Abdennur Prado: “Los conversos somos un recordatorio de que el Islam forma parte de esta tierra”

Entrevista N&B al poeta y pensador, Abdennour Prado

Abdennur Prado (Barcelona, 1967) aparece cojeando por el Patio de los Naranjos una soleada tarde de octubre, mientras los operarios montan una de las instalaciones de Flora. Una lesión de cadera hace que su paso no sea firme, pero no le ha impedido llegar andando al templo desde la zona sur de la ciudad. Tampoco le impide subirse a los muros de la Mezquita para posar para las fotos. Es entonces, con el nerviosismo del que se siente apuntado por el foco, cuando surge por primera vez en la entrevista su risa.

La risa de Abdennur Prado es una carcajada sonora y contagiosa. Y además tiene inmunidad diplomática. Aparece incluso cuando el debate -religioso, filosófico o vital- se adentra en el territorio de la confrontación de ideas. Claro que Prado está más que acostumbrado a plantar semillas de incomprensión. A veces dan frutos. Otras sólo esquejes de pensamiento sobre los que siempre puede uno volver. En su dilatada carrera, ha publicado libros y artículos muy discutidos, sin eludir en ningún caso su visión humanista de la cuestión teológica.

Al fin y al cabo, como confesará en esta charla, su primera militancia fue el ateísmo. La negación de lo superior. A partir de ahí, ya vino su conversión, que tuvo lugar en la Córdoba de la Junta Islámica de Mansur Escudero; la dirección, durante el frenético lustro 2001-2005, del portal Webislam; la presidencia de la Junta Islámica Catalana; y sus libros, con títulos tan sugerentes como Ser musulmán en España. Derechos religiosos y debate identitario (Milenio 2013), El islam como anarquismo místico (Virus, 2010), El islam anterior al Islam (Oozebap, 2007) o El rostro materno de Allah: Aportes al feminismo islámico (Cántico, 2020).

Pero antes de todo eso, está su propia historia. Que arranca en el Raval barcelonés y con un deseo de conocer Córdoba.

PREGUNTA. ¿Qué es lo que te trajo a Córdoba?

RESPUESTA. Yo he venido a Córdoba en dos fases. La primera vez fue antes de mi reconocimiento del islam. Yo trabajé en Barcelona durante años en la noche. En el mundo de las copas, en la noche barcelonesa.

P. ¿Dónde?

R. En el Raval de Barcelona hasta altas horas de la noche. Pero yo tenía una inquietud con la poesía espiritual y había tenido una emergencia espiritual, así que ya llegó un momento en que estaba tan lleno de contradicciones que dije: tengo que dejarlo todo. Tengo que dejar esta vida y romper. Y no se me ocurrió otra cosa que venirme a Córdoba.

P. De repente. De la nada.

R. No conocía a nadie en Córdoba, pero sentía una atracción. Era la Córdoba de las tres culturas y a mí me interesaba el islam, el judaísmo, la mística… Pero yo vine aquí sin la intención de establecerme. Como tenía dinero, mi idea era venir y conocer el sur. Me atraía mucho el sur, siendo yo barcelonés. Pero llegué, bajé de la estación de tren, me fui a dejar la maleta en una pensión para estar un par de días, me fui a desayunar, y el camarero me preguntó: ¿Qué haces aquí? Y le dije: pues mire, aquí estoy, buscando un piso para quedarme. Y él me dijo: “Ángela, la mujer que tiene esa casa, alquila un piso”. Me acabé el desayuno, abrí esa puerta y a los 20 minutos de estar en Córdoba, tenía un piso.

P. No me lo puedo creer.

R. Te lo juro. Para mí todo eso fue la confirmación de que estaba yendo en un buen camino, de que estaba siendo guiado.

P. Es que suena a tierra prometida.

R. Suena a una tierra que te recibe con los brazos abiertos y te pone facilidades. Y hay más. Esa mujer era bastante mayor. Tenía 80 años, la que me enseñó el piso. Se llamaba Ángela, un ángel de la guarda, y me dijo: “Lo siento, te lo enseño pero ya está comprometido”. Y yo le dije, no se preocupe. “¿Qué haces aquí?”, me preguntó. Y le dije: Pues mire, yo vengo a escribir poesía. Y me dijo: “¡Ay no me digas eso: el piso es para ti!”. 

P. ¿De qué año estamos hablando?

R. Esto ocurrió a finales del 99. Yo tenía entonces 33 años. Es una historia de esas que te preguntas, ¿la he vivido?

P. Ah vale, pero entonces tú te conviertes aquí en Córdoba. Yo pensaba que te habías convertido antes de venir.

R. No, no, no. En Córdoba. Yo dije: Si uno cree un poco en los signos que se le presentan y se deja llevar por las cosas que le suceden, pues Córdoba me llama y ya está. Así que me volví a Barcelona y me traje mis cosas y me instalé en Córdoba. Y, al cabo de unos días, digo: ¿Y ahora qué hago yo aquí en Córdoba sólo? Y pasaba por el callejón de la Hoguera y allí decía: Universidad Islámica Averroes. Y dije: Aquí me meto. Entré, allí estaba Alí Ketani, que en paz descanse, y le expliqué que quería estudiar ciencias del islam. Así que me matriculé ese mismo día. Y empecé a dar clases y Abdelmumin Aya, que era el director de Webislam en ese momento, daba clases de metafísica islámica, unas clases muy participativas. Así que yo me sentía totalmente implicado con lo que me estaba contando, por mis lecturas. Tanto que se me acercó y me dijo: ¿Pero tú cómo sabes tanto del islam? 

P. Vamos, es que estaba cantada la conversión.

R. Y entonces, un día yo estaba en el piso y me empecé a preguntar qué estaba pasando. Yo tengo una formación atea totalmente. Yo era ateo militante, de Foucault, Nietzsche, Bataille… Ateo heavy. Pero, hay experiencias que desbordan cualquier filosofía. Y en ese momento sentí el impulso de postrarme y decir Allah. Y lo hice. Fue la primera vez. Y sentí el vértigo de entregarme. Y me levanté e hice, por primera vez en mi vida, un duha, una plegaria: “Te pido dos cosas: una mujer con la que pueda fundar una familia -yo quería tener hijos- y un trabajo que me permita desarrollar toda mi dimensión creativa e intelectual”. Pues al cabo de un mes tenía las dos cosas. 

El islam es libertario por naturaleza

P. La mujer y el trabajo.

R. Vinieron juntos al cabo de muy poco. El trabajo con Webislam, y mi pareja, Sofi, que era una francesa que un día se presentó en la clase de metafísica islámica. Y fue en seguida, unos días después de conocernos, decidimos casarnos. Entonces, en unos días, en un lapso de unos dos meses, yo pasé de trabajar en la noche barcelonesa a vivir en Córdoba, trabajando en Webislam, prometido para casarme y converso al islam.

P. Bueno, pues ya está, terminada la entrevista.

R. (Se ríe) Es que es alucinante. Todo fue de tal manera, que solo puedes rendirte. O sea, porque cuando yo subí a Almodóvar del Río, te cuento... Abdelmumin Aya me dijo al acabar una clase: “Quiero hablar contigo. Mira, he tenido un sueño. He soñado que tú tienes que sustituirme en la dirección de Webislam”. Y yo le dije: Pero Abdelmun, si yo no soy musulmán. Y él me dijo: “Si tú no eres musulmán, yo no he conocido a ningún musulmán en toda mi vida”. Así que me comunicó que tenía que hablar con Mansur Escudero. Y subimos a Almodóvar y allí estaba Mansur, con el ordenador trabajando. Y Abdelmum llega y dice: “Mansur, te presento a Ignacio y te traigo mi dimisión como director de Webislam”.

P.

R. “Pero no te preocupes que Ignacio me va a sustituir”. Y yo, claro, dije: Abdelmum, a mí no me hagas esto. Y Mansur me miró con una cara de pero tú quién eres. Pero, como tenía tanto talante, dijo: Vamos a tomarnos un té y a charlar. Y, al cabo de dos horas estaba comiendo con su familia. 

P. Lo que se echa de menos a Mansur.

R. Sí. Mansur era la hospitalidad más exagerada… Buah. El caso es que ya está. Ya se había formado todo. Ya me había cambiado la vida. Y entonces me casé, tuve mi hija mayor, me convertí en director de Webislam. Y hubo el 11S, el 11M, Webislam se disparó de una manera que me absorbía totalmente. Era un trabajo muy heavy. Pasamos de tener 40.000 visitas mensuales a 2 millones de visitas mensuales. Te hablo en 2002, o sea, fue un boom en ese momento, porque había una demanda de información brutal y porque Webislam era la única web en castellano que la daba, no de forma mecánica, sino que discutía temas y se planteaba cosas. 

P. Era una web con capacidad de plantear debates.

R. Sí. Huíamos de la apología y sacábamos todos los debates. Cuando sacamos una noticia de lapidación, pues abrimos el debate de por dónde viene, vamos a deconstruirlo porque esto no tiene sentido, porque no tiene sentido obviamente, ¿no? Entonces hicimos exégesis. Pero no en plan eruditos, porque, como decía Mansur, éramos una comunidad interpretativa. En comunidad, se replantean muchos temas que han quedado obsoletos, y cuáles son los fundamentos, etcétera. Y lo hacíamos de manera creativa y con el ejemplo de Al Ándalus, donde hicieron lo mismo. Y éramos muy pocas personas, pero con capacidad de impactar a nivel internacional. O sea, hicimos, en un pueblecito como Almodóvar, acciones que tuvieron impacto internacional.

P. Totalmente. Sin embargo, te acabas yendo.

R. En el 2005. Yo tuve, al final del Ramadán, otro sueño. Tuve el sueño de un congreso internacional de feminismo islámico. Y me desperté y dije: ¡Ostras! (Me enseña el brazo) Mira, se me ponen los pelos de punta. Qué orden. Es una orden de Alá, del interior, de tu corazón, de tu mente, llámalo como quieras. Es algo que sientes que tienes que hacer. Así que empecé a escribir y diseñé el congreso. Y con eso me fui a ver a Mansur y le dije: Tengo que hacer esto. Y él me dijo, Bueno vale…

P. ¿Pero más allá del sueño, de dónde parte la idea?

R. Pues cuando yo era director de Webislam. Estamos en la era digital -y parece que muchos periodistas no se han enterado o les ha costado mucho enterarse-, y detecté que, si salía en 2004 una noticia de Shafiya Hussein en El País o El Mundo, contando que estaba condenada a la lapidación, pues son noticias, cierto, pero no se puede ignorar que siempre hay una intencionalidad. Yo llevaba una web islámica, ¿no? ¿Qué hacía? ¿Nigeria? ¿Cuál es la asociación que defiende a estas mujeres? Pues contactaba con ellas. Empecé a contactar, les hacía entrevistas y mantenía una relación. Y así es cómo te enteras de que todas esas leyes de la lapidación son leyes locales para Zamfara, para esa región concreta de Nigeria. Zamfara es como España, cuidado. Y te enteras que ellas lo ven como un colonialismo saudí. Los saudíes se están infiltrando y se han apoderado de los tribunales. Han dado dinero para campañas políticas, y los políticos ponen a jueces con su ideología wahabita, que están minando el islam tradicional y trayendo su visión de islam oscurantista. 

Entonces te das cuenta de que la cosa es más compleja. Que hay una complejidad. Y sobre todo, yo me di cuenta de que había muchas organizaciones de mujeres musulmanas y activistas musulmanas trabajando en temas de género. Y cada vez que salía un tema de género, que es habitual en la prensa, no se les daba voz. Y yo encontraba lecturas alternativas. Entonces, cuando tuve ese sueño, visualicé traer a todas estas mujeres con las que yo había entrado en contacto y pensé: Hay que juntarlas a todas. Y surgió esto. Esto fue en 2005. 

P. Que es cuando acabas en Cataluña, ¿no?

R. Sí. Yo vi claramente que eso no se podía hacer en Andalucía, con todo mi amor. Era el momento del tripartito en Cataluña y teníamos relaciones con la Generalitat porque ellos, en parte, tenían muchos problemas -en el islam en Cataluña hay muchísimos más problemas que en el islam en Andalucía- y se preguntaban por qué no había una junta islámica, con un discurso parecido al que había aquí, pues allí. Entonces, yo fui y a la directora de Asuntos Religiosos de la Generalitat le planteé la posibilidad de hacer un congreso internacional de feminismo islámico. Y ella se quedó alucinada. Y me pidió que fuera a hablar con el Instituto Catalán de las Mujeres. Y allí fui, y se entusiasmó. Así que me fui a Barcelona para hacer el congreso. 

El cordobés tiene una relación ambigua con todo lo relacionado con el islam

P. Y acabaste como presidente de la Junta Islámica Catalana.

R. Sí. Fundamos la Junta Islámica Catalana. No éramos muchos. No sé si doce, en ese momento. Y creo que en Cataluña fui tan cañero con la Generalitat, el Ayuntamiento y los políticos, que al final me quemé… 

P. Quemaste los puentes por los que tenías que cruzar, ¿no?

R. Sí (Se ríe) Bueno, no sólo eso. Al final, yo también echaba mucho de menos la comunidad de Almodóvar. Así que aguanté hasta 2010.

P. Oye, me has contado antes cómo fue tu conversión, pero ¿cómo afectó en tu círculo íntimo?

R. Bueno, mi mujer bien. Ella perfectamente. Yo decidí decírselo a mis padres. Pero, claro, yo me reconocí musulmán y en seguida comencé a trabajar en un medio. Y firmaba con pseudónimos, pero claro, me hacían fotos. Y no quería que mis padres se enterasen de que me había hecho musulmán viendo la tele o que alguien les diga que me ha visto en la tele. Entonces, un día cogí el tren y me fui a Barcelona sólo para decírselo. Papá, mamá, quiero hablar con vosotros, y se lo dije. Y mi madre se levantó y salió corriendo.

P. ¿Corriendo?

R. Y gritando: ¡¡Aaaah!! Y mi mujer salió detrás y le dijo: ¿Pero qué pasa? No pasa nada. ¿Por qué te pones así? Y mi mujer dice que mi madre le dijo: “Porque los odio” (Se empieza a reír). Mi padre se quedó allí. Mi padre era una persona muy racionalista, muy agnóstico, y me dijo: "Esto es por la política". Rápidamente le buscó la explicación racional. Pero bueno, al margen de esa reacción inicial, todo fue luego como la seda. Y con mis amigos, pues es que yo había cortado con el mundo de la noche. Conservo amigos, los que se salieron también de la noche, y bueno, siempre me han tenido por alguien un poco excéntrico, con inquietudes raras, que si la poesía y la mística...

P. O sea, que ni tú tienes reproches que hacer, ni te dolió demasiado ningún reproche.

R. La verdad es que no.

P. ¿Qué diferencia hay entre una comunidad como la que hay en Córdoba y aquello?

R. En Cataluña nunca fuimos una comunidad en el sentido de Almodóvar. En el sentido de que nos reuníamos de vez en cuando, pero cada uno estaba en su casa. El caso de la Junta Islámica y Almodóvar, es que Mansur tenía una casa que era el lugar de la comunidad. Él la llamaba Dar es Salam. Las puertas estaban abiertas. Siempre había gente. Es un caso único, es muy especial… Era una finca en el campo a la que iba muchísima gente. Y te preguntas cómo podía ser que ocurriera algo así en un pueblecito de Córdoba. Hay gente que es así. Mansur Escudero era como un imán, tenía una enorme capacidad de atracción. De repente mirabas y había uno de Irán, otro de Malasia, otro americano, dos suecos, unos catalanes… Decías, pero ¿esto qué es? 

P. Aparte de que los problemas que podría haber en una comunidad como esta no tienen nada que ver con los problemas que afronta la comunidad islámica en Cataluña.

R. Claro, claro. Cuando yo hablo de comunidad no me refiero al conjunto de los musulmanes catalanes.

P. Yo te preguntaba por eso, por las diferencias entre ser musulmán en Córdoba y serlo en Barcelona.

R. En Córdoba no hay lo que había en Cataluña en ese momento. Ni lo había entonces, ni ahora tampoco. Toda la inmigración, ya en barriadas, con problemas para abrir mezquitas, con infiltración del salafismo... No, allí había problemas económicos fuertes, de pisos pateras… O sea, una serie de problemáticas que aquí no se dan.

El poder que tiene la Iglesia en esta país es una cosa espeluznante

P. ¿Cómo es la comunidad de Córdoba?

R. (Hace un gesto de no tener ni la menor idea) Yo es que la comunidad con la que me he hecho…

P. Pero seguro que vas más allá y algo conoces.

R. Bueno, es dispersa. No hay prácticamente lazos comunitarios que yo sepa. Bueno, perdona, sí que los habrá, solo que yo no los conozco. Hay una mezquita en la plaza de Andalucía, pero es que yo no la frecuento.

P. ¿Por qué?

R. Bueno, mi problema es que leo y estudio demasiado (Se ríe). No, a ver, cuando uno lee y estudia mucho, puede pasar que llegue a conclusiones particulares sobre temas. 

P. Y la conclusión particular es enemiga de lo comunitario.

R. No debería ser, pero a veces choca. Y yo, por ejemplo, desde que empecé con todo esto del feminismo islámico -porque he tenido la suerte inmensa de conocer bien a las principales feministas musulmanas del planeta, en muchos casos con verdadera amistad-, me dije: esa es mi comunidad. Porque con estas musulmanas es con las que me siento más a gusto. No quiero desmerecer a nadie, pero simplemente, pues bueno...

P. Vaya, que las mezquitas no son tu lugar de rezo predilecto.

R. Para mí un sitio donde las mujeres y los hombres no rezan en la misma sala me repele. Antes no me importaba. Bueno, lo aceptaba porque eran las normas del lugar. Ya está. Pero es que ahora me repele. Entonces, claro, eso hace que choques con muchas costumbres. Porque, no solo me repele, es que sé que es contrario a la enseñanza del profeta. En la Mezquita de Medina, hombres y mujeres rezaban en la misma sala. ¿Por qué en Córdoba, en el siglo XXI, las mujeres están atrás, o no están, o no caben, en muchas mezquitas? Es un disparate. Y como yo sé esto y sé muchas, muchas cosas más…

P. ¿Cómo crees que es de respetuoso el cordobés con el musulmán?

R. ¿Con el musulmán? No sé contestar a eso. En general, creo que el cordobés es respetuoso con todo.

P. No crees que Córdoba se esté empapando de los cantos de sirena de la islamofobia.

R. Yo no lo percibo, pero no lo sé. Lo que pasa es que yo soy rubio, ¿sabes?

P. Lo cual no es ninguna tontería. Parezco yo más musulmán que tú.

R. Claro, exacto (Se ríe). Yo cuando voy a los sitios, no me presento como Abdennur. Si bajo al bar a tomar café o a ver un partido de la selección, que no es algo que haga habitualmente, no digo: Soy Abdennur, qué tal. Entonces, no lo percibo. Pero es que yo estoy bastante aislado. 

(Sobre el hiyab) Para mí lo que es importante es la libertad de escoger

P. Estás en las antípodas de tu época en Cataluña, donde sí estabas más involucrado en esto.

R. Bueno, es que en Cataluña sí que había mucha islamofobia. Se percibía, vaya. Claro, tú me has preguntado por el cordobés. Yo creo que el cordobés tiene una relación ambigua con todo lo relacionado con el islam. Por una parte, dice: es parte de mi cultura y mi legado, pero, ahí está, lo dejaron los moros, que no somos nosotros. Es como, es mío, pero es del otro.

P. Hay como una cierta indiferencia que puede ser incluso más insultante si uno analiza el legado de Al Ándalus, ¿no? A veces quiero pensar que es desconocimiento, porque ser indiferente ante las luces de este legado…

R. Lo desconoce. Pero no es solo que lo desconoce, sino que hay una narrativa histórica y estandarizada, a nivel europeo, y que es producto de la modernidad y el progreso, que se mezcla con el discurso, ya no diré nacional-católico, sino castizo…

P. Puedes decir perfectamente nacional-católico. 

R. Sí. También. Sería otra fase. Esta narrativa histórica hace que lo árabe-musulmán quede como algo totalmente ajeno a lo que uno es. Pero son narrativas que no están pensadas desde Andalucía. Están impuestas a Andalucía. Es lo que decía Antonio Manuel de que, cuando va a un colegio y pregunta de dónde era Lorca, todos responden que era andaluz, pero cuándo pregunta de dónde era Averroes, nacido en Córdoba… ¡Egipcio! (Se ríe) Es imposible. Hay algo que hace imposible pensar lo islámico como andaluz, cuando salta a la vista (comienzan a repicar las campanas de la Mezquita-Catedral). Es como una interferencia.

P. Una como estas campanas. Ya nos ha escuchado el obispo. 

R. (Se ríe) Puede ser.

P. No sé, me da la impresión de que, cuando tú llegaste a Córdoba, hace 20 años, había un puente mucho más transitable hacia nuestro pasado andalusí, que ahora que vivimos en una época de conocimiento brutal y con acceso instantáneo en la mano. Creo que hoy estamos más lejos de nuestro pasado de lo que estaba Córdoba en el 99.

R. Sí, sí. 

P. ¿Por qué crees que ha ocurrido esto? Yo tengo mi teoría, pero cuéntame la tuya.

R. A ver, en estos últimos 20 años, en el contexto de la geopolítica internacional, las nuevas narrativas y el nuevo orden mundial, se ha convertido al islam en enemigo preferente tras la caída del comunismo. Y España, o ciertos sectores de España vinculados con el poder, se han apuntado a esa narrativa y ha habido todo un proceso hasta de financiación de discursos legitimadores, con un montón de libros escritos y fomentados desde los gobiernos -Aznar hizo unas campañas con FAES tremendas- de recuperar los mitos, borrar la leyenda negra y reafirmar la españolidad más rancia. Y repetir esa narrativa histórica de que los romanos vinieron y se establecieron, los godos pasaban por aquí, pero los árabes nos invadieron. Esos son los malos. Los otros dos son parte de nuestra identidad, pero los árabes nos invadieron y los echamos. Y se repite y se fomenta ese discurso en el contexto de la geopolítica internacional. 

P. Y acaba calando.

R. Sí. Acaba calando.

P. Hasta el punto de que un alcalde como Almeida diga cosas como la última que dijo hace poco.

R. No sé qué dijo.

Feminismo significa colonialismo en la mayor parte del mundo árabo-musulmán

P. Algo de que no le va a pedir a los musulmanes que pidan perdón por invadir la península. 

R. Ah, vale.

P. O sea, el tipo se llama Almeida. Almeida, apellido musulmán. Y es alcalde de Madrid, Mayrit, que resulta que la fundó un cordobés y es la única capital europea fundada por musulmanes. 

R. Almeida, exacto, sí, sí (Se ríe). 

P. No sé si esto tiene más que ver con la decadencia intelectual de la clase política y también social, acrecentada en los últimos 20 años.

R. Sí. Pero hay una ceguera y una miopía política enorme, ya no hablando sobre qué es la verdad, sino de la construcción de la historia, porque España podría ser el centro del mundo. Si España reivindicase su dimensión latina, con América del Sur, su dimensión Al Ándalus, con el mundo árabo-musulmán y su europeísmo... Es que es increíble. Creo que sólo Turquía pertenece a tres continentes, como España. No hay otro país igual. La riqueza de posibilidades que daría explorar esa identidad de manera inclusiva que tiene España no la tiene ningún país. Europeo, por lo menos, ninguno.

P. Se da la paradoja de que ayer celebrábamos el día de la hispanidad y los españoles de bien estaban reivindicando todo lo que España le dio a Latinoamérica, al tiempo que suelen ser los mismos que ignoran todo lo que Al Ándalus le dio a España. 

R. Claro. Es que hay tantas capas en la narrativa orientalista, islamófoba, nacional-católica e ilustrada… Hay tantas capas y están tan metidas… Porque, no sé si estaréis de acuerdo, pero a los europeos nos educan para pensar que somos la cumbre del mundo. Y el europeo no lo ve como algo malo, sino como algo evidente. Entonces, como estamos educados en la creencia de la superioridad del hombre blanco, eso no nos lo quita nada ni nadie. Es que pensamos que Europa representa la modernidad, la ciencia, el progreso, la razón, y los otros son los salvajes, atrasados, la magia… Siempre ha sido así. Es un discurso brutal, una apisonadora, es que no deja resquicio. Es que hay que deconstruir mucho, eh.

P. Y que además acaba permeando hasta acabar, en algunos caso, en marginalización como tú has visto en Cataluña. ¿En España se está marginando a la población musulmana o está cundiendo la idea de que los musulmanes no se adaptan al país? Eso a pesar de que una buena parte de las familias españolas se parece más a una familia de Marruecos que a una de Suecia?

R. Bueno, si nos vamos a algo tan claro como la situación jurídica de los musulmanes en España, como minoría religiosa, tal y como está estipulado en este país, las leyes garantizan una serie de derechos religiosos a los ciudadanos. A cualquier ciudadano. Te hablo del derecho a abrir mezquitas o a ser enterrado según el rito islámico, protestante o budista. Porque, si uno es budista, tiene derecho a ser enterrado como budista, digo yo. Eso es libertad religiosa, ¿no? Pues hay una ley, la Ley de los acuerdos de cooperación, firmada en 1992 entre el Estado Español y la Comisión Islámica, donde se regulan los derechos religiosos de los musulmanes en España, y sigue sin cumplirse. No se cumple. Es que no estoy hablando de reivindicación. Estoy hablando del propio estado español: El propio Estado Español no cumple sus leyes con respecto a los musulmanes. 

P. ¿En qué sentido?

R. Por ejemplo, respecto al derecho a ser enterrado. En Córdoba, hay una parte del cementerio para los musulmanes, pero hay muchos sitios donde no lo tienen. Te hablo de las dificultades que hay para abrir mezquitas. Es brutal. Hay informes de Naciones Unidas que advierten de la dificultad para abrir mezquitas en España. En Cataluña, era un tema que me enfrentaba casi cada semana, a gente a la que no le dejaban abrir un mezquita. O sea, ¿cómo puede ser? 

P. ¿Qué excusas le daban?

R. Le ponían todo tipo de trabas que a otras comunidades no se les ponían, o informes que se alargaban años… Situaciones absolutamente kafkianas, de burocracia, que llevan a la desesperación. 

P. Claro, es que creo que en España, para el status quo, la idea del buen musulmán es como la del buen homosexual: que haga lo que quiera, pero en su casa. 

R. Ya. Yo creo que en general los españoles somos bastante libertarios, pero España es un país con muy poca costumbre de libertades públicas y minorías. Entre otras cosas, porque las expulsamos para crear una España unitaria. Entonces, como que sobran, como que molestan. No hay esa costumbre. Todavía estamos muy verdes. Y lo que ha pasado en España es que carece de esa costumbre anglosajona del norte de Europa, de los Países Bajos, de la tolerancia religiosa, que lleva siglos, y del multiculturalismo.

Un sitio donde las mujeres y los hombres no rezan en la misma sala me repele

P. Aquí, lo que impera es el catolicismo, aunque uno sea ateo. Alba Rico habla en su último libro de que España está llena de católicos ateos, que toleran todo lo relacionado con la iglesia.

R. Bueno, el poder que tiene la Iglesia en esta país es una cosa espeluznante. Y perdón por usar esta palabra, pero es que es algo brutal. Yo, cuando estaba en Cataluña, proponíamos acciones y muchas veces no entendía por qué algunas no salían. Y conocía a mucha gente de la política y tal. Y una vez, alguien me dijo: “¿Todavía no te has dado cuenta? No es el político con el que hablas el que lo decide. Lo decide el obispo de Barcelona”. Porque el político, aunque sea de ERC, le va a consultar al obispo. Así me lo dijeron de claro. Y entonces lo vi yo también claramente. Y en Cataluña lo que pasa es que, como los catalanes nos creemos que no somos culpables del franquismo y que el nacional-catolicismo es una cosa de la Meseta y los castellanos, no hemos hecho limpieza del nacional-catolicismo catalán, que es más racista y más bestia todavía, y más poderoso que el castellano. Y cuando vas a la Abadía de Monserrat, pone “Cataluña será cristiana o no será”. Así, ya está, no pasa nada.

P. Aquí en Córdoba tenemos una leyenda maravillosa, la de cuando Julio Anguita le dijo al obispo: “Usted no es mi obispo, pero yo soy su alcalde”. Pero, volviendo a lo que dije antes, esa época es historia. Hoy me da la impresión de que a veces el obispo es el alcalde del alcalde. 

R. Sí, sí (Se ríe).

P. ¿Qué es para ti un buen musulmán?

R. (Se lo piensa durante unos segundos) Un buen musulmán es alguien que no se pone en el centro… A ver si me explico. Es alguien que sabe, reconoce y vive, sabiendo que él no es el centro del mundo. Y entonces se siente como una criatura más, se siente hermanado a todo lo que le rodea. Eso lo hace, de manera natural hospitalario, de manera natural afable, de manera natural generoso. Y de manera natural debería hacerle tender a lo comunitario, a poner la comunidad por encima de su ego, a tener la noción de servir a los demás y a sentirse bien sintiendo a los demás. Y también, esa confianza y esa entrega confiada que te hace fluir, entregarte y establecer ese sentimiento de hermandad con el resto de las criaturas. 

P. Un musulmán libertario.

R. Bueno, es que el islam es libertario por naturaleza. 

P. Pero la visión que hay del islam es justo la contraria.

R. Por supuesto, pero…

P. También del cristianismo. Digamos que la religión se ve como antilibertaria por naturaleza.

R. Claro. Tráeme el evangelio y te leo un par de discursos de Jesús: “He venido a separar al padre de la madre”, “he venido a destruir las familias”, “he venido a traer la espada y no la paz”, “si quieres ser mi seguidor, abandónalo todo y sígueme”. Todo esto lo dice Jesús en el Evangelio.

P. Pero de esos también tendrá Mahoma.

R. Bueno, quiero decir que… Es que Mahoma era más pragmático que Jesús, era un comerciante. No era un profeta loco. 

P. Es que entre uno y otro median seis o siete siglos.

R. Claro, claro, sí sí sí. Mahoma era un hombre muy práctico, que dice: Tú confía en Alá, pero ata al camello (Se ríe).

P. Te lo decía porque la imagen que tenemos nosotros de los musulmanes, al igual que los católicos cerrados, es la de la prohibición, la coacción, etcétera.

R. A ver, yo te lo digo claro: el profeta hizo una prédica y lanzó un mensaje que era totalmente revolucionario para su tiempo y que destrozaba todo el status quo existente, porque demandaba a todos rebelarse contra la religión de sus padres. Era totalmente revolucionario. Quería instaurar un orden nuevo, basado en la hermandad y en el cual no había cargos. En la ciudad de Medina que fundó no había cargos, no había cárceles, no había instituciones. Mahoma nunca tuvo un cargo, porque era una comunidad anárquica. 

P. ¿Pero históricamente fue así? Porque eso me suena a la idea de que Jesús fue el primer comunista.

R. No, es que históricamente es así. Es lo que se ve leyendo los jadices. Había un líder, claro, totalmente. Pero no era un líder que se impusiera a los demás. Era un líder al que tú decidías seguir y reconocías como líder. Pero, si pasaba algo, él nombraba a alguien para que juzgase ese caso, pero no establecía la figura del juez o del tribunal. 

A los europeos nos educan para pensar que somos la cumbre del mundo

P. De todo esto es lo que hablas en tu libro sobre el anarquismo.

R. Sí, claro, pero porque no hay una sola institución en la comunidad de Medina. Por lo tanto, es una falacia lo que dicen los orientalistas del profeta como jefe de estado. ¿Un jefe de estado que no crea ninguna institución? Entonces ¿quién fue el que creó todas las instituciones posteriormente? Fueron los sucesores quienes crearon el ejército, el censo, la policía, las cárceles, los impuestos… Pero en la comunidad de Medina no había eso. 

P. Creo que, si yo flipo con esto, más deben flipar los musulmanes con tus libros.

R. Pues realmente el libro El islam como anarquismo místico no ha recibido críticas de musulmanes diciéndome barbaridades. Así como con otras cosas sí. 

P. Por ejemplo.

R. Mi ensayo sobre la homosexualidad. Me han intentando rebatir todo por todas partes. O otras cosas. 

P. La religión como colonialismo, la homosexualidad, ahora el feminismo… Te metes en el jardín del profeta tú solito.

R. Sí, sí, me encanta. 

P. Supongo que algún problemita te habrán causado. No digo que te hayan hecho una fatua, como a Rushdie…

R. No. Lo que pasa es que yo dirigí Webislam del 2000 al 2005, que era una época en la cual no paraban de salir temas polémicos. Y yo como director de Webislam me sentía obligado a entrar en ellos. Pero bueno, es que la prudencia no es lo mío. Y yo me metía, me metía a estudiar los temas, y luego los presentaba. Por eso era genial Mansur y la comunidad que construyó. Es que me acuerdo con los libros de jadices, el Coran, los tratados de jurisprudencia encima d ela mesa, y venga a ver éste qué dice y qué dice el otro… Era alucinante, porque deconstruíamos totalmente, y decíamos: es que no hay base ninguna para esto o para esto otro. ¿No dice el Corán que tal? No, no lo dice. Son ejemplos. Era un trabajo muy muy creativo, pero sí, te tenía que gustar la marcha.

El tema de la homosexualidad fue porque es un tema importantísimo, pero también porque recibí una vez una carta de una persona, no sé si era argentino, que me decía: “Estoy enamorado del islam, llevo estudiándolo desde hace años, rezo en mi casa, pero no me puedo convertir, no me puedo reconocer musulmán, porque soy gay”. Y yo dije: ¿Y qué? “Pues que me dicen que la homosexualidad está prohibida en el Islam”. Y yo, pero bueno, ¿quién puede echar a nadie del Islam, si es el din de Alá? Entonces me puse a estudiar eso, porque tenía que entenderlo. E hice mi ensayo, hice mi exégesis. Eso en el 2006. Y luego, años después, me encontré con mucha otra gente en congresos internacionales, que había hecho la misma lectura que yo.

P. ¿Qué lectura? Entiendo que es que el Corán no condena expresamente la homesexualidad.

R. Que todo el episodio del profeta Lot en el Corán, donde se basa esta creencia, parte de unas aleyas que si tú las lees separadas del conjunto parece que puede que sea eso. Pero es que, si tú lees el conjunto entero, se está refiriendo a las leyes de la hospitalidad, a la promiscuidad desatada, a violar a los extranjeros… ¿Violar a los extranjeros porque sean hombres no es homosexualidad? Yo sé que tú lo sabes, pero es que yo le he tenido que explicar esto a alguien. Amor consentido entre dos hombres o dos mujeres es homosexualidad. 

P. Lo otro tiene más que ver con la humillación al enemigo, claro. Pero, de todas formas, si persigue la promiscuidad, también estás sacando a gente del Islam.

R. Bueno, pero en el caso de Lot, se refiere al exceso total. A lo que te digo, que violaran a los extranjeros, la depravación.

P. El último gran tema del que has escrito es el feminismo. Otro gran tabú. Sé que llevas trabajando en ello desde 2005.

R. Sí. Hicimos cuatro congresos internacionales de feminismo islámico.

P. Y todo ello ha acabado en el libro. Y este es otro jardín enorme. Para el islam y para occidente. Porque, ¿se puede ser feminista bajo un velo?

R. Mira, te voy a contestar. En el segundo congreso de feminismo islámico vino Tanzila Taz, que es la presidenta de una asociación de mujeres lesbianas en Inglaterra. Y me dijo: te quiero presentar a mi novia. Su novia llevaba hiyab. Entonces, no sé si te contesta eso. 

P. No mucho.

R. Bueno, quiero decir que yo he conocido a feministas, a mujeres que llevan su hiyab y que son una caña a nivel intelectual. Porque, para mí nunca ha sido un tema importante esto del velo. 

Lo que el Estado y la Iglesia querrían es que el Islam fuese algo extranjero

P. Claro, pero es que tú eres un hombre.

R. Hombre, ya, ya. A ver, claro, para mí no es importante porque hay temas más importantes y más profundos. Para mí lo que es importante es la libertad de escoger. Lo que es patriarcado duro es la imposición del hiyab en Irán, Arabia Saudí o donde sea. 

P. Sí, pero la libertad de escoger es algo ficticio allí donde está impuesto culturalmente el uso del velo. Es como si dices que puedes elegir educación católica o pública en una ciudad donde el 80% de los colegios son católicos. La libertad es relativa.

R. Lo que no puedes escoger es educación anarquista (Se ríe). Incluso si hubiera el 50% tampoco serías libre de escoger el colegio que quieres. 

P. Bueno, pero digamos que hay mejores condiciones para la libertad de elección.

R. Sí sí. Bien, pero las presiones sociales nos afectan a todos de muchas maneras. ¿Por qué llevamos los tres que estamos aquí unos tejanos? Somos libres, ¿no? ¿Por qué ninguno de los tres lleva falda? Bueno, hay una presión social, una costumbre. Eso es así. Hay toda una dimensión que es muy ambigua, pero hay algo evidente: la imposición por parte del estado de prohibición o imposición hay que rechazarlo totalmente; hay que dar libertad a las personas de escoger. Luego, es cierto, totalmente, que la libertad es algo muy relativo, pero en cualquier sociedad. Y más en una sociedad, pongamos por ejemplo, Egipto. En Egipto, en teoría el estado no impone llevar el velo, pero hay una presión social brutal. Yo también estoy contra eso, pero es mucho más difícil de erradicar.

P. ¿El feminismo existe en los países islámicos de los que estamos hablando, Egipto, Túnez, Argelia, o para hablar propiamente de feminismo, tenemos que acudir a los países occidentales? Porque en el libro hay muchos ejemplos que son muy llamativos y que casi siempre son de países occidentales. 

R. El feminismo islámico tiene varios puntos de origen, pero se gesta en las sociedades musulmanas, básicamente. Es normal que nosotros recibamos, y nos llegue -a mí también, como director de estos congresos-, lo que está escrito en las lenguas que leemos, como el inglés, francés, el castellano… Lo anglosajón se impone de una manera brutal. Pero el feminismo islámico nace en paralelo. En Sudáfrica, Irán, Indonesia. Sobre todo estos tres países, en los años 90, en contextos diferentes. Básicamente, el feminismo islámico es lógico que se geste en aquellos contextos, como Irán, donde existen leyes discriminatorias brutales hacia las mujeres. 

P. Sí, lo que ocurre, es que me da la impresión de que hay dos tipos de feminismo islámico: El que se da en occidente, y el de la de las mujeres que lo viven en estos países, que me da la impresión de que ni ellas mismas se ven como feministas, sino que desarrollan su activismo desde una lucha casi por la supervivencia. Desde luego, no es el feminismo que uno tiene asociado a las figuras occidentales.

R. No, claro. Pero yo distinguiría entre académicas y activistas. Las activistas no necesitan ponerse muchas veces esta etiqueta y, en determinados estados, es hasta contraproducente. O sea, yo he estado con una activista de Indonesia que me decía: “Yo allí no digo que soy feminista, pero claro, soy feminista hasta la médula”. Es que el feminismo en Indonesia significa colonialismo.

P. Amigo.

R. Claro, feminismo significa colonialismo en la mayor parte del mundo árabo-musulmán. Claro, ese es uno de los problemas del feminismo islámico, que se asocia a la dominación occidental. Es la historia. 

P. Fíjate, si hoy en España, en el siglo XXI, todavía hay hombres que se sienten desplazados por el feminismo y sienten que les están robando sus derechos, si hubiera una revolución feminista en los países árabes, ¿qué podría pasar?

R. (Se ríe) La vuelta al Islam (Se ríe sonoramente).

P. ¿Hablar de los países árabes sin hablar de colonialismo es imposible?

R. Se mezcla todo. Existe un discurso muy potente a nivel mediático, sobre todo en los países árabes, donde se presenta el feminismo como el Caballo de Troya de la dominación y la cultura occidental que quiere destruir a la familia musulmana. Entonces, feminismo significa libertinaje.

P. Es primo hermano de lo que dice aquí la ultraderecha, que el feminismo quiere acabar con la familia tradicional. 

R. (Se ríe) Sí, sí, fíjate.

P. Me da la impresión de que el papel de la mujer es hoy uno de los grandes temas que hacen que en occidente no se mire bien a los musulmanes. Y es una cuestión que debe ser difícil de abordar.

R. Bueno, yo he hecho lo que he podido para abordarlo. Y yo creo que solo se puede abordar dándole voz a las mujeres. Yo es lo que he hecho. Hay un discurso musulmán como de muy apologético, de decir que el Islam es perfecto, que no afronta la realidad y las discriminaciones. Feminismo es lucha social. Si no tiene una dimensión social, concreta y clara, y no se enrraiza en la vida de la gente, ¿qué es? 

P. Esta entrevista te la pedí hace un mes y pico, coincidiendo con la vuelta de los talibanes a Afganistán. Y ahí sí que hemos visto una manifestación clara de feminismo islámico, con esas mujeres afganas levantándose y poniéndose delante de los soldados.

R. Sí, sí. He de reconocer que estoy muy alejado de todo lo mediático. No sigo los medios. O sea, me he enterado, pero no sigo nada. Desde hace un tiempo decidí cortar con lo mediático. No leo la prensa, no veo televisión. Estoy fuera.

P. ¿Pero sabes que en Afganistán han vuelto los talibanes no?

R. Sí. Sé que han vuelto los talibanes, imagino que pactando con los americanos (Se ríe)

P. Por un puñadito de opio.

R. La cuestión siempre ha sido el control. Un gasoducto, el opio, siempre ha sido ese el motivo, ¿no? Pues qué importa quién gobierne. 

P. De hecho, los talibanes ya controlaban la producción de opio antes de tomar el poder. O sea, que ahora pasen al poder, en un momento de aumento brutal de los beneficios de las farmaceuticas que venden opioides en EE.UU., me parece casi normal, geopolíticamente hablando.

R. Pero entonces ves que absurdo es vincular a los talibanes al Islam. 

P. No creo que sea excluyente. Los talibanes, por ejemplo, van a aplicar la Sharia. 

R. Bueno, no sé, no sé. 

No conocía a nadie en Córdoba, pero sentía una atracción

P. ¿No crees que los talibanes vinculen su lucha en nombre de Alá?

R. Yo lo que digo es que es absurdo vincularlo al Islam porque, para empezar, el tráfico de opio es totalmente Haram. Está totalmente prohibido. Así que aplican la Sharia en lo que quieren. 

P. Totalmente. ¿Por qué crees que al saudí se le ve con tan buenos ojos en España?

R. Bueno, aparte de porque tiene mucho dinero y trae dinero, porque en España ha habido siempre un racismo económico.

P. La aporofobia.

R. Sí. 

P. Eso lleva a una pobreza de conocimiento tan grande en la que las dos imágenes prototípicas del musulmán sean el joven radicalizado y el jeque árabe. Entre medias no hay nada.

R. Sí. La pobre mujer. 

P. Claro. Tienes razón.

R. Y el imán radicalizado. El ayatolá.

P. ¿Hay tanta diferencia entre los líderes religiosos musulmanes y el pueblo musulmán, como la hay entre los obispos y los cristianos de base?

R. Totalmente. Solo que con el añadido de que en el Islam no debería haber clero. 

P. ¿Ah no?

R. En el Islam no debería haber nadie que se ganase la vida con un cargo religioso. Eso lo prohibió el profeta. Dijo: en el Islam no hay monacatos, no hay sacerdocio. 

P. Creo que Jesucristo tampoco estaría muy de acuerdo con el trabajo que hacen algunos obispos en su nombre.

R. Para nada. 

P. Ya que hablamos de obispos, no sé si te gustaría rezar en la Mezquita. 

R. Ya lo he hecho (Se ríe). Una vez organizamos un rezo.

P. ¿A ti fue de los que echaron?

R. ¿En qué año fue eso?

P. No recuerdo bien, 2010, ¿2009?

R. Ah no, eso fue ya Mansur después. Lo que yo hice fue antes.

P. Pero también os echaron.

R. Sí, sí, sí.

P. ¿Y cómo ves todo este tinglado?

R. Bueno (se frena, se lo piensa), lo veo como el miedo a la pérdida de control, lo veo como el miedo al otro, a que se visualice algo que se quiere mantener oculto, algo que se desearía que no estuviese. Realmente, en España lo que más choca son los conversos. Es decir, el hecho de que haya tantos musulmanes, y muchos de ellos cultos, personas que, por un proceso interior, espiritual o intelectual, por lo que sea, llegan al Islam. Porque lo que el Estado y la Iglesia querrían, es que el Islam fuese algo extranjero. Que fuese una cosa de extranjeros, como intentan que se vea en la historia. Entonces, nosotros representamos precisamente el hecho de que se puede ser español y musulmán, nacido en España, no hijo de inmigrantes. Los conversos somos un recordatorio de que el Islam forma parte de esta tierra.

Me genera mucha tristeza la Mezquita. No tengo nostalgia de lo que podía haber sido, pero me encantaría que tuviera todos las puertas abiertas

P. Fíjate qué paradoja: que en el mayor ejemplo de conversión que existe, que es la Mezquita de Córdoba, haya unos señores que le teman a los conversos.

R. Jajajaja

P. Pero voy más allá, que esos señores organicen todos los años congresos de mozárabes, a los que quieren convertir en mártires, cuando está más que estudiado que muchos mozárabes acabaron siendo conversos.

R. Bueno, es que cualquier tradición es lo que tiene. Y, sobre todo, aquellas tradiciones que llamamos religiosas. Pero bueno, tú sabes que yo al Islam no lo considero una religión (Se ríe). Pero eso lo dejamos para otro momento, que he escrito un libro sobre el tema. En cualquier caso, esta tensión siempre ha existido y existirá: es la tensión de siempre entre lo revolucionario-creador-instituyente, y lo conservador-estático-instituido. Eso no sé si me ha sonado muy marxista. 

P. Bienvenido sea.

R. No sé si es marxista, pero es Corán. Seguro.

P. ¿Te cuesta mucho explicar lo que ocurre a la Mezquita cuando vienen a visitarte? 

R. Sí, me cuesta… A mí me genera mucha tristeza la Mezquita. Porque, no tengo nostalgia de lo que podía haber sido, pero me encantaría que tuviera todos las puertas abiertas. Que tuviera todo lo de alrededor abierto. Eso es algo que me encantaría. Pero, al cabo de los años, lo que veo es que cada vez se oscurece un poco más. Antes había más luz. ¿No lo has notado? Ahora, cada vez está más oscura.

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24 de octubre de 2021 - 00:10 h
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