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ENTREVISTA

Antonio J. Díaz: “España tiene una historia que bien llevada daría para muchas series”

Antonio J. Díaz Rodríguez es a sus 39 años todo un premio nacional de Historia. Gracias a su investigación sobre el mercado curial, la compraventa de bulas entre el mundo ibérico y Roma, Díaz se ha convertido en el historiador de moda en Córdoba. El jurado eligió a su obra “por ser una investigación cuidada y rigurosa con un aire poético que arroja luz y acerca a una realidad poco estudiada y, en ocasiones, ocultada”.

Con pocas palabras, todo un jurado de un premio nacional ha descrito a este profesor de Historia Moderna de la Universidad de Córdoba que recibe a Cordópolis en su despacho de la Facultad de Filosofía y Letras que comparte con unos compañeros que, confiesa, son de lo mejor en investigación en la materia en toda España.

PREGUNTA. Naciste en 1983. Seguro que tienes alumnos mayores que tú.

RESPUESTA. Sí, sí, son mayores que yo. Tengo varios médicos entre ellos e incluso algún compañero de mi padre. 

R. Porque la pasión por la historia es intergeneracional.

R. Es una asignatura que mueve mucho. Hay mucha gente que termina su vida laboral y decide estudiar en la Cátedra Intergeneracional de manera un poco más leve, por así decirlo, o más libre. Hay gente que directamente dice bueno, voy a echarle valor y a hacer mi carrera por completo, igual que un chaval con 18 años solo que yo tengo 68. Y la terminan, de verdad. Y se toman las cosas con otra filosofía diferente a la del alumno normal.

P. Parece que la historia se ha puesto de moda, lo que no sé si eso es bueno o es malo. 

R. Creo que en la historia nunca ha dejado de estar de moda, pero quizá en un mal sentido. Como con otras disciplinas a las que también les pasa, es un objeto de instrumentalización ideal para la política. Eso quizá nosotros no lo podemos evitar, pero sí creo que si apostáramos por tener unos mejores canales de difusión que salieran de lo académico para llegar a la sociedad de una forma mejor, no solamente con la divulgación al uso, haciendo exposiciones, charlas divulgativas y tal, sino una mejor comunicación con los medios cambiaría. Muchas veces nos echamos las manos a la cabeza cuando se publica alguna noticia con un descubrimiento de paleontología o de historia, sobre la Inquisición o sobre ciencias. Con eso conseguiríamos, por supuesto, una mejor conexión con la sociedad y que se transmitieran mejor todos los resultados de una investigación seria, rigurosa, como se está llevando a cabo. La Universidad de Córdoba es puntera en ese sentido, en Andalucía, y una de las principales, al menos en mi área, en la Historia Moderna en toda España. Y eso ayudaría también a ir formando al gran público en una visión más crítica y que fuera menos manipulable, más difícil de engañar en cuanto los bulos, las fake news y este tipo de cosas en lo que concierne al pasado. Siempre me gusta transmitir a mis alumnos que la historia no es la visión que yo pueda dar en función de mi moral, de mi visión política, de mi visión filosófica de la vida o del tipo que sea. Sino que es fruto de una metodología científica, rigurosa, que es lo primero que tienen que aprender. No es solamente erudición, pero tampoco son esas publicaciones que vemos por ahí, un Pío Mola o un César Vidal. Evidentemente, nadie puede negar a nadie escribir sobre otro campo, pero lo que yo tenga que decir sobre inmunología tiene ningún valor. ¿Cómo va a tener el mismo valor mi opinión a ese respecto, aunque yo escriba en cualquier medio o tenga muchos seguidores en Instagram, que la opinión que pueda tener un Alfredo Corel, que es un doctor en esa materia? Ésta es la carencia que tiene la sociedad española ahora mismo, esa pérdida de respeto por la autoridad intelectual, por el conocimiento basado en un trabajo muy duro que está ahí detrás, en una experiencia investigadora, etcétera. Se ha dado voz a mucha gente, cosa que está fantásticamente bien, pero sin una ponderación de decir todas las opiniones no son iguales.

La historia nunca ha dejado de estar de moda, pero quizá en un mal sentido

P. Yo creo que en los tiempos de la polarización ser historiador en una profesión de riesgo.

R. ¿A que te refieres con una profesión de riesgo?

P. Digas lo que digas va a ser cuestionado, dependiendo un poco del prisma político con el que se mire.

R. Está muy bien visto. A eso es a lo que me refería. Los seres humanos tenemos un sesgo que viene como por defecto en nuestra capacidad de aprender, de interpretar la realidad y es que nos quedamos solamente con aquello que refuerza nuestras opiniones preestablecidas. Esto va en la línea de lo que estaba comentando antes. Si reforzar un poco esa idea de esta señora, este señor, es quien de verdad sabe de esta cuestión, sea la que sea, sea de historia o de física cuántica, quizá nos ayude a ir templando un poco esa tendencia actual, que no creo que sea solamente española, simplemente que aquí, quizá en nuestro país se da de una manera más marcada.

P. Es verdad que la globalización está cambiándolo todo en muchos sitios. En Estados Unidos también reescribiendo su propia historia, que es muchísimo más reciente que la nuestra, pero también están todo el día en determinados medios debatiendo sobre ella. 

R. La historia se reescribe y eso no es malo. No es un monolito. Hay una idea equivocada que la tiene incluso el propio propio alumno cuando entra: la historia es algo ya escrito, ya hecho, esto es lo que ha pasado. Y yo lo voy a interpretar de una manera o de otra, según sea mi postura como historiador. Eso es un error. Eso no es así, para empezar por lo que he dicho antes, evidentemente el historiador es un analista, por supuesto. Pero no nos olvidemos de que la historia también se hace día a día, reinterpretándola, pero sobre todo descubriendo cosas nuevas. Y la gente se sorprendería de saber la cantidad de aspectos, de facetas, de dimensiones completas, de fenómenos, no ya de hechos puntuales, que desconocemos de nuestro pasado. Algunos quizá queden ignorados para siempre, porque podemos alcanzar a saber solamente una parte, pero otros gracias a las fuentes, y en eso España debería ser la envidia de otros países, gracias a ese patrimonio podemos llegar a cubrir gran parte de esos fenómenos, de esos aspectos de nuestro pasado que desconocemos. Por ejemplo, el mercado curial, que yo tuve la oportunidad de descubrir, de poner de relieve. Bueno, a ver si cuando pase un poco todo esto [la pandemia] podemos volver a llevar a los alumnos a los archivos y que tomen conciencia de eso, y llevarlos también al resto de las personas que no tienen por qué gastarse el dinero en ir a Roma al Archivo Secreto Vaticano. En ese sentido, estamos desarrollando aquí mismo en Córdoba una experiencia pionera que es un proyecto que se llama Darco: Digitalización de Archivos del Reino de Córdoba. Nuestra idea es primero digitalizar cuanto más mejor de esos millones y millones de documentos desde época medieval hasta la actualidad que conforman el patrimonio histórico cordobés, que es muy rico dentro de la enorme riqueza que tiene España. Y por otra parte, en una segunda fase, intentar aplicar inteligencia artificial a su lectura. En eso estamos trabajando. De hecho hemos pedido un proyecto al Ministerio. Nos concedieron cerca de un cuarto de millón de euros para comprar una plataforma de digitalización única a su nivel en ese tipo de archivo. Y gracias a un convenio con el Archivo Histórico Provincial de Córdoba estamos allí ya trabajando en eso, ya está montada. Incluso tenemos alumnado de la Universidad de Córdoba que se está formando en cuestiones diferentes que no sean saber la fecha de una batalla.

La historia se reescribe y eso no es malo

P. De hecho, una vez digitalizados los archivos no hará falta acceder físicamente a ellos. Incluso con algoritmos podemos acabar descubriendo cosas. 

R. Efectivamente. Aquí tienen mucho más que decir mis compañeros de informática. Se va a aplicar más el “voy a intentar localizar donde aparece tal nombre o tal palabra clave” que me va a servir para tirar del hilo de otras cosas. No tanto, aunque también, el enseñar en un proceso virtuoso a la máquina, por así decirlo, a leer ese tipo de grafías. Cualquiera no entiende la letra del siglo XVII. Es muy habitual al principio cuando llega la gente al archivo que te pregunten: ¿qué es árabe? La grafía es completamente diferente, una letra procesal del siglo XV o del XVII que la que nosotros entendemos hoy.

P. Desde luego. El Archivo Histórico escrito en una provincia como Córdoba es uno de los más antiguos del mundo. 

R. Se conserva muy bien. En cuanto a la cantidad de documentación, España es junto con el Vaticano una gran potencia. Dentro de esa gigante mole que es el patrimonio documental español, Córdoba destaca tanto por cantidad como por aspectos cualitativos. Es decir, la variedad y la riqueza de la documentación que hay aquí, de aspectos incluso de la vida cotidiana, no ya institucional, de si el señor obispo de Córdoba vende o compra una finca o de si el duque de Hornachuelos hace obras en su palacio, sino el perdón, por ejemplo, por un adulterio del marido a su mujer, una operación de un cáncer de mama o de fimosis, o la venta de fruta. Eso se puede encontrar en los documentos históricos de Córdoba a una altura tan antigua como puede ser el reinado de los Reyes Católicos. Eso resulta fascinante, porque aunque sea con un ojo de buey, con una ventana de pequeñita, con una mirilla de una puerta, te permite ver no solamente toda la realidad, simplemente lo que se ha conservado, pero es una visión gitantesca. Ya lo quisieran en muchas partes. Y ojalá lleguemos a tener conciencia como españolas de esa parte de nuestro patrimonio tan rica y tan envidiable, y con tanto potencial de puesta en valor como puede ser el monumental.

P. Entiendo que siempre en España estaba el funcionario con esa pluma, incluso los procesos inquisitoriales, en los que se torturaba a alguien estaba apuntando todo lo que estaba ocurriendo.

R. Apuntaban hasta el “ay, ay, que me matan, vuesas mercedes”. Todo se anota. A partir del siglo XVI, y eso es una ventaja que tenemos los historiadores que nos dedicamos al modernismo, esa etapa entre los Reyes Católicos y la invasión napoleónica, más o menos, es que en cuanto a la documentación escrita hay como un boom. De repente todo pasa a escribirse. Muchísimas cosas que antes no quedaban por escrito, solamente grandes hechos, digamos, pasan a reflejarse por escrito. Es más, cuando llegamos, por ejemplo, a la altura de mediados del siglo XVI, no digamos ya el reinado de Felipe II, que es obseso en este sentido, la monarquía española, todo el imperio, se vuelve muy papelera, es una máquina de hacer papeles y para todo había muchísimos papeles. Esto no le sonará nada nada nuevo a muchos españoles. Para casi cualquier cosa papeles por duplicado, por triplicado y es una suerte. Muchas veces uno va al Archivo de Simancas, por ejemplo, y se encuentra algo que dice, “pero si esta es la misma carta que leído páginas atrás”. Se hace también eco con vista precisamente a esa conservación. Me están mandando un informe sobre espionaje o sobre compraventas en Roma y puede perderse. El barco puede hundirse. Pueden robar, asaltar al correo, a la posta que vaya por tierra. Se manda por triplicado, siempre queda algo. Y bueno, qué decir de un archivo, por ejemplo, como Simancas. Es el primer archivo del mundo que se crea precisamente con una intención histórica archivística: no voy a guardar papeles mientras me sirvan como guarda cualquiera. Eso se le ocurre a Felipe II, va a crear este archivo con esta finalidad. Y claro, eso ya te habla de una mentalidad moderna como pocas en el mundo de entonces.

P. Si tenemos esos archivos, sorprende entonces, y entiende esta pregunta, que no haya aparecido el documento de propiedad o el de cesión de la Mezquita de Córdoba por parte de Fernando III a la Iglesia. 

R. Bueno, primero es una época previa, evidentemente, estamos en el siglo XIII. No tenemos este nivel no de producción documental. Creo que no debemos entrar a juzgar o evaluar esas cuestiones basándonos en el hecho de si existe o no un documento que diga tal o cual cosa. Eso también nos haría también estar secuestrados por esa documentación y por nuestro propio pasado para tomar las decisiones que tengamos que tomar de acuerdo con la necesidad de nuestra sociedad actual. Dicho lo cual, creo perfectamente posible que en ese tipo de circunstancias no siempre se dieran documentos así. La unión de altar y trono era una cosa que se daba por natural, connatural a la propia monarquía, y, por tanto, es que creo que quizá ni siquiera se percibiría la necesidad de hacerlo. Se ha consagrado como iglesias se entrega a la Iglesia. Eso no quiere decir si existe o no tal documento en esa circunstancia o en otra la medida que tengamos ha de estar vinculadas con ese hecho. La documentación también se puede falsificar, la documentación también se puede crear posteriori, también se puede inmatricular, por ejemplo, alguna propiedad. Habrá que ver si el acto en sí se ha hecho de acuerdo a derecho y con legalidad, sin entrar en la en la polémica que, por otro lado, me parece vacía en el sentido de que se deberían solucionar las cosas por otras vías. 

En cuanto a archivos, España es junto con el Vaticano una gran potencia

P. Entrando en materia en tu investigación sobre el mercado curial no sé hasta qué punto de vista ha sorprendido que hayas documentado, que hayas investigado, que hayas llegado a ciertas conclusiones, sobre cómo, desde mi punto de vista, la Iglesia siempre se ha comportado como una empresa.

R. El desarrollo de algunos de los primeros instrumentos bancarios están relacionados, por ejemplo, con la necesidad de transmitir capital en época de las Cruzadas entre Tierra Santa, Roma, etcétera. Pero tu pregunta creo que no iba por ahí. 

P. Bueno, como la Iglesia se ha comportado como una empresa desde tan antiguo y sobre todo en la época moderna, digamos que como su gran expansión. Que los palacios barrocos espléndidos de Roma existen gracias a ese mercado curial. 

R. Efectivamente, eso así. Pero bueno, también creo que sería necesario matizar ese sentido de empresa, porque no sería como el de hoy. Es cierto que dinero, administración, inversiones, propiedades van unidas también a la Iglesia indisolublemente desde época medieval y, sobre todo, en época moderna. Bueno, es que incluso el sistema contable de debe y haber, la partida doble que hoy parece tan obvia se inventa en el ámbito eclesiástico. Y muchas herramientas de movilización de crédito también se empiezan a desarrollar en este ámbito. ¿Por qué ha sido esto? Bueno, yo creo que es algo natural cuando tenemos una institución que es muy homogénea, mucho más homogénea que otras instituciones de poder en sentido de ámbito transnacional de la época y que tiene mucho dinero. En cuanto a cuándo se desarrolla el mercado curial, quizás algo que responda a unas necesidades que en realidad no son propias de iglesias sino de la sociedad de ese momento y de los estados que se estaban formando a finales del siglo XV y principios del siglo XVI, de la época de los Reyes Católicos o de Carlos V, no son como los de época medieval que uno va a la guerra y duques, marqueses, condes, levantan sus huestes, y obispos o arzobispos apoyan al rey, o no, e iban a la guerra. Se está creando un ejército propio ya por parte de ese Estado. El Estado tiene otras necesidades. Tiene una diplomacia estable que mantener, algo que no existía previamente. La Iglesia es la primera que desarrolla esa diplomacia. Tiene una administración muchísimo más amplia que esos grandes imperios, que muchas veces se mueven con muy pocos funcionarios.

Es decir, los estados tienen muchos gastos y la Iglesia en ese momento no es solamente una institución religiosa, sino también un Estado más. Y el Papa tiene esa doble naturaleza , la cabeza del mundo católico, pero también es un jefe de Estado. En ese sentido tiene que buscar también nuevas fuentes de ingresos, con la peculiaridad de que en el caso de la Santa Sede desde época medieval, cuando está todavía en Aviñón y aún no ha vuelto a Roma, empieza a ver el potencial de todo el ámbito espiritual. Es decir, fiscalizar todo ese ámbito que solamente controlan ellos. Los monarcas tienen que vender otra cosa. El Papa es el único que puede otorgar determinadas gracias espirituales. Por ejemplo, para salvar impedimentos canónicos que te impiden pues casarte con tu prima hermana, por así decirlo. O que un cargo que en teoría tiene que ser elegible, pues pase a monopolizarlo tu familia. O que un seglar pueda erigir un convento o una universidad. Claro, van a crear una mayor necesidad. Es decir, voy a abrir el abanico de esas prohibiciones, voy a abrir la oferta de las cosas que se pueden hacer gracias a los documentos que yo voy a otorgar y voy a crear todo el aparato jurídico necesario para controlar completamente la respuesta a esa demanda: Demanda de dispensas matrimoniales, la demanda de cuestiones eclesiásticas, fundaciones, etcétera, que responden a necesidades de la sociedad de ese momento. Entonces lo que hace el Papado es crear la necesidad con prohibiciones o posibilidades nuevas de inversiones. A la par controla la oferta. Es un mercado que está en cierta medida cautivo en ese sentido. Va a significar muchísimo dinero para las arcas pontificias. Como tú bien decías, en gran medida esa Roma del Renacimiento o del Barroco se explica también con ese fluir constante de dinero que viene de diferentes estados católicos y muy en especial del mundo ibérico, de Castilla, de Portugal, de Cataluña, de Andalucía, etcétera, que tenían mucho más peso que los demás.

Apuntaban hasta el "ay, ay, que me matan". Todo se anota

P. Fuimos más papistas que el Papa. 

R. Pues sí (risas).

P. Por lo que cuentas, el Vaticano en esa época funcionaba como una multinacional, con sus sedes pequeñitas, que son iglesias repartidas por todo el mundo católico, obispos, sacerdotes…

R. No las multinacionales en el sentido que hoy las entendemos. No es Zara. Pero no se puede negar que es quizá la institución más transversal y más internacional que existe en la época, como ninguna otra. Y esto también ayuda al desarrollo de este tipo de mercados. Es un aparato cohesionado y totalmente centralizado en Roma. Para esto va a ser necesario el desarrollo de buenos canales de información, el control de esa información, de comunicaciones que en la época se hacían por escrito, correspondencia y por eso, precisamente, no una de las primeras vías estables y más seguras de comunicación postal en la época va a ser la que tenga por fin Roma. Conecta Roma con el sur de Francia y la Península Ibérica.

P. Aprovechando la huella de la antigua Roma también.

R. Imagino que también, pero en cualquier caso se desarrolló sobre todo en el siglo XVI. Los primeros a los que se les va a encargar van a ser a los Taxis, una familia alemana, no se trata de los coches. No sé si a la gente les sonará, pero uno de sus descendientes fue Villamediano, famoso poeta de la época que fue asesinado en la España del siglo XVII, una historia muy interesante, en la que tuvo algo que ver, aunque sea muy de soslayo, Góngora.

P. Ah, qué interesante. Es que Góngora tiene una serie de Netflix.

R. Se podría hablar ahí hasta de temática curial.

P. Acabó de canónigo de la Catedral de Córdoba. 

R. Efectivamente. Estuvo mucho tiempo en Madrid también. Su correspondencia es super interesante y su vida en sí. Aparte de que a mí se me hace un personaje infinitamente más simpático de lo que lo se me hace Quevedo. A Quevedo siempre lo he encontrado como un personaje misógino, juzgándolo desde mi perspectiva moral actual no como historiador sino como lector. Siempre me ha parecido misógino, homófobo, racista. Sin restarle ni un ápice al genio que tiene siempre e me ha parecido mucho más desagradable.

P. Faltón. 

R. Sí, aunque en la época también era normal y habría que ver hasta qué punto mucha de las obras que se que se atribuyen a Quevedo, incluso contra Góngora, eran realmente de él. Pero bueno, también es un jovencito que tiene que hacerse un sitio en la Corte cuando Góngora en ese momento ya es alguien de renombre. Góngora en cambio hay que leer lo que escribe sobre las fiestas con moriscos, con la población negra, presente en Córdoba o en Sevilla. Resulta mucho más simpático, simplemente.

P. Es muy interesante esto que acabas de decir ahora mismo. Tendemos a pensar, por lo que nos enseñaron en la escuela o por las películas que hemos visto, en la Edad Moderna como una sociedad muy monolítica. Es cierto que los Reyes Católicos expulsaron a los judíos, pero hasta el siglo XVII hubo cierta variedad étnica. 

Dinero, administración, inversiones y propiedades van unidas a la Iglesia indisolublemente desde época medieval

R. Incluso más allá.

P. Había negros, moriscos, discriminados, por supuesto. A la gente le sorprende.

R. De hecho, te agradezco la pregunta porque es precisamente en esa línea en la que estaba pensando cuando antes decía que falta mejor comunicación por nuestra parte, desde el mundo académico universitario, desde la investigación histórica, con la sociedad. Porque todo esto es algo ya sobradamente superado en este ámbito. Y de hecho desde la Universidad de Córdoba tenemos uno de los equipos más potentes en este sentido para el estudio de minorías. Tenemos el Laboratorio de Estudios Judeoconversos. Pero también tenemos a una persona como Enrique Soria que se ha encargado, junto con otro investigador, evidentemente, de poner en valor todo ese pasado morisco y, sobre todo, su pervivencia hasta el siglo XVIII y su magnífica inserción, no ya en el resto de la sociedad. Es fácil perderse si no mantienen su apellido. El simple labrador, el simple zapatero es más fácil que pierda ese esa mancha del pasado que el señor duque o el obispo. En realidad, lo que tenemos es una sociedad que es fascinante, por eso me dedico precisamente a estudiar ese periodo, en la que las cosas están cambiando. Ya desde el mismo siglo XVI, lo que va a ser el capitalismo está pujando y empujando. El dinero tiene cada vez más peso. Está cambiando imparablemente la sociedad, pero esa misma sociedad española, francesa, italiana, portuguesa, tanto me da este a este caso, se niega a reconocer ese cambio. Es decir, vamos a tener una sociedad que se reproduce para sí misma una imagen casi idéntica a la medieval. Esa estructura reflejo de la creación divina, por tanto inmutable, por tanto perfecta. Y si uno nace campesino, campesino ha de quedarse, porque Dios lo quiere. Esa es la imagen que se transmite y está esa misma sociedad pugnando con su realidad, que es cada vez más clasista. Todavía no hablamos de una sociedad de clases hasta que todo el sistema reviente, porque ya la maquinaria no puede más. Y precisamente el que aguante mucho en España es señal de que funcionaba muy bien esa maquinaria de recreación de la realidad, de maquillar la realidad para nosotros mismos. Cuando revienta en el siglo XIX o a finales del siglo XVIII en algunos territorios, pues ya tendremos una sociedad clasista. Pero sin embargo, hasta ese momento también hemos encontrado con que en paralelo, y en el caso ibérico, tenemos ese friega constante entre la sociedad cristiano vieja, esa sociedad más monolítica, esa sociedad de los estatutos de limpieza de sangre, de la Inquisición, una España que ya ha sido limpiada y pulida y acrisolada, con la realidad. La realidad es que en algunos puntos de ese vastísimo imperio español, y en Córdoba esto se ve muy bien, la sociedad es muchísimo más compleja. Lo difícil será en algunos ámbitos sociales, en algunos grupos sociales, no descubrir una ascendencia judía o una ascendencia morisca como el caso Granada o Málaga, etcétera.

Y evidentemente, también tenemos ahí a esas minorías más segregadas, evidentemente, por una cuestión también económica, no solamente racial, como pueden ser la gitana o la africana, la de origen africano. Los magrebíes también estaban presentes. Eran esclavos o libertos. Van desapareciendo en la masa, digamos, poco a poco, porque era lo que se pretendía y precisamente el hecho de que hasta hace poco no supiéramos de la ascendencia real, de la condición étnico religiosa real, de muchos personajes muy famosos de nuestra historia, desde Fernando el Católico hasta Luis de Góngora pasando por Santa Teresa, por ejemplo, o el cardenal que da nombre a una plaza de Córdoba, el Cardenal Toledo, que muy poca gente conoce y que sin embargo, es una figura fundamental que bien merecería la biografía que no tiene, tenían una ascendencia judía. Eran judíos conversos. El hecho de que hasta hace poco no lo hayamos sabido también nos dice mucho de lo bien que funcionaban estos mecanismos de ocultación para hacerse pasar por otra cosa, para integrarse y que la maquinaria pudiera seguir funcionando. Esto funcionaba igual con otras cosas, como cuando el propio ascenso social el hijo de mercaderes pasa a ser noble y en realidad, bueno, pues no es noble siempre.

Esto se ve muy bien en el teatro del Siglo de Oro, que es un instrumento magnífico. En una obra de Moliere, o bueno, en este caso español, en una obra de Lope de Vega o de Calderón estamos viendo como ella que es noble está enamorada de él que no es noble,. Imposible, no puede haber amor entre desiguales. Pero al final de la obra, arte de magia, resulta que no, que él es el hijo perdido de unos marqueses, que fue criado por unos mercaderes… por eso es tan inteligente, virtuoso, tan noble, vive como un noble, se comporta como un noble. Ella no es una simple fregona, no es una criada, sino que la niña que fue secuestrada por unos piratas o váyase usted a leer una historia más peregrina. Eso que puede ser un juego divertido en el teatro tiene mucho de verdad en cuanto a que existe un mecanismo constante de maquillaje de la realidad. Esa sociedad lo necesita para transformar una realidad que no gusta, que no es aceptable todavía. Que es aquella de que poderoso caballero es Don Dinero por citar a Quevedo o de que los cruzados hacen cruzados y dineros son calidad, que diría Góngora. Esa sociedad, esa realidad, no es aceptable y por tanto tienen que recrear constantemente la propia imagen que tiene de sí mismos, como hacemos hoy día también, como hace cualquier sociedad, incluso los individuos. La imagen que nosotros nos creamos de nosotros mismos pues a lo mejor no es exacta. Exactamente igual que ni que la imagen que tú esta percibiendo de mí ni que la realidad realmente de mi persona. Las sociedades no son también si no eso, un grupo de personas. Y al fin de cuentas, el objeto de estudio último de un historiador es la sociedad, y las mujeres y hombres de ese pasado.

La Roma del Renacimiento o del Barroco se explica con ese fluir constante de dinero que viene de diferentes estados católicos

P. Lo bien engrasado que estaba ese sistema estamental, tanto que llega hasta el siglo XIX. Me estoy acordando de la película de El Gatopardo, pero yo creo que llega incluso hasta nuestros días. El propio Enrique Soria creo que tiene una investigación de cómo los grandes apellidos cordobeses siguen siendo prácticamente los mismos hoy en día en los grandes tenedores de tierra. Somos hijos de aquellos años.

R. El caso cordobés también es cierto que es muy particular en cuanto a esa condición nobiliaria que Enrique tan bien supo sacar a la luz en obras que necesitarían una reedición, una publicación y una mayor difusión en inglés, como por ejemplo El cambio inmóvil. Qué estupendo título, que llama a la imaginación a eso que comentabas tú, a la novela del príncipe de Lampedusa y esa película de El Gatopardo, que refleja precisamente eso, el fin de ese sistema que a todos los efectos es extrapolable de la Sicilia de ese momento a la España de la misma época. Con el añadido aquí de toda esta cuestión étnico religiosa, de lo judeoconversos, los moriscos y demás. Somos hijos de ese pasado. De todas formas, eso no debe atarnos, no debe ser ninguna carga, simplemente nos debe servir para comprendiéndolo bien, para conociendo bien de dónde venimos y qué cosas pasaron y por qué pasaron entender mejor por qué cómo somos y por qué pasan las cosas que pasan ahora mismo y están las cosas como están. Ni pensar que la historia va a repetirse ni tenga por qué repetirse. No es esto ni un destino manifiesto como se decía de los Estados Unidos ni creo que exista ninguna Providencia en ese sentido que tenga marcado una finalidad de los tiempo y de la historia. Pero sí que es cierto que nadie puede pretender comprender bien la realidad que les rodea sin entender que es lo que ha venido antes. 

P. Permíteme una pregunta un poco nacionalista local. Me refiero a la última conferencia que diste en la que hablaste de Córdoba como capital del impero español por un breve periodo de tiempo. ¿Cuán cerca estuvo Córdoba de convertirse verdaderamente en la capital del Estado?

R. Estuvo muy lejos. Si ocupa ese lugar, es simplemente porque Córdoba está donde está. En ese momento tiene mucha importancia. Córdoba era una ciudad importante. En 1570 vive quizás el que va a ser su último momento de esplendor demográfico, económico, cultural durante el reto de la moderna antes de entrar en la crisis global que fue el siglo XVII. Eso tuvo su peso y el hecho de que había sido corte previamente. Los Reyes Católicos a fines del siglo XV están durante mucho tiempo en Córdoba. Córdoba es capital de Corte, de Castilla. No existe todavía esa idea de capital. Eso se va a crear con Felipe II en el siglo XVI precisamente con Madrid en 1561. Todo ese pasado se tiene en cuenta, pero sobre todo lo que pesa es la posición que tenemos en una guerra abierta, intestina, que es la rebelión de los moriscos en el Reino de Granada, cuya frontera está en el mismo sur de la actual provincia de Córdoba. Y claro, no había un lugar mejor que reuniera las condiciones necesarias de ciudad importante, con magníficas comunicaciones para los aspectos logísticos, con ese pasado que también sustentaba su elección para situar allí la Corte, para que el Rey estuviera cerca del frente, que no corriera peligro, evidentemente, y para controlar una situación que podría llegar a ser muy peligrosa por el desembarco otomano, si llegara a darse el caso. Reúne Cortes aquí. Sirven para sacar dinero. Y a Córdoba vienen desde el Nuncio de Su Santidad, embajadores, a conquistadoras de Florida, que vienen a pedir su su salario atrasado. Durante un muy corto periodo, apenas duró tres meses entre el fin del invierno y el principio de la primavera de 1570. De hecho, señal de que el mismo Rey tiene la idea de irse es que antes de acabar las Cortes ya piden que se terminen de celebrar en Madrid, porque ya había terminado el problema que justificaba que Córdoba fuera la capital en ese momento, que era la guerra en Granada. 

P. Sí, desde luego. ¿Qué posibilidades habría tenido de convertirse en esa gran ciudad? Lo que vino después fue un invierno demográfico y económico de Córdoba importante.

R. Sí, sí, un invierno importante. Hoy sabemos que se produjo una bajada de las temperaturas, la llamada Pequeña Edad de Hielo, como se conoce. Empieza a haber haber epidemias, Córdoba se sume a partir de ese momento, desde luego, en una etapa mucho más gris, mucho más oscura. Es interesante también, y eso lo estamos investigando ahora mismo para un próximo libro, como en esos años, hasta el fin del reinado de Felipe II, se aprovecha un poco el tirón de Córdoba para intentar en varias ocasiones que sea sede de una universidad, cosa que se venía intentando desde época de Carlos V. Hay un momento en que empiezan a fundarse universidades en España. En Andalucía se funda a principios del siglo XVI la de Sevilla, luego en 1531 la de Granada, la de Baeza, unos años después. Claro, por parte de un grupo de gente se va a intentar que Córdoba sea universidad y también se intenta cuando viene la Corte aquí. Y luego se va a intentar cuando se consiga tener en Roma a un gran personaje cordobés que está perfectamente vinculado con ese grupo que está detrás de que se haga una universidad, que es lo que podría llamar una clase media, por así decirlo. Es una medianía social, todos ellos judeoconversos, empezando por San Juan de Ávila y terminando por este personaje protector, que a partir de 1593 va a pegar un empujón de ese proyecto de Universidad, que es el cardenal Toledo. Lamentablemente muere en 1596 y ya con esto viene ya la crisis, y se abandona proyecto, pero llegó a estar muy, muy avanzado. Muy avanzado es que ya tenía su organigrama, las distintas facultades, una de Ciencias, otra de Humanidades, etcétera, incluso su plan de estudios. Todo muy estudiado. Un proyecto que no llegó a a cuajar, pero que refleja también ese momento breve de esplendor durante unas décadas que tuvo Córdoba a finales del siglo XVI. 

En 1570, Córdoba vive quizás el que va a ser su último momento de esplendor

P. Y ahí se apaga. 

R. Ahí se apaga. Luego ya pasamos a La feria de los discretos

P. Prácticamente hasta Pío Baroja.

R. Exacto. Y hasta posteriormente.

P. Sí. Hay como un intento antes de la Guerra Civil, ya nos estamos metiendo en historia contemporánea, y después regresa otra etapa oscura a la ciudad, desgraciadamente.

R. A la ciudad y a España, en general. Se acaba con muchísimas iniciativas culturales, educativas, de los trabajadores también. 

P. Entonces, en vez de 50 años de historia, este año la Universidad podría estar celebrando más de cuatro siglos. 

R. Sí, podríamos estar celebrando 470 años de la Universidad de Córdoba. Sí, pero bueno lamentablemente, las cosas no fueron así. También falló la financiación, pero fue un proyecto en el que estuvieron implicadas muchas instituciones, no solamente personajes particulares o la Compañía de Jesús. También el Ayuntamiento de la ciudad, en gran medida, que llega a presentar a Felipe II un memorial muy detallado, muy bonito con las causas por las que Córdoba tiene que tener universidad, cómo debería ser esa universidad, qué cargo debería tener, etcétera. 

P. ¿Y cómo debería haber sido la universidad?

R. Se habían pensando varias facultades, una de Artes, que sería lo que hoy entendemos por ciencias. En ese momento se entiende por ciencias todos los saberes, es decir que historia sería una ciencia. Son Artes que llamaríamos matemáticas, de hecho estaba prevista una cátedra de matemáticas, por ejemplo, o física o aritmética o astronomía. La música también a veces se metía aquí, son matemáticas a fin de cuentas. Estaba prevista una facultad también de teología, una facultad de humanidades que se llamaba en ese momento y una facultad que hoy entenderíamos una cosa un poco rara que era de casos de conciencia. Pero esto está muy ligado a un plan de estudios que en ese momento en el mundo católico era el más innovador, que es lo que se llamaba la Ratio studiorum, el plan de estudios desarrollado pues muy poquito. antes. Estamos hablando del año 1593 y la Ratio studiorum de los jesuitas se había publicado en 1591. Habían cogido el último plan de estudios que se había elaborado con una comisión internacional que se reúne en Roma para que estudien las últimas publicaciones más novedosas en su momento, claro, de humanistas sobre pedagogía y una docencia que se quería que fuera mucho más práctica y mucho más enfocada al día a día de la docencia en las aulas. De hecho, se populariza a partir de ese entonces utilizar libros de texto. El primer libro que recoge Valdenebro en su obra sobre la imprenta en Córdoba fue precisamente un libro de texto mediado el siglo XVI, que se va a publicar en este contexto, precisamente de los jesuitas, llegando con Fernando de Córdoba que es el patrocinador del colegio de Santa Catalina, que es lo que va a ser lo que se pretende que sea universidad. Hasta esa época el profesor leía las clases, llega y lee el libro de Santo Tomás, por ejemplo, o de Aristóteles, que solamente tiene él. Los alumnos copian. Ellos crean una dinámica nueva, una dinámica diferente que permite al alumno estar escuchando y aprendiendo, no solamente copiando al dictado gracias a que tienen ya manuales impresos que son los recomendados por cada profesor, por cada catedrático. Y eso es lo que se pretendía implantar en Córdoba, con un punto mucho más novedoso. 

P. Qué pena. ¿Y tenían sede?

R. Hubiera tenido una sede, además, que se consideraba muy buena, céntrica, que sería la actual plaza de la Compañía, al lado del Archivo Histórico Provincial de Córdoba. Lo único que nos queda de eso porque se abandona cuando la sede se expulsa a los jesuitas en 1767 es una parte que sería lo que actualmente ocupa la iglesia de Santo Domingo de Silos, que era la capilla de esa institución docente, y lo que hoy es el colegio de la Inmaculada Concepción. Este colegio primero pretendía ser un futuro colegio mayor y la sede central de la Universidad, junto con otras propiedades. 

Investigar es siempre una pasión

P. La historia no se puede reescribir pero entiendo que la ciudad habría cambiado mucho.

R. Una de las motivaciones que argumenta el Ayuntamiento de Córdoba es precisamente que se está empezando a notar un leve declive. Estamos todavía en 1593. Córdoba todavía no ha entrado en crisis. Está todavía en un momento económicamente bueno, pero a partir de la década de los ochenta se empieza a notar que algo está cambiando y una de las motivaciones que se argumentan para que Felipe II otorgue la universidad es subir el nivel económico de la ciudad. Los diputados saben que una universidad crea riqueza, tanto directa como indirecta. No es ya la matrícula que puedan pagar los alumnos, que se establece que sea la mínima posible, que las clases sean lo más abiertas posible en Córdoba y que se intente eximir al alumno de pagar mucho por la expedición de un título de grado, por ejemplo. También por toda esa cuestión indirecta, comercial, de movilización económica, que conlleva tener una universidad en una ciudad. Por tanto, es llamativo, me llama mucho la atención cuando lo estaba leyendo, esto está en el Archivo Municipal de Córdoba, tener esa idea tan clara de que una universidad crea riqueza, llama a más gente y esa gente tiene también necesidades de gasto. Con lo cual ,comercialmente también la ciudad se beneficia. Y con esto también se intentaba compensar un poquito lo que se estaba sintiendo, aparte de que evidentemente pues se quiere tener mejor formada a la gente. Se piensa mucho en ese sentido en que los jóvenes tengan un futuro, se dice, porque hasta ese momento solamente pueden estudiar aquellos que por su nivel adquisitivo pueden permitirse ir hasta Salamanca, por ejemplo, donde van realmente mayoría de los cordobeses, no tanto a Sevilla o a Granada, que también, pero sobre todo a Salamanca. Esta es una de las tres grandes universidades de Castilla en ese momento, junto con Valladolid y Alcalá de Henares, la Complutense de entonces. En Córdoba y si ponemos grados, que sea una cosa barata, porque los jesuitas se comprometen a no cobrar para dar gran parte de las clases, aunque se contrate evidentemente por oposición, como estaba previsto a mucho catedráticos y grandes especialistas y demás, pues va a facilitar mucho eso. Estaba incluso previsto el sistema de oposiciones. Incluso que se creara para intentar incentivar la inversión de posibles mecenas la creación de cátedras privadas. Estaba prevista hasta la dieta que había que pagar al señor catedrático de Salamanca que viniera al tribunal de oposición para esa plaza de profesor o de lector que se llamaba en ese momento. Contrato, por cierto, de solamente cuatro años para romper con la dinámica que era habitual. 

P. Entiendo que sigues investigando. No sé si lo estás haciendo para un próximo premio nacional o nos puedes decir en qué andas.

R. (Risas) Bueno, eso es algo a lo que uno no se presenta, tú no mandas la obra, sino que algún miembro del jurado tiene que elegirla, pues nunca se sabe. Sí, investigar es siempre una pasión, con lo cual que no entendería mi vida de otra manera. Ahora mismo llevo varias líneas. Sigo, por supuesto, con el tema este de mercados, mercado curial, cabildos de las catedrales, pero paralelamente también estoy investigando bastante sobre vino. Intento crear las bases para la generación de un valor añadido a esos productos que se puede aplicar en este caso al ámbito regional. Hablo del marco Montilla Moriles, y de ese valor añadido que sería el histórico, rastrear esa proyección comercial internacional que era mucho mayor de la que se conoce en el siglo XVI-XVII, rastrear la opinión de los vinos la zona por el resto del mundo. Rastrear esas líneas familiares del bodeguero o de explotaciones, de tipo de uva, del tipo de vino, de formas de hacer. Estoy preparando dos libros ahora, uno que saldrá más recientemente y más de tipo académico, y otro más divulgativo con un editorial bastante conocida. No dejo lo otro. Este año tengo que entregar un libro sobre el mercado curial precisamente. Pero tratado de otra manera diferente a como está tratado en el libro que premiaron. Este va a estar planteado más desde la perspectiva de determinadas vidas, anécdotas, y demás que nos sirve de instrumento para comprender ciertas cosas. Por ejemplo, hay un capítulo de una señora que está casi casi casi de parto en ese momento pero a la par está haciendo y deshaciendo con inversiones de capital en Roma. Ya digo que se pone de parto embarazadísima, ante el notario y demás. O el caso de un eclesiástico gaditano que es secuestrado por los piratas en un ataque. Y, claro, tiene que hacer chanchullos de este tipo de compraventa de cargos eclesiásticos precisamente para sacar dinero de su rescate y para esto tiene que contratar una serie de brokers y de intermediarios entre Inglaterra, la Península Ibérica, Roma que es donde va a conseguir esa posibilidad de para poder venderlo al mejor postor, etcétera, y que después llegue el dinero para poder ser libre porque al resto de sus compañeros los están matando por no pagar el rescate.

El hecho de que hasta hace poco no lo hayamos sabido el origen de muchos personajes nos dice mucho de lo bien que funcionaban estos mecanismos de ocultación para hacerse pasar por otra cosa

P. Desde luego todo es carne de novela histórica.

R. Es algo que me llama mucho la atención. En las series muchas veces dices, y porqué se han inventado esto, si es que la realidad documentada no es igual de interesante, es mucho más interesante que eso. España tiene una historia que bien llevada daría para muchas series Netflix o de HBO o de la cadena que fuera. 

P. La realidad siempre supera la ficción.

R. Sí, así es.

Antonio J. Díaz Rodríguez es a sus 39 años todo un premio nacional de Historia. Gracias a su investigación sobre el mercado curial, la compraventa de bulas entre el mundo ibérico y Roma, Díaz se ha convertido en el historiador de moda en Córdoba. El jurado eligió a su obra “por ser una investigación cuidada y rigurosa con un aire poético que arroja luz y acerca a una realidad poco estudiada y, en ocasiones, ocultada”.

Con pocas palabras, todo un jurado de un premio nacional ha descrito a este profesor de Historia Moderna de la Universidad de Córdoba que recibe a Cordópolis en su despacho de la Facultad de Filosofía y Letras que comparte con unos compañeros que, confiesa, son de lo mejor en investigación en la materia en toda España.

PREGUNTA. Naciste en 1983. Seguro que tienes alumnos mayores que tú.

RESPUESTA. Sí, sí, son mayores que yo. Tengo varios médicos entre ellos e incluso algún compañero de mi padre. 

R. Porque la pasión por la historia es intergeneracional.

R. Es una asignatura que mueve mucho. Hay mucha gente que termina su vida laboral y decide estudiar en la Cátedra Intergeneracional de manera un poco más leve, por así decirlo, o más libre. Hay gente que directamente dice bueno, voy a echarle valor y a hacer mi carrera por completo, igual que un chaval con 18 años solo que yo tengo 68. Y la terminan, de verdad. Y se toman las cosas con otra filosofía diferente a la del alumno normal.

P. Parece que la historia se ha puesto de moda, lo que no sé si eso es bueno o es malo. 

R. Creo que en la historia nunca ha dejado de estar de moda, pero quizá en un mal sentido. Como con otras disciplinas a las que también les pasa, es un objeto de instrumentalización ideal para la política. Eso quizá nosotros no lo podemos evitar, pero sí creo que si apostáramos por tener unos mejores canales de difusión que salieran de lo académico para llegar a la sociedad de una forma mejor, no solamente con la divulgación al uso, haciendo exposiciones, charlas divulgativas y tal, sino una mejor comunicación con los medios cambiaría. Muchas veces nos echamos las manos a la cabeza cuando se publica alguna noticia con un descubrimiento de paleontología o de historia, sobre la Inquisición o sobre ciencias. Con eso conseguiríamos, por supuesto, una mejor conexión con la sociedad y que se transmitieran mejor todos los resultados de una investigación seria, rigurosa, como se está llevando a cabo. La Universidad de Córdoba es puntera en ese sentido, en Andalucía, y una de las principales, al menos en mi área, en la Historia Moderna en toda España. Y eso ayudaría también a ir formando al gran público en una visión más crítica y que fuera menos manipulable, más difícil de engañar en cuanto los bulos, las fake news y este tipo de cosas en lo que concierne al pasado. Siempre me gusta transmitir a mis alumnos que la historia no es la visión que yo pueda dar en función de mi moral, de mi visión política, de mi visión filosófica de la vida o del tipo que sea. Sino que es fruto de una metodología científica, rigurosa, que es lo primero que tienen que aprender. No es solamente erudición, pero tampoco son esas publicaciones que vemos por ahí, un Pío Mola o un César Vidal. Evidentemente, nadie puede negar a nadie escribir sobre otro campo, pero lo que yo tenga que decir sobre inmunología tiene ningún valor. ¿Cómo va a tener el mismo valor mi opinión a ese respecto, aunque yo escriba en cualquier medio o tenga muchos seguidores en Instagram, que la opinión que pueda tener un Alfredo Corel, que es un doctor en esa materia? Ésta es la carencia que tiene la sociedad española ahora mismo, esa pérdida de respeto por la autoridad intelectual, por el conocimiento basado en un trabajo muy duro que está ahí detrás, en una experiencia investigadora, etcétera. Se ha dado voz a mucha gente, cosa que está fantásticamente bien, pero sin una ponderación de decir todas las opiniones no son iguales.

La historia nunca ha dejado de estar de moda, pero quizá en un mal sentido

P. Yo creo que en los tiempos de la polarización ser historiador en una profesión de riesgo.

R. ¿A que te refieres con una profesión de riesgo?

P. Digas lo que digas va a ser cuestionado, dependiendo un poco del prisma político con el que se mire.

R. Está muy bien visto. A eso es a lo que me refería. Los seres humanos tenemos un sesgo que viene como por defecto en nuestra capacidad de aprender, de interpretar la realidad y es que nos quedamos solamente con aquello que refuerza nuestras opiniones preestablecidas. Esto va en la línea de lo que estaba comentando antes. Si reforzar un poco esa idea de esta señora, este señor, es quien de verdad sabe de esta cuestión, sea la que sea, sea de historia o de física cuántica, quizá nos ayude a ir templando un poco esa tendencia actual, que no creo que sea solamente española, simplemente que aquí, quizá en nuestro país se da de una manera más marcada.

P. Es verdad que la globalización está cambiándolo todo en muchos sitios. En Estados Unidos también reescribiendo su propia historia, que es muchísimo más reciente que la nuestra, pero también están todo el día en determinados medios debatiendo sobre ella. 

R. La historia se reescribe y eso no es malo. No es un monolito. Hay una idea equivocada que la tiene incluso el propio propio alumno cuando entra: la historia es algo ya escrito, ya hecho, esto es lo que ha pasado. Y yo lo voy a interpretar de una manera o de otra, según sea mi postura como historiador. Eso es un error. Eso no es así, para empezar por lo que he dicho antes, evidentemente el historiador es un analista, por supuesto. Pero no nos olvidemos de que la historia también se hace día a día, reinterpretándola, pero sobre todo descubriendo cosas nuevas. Y la gente se sorprendería de saber la cantidad de aspectos, de facetas, de dimensiones completas, de fenómenos, no ya de hechos puntuales, que desconocemos de nuestro pasado. Algunos quizá queden ignorados para siempre, porque podemos alcanzar a saber solamente una parte, pero otros gracias a las fuentes, y en eso España debería ser la envidia de otros países, gracias a ese patrimonio podemos llegar a cubrir gran parte de esos fenómenos, de esos aspectos de nuestro pasado que desconocemos. Por ejemplo, el mercado curial, que yo tuve la oportunidad de descubrir, de poner de relieve. Bueno, a ver si cuando pase un poco todo esto [la pandemia] podemos volver a llevar a los alumnos a los archivos y que tomen conciencia de eso, y llevarlos también al resto de las personas que no tienen por qué gastarse el dinero en ir a Roma al Archivo Secreto Vaticano. En ese sentido, estamos desarrollando aquí mismo en Córdoba una experiencia pionera que es un proyecto que se llama Darco: Digitalización de Archivos del Reino de Córdoba. Nuestra idea es primero digitalizar cuanto más mejor de esos millones y millones de documentos desde época medieval hasta la actualidad que conforman el patrimonio histórico cordobés, que es muy rico dentro de la enorme riqueza que tiene España. Y por otra parte, en una segunda fase, intentar aplicar inteligencia artificial a su lectura. En eso estamos trabajando. De hecho hemos pedido un proyecto al Ministerio. Nos concedieron cerca de un cuarto de millón de euros para comprar una plataforma de digitalización única a su nivel en ese tipo de archivo. Y gracias a un convenio con el Archivo Histórico Provincial de Córdoba estamos allí ya trabajando en eso, ya está montada. Incluso tenemos alumnado de la Universidad de Córdoba que se está formando en cuestiones diferentes que no sean saber la fecha de una batalla.

La historia se reescribe y eso no es malo

P. De hecho, una vez digitalizados los archivos no hará falta acceder físicamente a ellos. Incluso con algoritmos podemos acabar descubriendo cosas. 

R. Efectivamente. Aquí tienen mucho más que decir mis compañeros de informática. Se va a aplicar más el “voy a intentar localizar donde aparece tal nombre o tal palabra clave” que me va a servir para tirar del hilo de otras cosas. No tanto, aunque también, el enseñar en un proceso virtuoso a la máquina, por así decirlo, a leer ese tipo de grafías. Cualquiera no entiende la letra del siglo XVII. Es muy habitual al principio cuando llega la gente al archivo que te pregunten: ¿qué es árabe? La grafía es completamente diferente, una letra procesal del siglo XV o del XVII que la que nosotros entendemos hoy.

P. Desde luego. El Archivo Histórico escrito en una provincia como Córdoba es uno de los más antiguos del mundo. 

R. Se conserva muy bien. En cuanto a la cantidad de documentación, España es junto con el Vaticano una gran potencia. Dentro de esa gigante mole que es el patrimonio documental español, Córdoba destaca tanto por cantidad como por aspectos cualitativos. Es decir, la variedad y la riqueza de la documentación que hay aquí, de aspectos incluso de la vida cotidiana, no ya institucional, de si el señor obispo de Córdoba vende o compra una finca o de si el duque de Hornachuelos hace obras en su palacio, sino el perdón, por ejemplo, por un adulterio del marido a su mujer, una operación de un cáncer de mama o de fimosis, o la venta de fruta. Eso se puede encontrar en los documentos históricos de Córdoba a una altura tan antigua como puede ser el reinado de los Reyes Católicos. Eso resulta fascinante, porque aunque sea con un ojo de buey, con una ventana de pequeñita, con una mirilla de una puerta, te permite ver no solamente toda la realidad, simplemente lo que se ha conservado, pero es una visión gitantesca. Ya lo quisieran en muchas partes. Y ojalá lleguemos a tener conciencia como españolas de esa parte de nuestro patrimonio tan rica y tan envidiable, y con tanto potencial de puesta en valor como puede ser el monumental.

P. Entiendo que siempre en España estaba el funcionario con esa pluma, incluso los procesos inquisitoriales, en los que se torturaba a alguien estaba apuntando todo lo que estaba ocurriendo.

R. Apuntaban hasta el “ay, ay, que me matan, vuesas mercedes”. Todo se anota. A partir del siglo XVI, y eso es una ventaja que tenemos los historiadores que nos dedicamos al modernismo, esa etapa entre los Reyes Católicos y la invasión napoleónica, más o menos, es que en cuanto a la documentación escrita hay como un boom. De repente todo pasa a escribirse. Muchísimas cosas que antes no quedaban por escrito, solamente grandes hechos, digamos, pasan a reflejarse por escrito. Es más, cuando llegamos, por ejemplo, a la altura de mediados del siglo XVI, no digamos ya el reinado de Felipe II, que es obseso en este sentido, la monarquía española, todo el imperio, se vuelve muy papelera, es una máquina de hacer papeles y para todo había muchísimos papeles. Esto no le sonará nada nada nuevo a muchos españoles. Para casi cualquier cosa papeles por duplicado, por triplicado y es una suerte. Muchas veces uno va al Archivo de Simancas, por ejemplo, y se encuentra algo que dice, “pero si esta es la misma carta que leído páginas atrás”. Se hace también eco con vista precisamente a esa conservación. Me están mandando un informe sobre espionaje o sobre compraventas en Roma y puede perderse. El barco puede hundirse. Pueden robar, asaltar al correo, a la posta que vaya por tierra. Se manda por triplicado, siempre queda algo. Y bueno, qué decir de un archivo, por ejemplo, como Simancas. Es el primer archivo del mundo que se crea precisamente con una intención histórica archivística: no voy a guardar papeles mientras me sirvan como guarda cualquiera. Eso se le ocurre a Felipe II, va a crear este archivo con esta finalidad. Y claro, eso ya te habla de una mentalidad moderna como pocas en el mundo de entonces.

P. Si tenemos esos archivos, sorprende entonces, y entiende esta pregunta, que no haya aparecido el documento de propiedad o el de cesión de la Mezquita de Córdoba por parte de Fernando III a la Iglesia. 

R. Bueno, primero es una época previa, evidentemente, estamos en el siglo XIII. No tenemos este nivel no de producción documental. Creo que no debemos entrar a juzgar o evaluar esas cuestiones basándonos en el hecho de si existe o no un documento que diga tal o cual cosa. Eso también nos haría también estar secuestrados por esa documentación y por nuestro propio pasado para tomar las decisiones que tengamos que tomar de acuerdo con la necesidad de nuestra sociedad actual. Dicho lo cual, creo perfectamente posible que en ese tipo de circunstancias no siempre se dieran documentos así. La unión de altar y trono era una cosa que se daba por natural, connatural a la propia monarquía, y, por tanto, es que creo que quizá ni siquiera se percibiría la necesidad de hacerlo. Se ha consagrado como iglesias se entrega a la Iglesia. Eso no quiere decir si existe o no tal documento en esa circunstancia o en otra la medida que tengamos ha de estar vinculadas con ese hecho. La documentación también se puede falsificar, la documentación también se puede crear posteriori, también se puede inmatricular, por ejemplo, alguna propiedad. Habrá que ver si el acto en sí se ha hecho de acuerdo a derecho y con legalidad, sin entrar en la en la polémica que, por otro lado, me parece vacía en el sentido de que se deberían solucionar las cosas por otras vías. 

En cuanto a archivos, España es junto con el Vaticano una gran potencia

P. Entrando en materia en tu investigación sobre el mercado curial no sé hasta qué punto de vista ha sorprendido que hayas documentado, que hayas investigado, que hayas llegado a ciertas conclusiones, sobre cómo, desde mi punto de vista, la Iglesia siempre se ha comportado como una empresa.

R. El desarrollo de algunos de los primeros instrumentos bancarios están relacionados, por ejemplo, con la necesidad de transmitir capital en época de las Cruzadas entre Tierra Santa, Roma, etcétera. Pero tu pregunta creo que no iba por ahí. 

P. Bueno, como la Iglesia se ha comportado como una empresa desde tan antiguo y sobre todo en la época moderna, digamos que como su gran expansión. Que los palacios barrocos espléndidos de Roma existen gracias a ese mercado curial. 

R. Efectivamente, eso así. Pero bueno, también creo que sería necesario matizar ese sentido de empresa, porque no sería como el de hoy. Es cierto que dinero, administración, inversiones, propiedades van unidas también a la Iglesia indisolublemente desde época medieval y, sobre todo, en época moderna. Bueno, es que incluso el sistema contable de debe y haber, la partida doble que hoy parece tan obvia se inventa en el ámbito eclesiástico. Y muchas herramientas de movilización de crédito también se empiezan a desarrollar en este ámbito. ¿Por qué ha sido esto? Bueno, yo creo que es algo natural cuando tenemos una institución que es muy homogénea, mucho más homogénea que otras instituciones de poder en sentido de ámbito transnacional de la época y que tiene mucho dinero. En cuanto a cuándo se desarrolla el mercado curial, quizás algo que responda a unas necesidades que en realidad no son propias de iglesias sino de la sociedad de ese momento y de los estados que se estaban formando a finales del siglo XV y principios del siglo XVI, de la época de los Reyes Católicos o de Carlos V, no son como los de época medieval que uno va a la guerra y duques, marqueses, condes, levantan sus huestes, y obispos o arzobispos apoyan al rey, o no, e iban a la guerra. Se está creando un ejército propio ya por parte de ese Estado. El Estado tiene otras necesidades. Tiene una diplomacia estable que mantener, algo que no existía previamente. La Iglesia es la primera que desarrolla esa diplomacia. Tiene una administración muchísimo más amplia que esos grandes imperios, que muchas veces se mueven con muy pocos funcionarios.

Es decir, los estados tienen muchos gastos y la Iglesia en ese momento no es solamente una institución religiosa, sino también un Estado más. Y el Papa tiene esa doble naturaleza , la cabeza del mundo católico, pero también es un jefe de Estado. En ese sentido tiene que buscar también nuevas fuentes de ingresos, con la peculiaridad de que en el caso de la Santa Sede desde época medieval, cuando está todavía en Aviñón y aún no ha vuelto a Roma, empieza a ver el potencial de todo el ámbito espiritual. Es decir, fiscalizar todo ese ámbito que solamente controlan ellos. Los monarcas tienen que vender otra cosa. El Papa es el único que puede otorgar determinadas gracias espirituales. Por ejemplo, para salvar impedimentos canónicos que te impiden pues casarte con tu prima hermana, por así decirlo. O que un cargo que en teoría tiene que ser elegible, pues pase a monopolizarlo tu familia. O que un seglar pueda erigir un convento o una universidad. Claro, van a crear una mayor necesidad. Es decir, voy a abrir el abanico de esas prohibiciones, voy a abrir la oferta de las cosas que se pueden hacer gracias a los documentos que yo voy a otorgar y voy a crear todo el aparato jurídico necesario para controlar completamente la respuesta a esa demanda: Demanda de dispensas matrimoniales, la demanda de cuestiones eclesiásticas, fundaciones, etcétera, que responden a necesidades de la sociedad de ese momento. Entonces lo que hace el Papado es crear la necesidad con prohibiciones o posibilidades nuevas de inversiones. A la par controla la oferta. Es un mercado que está en cierta medida cautivo en ese sentido. Va a significar muchísimo dinero para las arcas pontificias. Como tú bien decías, en gran medida esa Roma del Renacimiento o del Barroco se explica también con ese fluir constante de dinero que viene de diferentes estados católicos y muy en especial del mundo ibérico, de Castilla, de Portugal, de Cataluña, de Andalucía, etcétera, que tenían mucho más peso que los demás.

Apuntaban hasta el "ay, ay, que me matan". Todo se anota

P. Fuimos más papistas que el Papa. 

R. Pues sí (risas).

P. Por lo que cuentas, el Vaticano en esa época funcionaba como una multinacional, con sus sedes pequeñitas, que son iglesias repartidas por todo el mundo católico, obispos, sacerdotes…

R. No las multinacionales en el sentido que hoy las entendemos. No es Zara. Pero no se puede negar que es quizá la institución más transversal y más internacional que existe en la época, como ninguna otra. Y esto también ayuda al desarrollo de este tipo de mercados. Es un aparato cohesionado y totalmente centralizado en Roma. Para esto va a ser necesario el desarrollo de buenos canales de información, el control de esa información, de comunicaciones que en la época se hacían por escrito, correspondencia y por eso, precisamente, no una de las primeras vías estables y más seguras de comunicación postal en la época va a ser la que tenga por fin Roma. Conecta Roma con el sur de Francia y la Península Ibérica.

P. Aprovechando la huella de la antigua Roma también.

R. Imagino que también, pero en cualquier caso se desarrolló sobre todo en el siglo XVI. Los primeros a los que se les va a encargar van a ser a los Taxis, una familia alemana, no se trata de los coches. No sé si a la gente les sonará, pero uno de sus descendientes fue Villamediano, famoso poeta de la época que fue asesinado en la España del siglo XVII, una historia muy interesante, en la que tuvo algo que ver, aunque sea muy de soslayo, Góngora.

P. Ah, qué interesante. Es que Góngora tiene una serie de Netflix.

R. Se podría hablar ahí hasta de temática curial.

P. Acabó de canónigo de la Catedral de Córdoba. 

R. Efectivamente. Estuvo mucho tiempo en Madrid también. Su correspondencia es super interesante y su vida en sí. Aparte de que a mí se me hace un personaje infinitamente más simpático de lo que lo se me hace Quevedo. A Quevedo siempre lo he encontrado como un personaje misógino, juzgándolo desde mi perspectiva moral actual no como historiador sino como lector. Siempre me ha parecido misógino, homófobo, racista. Sin restarle ni un ápice al genio que tiene siempre e me ha parecido mucho más desagradable.

P. Faltón. 

R. Sí, aunque en la época también era normal y habría que ver hasta qué punto mucha de las obras que se que se atribuyen a Quevedo, incluso contra Góngora, eran realmente de él. Pero bueno, también es un jovencito que tiene que hacerse un sitio en la Corte cuando Góngora en ese momento ya es alguien de renombre. Góngora en cambio hay que leer lo que escribe sobre las fiestas con moriscos, con la población negra, presente en Córdoba o en Sevilla. Resulta mucho más simpático, simplemente.

P. Es muy interesante esto que acabas de decir ahora mismo. Tendemos a pensar, por lo que nos enseñaron en la escuela o por las películas que hemos visto, en la Edad Moderna como una sociedad muy monolítica. Es cierto que los Reyes Católicos expulsaron a los judíos, pero hasta el siglo XVII hubo cierta variedad étnica. 

Dinero, administración, inversiones y propiedades van unidas a la Iglesia indisolublemente desde época medieval

R. Incluso más allá.

P. Había negros, moriscos, discriminados, por supuesto. A la gente le sorprende.

R. De hecho, te agradezco la pregunta porque es precisamente en esa línea en la que estaba pensando cuando antes decía que falta mejor comunicación por nuestra parte, desde el mundo académico universitario, desde la investigación histórica, con la sociedad. Porque todo esto es algo ya sobradamente superado en este ámbito. Y de hecho desde la Universidad de Córdoba tenemos uno de los equipos más potentes en este sentido para el estudio de minorías. Tenemos el Laboratorio de Estudios Judeoconversos. Pero también tenemos a una persona como Enrique Soria que se ha encargado, junto con otro investigador, evidentemente, de poner en valor todo ese pasado morisco y, sobre todo, su pervivencia hasta el siglo XVIII y su magnífica inserción, no ya en el resto de la sociedad. Es fácil perderse si no mantienen su apellido. El simple labrador, el simple zapatero es más fácil que pierda ese esa mancha del pasado que el señor duque o el obispo. En realidad, lo que tenemos es una sociedad que es fascinante, por eso me dedico precisamente a estudiar ese periodo, en la que las cosas están cambiando. Ya desde el mismo siglo XVI, lo que va a ser el capitalismo está pujando y empujando. El dinero tiene cada vez más peso. Está cambiando imparablemente la sociedad, pero esa misma sociedad española, francesa, italiana, portuguesa, tanto me da este a este caso, se niega a reconocer ese cambio. Es decir, vamos a tener una sociedad que se reproduce para sí misma una imagen casi idéntica a la medieval. Esa estructura reflejo de la creación divina, por tanto inmutable, por tanto perfecta. Y si uno nace campesino, campesino ha de quedarse, porque Dios lo quiere. Esa es la imagen que se transmite y está esa misma sociedad pugnando con su realidad, que es cada vez más clasista. Todavía no hablamos de una sociedad de clases hasta que todo el sistema reviente, porque ya la maquinaria no puede más. Y precisamente el que aguante mucho en España es señal de que funcionaba muy bien esa maquinaria de recreación de la realidad, de maquillar la realidad para nosotros mismos. Cuando revienta en el siglo XIX o a finales del siglo XVIII en algunos territorios, pues ya tendremos una sociedad clasista. Pero sin embargo, hasta ese momento también hemos encontrado con que en paralelo, y en el caso ibérico, tenemos ese friega constante entre la sociedad cristiano vieja, esa sociedad más monolítica, esa sociedad de los estatutos de limpieza de sangre, de la Inquisición, una España que ya ha sido limpiada y pulida y acrisolada, con la realidad. La realidad es que en algunos puntos de ese vastísimo imperio español, y en Córdoba esto se ve muy bien, la sociedad es muchísimo más compleja. Lo difícil será en algunos ámbitos sociales, en algunos grupos sociales, no descubrir una ascendencia judía o una ascendencia morisca como el caso Granada o Málaga, etcétera.

Y evidentemente, también tenemos ahí a esas minorías más segregadas, evidentemente, por una cuestión también económica, no solamente racial, como pueden ser la gitana o la africana, la de origen africano. Los magrebíes también estaban presentes. Eran esclavos o libertos. Van desapareciendo en la masa, digamos, poco a poco, porque era lo que se pretendía y precisamente el hecho de que hasta hace poco no supiéramos de la ascendencia real, de la condición étnico religiosa real, de muchos personajes muy famosos de nuestra historia, desde Fernando el Católico hasta Luis de Góngora pasando por Santa Teresa, por ejemplo, o el cardenal que da nombre a una plaza de Córdoba, el Cardenal Toledo, que muy poca gente conoce y que sin embargo, es una figura fundamental que bien merecería la biografía que no tiene, tenían una ascendencia judía. Eran judíos conversos. El hecho de que hasta hace poco no lo hayamos sabido también nos dice mucho de lo bien que funcionaban estos mecanismos de ocultación para hacerse pasar por otra cosa, para integrarse y que la maquinaria pudiera seguir funcionando. Esto funcionaba igual con otras cosas, como cuando el propio ascenso social el hijo de mercaderes pasa a ser noble y en realidad, bueno, pues no es noble siempre.

Esto se ve muy bien en el teatro del Siglo de Oro, que es un instrumento magnífico. En una obra de Moliere, o bueno, en este caso español, en una obra de Lope de Vega o de Calderón estamos viendo como ella que es noble está enamorada de él que no es noble,. Imposible, no puede haber amor entre desiguales. Pero al final de la obra, arte de magia, resulta que no, que él es el hijo perdido de unos marqueses, que fue criado por unos mercaderes… por eso es tan inteligente, virtuoso, tan noble, vive como un noble, se comporta como un noble. Ella no es una simple fregona, no es una criada, sino que la niña que fue secuestrada por unos piratas o váyase usted a leer una historia más peregrina. Eso que puede ser un juego divertido en el teatro tiene mucho de verdad en cuanto a que existe un mecanismo constante de maquillaje de la realidad. Esa sociedad lo necesita para transformar una realidad que no gusta, que no es aceptable todavía. Que es aquella de que poderoso caballero es Don Dinero por citar a Quevedo o de que los cruzados hacen cruzados y dineros son calidad, que diría Góngora. Esa sociedad, esa realidad, no es aceptable y por tanto tienen que recrear constantemente la propia imagen que tiene de sí mismos, como hacemos hoy día también, como hace cualquier sociedad, incluso los individuos. La imagen que nosotros nos creamos de nosotros mismos pues a lo mejor no es exacta. Exactamente igual que ni que la imagen que tú esta percibiendo de mí ni que la realidad realmente de mi persona. Las sociedades no son también si no eso, un grupo de personas. Y al fin de cuentas, el objeto de estudio último de un historiador es la sociedad, y las mujeres y hombres de ese pasado.

La Roma del Renacimiento o del Barroco se explica con ese fluir constante de dinero que viene de diferentes estados católicos

P. Lo bien engrasado que estaba ese sistema estamental, tanto que llega hasta el siglo XIX. Me estoy acordando de la película de El Gatopardo, pero yo creo que llega incluso hasta nuestros días. El propio Enrique Soria creo que tiene una investigación de cómo los grandes apellidos cordobeses siguen siendo prácticamente los mismos hoy en día en los grandes tenedores de tierra. Somos hijos de aquellos años.

R. El caso cordobés también es cierto que es muy particular en cuanto a esa condición nobiliaria que Enrique tan bien supo sacar a la luz en obras que necesitarían una reedición, una publicación y una mayor difusión en inglés, como por ejemplo El cambio inmóvil. Qué estupendo título, que llama a la imaginación a eso que comentabas tú, a la novela del príncipe de Lampedusa y esa película de El Gatopardo, que refleja precisamente eso, el fin de ese sistema que a todos los efectos es extrapolable de la Sicilia de ese momento a la España de la misma época. Con el añadido aquí de toda esta cuestión étnico religiosa, de lo judeoconversos, los moriscos y demás. Somos hijos de ese pasado. De todas formas, eso no debe atarnos, no debe ser ninguna carga, simplemente nos debe servir para comprendiéndolo bien, para conociendo bien de dónde venimos y qué cosas pasaron y por qué pasaron entender mejor por qué cómo somos y por qué pasan las cosas que pasan ahora mismo y están las cosas como están. Ni pensar que la historia va a repetirse ni tenga por qué repetirse. No es esto ni un destino manifiesto como se decía de los Estados Unidos ni creo que exista ninguna Providencia en ese sentido que tenga marcado una finalidad de los tiempo y de la historia. Pero sí que es cierto que nadie puede pretender comprender bien la realidad que les rodea sin entender que es lo que ha venido antes. 

P. Permíteme una pregunta un poco nacionalista local. Me refiero a la última conferencia que diste en la que hablaste de Córdoba como capital del impero español por un breve periodo de tiempo. ¿Cuán cerca estuvo Córdoba de convertirse verdaderamente en la capital del Estado?

R. Estuvo muy lejos. Si ocupa ese lugar, es simplemente porque Córdoba está donde está. En ese momento tiene mucha importancia. Córdoba era una ciudad importante. En 1570 vive quizás el que va a ser su último momento de esplendor demográfico, económico, cultural durante el reto de la moderna antes de entrar en la crisis global que fue el siglo XVII. Eso tuvo su peso y el hecho de que había sido corte previamente. Los Reyes Católicos a fines del siglo XV están durante mucho tiempo en Córdoba. Córdoba es capital de Corte, de Castilla. No existe todavía esa idea de capital. Eso se va a crear con Felipe II en el siglo XVI precisamente con Madrid en 1561. Todo ese pasado se tiene en cuenta, pero sobre todo lo que pesa es la posición que tenemos en una guerra abierta, intestina, que es la rebelión de los moriscos en el Reino de Granada, cuya frontera está en el mismo sur de la actual provincia de Córdoba. Y claro, no había un lugar mejor que reuniera las condiciones necesarias de ciudad importante, con magníficas comunicaciones para los aspectos logísticos, con ese pasado que también sustentaba su elección para situar allí la Corte, para que el Rey estuviera cerca del frente, que no corriera peligro, evidentemente, y para controlar una situación que podría llegar a ser muy peligrosa por el desembarco otomano, si llegara a darse el caso. Reúne Cortes aquí. Sirven para sacar dinero. Y a Córdoba vienen desde el Nuncio de Su Santidad, embajadores, a conquistadoras de Florida, que vienen a pedir su su salario atrasado. Durante un muy corto periodo, apenas duró tres meses entre el fin del invierno y el principio de la primavera de 1570. De hecho, señal de que el mismo Rey tiene la idea de irse es que antes de acabar las Cortes ya piden que se terminen de celebrar en Madrid, porque ya había terminado el problema que justificaba que Córdoba fuera la capital en ese momento, que era la guerra en Granada. 

P. Sí, desde luego. ¿Qué posibilidades habría tenido de convertirse en esa gran ciudad? Lo que vino después fue un invierno demográfico y económico de Córdoba importante.

R. Sí, sí, un invierno importante. Hoy sabemos que se produjo una bajada de las temperaturas, la llamada Pequeña Edad de Hielo, como se conoce. Empieza a haber haber epidemias, Córdoba se sume a partir de ese momento, desde luego, en una etapa mucho más gris, mucho más oscura. Es interesante también, y eso lo estamos investigando ahora mismo para un próximo libro, como en esos años, hasta el fin del reinado de Felipe II, se aprovecha un poco el tirón de Córdoba para intentar en varias ocasiones que sea sede de una universidad, cosa que se venía intentando desde época de Carlos V. Hay un momento en que empiezan a fundarse universidades en España. En Andalucía se funda a principios del siglo XVI la de Sevilla, luego en 1531 la de Granada, la de Baeza, unos años después. Claro, por parte de un grupo de gente se va a intentar que Córdoba sea universidad y también se intenta cuando viene la Corte aquí. Y luego se va a intentar cuando se consiga tener en Roma a un gran personaje cordobés que está perfectamente vinculado con ese grupo que está detrás de que se haga una universidad, que es lo que podría llamar una clase media, por así decirlo. Es una medianía social, todos ellos judeoconversos, empezando por San Juan de Ávila y terminando por este personaje protector, que a partir de 1593 va a pegar un empujón de ese proyecto de Universidad, que es el cardenal Toledo. Lamentablemente muere en 1596 y ya con esto viene ya la crisis, y se abandona proyecto, pero llegó a estar muy, muy avanzado. Muy avanzado es que ya tenía su organigrama, las distintas facultades, una de Ciencias, otra de Humanidades, etcétera, incluso su plan de estudios. Todo muy estudiado. Un proyecto que no llegó a a cuajar, pero que refleja también ese momento breve de esplendor durante unas décadas que tuvo Córdoba a finales del siglo XVI. 

En 1570, Córdoba vive quizás el que va a ser su último momento de esplendor

P. Y ahí se apaga. 

R. Ahí se apaga. Luego ya pasamos a La feria de los discretos

P. Prácticamente hasta Pío Baroja.

R. Exacto. Y hasta posteriormente.

P. Sí. Hay como un intento antes de la Guerra Civil, ya nos estamos metiendo en historia contemporánea, y después regresa otra etapa oscura a la ciudad, desgraciadamente.

R. A la ciudad y a España, en general. Se acaba con muchísimas iniciativas culturales, educativas, de los trabajadores también. 

P. Entonces, en vez de 50 años de historia, este año la Universidad podría estar celebrando más de cuatro siglos. 

R. Sí, podríamos estar celebrando 470 años de la Universidad de Córdoba. Sí, pero bueno lamentablemente, las cosas no fueron así. También falló la financiación, pero fue un proyecto en el que estuvieron implicadas muchas instituciones, no solamente personajes particulares o la Compañía de Jesús. También el Ayuntamiento de la ciudad, en gran medida, que llega a presentar a Felipe II un memorial muy detallado, muy bonito con las causas por las que Córdoba tiene que tener universidad, cómo debería ser esa universidad, qué cargo debería tener, etcétera. 

P. ¿Y cómo debería haber sido la universidad?

R. Se habían pensando varias facultades, una de Artes, que sería lo que hoy entendemos por ciencias. En ese momento se entiende por ciencias todos los saberes, es decir que historia sería una ciencia. Son Artes que llamaríamos matemáticas, de hecho estaba prevista una cátedra de matemáticas, por ejemplo, o física o aritmética o astronomía. La música también a veces se metía aquí, son matemáticas a fin de cuentas. Estaba prevista una facultad también de teología, una facultad de humanidades que se llamaba en ese momento y una facultad que hoy entenderíamos una cosa un poco rara que era de casos de conciencia. Pero esto está muy ligado a un plan de estudios que en ese momento en el mundo católico era el más innovador, que es lo que se llamaba la Ratio studiorum, el plan de estudios desarrollado pues muy poquito. antes. Estamos hablando del año 1593 y la Ratio studiorum de los jesuitas se había publicado en 1591. Habían cogido el último plan de estudios que se había elaborado con una comisión internacional que se reúne en Roma para que estudien las últimas publicaciones más novedosas en su momento, claro, de humanistas sobre pedagogía y una docencia que se quería que fuera mucho más práctica y mucho más enfocada al día a día de la docencia en las aulas. De hecho, se populariza a partir de ese entonces utilizar libros de texto. El primer libro que recoge Valdenebro en su obra sobre la imprenta en Córdoba fue precisamente un libro de texto mediado el siglo XVI, que se va a publicar en este contexto, precisamente de los jesuitas, llegando con Fernando de Córdoba que es el patrocinador del colegio de Santa Catalina, que es lo que va a ser lo que se pretende que sea universidad. Hasta esa época el profesor leía las clases, llega y lee el libro de Santo Tomás, por ejemplo, o de Aristóteles, que solamente tiene él. Los alumnos copian. Ellos crean una dinámica nueva, una dinámica diferente que permite al alumno estar escuchando y aprendiendo, no solamente copiando al dictado gracias a que tienen ya manuales impresos que son los recomendados por cada profesor, por cada catedrático. Y eso es lo que se pretendía implantar en Córdoba, con un punto mucho más novedoso. 

P. Qué pena. ¿Y tenían sede?

R. Hubiera tenido una sede, además, que se consideraba muy buena, céntrica, que sería la actual plaza de la Compañía, al lado del Archivo Histórico Provincial de Córdoba. Lo único que nos queda de eso porque se abandona cuando la sede se expulsa a los jesuitas en 1767 es una parte que sería lo que actualmente ocupa la iglesia de Santo Domingo de Silos, que era la capilla de esa institución docente, y lo que hoy es el colegio de la Inmaculada Concepción. Este colegio primero pretendía ser un futuro colegio mayor y la sede central de la Universidad, junto con otras propiedades. 

Investigar es siempre una pasión

P. La historia no se puede reescribir pero entiendo que la ciudad habría cambiado mucho.

R. Una de las motivaciones que argumenta el Ayuntamiento de Córdoba es precisamente que se está empezando a notar un leve declive. Estamos todavía en 1593. Córdoba todavía no ha entrado en crisis. Está todavía en un momento económicamente bueno, pero a partir de la década de los ochenta se empieza a notar que algo está cambiando y una de las motivaciones que se argumentan para que Felipe II otorgue la universidad es subir el nivel económico de la ciudad. Los diputados saben que una universidad crea riqueza, tanto directa como indirecta. No es ya la matrícula que puedan pagar los alumnos, que se establece que sea la mínima posible, que las clases sean lo más abiertas posible en Córdoba y que se intente eximir al alumno de pagar mucho por la expedición de un título de grado, por ejemplo. También por toda esa cuestión indirecta, comercial, de movilización económica, que conlleva tener una universidad en una ciudad. Por tanto, es llamativo, me llama mucho la atención cuando lo estaba leyendo, esto está en el Archivo Municipal de Córdoba, tener esa idea tan clara de que una universidad crea riqueza, llama a más gente y esa gente tiene también necesidades de gasto. Con lo cual ,comercialmente también la ciudad se beneficia. Y con esto también se intentaba compensar un poquito lo que se estaba sintiendo, aparte de que evidentemente pues se quiere tener mejor formada a la gente. Se piensa mucho en ese sentido en que los jóvenes tengan un futuro, se dice, porque hasta ese momento solamente pueden estudiar aquellos que por su nivel adquisitivo pueden permitirse ir hasta Salamanca, por ejemplo, donde van realmente mayoría de los cordobeses, no tanto a Sevilla o a Granada, que también, pero sobre todo a Salamanca. Esta es una de las tres grandes universidades de Castilla en ese momento, junto con Valladolid y Alcalá de Henares, la Complutense de entonces. En Córdoba y si ponemos grados, que sea una cosa barata, porque los jesuitas se comprometen a no cobrar para dar gran parte de las clases, aunque se contrate evidentemente por oposición, como estaba previsto a mucho catedráticos y grandes especialistas y demás, pues va a facilitar mucho eso. Estaba incluso previsto el sistema de oposiciones. Incluso que se creara para intentar incentivar la inversión de posibles mecenas la creación de cátedras privadas. Estaba prevista hasta la dieta que había que pagar al señor catedrático de Salamanca que viniera al tribunal de oposición para esa plaza de profesor o de lector que se llamaba en ese momento. Contrato, por cierto, de solamente cuatro años para romper con la dinámica que era habitual. 

P. Entiendo que sigues investigando. No sé si lo estás haciendo para un próximo premio nacional o nos puedes decir en qué andas.

R. (Risas) Bueno, eso es algo a lo que uno no se presenta, tú no mandas la obra, sino que algún miembro del jurado tiene que elegirla, pues nunca se sabe. Sí, investigar es siempre una pasión, con lo cual que no entendería mi vida de otra manera. Ahora mismo llevo varias líneas. Sigo, por supuesto, con el tema este de mercados, mercado curial, cabildos de las catedrales, pero paralelamente también estoy investigando bastante sobre vino. Intento crear las bases para la generación de un valor añadido a esos productos que se puede aplicar en este caso al ámbito regional. Hablo del marco Montilla Moriles, y de ese valor añadido que sería el histórico, rastrear esa proyección comercial internacional que era mucho mayor de la que se conoce en el siglo XVI-XVII, rastrear la opinión de los vinos la zona por el resto del mundo. Rastrear esas líneas familiares del bodeguero o de explotaciones, de tipo de uva, del tipo de vino, de formas de hacer. Estoy preparando dos libros ahora, uno que saldrá más recientemente y más de tipo académico, y otro más divulgativo con un editorial bastante conocida. No dejo lo otro. Este año tengo que entregar un libro sobre el mercado curial precisamente. Pero tratado de otra manera diferente a como está tratado en el libro que premiaron. Este va a estar planteado más desde la perspectiva de determinadas vidas, anécdotas, y demás que nos sirve de instrumento para comprender ciertas cosas. Por ejemplo, hay un capítulo de una señora que está casi casi casi de parto en ese momento pero a la par está haciendo y deshaciendo con inversiones de capital en Roma. Ya digo que se pone de parto embarazadísima, ante el notario y demás. O el caso de un eclesiástico gaditano que es secuestrado por los piratas en un ataque. Y, claro, tiene que hacer chanchullos de este tipo de compraventa de cargos eclesiásticos precisamente para sacar dinero de su rescate y para esto tiene que contratar una serie de brokers y de intermediarios entre Inglaterra, la Península Ibérica, Roma que es donde va a conseguir esa posibilidad de para poder venderlo al mejor postor, etcétera, y que después llegue el dinero para poder ser libre porque al resto de sus compañeros los están matando por no pagar el rescate.

El hecho de que hasta hace poco no lo hayamos sabido el origen de muchos personajes nos dice mucho de lo bien que funcionaban estos mecanismos de ocultación para hacerse pasar por otra cosa

P. Desde luego todo es carne de novela histórica.

R. Es algo que me llama mucho la atención. En las series muchas veces dices, y porqué se han inventado esto, si es que la realidad documentada no es igual de interesante, es mucho más interesante que eso. España tiene una historia que bien llevada daría para muchas series Netflix o de HBO o de la cadena que fuera. 

P. La realidad siempre supera la ficción.

R. Sí, así es.

Antonio J. Díaz Rodríguez es a sus 39 años todo un premio nacional de Historia. Gracias a su investigación sobre el mercado curial, la compraventa de bulas entre el mundo ibérico y Roma, Díaz se ha convertido en el historiador de moda en Córdoba. El jurado eligió a su obra “por ser una investigación cuidada y rigurosa con un aire poético que arroja luz y acerca a una realidad poco estudiada y, en ocasiones, ocultada”.

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