuuucho. Aquí, es una maqueta.

JAVI. Aquí hacen falta cien. Y no es tan complicado.

P. Gaby, tú estás ahora dando clases en el C3A. ¿Hay tristeza por allí? 

GABY. Un poquito. Sí, yo creo que sí. Es que estamos trabajando en la incertidumbre. Desde fuera, sí, es un poco triste. Pero aún así, bueno, es un sitio con una escuela nocturna, diurna, escuelas para niños… Cuanta más actividad, mejor. Si hay cinco talleres, faltan veinticinco. Porque una de las cuestiones básicas en todo lo que hablamos es la carencia de una educación artística. No hay muchos sitios abiertos a todos los públicos para compartir y aprender, y de todas las disciplinas. Y en el C3A cabe todo.

P. Me voy a despedir preguntando directamente: ¿Es Córdoba una ciudad moderna?

JAVI. ¿Qué es moderno? Yo voy a decir una brutalidad: el dinero no es garantía de modernidad. Para mí ahora mismo lo más moderno que hay es Culturhaza que es un proyecto de agroecología.

GABY. Es futuro primitivo. 

JAVI. Que Córdoba está carente de estímulos es innegable. No es lo mismo que la ciudad tenga una red de salas de conciertos a que eso sea inexistente…

GABY. Librerías, galerías, cafés…

JAVI. Mucha más cultura de cómic, de grafiti, de todo… Pero también creo que tenemos una tendencia a olvidarnos de que seguramente haya barrios de Córdoba donde seguramente esté la chavalería a tope: componiendo canciones, escribiendo, haciendo batallas de gallos… Y eso también es modernidad. Pero bueno, respondiéndote: para mí ahora mismo la modernidad pasa por replantear futuros sostenibles desde la agroecología. Y en ese sentido, tener Culturhaza que es un proyecto tan inspirador, a mí me resuelve varias carencias. 

P. ¿Gaby?

JAVI. Di la verdad que te estás quejando últimamente de Córdoba a tope.

GABY. Pero no por moderna. Yo no quiero vivir en una ciudad moderna. Yo prefiero la autenticidad. Y me gustaría que pasaran más cosas. Entiendo que, como a todos. Pero no creo que Córdoba sea una ciudad moderna, ni falta que hace. Porque tiene muchas otras cosas que se pueden explotar de forma sana y no hay que forzar que sea una referencia de la modernidad. Y, bueno, Juan Serrano dijo: “Si no ha habido una burguesía como queréis que seamos modernos”. Las cosas hay que aceptarlas como son. Eso sí, yo creo que aquí pueden pasar cosas muy punteras y de referencia, trabajándolas. 

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6 de junio de 2021 - 00:00 h