Campanero: “No me he llevado un duro del fútbol”

Rafael Campanero | MADERO CUBERO

A veces parece que le da todo lo igual, que ha rebasado el límite de lo humano y lo mira todo desde la privilegiada perspectiva del que ha vivido más que nadie. A veces parece que se ha desatado de modo definitivo del pilar que ha fundamentado su día a día desde hace más de medio siglo. A veces parece que el Córdoba CF es ya para él algo ajeno, como una casa llena de recuerdos que fue vendida a otros inquilinos. Pero no. Es sólo una impresión. Únicamente hace falta ponerle el anzuelo blanquiverde para que Rafael Campanero Guzmán (Almodóvar del Río, 1926) vuelva a picar. Le gusta mucho. Demasiado, según sus detractores, que le vienen acusando con saña de haberse convertido en una caricatura de sí mismo. Campanero no imita a nadie. Es una personalidad única y controvertida, la encarnación del espíritu de una ciudad que cree tenerlo todo para ser más pero vuelve a tropezar en la piedra que ella misma coloca. Un hombre de recetas sencillas para problemas complejos. El fútbol lo es. Y el Córdoba CF, más.

Fue presidente del club en Primera, en Segunda, en Segunda B y en Tercera. No existe caso igual en la historia del fútbol español. Es el socio número uno y el eje sobre el que ha ido girando la turbulenta existencia de una entidad deportiva singular, que ahora atraviesa una etapa de esplendor deportivo -regresó a Primera después de 42 años de ausencia- con él como espectador. “Sabía que algún dia podía ocurrir”, dice con un aire de resignada satisfacción a propósito del ascenso en Las Palmas, uno de los episodios más increíbles que se hayan visto en cien años de la Liga. Ahora contempla con dolor el duro arranque de su equipo en la elite, esa larga y pesada novatada que ha entrado en el cuarto mes y que ya no hace gracia a nadie.

El Córdoba ganó su último partido en Primera en mayo de 1972 y Campanero estaba sentado como presidente en el palco. Tiene 88 años, asegura que piensa “vivir todavía algunos más” y sueña con un equipo que se afiance entre los mejores. “Lo merecemos todos. Se ha sufrido mucho para llegar hasta aquí”, dice sentado en su despacho profesional, delante de una mesa llena de fotos y papeles en la que se han tomado decisiones de grueso calibre. En la solapa de la chaqueta luce un escudo de oro del Córdoba CF. Justo encima del marcapasos que le advierte que ya no puede tomarse el fútbol como una cuestión personal. Como si eso fuera posible.

PREGUNTA. ¿Qué relación tiene actualmente con el Córdoba CF?

RESPUESTA. Pues una relación institucional, podemos decir, normal. Yo creo que no está definido ni se ha definido nunca. Tengo los derechos y obligaciones de un presidente de honor, que la verdad es que no sé cuáles pueden ser porque nunca nadie ha echado cuentas de eso. Salinas me dio un puesto, un sitio en el palco, y a veces salía a representar al Córdoba en actos organizados por las federaciones y las peñas. Este presidente de ahora, pues sí, me ha respetado y me ha invitado a alguna comida, pero de ahí no hemos pasado. Nos respetamos y ya está.

P. ¿Pensó alguna vez que no volvería a ver al Córdoba en Primera?

R. No, no... Aunque parezca mentira, yo sé que el fútbol es una caja de sorpresas y en cualquier momento se podía dar. Alguna vez, no voy a mentir, me pasaba por la cabeza que me iba a morir sin verlo en Primera, pero yo pensaba y pienso que voy a vivir más años y estaba convencido de que iba a llegar ese momento. Ya se sabe que se sube cuando se puede y no cuando se quiere. El día que menos lo esperas, sucede. Y así nos pasó.

Yo creo que los jugadores, cuando están en el campo, dan todo lo que pueden. Otra cosa es que no lleven una buena vida fuera de él"

P. Van once partidos y ninguna victoria. El equipo va el último. Está siendo duro esto.

R. Es muy difícil. Yo siempre he dicho que en el fútbol, aparte de todo lo que puedas hacer, tienes que tener suerte. En los tres ascensos que yo viví como presidente del Córdoba tuvimos mucha suerte, para qué lo vamos a negar. Porque si no la tienes, no vas a ninguna parte. Dos detallitos te llevan a la ruina. Se da y no puedes hacer nada.

P. Pero esperar a que cambie la suerte no parece buen remedio...

R. Bueno, lo que le pasa ahora al Córdoba no es normal. Que de once partidos no ganes ninguno no es lógico. No es sólo suerte. Alguno de los que has empatado lo has podido ganar. Todo esto lo que te lleva es a un estado de nervios, que lo mismo que antes pensabas en positivo, ahora lo ves desde un punto de vista más negativo. Eso es lo peligroso. Y una racha de éstas pesa mucho. Cuando oigo decir a la gente que los jugadores no se entregan no me lo puedo creer. Yo siempre creo que dan el cien por cien en cada momento, pero las piernas no corren. Además, los jugadores duermen mal, le dan vueltas a la cabeza, lo sienten, se juegan su carrera... Los jugadores se cotizan cuando están arriba. Yo creo que los jugadores, cuando están en el campo, dan todo lo que pueden. Ahora, otra cosa es que lleven o no lleven una buena vida fuera de él. Eso hay que mirarlo por separado.

P. Los tiempos cambian pero las fórmulas son las mismas. Si no hay victorias, el entrenador va a la calle.

R. Es que al entrenador no se le echa porque lo haga mejor o peor. Al fin y al cabo, si no tienes una buena plantilla, poco puedes hacer. Se le echa por hacer que cambie el estado de ánimo de los jugadores, para que estos hagan más de lo que hacen. Te pones a perder, a perder... Todos los presidentes hacemos lo mismo, pero es que no puedes hacer otra cosa. Un cambio de entrenador a tiempo te puede salvar una temporada, pero eso no es algo que siempre vaya a funcionar. Si el equipo no arranca, se pone la cosa muy difícil.

P. A usted le ha pasado. Ha tenido que despedir técnicos en distintas etapas.

R. A veces la situación te puede. Otras veces ves que aunque las cosas vayan bien o regular en el campo, en la caseta van mal. Y un vestuario es muy importante. Es complicado. La caseta se construye entre todos: los jugadores, el entrenador, los aficionados, la prensa... En un vestuario en el que no haya buena relaciones, que no haya unión, poco puede salir. Al final todo lo que se ve en el campo es el producto de lo que ocurre en el vestuario. Y ahí los jugadores son humanos y les duelen las cosas. Los medios de comunicación son muy importantes para el fútbol y tienen un impacto muy grande en el ánimo de todos. Los aficionados toman opinión por ellos y los directivos, muchas veces, nos dejamos llevar por eso. Yo creo que siempre hay que aprender de todas las críticas, siempre que se hagan sin faltar al respeto. Yo reconozco que he aprendido.

Al entrenador no se le echa porque lo haga mejor o peor. Al fin y al cabo, sin una buena plantilla, poco puedes hacer"

P.  Sus relaciones con la prensa han pasado por momentos de verdadera tensión.

R. Pero bien sabe Dios que no ha sido por mí. Yo sé el valor que la prensa tiene. No voy a tirar piedras contra mi propio tejado. Siempre he tenido mi teléfono abierto 24 horas. Nunca me he negado a hablar con nadie. Nunca les he dicho a mis jugadores con quién tienen o no tienen que hablar. Siempre he sido fácil en ese aspecto, pero parece que eso no ha sido entendido por algunos. Yo he hecho siempre todo lo que he podido. Reconozco que por algunos tengo más afecto que por otros, pero somos humanos y eso pasa en todas las facetas de la vida. Pero nunca he hecho distinciones entre profesionales. Vivimos una etapa nueva de los medios de comunicación, con gente más preparada, que opina con criterio.

P. Albert Ferrer, el entrenador que llevó al Córdoba a Primera, fue despedido tras ocho jornadas. ¿Llegó a conocerle?

R. No, le saludé una sola vez. En las etapas de Salinas y González no he querido cruzar la 'línea roja' por mi amistad con algunos jugadores, con empleados del club... No me he querido meter. Me hubiera gustado haber tenido más contacto, visitarles, pero he guardado las distancias.

P. Con González la guarda. La distancia, digo.

R. Es una relación cordial, pero no de amistad. Su trato conmigo creo que es de respeto, aunque todo se estropeó de una manera absurda.

[Campanero no quiere hablar de un desagradable episodio vivido en El Arcángel en las vísperas del partido de Liga frente al Sevilla. Una accidentada grabación de una entrevista por parte de Canal + para su programa 'El día después' con el octogenario directivo, unida a su malestar por cuestiones de protocolo en el palco de autoridades, le han llevado a tomar una posición distante con el actual propietario del club. Tras los incidentes, que ocurrieron ante testigos, y sus secuelas, Campanero ha decidido retirarse de la escena. Desde entonces no vuelve al estadio.]

P. No ha ido usted a El Arcángel desde el partido ante el Sevilla. ¿Volverá?

R. Depende. Si fuera, volvería a mi sitio, que nunca lo he ocupado. Tenía uno de los mejores sitios, por todos los años que llevo, como es lógico, en Tribuna. Ya se han movido mucho los asientos por las obras y demás. Ya me dijo mi nieto: 'Los sitios que hay en Tribuna son muy malos, abuelo'. Yo sé que se entra por la puerta 5, pero nunca lo he usado ni lo ha hecho nadie. Si vuelvo al fútbol, será por ahí. Soy socio y tengo mi carné.

En las etapas de Salinas y González no he querido cruzar la 'línea roja' por mi amistad con algunos jugadores, con empleados del club... No me he querido meter"

P. ¿Pudo aclarar las cosas con el actual presidente?

R. Que conste que yo he hablado del asunto con Carlos normalmente. Él me llamó y yo le contesté. Él me dio su explicación y yo le di la mía.

P. ¿Considera que se le faltó al respeto?

R. Yo no iré más al palco porque aquello lo vieron muchas personas y se ha me ha faltado al respeto enormemente. Eso no se le hace a nadie. Ni a Rafael Campanero ni a nadie. Si él me dice: mira, tengo un amigo y un compromiso con él y quiero invitarlo al palco. Y después, cuando quedan cinco minutos, lo quitas del sitio. Eso es para que uno se sienta molesto. Ahora no voy al fútbol porque es muy tarde y ya tengo unos años, pero si algún día me da por ir al campo volveré a mi sitio.

P. Y su sitio es...

R. El que me toca por mi carné de socio. Al palco no vuelvo.

P. Ser presidente del Córdoba no es fácil, ni siquiera cuando las cosas van bien.

R. Nunca. Ni ser presidente del Córdoba ni de una comunidad de propietarios. Cuando uno tiene una cierta responsabilidad le hacen pasar malos ratos y disgustos. Eso va en el cargo. Alguien tiene que tomar las decisiones y a veces no son de buen gusto, pero uno las toma porque cree que está haciendo lo mejor en ese momento. Mira: yo me he equivocado muchas veces, y también otras muchas he acertado. Pero hay que tomar decisiones. Lo que uno no puede hacer es quedarse a ver venir las cosas. Eso no.

P. ¿Se ha sentido perseguido?

R. No, me he sentido envidiado. A veces ni tus propios amigos te lo aceptan. Cuando tú vienes de abajo, cuando escalas posiciones, te dejas a mucha gente atrás. La gente busca la distancia y no es por uno. Con el paso de los años te das cuenta de muchas cosas. Yo lo veo todo ahora más tranquilo y comprendo el comportamiento de muchas personas.

P. ¿Qué le ha dado el fútbol? Aparte de disgustos, por lo que veo.

R. Yo no soy adivino para saber dónde hubiera podido llegar si no se hubiera cruzado en mi camino el fútbol o si le hubiera dedicado a mis negocios todo el tiempo que le he entregado al fútbol. Si la pasión y el sufrimiento que le he dado al fútbol se lo hubiera dado a mis empresas no sé qué hubiera pasado. A lo mejor no hubiera sacado nada, no sé. Me siento muy satisfecho de haber sido presidente del Córdoba porque he conseguido buenos amigos y, por otro lado, el respeto hacia mi persona. He conocido a muy buena gente a través del fútbol.

P. ¿Para triunfar en el fútbol es necesario haber sufrido?

R. Muchísimo. Yo he estado repasando recuerdos y la verdad es que te das cuenta de todas las vivencias durísimas que se quedan detrás, todos esos momentos en los que parece que está todo perdido. Cuando hacíamos taquillas mínimas y no teníamos ni para pagar el butano. Cuando subimos a Primera en la temporada 70-71 teníamos 5.700 socios en Segunda División y solamente llegamos a 6.000 en Primera. Eso es lo que tuvimos. Ése fue el apoyo. Taquillas de veinte mil duros como máximo. No había para comprar nada, un sacrificio económico y un sufrimiento diario. Mira. El equipo estuvo siete años en Primera, un día bajó y nadie le dio importancia. Para mí es la amargura que me queda. Fue un ascenso que se logró con 17 cordobeses en la plantilla, sin ingresos de subvenciones, ayuntamiento, anuncios... ¡Nada! Los abonos eran baratísimos. Costó un trabajo enorme. Y con casi toda la plantilla de cordobeses. Eso no lo ha hecho ningún equipo en España nada más que el Athletic de Bilbao. Es un ascenso del que nadie habla para nada. Recordamos el primero, el de Huelva, y el que tenemos más reciente, pero aquel ascenso de tanto mérito del 71 se ha quedado en el olvido de muchos.

Alguien tiene que tomar las decisiones y a veces no son de buen gusto, pero uno las toma porque cree que está haciendo lo mejor en ese momento"

P. ¿Cómo recuerda aquellos años?

R. Entre 1969 y 1975 logramos dejar al club sin ningún tipo de deuda, saneado. Nos quedamos cuartos en Segunda. Cerca de subir a Primera. Ya teníamos un equipo más hecho, más maduro, que para mí ha sido el que mejor fútbol ha hecho en todas las temporadas que yo he vivido en el Córdoba. El de la temporada 74-75, con Dominichi, Burguete, Onega... Ése equipo es inolvidable. Se quedó un equipo sin deudas de ninguna clase, con unas instalaciones compradas, con un autobús nuevo... Hubo unas elecciones y se presentaron cuatro personas. Salimos de una situación dificilísima, con muchas cosas por pagar, con los trofeos embargados, y nos colocamos en una situación que era para haber dado un salto. Al año siguiente la directiva que entró pudo vender jugadores por 50 millones de pesetas. Yo dejé mucho más de lo que me encontré. Dejé un equipo hecho, jugando de maravilla al fútbol, sin deudas...

P. ¿Y por qué se fue entonces si todo iba tan bien?

R. Pues ahora lo puedo decir. Me equivoqué enormemente. Lo he meditado mucho. ¿Por qué me tuve que ir? ¿Por qué cuando lo tenía todo encauzado, teniendo experiencia en el cargo, marchándome bien en mis negocios, me fui? No tenía que haberlo hecho. Estuve cinco temporadas trabajando, mejorando con equipos de cantera, jugando promoción, sin deudas... ¿Por qué tuve que irme? Es cierto que hubo un escándalo nacional con los arbitrajes y que yo dije que dimitía porque no podía admitirlo, pero esto se podía haber arreglado. Yo tenía que haber seguido y de una puñetera vez haber terminado el proyecto que yo tenía en la mente. Que hubiera podido terminar en triunfo o en fracaso, porque en fútbol nadie sabe, pero haberlo terminado. Ahí me equivoqué totalmente. Luego pagué mi culpa.

P. Cuando volvió al palco, habían pasado ocho años y el equipo estaba hundido en Tercera.

R. Sí, una situación muy complicada. Delicadísima. Y encima aguantando a tus detractores, porque siempre los tienes. Sobre todo cuando llevas muchos años y están ahí, desgastando. Yo tengo que decir que nunca he buscado el conflicto. Si he molestado a alguien, le pido disculpas, pero nunca he querido ir a la guerra con nadie.

P. Eso es difícil en el fútbol tanto en el entorno como dentro del propio club. Tiene un estilo presidencialista. ¿Le ha traído problemas? ¿Se ha sentido traicionado?

R. Traicionado no, pero sí desencantado con gente que ha tenido deseos de anticiparse, de creer que podían hacerlo mejor. Gente posiblemente muy buena pero que si se hubieran esperado un poco a lo mejor les hubiera llegado el momento. Creo que el ser de Córdoba perjudica. El otro día decía el presidente actual que le criticaban por no ser de Córdoba, pero yo creo que si vienes de fuera el camino es más fácil. La gente no te conoce. Aquí hay gente que tiene relación contigo, compromisos... No puedes contentar a toda la gente. Si no eres de aquí te da lo mismo. Pero ser de Córdoba lo hace todo más complicado.

P. ¿Se siente reconocido en Córdoba?

R. Sí, eso sí. No te puedes hacer una idea de la gente que me felicita por la calle, que paran para saludarme... ¡Es usted el mejor presidente! Pero la gente nueva, los más jóvenes, no me conocen ni tampoco pueden saber las dificultades que se tenían antes, en aquellos años difíciles. Hoy ser presidente de un club de Primera División es fenómeno. Con los ingresos de televisión, tú veras...

Yo no iré más al palco de El Arcángel porque se ha me ha faltado al respeto enormemente"

P. ¿Y a Campanero le ha costado dinero el fútbol?

R. ¿A mí? Pues claro que me ha costado. Ya rompí en una asamblea un papel de cinco millones de pesetas que me debía el Córdoba por un futbolista que prometía mucho, que vino del Betis. Luego, lo de Cárdenas (ex presidente del club en los 80). Se arrendó un piso que pusieron a mi nombre y luego se marcharon sin entregar las llaves ni decir nada. Al cabo de tiempo, allí se acumulaban mensualidades sin pagar y tuve que hacer frente yo. Perdí dinero ahí. A mí el fútbol me ha costado. Y yo lo he pagado todo. Fui a Argentina para fichar jugadores para el Córdoba y el viaje lo pagué yo.

P. ¿Qué piensa cuando oye decir que se ha servido del Córdoba? Porque hay quien lo dice.

R. Mira. Yo tengo una cosa clara en mi vida personal. Cuando he hecho negocios, jamás he tocado el dinero. Y eso en el Córdoba lo saben todos los empleados, los tesoreros. En mi vida he firmado un cheque. Lo han hecho Varo, Barroso... Yo no tocaba nada. Yo hice dos fichajes, los de Onega y Dominichi, que fui a Argentina a hacer los contratos y ellos se quedaron asombrados porque todo estaba claro. Lo que se les dijo es lo que cobraron. En la última etapa en el club estaban Fernando Peña y Paco Herrera, que te digan ellos. Yo he sacado una camiseta o un balón y los he pagado. Como todos mis directivos. Yo en el Córdoba quité las entradas de favor a los directivos. No he hecho un fichaje directo. Sólo con lo de Pepín, en Tercera, y con Javi Flores, porque al club le convenía tener a un modelo para la cantera porque no teníamos nada. ¡Ah! Y Asen. Que también lo fiché yo y ya sabéis el rendimiento que nos dio. Una vez me acusaron de comprar una finca, La Solana, con el nombre del Córdoba, y esto se puede comprobar documentalmente que es falso. Yo he estado ocho años, cuatro de consejero y cuatro de presidente, en Emacsa y no me he puesto sueldo. Yo renuncié a mi sueldo en el Ayuntamiento. No me he sentado jamás con corredores ni con intermediarios.

P. ¿Siempre fue así?

R. Siempre. En todas las etapas. Y Emilio [Emilio Vega, director deportivo del club entre 2006 y 2008] tampoco. Ni he ido a comer con nadie que fuera representante de jugadores. ¡Nada! Yo soy un hombre honrado. Siempre he cumplido mis compromisos al cien por cien.

P. En definitiva, que no ha ganado un euro con el fútbol.

R. ¡Ni uno! ¡He perdido! ¿Tú te crees que el Córdoba...? Mira. Lo voy contar. Así llegué yo al Córdoba. Leí un día en el periódico que el club iba muy mal deportiva y económicamente y que pedía auxilio. Yo escribí una carta al presidente y le dije: si es verdad que el Córdoba tiene 17 millones de pesetas de deuda, nos sentamos y lo vemos. Siempre que lo vean bien los socios. Hicimos las cuentas y salían 22 o 23 millones por pagar. Total, que me convencieron y entré. Yo por entonces estaba construyendo 400 viviendas en Edisol. Me vine a Córdoba con dos comercios en marcha. Yo tenía ya mis empresas. No llegué para ganar dinero. Yo quería ayudar al Córdoba a salir de las “trampas” que tenía. Pedí créditos al banco a mi nombre porque al club no se los iban a dar nunca, con las circunstancias que tenía. Busqué mis fiadores, que eran el arquitecto y el aparejador, y a Cajasur le regalé un solar. Me dieron cinco millones de pesetas y el Córdoba pudo tapar agujeros. ¡Poniendo cinco millones! Así llegué yo al Córdoba.

P. Pero se va y vuelve. Dentro o fuera, siempre estaba ahí Campanero.

R. Cojo al Córdoba por segunda vez en el 83, que no sé cómo lo cojo, porque Romero el pobre había puesto unos dineros ahí... Por eso cuando oigo ahora decir que si uno ha salvado al Córdoba y esas cosas. Realmente no se ha valorado la lucha de muchos cordobeses que hemos estado ahí. Me convencieron después de tres o cuatro meses. Cuando salí por la puerta me dije: ¿Qué estoy haciendo yo? Y me costó un disgusto gordo con mi mujer. Tenían 150 millones de deuda y en Tercera División. Aquello fue muy duro, muy duro... Si ese año no subimos, se hubiera puesto muy difícil la supervivencia. Porque yo soy de pueblo, y vaya por delante todo mi respeto para los pueblos, pero estábamos en la misma categoría con el Pozoblanco, el Palma del Río y el Rute. Y encima resulta que el Rute tenía acordado venirse a Córdoba, para jugar en San Eulogio, y venían sin “trampas”, y eso hubo que abortarlo. El Córdoba se pudo hundir en aquellos momentos. Se sufrió muchísimo.

Me equivoqué enormemente en 1975 . Lo he meditado mucho. ¿Por qué me tuve que ir? No tenía que haberlo hecho"

P. En la actual plantilla del Córdoba solamente hay un futbolista cordobés y está cedido por un club belga. ¿Qué piensa de eso?

R. Me voy a meter contigo. Hubo un tiempo en el Córdoba en el que yo me quise dedicar a fondo a la cantera. Y aquí no había nada de nada. El equipo estaba en Segunda B. Estaba en boga llevarse a los futbolistas a cualquier lado menos al Córdoba. Y encima estaba el Séneca y Manolín Cuesta que nos había ganado la palmeta. Nuestra cantera iba mal. Fatal. No había más que ver las clasificaciones, el filial... Mi cosa fue promocionar a Javi Flores, que es lo único que teníamos. El chaval apuntaba buenas maneras. Yo hablé con mi gente y pensé que algo había que hacer. Con menos equipos o con más equipos, mi afán era arreglarlo. Pero se entendió mal, y tú lo dijiste: Campanero quiere acabar con la cantera. ¡Y era todo lo contrario! Cuando me fui, dejamos a la cantera con equipos campeones en todo: juveniles, infantiles, cadetes... Y de eso se aprovechó el Córdoba. Como el equipo en Segunda B no iba bien, los entrenadores no querían jugársela metiendo a chavales de la cantera. Yo no podía decirles por decreto que tenían que ponerlos. Acordamos que en la concentración se llevaran a un mínimo de cuatro, pero luego en la alineación no podías obligarles a ponerlos. Yo soy el que creó el primer juvenil del Córdoba, el primer amateur con los derechos del equipo de la Guardia de Franco... ¡Cómo no voy a querer a la cantera! ¡Claro que la quiero! Pero lo que pasa es que no le veo fruto. Pero te digo una cosa: mira las clasificaciones cuando nos fuimos. Siempre hemos dejado una herencia en la cantera. Con una labor muy bonita de López Murga y de un hombre que, como en los tiempos de Abelardo, al que no se la ha hecho justicia, y que se llama Pepe Naranjo. Ellos dos hicieron una labor que no ha tenido pago.

P. ¿Se ha visto obligado a hacer cosas que no le han gustado por el bien del Córdoba CF?

R. Paso.

P. ¿El fútbol se debe gestionar como si fuera una empresa?

R. El que lo haga así está en un error. El fútbol ni es empresa ni es espectáculo. El de ahora no es el de antes, esto está claro. Es algo que hay que sentirlo y por eso no se puede llevar al cien por cien como empresario. No puedes ir con la idea de ganar dinero, que es lo que hace un empresario. Esto hay que explicarlo bien. No puedes perder el corazón. A veces tienes que emplear métodos distintos a los que empleas en una empresa, porque un futbolista no es un trabajador normal. El futbolista se examina cada siete días y es una persona con sus malos ratos, sus problemas, que si se ha peleado con la novia, que si está resfriado, se lesiona... Y se tiene que poner delante del público cada siete días. Si uno entra en el fútbol con la idea de ganar dinero se equivoca. Hay que jugársela. Hay que arriesgar. Por ejemplo, en Tercera invertí dinero en jugadores para ascender. Si no subía, era la ruina. Y traje gente con calidad y comprometidos. Y para eso tuvimos que soportar un descenso antes con futbolistas que llevaban hasta cinco años sin cobrar. Puse de entrenador a Ortuondo, que se retiró de jugador con nosotros. Le pregunté por quién podría ser un buen entrenador y me dijo: “¡Yo!”. Le pagué menos de lo que cobraba de futbolista y se la jugó, igual que yo. Y salimos ganando los dos.

P. ¿Cuál es su receta?

R. Gobernar. Tomar decisiones en momentos angustiosos. Escuchar a todo el mundo pero luego tener tu opinión y arriesgarte a acertar o a equivocarte. Esto es fútbol, no es matemáticas. Tienes que hacer cosas que no te gustan, que son desagradables. Como en el último ascenso a Segunda, cuando los futbolistas no lo veían claro con Escalante y a través de los capitanes pidieron un cambio. Entró Luna Eslava a ayudar y se resolvió aquella situación de la mejor manera que pudimos. El Córdoba acabó subiendo. Aquello salió bien porque ganamos al Pontevedra, que fue un milagro, con dos goles de Asen. Y luego le ganamos al Huesca. Y fue una buena decisión porque las cosas salieron bien, lo que mismo que hubiera sido una mala decisión si no subimos. Si nos sale mal, me ahorcan. Pero esto es gobernar.

P. Así está montado esto.

R. Sí, pero no siempre es igual. Por ejemplo, Escalante no podía seguir al año siguiente porque la plantilla no estaba con él. Así de sencillo. Hay que jugársela. Que es lo que ahora no se ha hecho y se ha visto muy bien. Había un mal en la caseta con el entrenador. El presidente no lo quería, pero no lo echa. Hay que gobernar con todas las consecuencias. Con eso no quiero decir que yo fuera adivino, pero creí que en aquel momento era lo que había que hacer. Si fuera lo mejor para mí, pues no lo hubiera hecho. Pero siempre poniendo por delante al Córdoba. Siempre. Ésa es la diferencia que tengo con otros presidentes. He tomado decisiones, aunque sea equivocándome, tanto en el fútbol como en la política, con honradez. En todos los sitios he sido igual.

Si uno entra en el fútbol con la idea de ganar dinero se equivoca. Hay que jugársela. Hay que arriesgar"

P. ¿Le duele que se le ponga en duda?

R. ¡Hombre, por favor! En Córdoba me conoce todo el mundo. Yo te juro por lo más sagrado que de la documentación del club no he visto ni un papel. Yo veo un sobre con el nombre de mi mujer y ese sobre no lo abro en mi vida. No debemos entrar en las cosas íntimas de los demás. Hay cosas de las que que uno no debe enterarse. Del Córdoba es muy difícil llevarse dinero, por lo menos en mi época, porque había poco y el que teníamos estaba destinado a pagar cada cosa. Había personas responsables y de mi total confianza. Yo no sé cómo lo harán ahora.

P. ¿Volvería al Córdoba?

R. Ya no puedo. No tengo edad. Eso no va a suceder. Es una etapa terminada.

P. ¿Es un hombre libre?

R. Yo no tengo ánimo ya y menos después de lo que me pasó la última vez en El Arcángel. Son ya 88 años. Mira. Si yo hubiera estado bien, en condiciones, a mí no se me va el Córdoba. En las condiciones en las que Pepe Romero vendió el club, que es casi regalado, se hubiera encontrado tres o cuatro personas de aquí que se hicieran cargo y no les cobra ni un céntimo. ¡No les cobra! El problema es que nadie en Córdoba dio el paso y yo en ese momento no podía coger el liderazgo, porque las dos temporadas últimas no me salieron bien y se aprovecharon. Uno sabe cuándo está abajo y cuándo está arriba. Si a mí me pilla en otra situación, no se me va el Córdoba.

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