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Esfuerzo, pasión e ilusión. Esas tres palabras podrían servir para definir a la protagonista del Ateneas de hoy. Pese a su juventud, ha logrado dominar el complicado mundo del triatlón a nivel regional y nacional, ha cosechado medallas y triunfos a todos los niveles imaginables y, aún así, sigue manteniendo intacta su hambre de victorias y su afán por superarse cada día. Además, no ha dejado que la presión típica del deporte corrompa su persona, si no que la ha empleado en avanzar y hacerse, cada día, más fuerte y más capaz de afrontar los retos futuros. Como diría ella misma, “al final es como una balanza y, si no la tienes equilibrada, llega un momento en el que es inviable”.

Irene Cabrera (Córdoba, 1995) es una de las deportistas más laureadas del panorama cordobés y andaluz. Sus últimos logros -campeona de España de triatlón por equipos, subcampeona del Circuito Andaluz, y una plata en el Triatlón Ciudad de Baena, entre otros- hablan por sí mismos de la grandeza de la atleta, que tan solo vio interrumpida su lista de éxitos con la irrupción de la Covid-19 en la sociedad. El parón le sirvió para coger fuerzas y volver aún más fuerte y, ahora, ya se prepara para una nueva temporada de triatlón que está a punto de comenzar.

Toda una vida dedicada al deporte

Tan solo hicieron falta tres años para darse cuenta de que el deporte sería una de las actividades troncales de la vida de Irene Cabrera. La natación fue su primera experiencia y, tan pronto como pudo comenzar a competir, lo hizo, encontrando así su pasión. “Se me daba bien”, reconoce. Y tan bien que llegó a ser campeona de Andalucía de aguas abiertas, haciendo así gala de un magnífico rendimiento dentro del agua. Sin embargo, a la edad de dieciséis años, con la presión en aumento de los estudios, buscó una nueva vía de escape en el deporte, y esta vez la encontró en una disciplina diferente: el triatlón.

“Fui a la sesión de triatlón de mi club, me llevaba muy bien con mis amigos triatletas, y decidí probar. Me compré una bici, que me quedaba gigante y pesaba un montón, pero era la más barata que pillé, y empecé a competir. Me fue gustando porque además veía que, entrenando muy poco, se me daba muy bien y fue con lo que empecé a picarme y a entrenar cada vez un poco más”, comenta la cordobesa, rememorando sus primeros recuerdos en el mencionado deporte. Lo cierto es que los éxitos, también, llegaron desde bien temprano, aunque esta nueva disciplina no dejó de lado a la natación que, a día de hoy, aún sigue practicando con asiduidad.

Su familia también formó parte importante de sus motivaciones como deportista. Sus dos hermanos menores, Rafa y Jesús, le acompañaron allá donde fue y, de hecho, también mordieron el anzuelo del deporte, aunque desde diferentes perspectivas. Rafa, el menor de ellos con tan solo 22 años, tiene en la natación su principal pasión mientras que Jesús hace lo propio con la fotografía. “Es muy buen fotógrafo, en su trabajo es un crack”, afirma Irene, mientras que de Rafa reconoce que “la natación se le da muy bien”, porque “desde siempre hemos hecho mucho deporte en la familia”.

Los buenos recuerdos brotan de su mente cuando rememora aquellos momentos en los que empezaba en el deporte. “A mí me ha gustado mucho siempre sobre todo el triatlón”, confiesa, aunque la natación también tiene un lugar reservado en su lista de pasiones. “Quizás al principio me gustaba un poco menos porque prefería ir a baile o a dibujo, pero en triatlón sí que es verdad que, desde primera hora, he disfrutado mucho compitiendo y es lo que más me gusta hacer ya que prefiero mucho antes competir que entrenar”, puntualiza, antes de agregar rotundamente que lo recuerda “como algo que siempre me ha gustado ya que, sino, no lo haría”.

Sin embargo, tampoco se cierra la puerta a probar nuevas disciplinas. Ya de pequeña probó suerte en voleibol y, pese a que sigue prefiriendo el triatlón por encima de todo, hay otros deportes que le llaman la atención y que le gustaría probar en algún momento. “Creo que me quedo con el triatlón porque se me da mucho mejor, pero me gustaría probar a hacer otras cosas como boxeo, kick-boxing o escalada. Realmente me llama la atención cualquier deporte”, asegura.

El triatlón, una pasión con tres vertientes

Carrera, nado y ciclismo. Un deporte extremadamente exigente que necesita de un nivel de compromiso difícil de igualar. Sin embargo, entre las tres vertientes, y pese a su pasado en la natación, Irene prefiere no elegir a ninguno. “¡Me quedo con el triatlón!”, expresa entre risas, antes de explicar que la natación le “encanta, aunque es muy frustrante de entrenar”, por lo que, si tuviese que elegir una para practicar en el día a día, probablemente se decantase por el ciclismo ya que “puedes ir en grupo, charlar más y creo que hace que te despejes mucho más que con cualquier otra disciplina”.

Y es que el calendario normal del triatlón, que empieza entre los meses de marzo y abril, y concluye en noviembre, es extremadamente duro, más aún después de la pandemia, que hizo que se ampliara aún más el número de fechas a disputar. Irene compagina el triatlón con el duatlón y la natación, llegando al punto de correr durante temporadas “prácticamente cada fin de semana desde febrero hasta octubre o noviembre”. Pese al nivel de exigencia, prefiere no ponerse objetivos deportivos a largo plazo, y centrarse más en el corto. “Me gustaría volver a ser campeona de Andalucía de triatlón”, explica con fuego en los ojos, deseosa de volver a tocar metal. Y no sería la primera vez, ya que el circuito andaluz lo ha ganado en varias ocasiones, con victorias memorables en Huelva, Almería o Posadas.

Sin embargo, ella se define a sí misma como “un desastre” a la hora de entrenar. Lo explica con una sonrisa en la cara, “no soy un ejemplo para entrenar porque no soy nada constante, y no porque no quiera muchas veces, si no por problemas que he tenido, por cambios de trabajo, por lesiones y por diversas circunstancias que me impedían entrenar bien”. Y aquí es donde entra en juego la figura de Camilo Puertas, entrenador y mentor, que le ayuda, le apoya y “ajusta muy bien los entrenamientos a cuándo puedo entrenar”. En las épocas en las que era posible, el entrenamiento era diario, con una hora al día de natación, y días alternos de entrenamientos de carrera, ciclismo y transición, aunque siempre tratando de poner especial énfasis en la carrera a pie. “Es lo que más me gusta entrenar porque es lo que peor se me da, pero con lo que mejor me siento cuando veo resultados”, explica.

El aspecto psicológico, el gran olvidado en el deporte actual

Todo este trabajo diario trae consigo unas consecuencias centradas, sobre todo, en renuncias. Es complicado compaginarlo todo a la vez aunque Irene es capaz de hacerlo. “Quizás, cuando era más pequeña y vivía con mis padres no salía tanto, pero he llegado a estar trabajando, haciendo la carrera, entrenando y, además, salía. Me levantaba a las siete de la mañana y me acostaba a las doce de la noche, pero mis horas eran súper productivas. No pierdo el tiempo ni viendo la tele ni jugando a videojuegos porque siempre intento aprovechar el tiempo al máximo”. Entre sus hobbies, la lectura y los estudios son los que ocupan una mayor parte del tiempo.

Y todo se basa, también, en mantener “la balanza equilibrada”. “Tiene que ser todo equitativo: los estudios, el trabajo, la vida social, el deporte... y, si no, no llegas a ningún sitio”, explica. Además, es de crucial importancia el lograr mantener la cabeza bien amueblada, ya que “es muy importante”, incluso “diría que es el noventa por ciento o más, no ya solamente de cara a la competición, que creo que muchas veces nos pasa factura la cabeza, sino también en el entrenamiento del día a día”. La presión de tener que rendir todos los días y no decepcionar con los resultados puede llegar a afectar aunque, siempre que la balanza esté equilibrada, es más fácil de llevar. También es crucial mantener la cabeza fría durante cada carrera de triatlón. “Es una prueba que suele durar entre una hora y dos, e imagina la cantidad de cosas que puedes llegar a pensar en esos momentos si no tienes un buen día. Puedes echar a perder la carrera perfectamente”, expresa.

Por otro lado, las lesiones siempre son algo que hay que tener en cuenta en la carrera de un deportista. Irene Cabrera, por su parte, afirma no llevarlo mal ya que le “gusta hacer muchas cosas en la vida” y, además, siendo el triatlón un deporte de tres disciplinas, permite el ir alternando con las lesiones. “Al final, si te lesionas algo en las piernas tienes la natación, y si ocurre en los brazos puedes hacer algo de carrera o ciclismo, y tienes más vías de escape”, matiza. En su caso, su terapia más recurrente es “leer, estudiar y salir a dar paseos”.

Camilo Puertas, una gran ayuda “desde primera hora”

Cualquiera que siga asiduamente el mundillo del triatlón conocerá también el nombre de Camilo Puertas, uno de los atletas más reputados de Córdoba en esta disciplina. Como se mencionó con anterioridad, Puertas es actualmente el entrenador de Irene, además de ser una gran ayuda para su carrera. “Creo que si no hubiese estado él, no podría haber hecho triatlón porque me ha ayudado muchísimo, ya sea con material, llevándome a muchos viajes, o apoyándome un montón”, recapacita. Además, las facilidades para adaptar los horarios del entrenamiento a sus necesidades son claves para poder seguir con el deporte.

Incluso en los peores momentos, un empujón necesario le llevó a seguir practicando triatlón. “Sin él, en algún momento lo habría dejado porque ha habido veces en las que me he sentido un poco sola”, reconoce. “No tenía motivación ni apoyos ninguno, y él siempre ha estado recordándome que el triatlón es algo que se me da bien, que valgo, y ha tirado de mí en ese sentido”, afirma. Además, ambos ocupan muchos de los titulares al copar, normalmente, las posiciones más altas de las carreras a las que se presentan, aunque eso no genera ningún tipo de 'pique' entre ellos. “Muchas veces solemos hacer podio, pero pocas veces ha coincidido que hayamos ganado los dos”, subraya. De hecho, no son pocas las ocasiones en las que, tras terminar la carrera, se han puesto a comentarla entre ellos “y al rato nos hemos dodo cuenta de que hemos ganado los dos. Nos ponemos a charlar de otras cosas y se nos olvida”.

El objetivo de aquí a cinco años, “seguir haciendo deporte”

“En el ámbito del triatlón no me suelo poner objetivos a largo plazo porque, como sé que lo hago porque me gusta, en el momento en el que deje de disfrutar lo voy a dejar”. Esas son sus palabras al ser cuestionada por el futuro a largo plazo en el ámbito deportivo. Y es que, pese a todo, el objetivo primordial al final es “seguir haciendo deporte, me da igual que se llame triatlón, ciclismo o escalada, pero seguir haciendo deporte aunque no sea competición, y no dejarlo, porque es algo que me gusta mucho”.

Además del deporte, otra de sus pasiones es la nutrición. Tras graduarse, el pasado año empezó a trabajar en una clínica nutricional, y las metas no son otras que “seguir creciendo y estudiando por mi cuenta, que es lo que más me gusta”. Además, compagina su trabajo como nutricionista con el de monitora deportiva en un correccional de menores, aunque eso no le lleva a querer ser entrenadora, ya que prefiere “trabajar con niños”.

Para culminar la entrevista, la última pregunta era de las que toca pensar. Una carrera que siempre recordará, una victoria pendiente y una derrota de la que sacó algo positivo. Lo tiene claro, sobre todo con la última. Se remonta al Campeonato de Andalucía de Triatlón Olímpico del pasado año, donde llegó lesionada tras más de dos semanas sin correr. Pese a que se bajó en segunda posición de la bicicleta, el tramo de carrera a pie fue duro, lo que le llevó a terminar la competición en novena posición pese a ser una de las favoritas. Sin embargo, las sensaciones no pudieron ser mejores. “Acabé súper contenta porque me acuerdo de que no me dolía la pierna mientras corría, por lo que super feliz. Me llevé un chasco, sobre todo, por parte de compañeras que yo creía que me apoyaban, pero luego vi que no. Y me gustó el sentirme así porque realmente me di cuenta de las personas que están a mi lado cuando te salen las cosas mal, y no solo cuando ganas”, recuerda.

En cuanto a esa victoria aún pendiente, las miras se centran en Punta Umbría. En cada ocasión de los últimos años ha ocurrido algo cuando ha competido allí. “Siempre que lo hago me pasa algo y quedo muy mal (risas)-. No entiendo qué me pasa. Siempre parece que me va bien al final algo me pasa: que se me sale la cadena, que se me olvida el neopreno y tengo que competir sin él, etcétera”, rememora. Sin embargo, ella sigue teniendo esas ganas de intentarlo, una y otra vez, con un afán competitivo palpable.

La meta es, siempre, disfrutar. Y eso era lo que ella quiere y lo que acabó haciendo en aquella ocasión en el Campeonato de Andalucía de Triatlón Olímpico. “Me da igual si estoy lesionada”, reconoce, ya que “si sé que voy a poder competir, voy a disfrutar, porque me encanta competir”. Porque cada competición es una experiencia única, como las que vivió en Marruecos, enumeradas como unas “victorias para recordar”. “Me lo pasaba super bien porque era un viaje muy chulo, la gente te animaba un montón, y siempre me voy a acordar de esos triatlones”, afirma.

Experiencias, únicas e inigualables, que llevará consigo siempre. Como cada victoria, cada derrota, cada paso o cada pedalada dada en carrera. Así es Irene Cabrera, una competidora nata que no se pone límites, porque sus límites son ella misma. Una de las triatletas más influyentes y destacadas de todo el circuito cordobés, pese a su aún corta edad. Tan solo el futuro dirá si sigue, por muchos años, disfrutando de este deporte. Ahora solo queda esperar como, una vez más, se supera con cada kilómetro recorrido.

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