Ecos de Tokio: Mary Shaw, toda una pionera cordobesa y andaluza

Mary Shaw, en un homenaje | REAL FEDERACIÓN ESPAÑOLA DE ESGRIMA

Quien escuche -en este caso lea- los ecos de Tokio bien sabe que es en 1992 cuando comienza la colección de medallas. Barcelona es el punto de partida, el lugar en el que un jovencísimo Rafa Berges lograra la primera -un oro histórico en fútbol con la Quinta del Cobi- de todas las que acumula el deporte de la provincia. El recorrido, con parada en Atlanta, Sidney, Atenas, Pekín y Londres, finaliza en Río de Janeiro. Porque es allí, en Brasil, donde se celebrara la última edición del mayor evento del mundo. Una cita en la que Felipe Reyes obtuviera su tercera presea y Lourdes Mohedano se convirtiera en la primera cordobesa en subir al podio. Para la posteridad queda por ahora -y por siempre aun cuando lleguen nuevos éxitos femeninos- su plata en 2016. Con todo, la representación de la provincia en unos Juegos Olímpicos tiene un origen muy anterior. Y de una mujer, la referente más próxima en el tiempo se va a otra. Mary Shaw es su nombre, el de una auténtica pionera no sólo para Córdoba sino para Andalucía.

Por su apellido -al igual que por su nombre, que no es éste- es probable que muchos no entiendan su inclusión en la lista de deportistas cordobeses ilustres. Sin embargo, aparece en ella de pleno derecho. Básicamente porque es natural de la Ciudad de los califas. En realidad se llama María del Rosario Shaw Martos, nacida a los pies de la Mezquita -es una licencia, claro está- el 31 de enero de 1939. De madre rondeña y de padre inglés -he ahí-, su familia, que además era numerosa, tenía buena posición pero no tradición en la práctica deportiva. Primero intervino en otras disciplinas pero acabó por adentrarse en la esgrima, en plenos estudios de Ciencias Físicas en Madrid. Como tiradora terminó de labrarse una trayectoria admirable en tiempos en los que ser mujer y deportista no era una conjunción muy habitual y tampoco bien vista.

Pero Mary Shaw estaba convencida de cuál era su pasión en el apartado deportivo. Y siguió adelante, por fortuna. Su debut internacional llegó en un torneo en Marsella, antes acudir al Campeonato del Mundo júnior -o categoría sub 20- de 1959. Éste se celebró también en Francia, en concreto en París. Aquel año, como los anteriores, era propio de Olimpiadas -ciclo previo de competiciones que sirve para clasificarse o no- y quizá la cordobesa de apellido inglés y ascendencia también malagueña no pensara en lo que venía por delante. En 1960 Roma albergaba los Juegos Olímpicos, a los que el Comité Olímpico Español (COE) pretendía llevar en su expedición a al menos una mujer. La presencia femenina en el equipo nacional no se daba desde París 1924. La esgrima apareció como una de las disciplinas elegidas para lograrlo. El requisito era ser medallista en florete en el Campeonato de España de ese año.

El Círculo de la Unión Mercantil de Madrid acogió el mencionado torneo nacional. Allí Mary Shaw hubo de conformarse -aunque es sólo una forma de hablar- con la plata. Fue así porque tuvo que enfrentarse por el título con la catalana Carmen Vall, que se había proclamado campeona los dos años anteriores. Eso sí, la cordobesa la obligó a un desempate tras concluir las tiradas con igualdad de seis triunfos y una derrota. Pero además aquella presea tuvo un significado muy especial. Al subir al podio, la tiradora selló su pasaporte para los Juegos Olímpicos junto con su rival y Pilar Tosat. En Roma la fortuna no le acompañó pues cayó en la primera ronda al finalizar cuarta de grupo, que era de seis. Aun así, esa experiencia le convirtió en una figura imborrable dentro de la historia del deporte andaluz.

Porque ella fue toda una pionera cordobesa y autonómica. Antes, ninguna otra mujer de la provincia y de la región había acudido a unos Juegos Olímpicos. Después, si fueron otras muchas. Entre ellas, la propia Lourdes Mohedano, que transcurridos 56 años de la mencionada cita en Roma se tornó en otro referente histórico al conseguir la primera medalla femenina de Córdoba en una edición del mayor evento del mundo. Mary Shaw -o María del Rosario Shaw Martos- quiso seguir adelante con la práctica competitiva de esgrima mientras concluía sus estudios. Y lo hizo. Lo hizo para cerrar una hoja de servicios envidiable, con multitud de títulos y preseas a nivel español y en el panorama internacional. De ahí que la propia Real Federación Española de Esgrima la homenajeara tiempo atrás o que la Junta de Andalucía decidiera reconocerla en los Premios Andalucía de los Deportes.

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