“Lourdes tiene el talento que tienen los grandes”

Lola Ruano, la entrenadora de Lourdes Mohedano en el Club Liceo | MADERO CUBERO
Lola Ruano repasa su historia común con la medallista olímpica, a la que descubrió con apenas cinco años y de la que fue primera entrenadora en el Liceo

Los campeones no se forjan de la noche a la mañana. No nacen con trofeos. Aunque sí los hay -y las hay- con alma de vencedores. Lo llevan en su interior. El talento se tiene o no se tiene. A Lourdes Mohedano le corre por las venas. Desde pequeña. Pero la capacidad natural nada vale sin sacrificio, sin constancia, sin afán de superación. Esos valores también definen a la perfección a la peñarriblense, que el domingo marcó un hito con la consecución de una medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Río junto a sus compañeras del conjunto nacional de gimnasia rítmica. Logró devolver a España al podio en esa competición 20 años después y se convirtió en la primera mujer en tocar metal en el más grande de los eventos deportivos a nivel planetario. La consecución de la presea fue la culminación de un sueño que en realidad comenzó mucho tiempo atrás, cuando esa joven estrella era una tan sólo una niña.

“Lo conocemos todos ya. Lourdes empezó muy pequeñita a hacer ballet, pero eso no le llenaba. Quería algo más movido, decía, y su madre la apuntó en el Patronato Municipal, en Vista Alegre”, comienza a rememorar Lola Ruano, a quien la historia deportiva -y personal- de Lourdes Mohedano está plenamente ligada. Tenía tres años la ahora medallista olímpica cuando desechó la opción del ballet. Sólo dos después, llegó el encuentro que uniría sus caminos. La historia sigue en Vista Alegre. “Tenía cinco años, creo recordar, y salió (con el Patronato) a hacer un baile. Yo estaba en la mesa puntuando y la vi. Vi que tenía algo que no tiene el resto. Lo sigue teniendo ahora, que llena el tapiz como nadie. Tenía una tipología impresionante y era especial”, explica la que el domingo fue una de las personas más felices con la plata de la peñarriblense. “Hablé con su madre y le dije de entrar en el club. Era muy pequeña y no lo tenía claro, le costó entrar. Cuando entró, le monté su primer montaje de manos libres y después vino todo lo demás”, termina la narración del inicio de un largo trayecto que todavía ha de continuar más allá de Río. Como existió antes de llegar a Brasil.

El de Lola Ruano (Córdoba, 1982) es otro de los nombres incombustibles de la rítmica en Córdoba. A los seis años comenzó su aventura sobre el tapiz y compartió éxitos con otras deportistas destacadas de la ciudad como Pilar y Beatriz de la Cuesta -hoy en el Séneca-. Lo hizo en el Liceo, el club de su vida -entonces naciente, en 1988- y en el que tiempo después dirigió, entre otras muchas, a Lourdes Mohedano. Es la descubridora y primera entrenadora de la medallista, que desde niña “era aplicada, siempre lo ha sido”. “Recuerdo una conversación con Anna Baranova (seleccionadora nacional) en 2013 en una competición en la que coincidimos y me dijo que si no tenía cinco Lourdes. Esa capacidad de trabajo es lo que le ha llevado hasta ahí también. Es muy dura, muy constante y muy disciplinada”, explica Ruano, que además concede una esencial importancia a la capacidad natural. “Lourdes tiene ese talento que tienen los grandes”, expresa sin ningún género de duda. Pero ese don no lo es todo. “Hay que tener condiciones, pero también más cosas, y una de las cosas fuertes que tiene Lourdes es que tiene una cabeza privilegiada y que es muy segura en la pista. Si se cae un aparato es porque ya no se puede llegar”, añade la preparadora.

Si bien es el tapiz el que une a Lourdes Mohedano y Lola Ruano, la relación va mucho más allá. La entrenadora revisa en el baúl de la memoria y valora cada instante, dentro y fuera de la pista. “Siempre recuerdas cuando era una niña, pero sobre todo su participación con la selección. Cuando estuvimos en Izmir, por el Mundial, que además ganó el oro (en mazas, en 2014), fue muy emocionante. Luego ha habido momentos muy difíciles en los que hemos estado hablando”, indica Ruano sobre sus recuerdos junto a la plata olímpica. Hay otros menos agradables en lo personal, pero no menos gratos debido a la compañía mutua. “En 2013 me operaron de un tumor en la glándula salivar y estuvo conmigo. Nunca se ha contado. Vino desde allí (Madrid) a verme”, resalta la mujer que descubriera a la hoy primera medallista olímpica femenina de Córdoba.

Ella la encaminó, pero no quiere todo el mérito para sí. “Yo fui la primera, pero ha tenido otras entrenadoras: Pilar de la Cuesta y Inmaculada Márquez, una entrenadora que vino de Huelva y que en su etapa última (en el Liceo) le dio el empujón a la selección júnior”, apunta en un momento dado. Ese salto a la capital de España lo dio Lourdes con apenas 13 años y ahí, como desde el principio, la fuerza que le aportó su familia fue indispensable para seguir adelante y llegar a donde llegó. “Creo que sus padres han sido su pilar fundamental, porque si no tienes el apoyo de la familia en los momentos de debilidad es imposible”, asevera Ruano, quien agrega que ellos “se merecían también esa medalla”. “Es muy difícil que tu hija se vaya con 13 años”, valora.

El domingo su niña, su pupila en el tapiz y amiga fuera de éste, logró su ansiado sueño. Lola Ruano sabía desde muy atrás que Lourdes alcanzaría la cima -que viene conquistando de unos años a esta parte-. “Siempre he confiado en ella. Sabía que lo tenía, que tenía algo. Nunca se sabe si vendrá una medalla olímpica, pero siempre confiaba en que llegaría”, afirma con absoluta rotundidad. Por eso, y porque ambas tienen lazos imposibles de desatar, lo vivido el domingo fue “indescriptible”. “Fue muy emocionante, un momento de tensión y sufrimiento. Iba todo tan bien que veía que teníamos la medalla, incluso el oro. Bordaron los dos ejercicios. Fue un momento muy emocionante, porque la hemos visto (por el Liceo en su conjunto) trabajar desde pequeñita y todo lo que ha luchado. Se me puso el vello de punta”, confiesa Ruano, que no pudo viajar a Río. Pero da igual: “Ha sido como si estuviéramos allí”.

Lourdes es, desde hace años pero ahora más si cabe, un espejo en el que mirarse para las más pequeñas tras su éxito en Río. “Hoy (por ayer) las niñas han entrenado como nunca, como si no hubiera más entrenamientos. Decían ‘tenemos que entrenar para llegar donde esta Lourdes”, expone de manera simpática la preparadora del Liceo, que apunta que ahora dirige a una pequeña que le recuerda a la peñarriblense, de la que destaca también que “es muy humilde”. “Hay muchas niñas que entran en la selección y ya pierden esa humildad, pero ella no”, asegura Lola Ruano, que muestra su satisfacción sólo con cada palabra. Sin necesidad de decirlo abiertamente. Unos días atrás, el domingo, la historia común tuvo un momento mágico. Quizá el mayor de todos, pero no el único. Por cierto, “el club (Liceo) tiene un trocito de medalla, aunque sólo sea la cinta”.

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