CÓRDOBA ES DE PRIMERA

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Un gol del mexicano Uli Dávila firma el ascenso blanquiverde 42 años después tras un final caótico y glorioso ante Las Palmas

Lo ha hecho. Ahí queda. Lo del Córdoba es increíble. Sencillamente mágico. Ya está en Primera División. Esperó 42 años para abrir la puerta y no podía hacerlo de cualquier manera. Tenía que ser así, contra todo pronóstico, apretando los dientes mientras todos se reían alrededor, celebrando una fiesta que aún no tenía el pastel terminado. Esto es el fútbol. Esto es el Córdoba. Un equipo indomable e impredecible, una pasión infinita que envenena a una legión de fieles que tuvieron que seguirlo desde muy lejos, por televisión, reunidos para sufrir y llorar juntos. El gol de Uli, un joven mejicano al que el Chelsea tiene dando vueltas de acá para allá para ver si explota futbolísticamente, le ha hecho entrar en la historia del Córdoba. Su acción desató la locura más absoluta en el estadio Gran Canaria, donde se vivió un episodio dantesco. Los seguidores amarillos invadieron el terreno de juego para celebrar una victoria no consumada y se retiraron después de ver cómo los suyos claudicaban, del modo más inesperado y cruel, a manos de un Córdoba que nunca se rindió. Los blanquiverdes despacharon una actuación eficaz, con la impronta de Chapi Ferrer. Resistieron, porque de eso se trataba ante un adversario cargado de galones, y buscaron su gol con tiento. Sin desmelenarse nunca, dando a veces la impresión, que a algunos les resultó cargante, de estar ante un partido más, como si no se jugaran nada. Precisamente ahí ha estado una de las virtudes de este Córdoba. Ha ascendido jugando un partido más, haciendo lo de siempre. Pero esta vez terminando más feliz que nunca.

El Córdoba se llevó la alegría de su vida, pero aquello acabó de un modo lamentable, impropio de la categoría del partido. Una horda de vándalos invadió el terreno de juego en cuanto el cronómetro rebasó el minuto noventa. La estampa fue verdaderamente delirante, con seguidores canarios corriendo de un lado para otro y las fuerzas de seguridad completamente desbordadas. Había 120 encargados de vigilancia para más 31.000 personas en el estadio Gran Canaria. Todo se desmandó de mala manera. El parón del árbitro, plenamente justificado, alteró la escena de modo radical. El Córdoba no se descentró en absoluto. Quizá Las Palmas lo vio ganado, igual que toda su parroquia. Pero llegó la acción del histórico gol de Uli, que desató las pasiones más nobles y las más abyectas. Radicales canarios volvieron a entrar sin control al césped, esta vez con otras intenciones. Algunos agredieron a futbolistas del Córdoba, otros se pegaron entre ellos... Una situación insostenible. El murciano Sánchez Martínez se agarró del brazo de un policía y corrió al interior de los vestuarios. Aquello había terminado. El Córdoba ya era de Primera.

Sorprendió la puesta en escena de Albert Ferrer, que alborotó el once para adaptarlo a las necesidades de un partido en el que los anfitriones tenían la necesidad imperiosa de vencer. Ni Xisco, ni Arturo. Sin un delantero centro de referencia, con muchos "pequeños" moviéndose arriba y toda la experiencia posible detrás. Pedro, Nieto, López Silva y Uli estuvieron en la zona avanzada. Raúl Bravo, el héroe del gol de Murcia, retornó al centro de la zaga con Iago Bouzón. Y Garai buscado su momento como doble pivote al lado de Abel Gómez, el hombre de los tres ascensos a Primera. En la Unión, Josico se encomendó al mismo bloque que arrancó el empate de El Arcángel. Sólo un cambio, Vicente Gómez dejó su sitio a un futbolista cuya dimensión supera los límites de lo humano en la isla. Juan Carlos Valerón, un semidiós aclamado en cada movimiento, compareció como guía del cuadro insular hacia un ascenso que se festejaba desde hace días. Había jolgorio en los prolegómenos, pero en cuanto se inició el partido se hizo el silencio en muchos momentos. Lo provocó el Córdoba, que no vino a entregarse a la fiesta ajena.

Los de Ferrer mantuvieron la compostura ante la impetuosa salida de Las Palmas, ansioso por quebrar pronto la resistencia cordobesa. Juan Carlos despejó con los puños una falta lanzada por Momo en el minuto 6. El Córdoba no se complicó la vida. Disciplinado y solidario, capeó un temporal que no lo fue tanto porque a los canarios se les notaba demasiado ansiosos. Un tirito flojo de López Silva en el minuto 18 fue el primer testimonio de existencia en ataque de un Córdoba cada vez más asentado. Abel Gómez, en el lanzamiento de una falta, puso un nudo en la garganta a la parroquia local. Su disparo, con mucha intención, lo desvió Barbosa. El meta argentino se ganó el jornal poco después al interponerse en una penetración de Pedro, que terminó con el balón impactando en el pecho del portero local. La pelea se equilibró y Las Palmas se sintió como la mayoría de los adversarios del Córdoba en los últimos meses: incómodo, sin fórmulas para dar fluidez a su juego ante la rocosidad blanquiverde y siempre, siempre, con el miedo en el cuerpo cada vez que los de Ferrer armaban un contragolpe. En la grada, los aires de fiesta mutaron en la banda sonora de la irritación. Arremetieron contra el árbitro, al que le reclamaron unas cuantas faltas que no merecieron tal consideración por parte del colegiado murciano. Especialmente vehementes fueron las protestas por un derribo de Raúl Bravo a Momo, que le costaron una amonestación a Nauzet. En pleno concierto de improperios a Sánchez Martínez, el cuadro insular pudo haber hecho saltar la puerta cordobesa. Nauzet Alemán, con un latigazo desde el borde del área, envió el balón al poste de la meta de Juan Carlos. Apenas unos segundos después, el árbitro decretó el final de la primera parte ante un aluvión de chiflidos amarillos. El Córdoba había terminado con eficacia su trabajo. Portería a cero y propagación de miedo en el adversario. El escenario ya no era el mismo.

En el segundo tiempo se torcieron los planes. Una pifia de Raúl Bravo, que se dejó arrebatar el balón en la banda por parte de Aranda, propició la internada del punta y un pase atrás hacia Apoño, que fusiló a Juan Carlos. El público enloqueció. Las Palmas apretó, consciente de que podía quebrar el ánimo del Córdoba. Ferrer ya habia incluído a Arturo y más tarde a Xisco, actuando con dos puntas natos para buscar la igualada. Un gol daba al Córdoba el ascenso, pero el tiempo transcurría y las acciones de peligro en el área de Barbosa no eran frecuentes. Más bien no eran. La Unión Deportiva vivía su particular fiesta, con el graderío enfervorizado. Raúl Bravo sacó en la línea un disparo de Momo con Juan Carlos ya batido y el meta cordobesista tuvo que intervenir acto seguido ante un trallazo de Aranda. El Córdoba lo pasaba mal, pero todavía no había dicho su última palabra. Los canarios tuvieron su última opción clara en un apresurado despeje de Juan Carlos que rebotó en Vicente Gómez y estuvo a punto de entrar.

Con el minuto 90 en el cronómetro, el árbitro concedió tres minutos de alargue. Y ahí empezó otro partido, Numerosos aficionados locales invadieron el campo, provocando que el colegiado interrumpiera el juego. En el banquillo local, el técnico Josico y los suyos formaban una cadena con las manos para salir hacia el campo y celebrar el pitido final.Todos esperaban que, tras el desalojo de los espontáneos y la reanudación, el árbitro pitara rápidamente el final. Pero faltaban todavía unos segundos. Y el Córdoba no estaba muerto. Un balón al corazón del área, con todos los jugadores de uno y otro equipo metidos en el lío, finalizo en los pies de Uli Dávila. Un disparo de Raúl Bravo, mordido, no lo pudo atrapar Barbosa. La pelota que quedó muerta. El mexicano la agarró bien. Era el balón del partido. El balón del empate. El balón del ascenso.

FICHA TÉCNICA

UD LAS PALMAS, 1: Barbosa, Ángel López, Nauzet Alemán, Apoño, Momo (Hernán, 80'), Deivid, Aythami Artiles, Javi Castellano, Xabi Castillo, Valerón (Vicente Gómez, 65') y Aranda (Figueroa, 73').

CÓRDOBA, 1: Juan Carlos, Iago Bouzón, Nieto (Arturo,46'), Uli Dávila, Raúl Bravo, Pedro (Xisco, 70), Gunino, López Silva, López Garai (Pelayo, 76'), Abel y Pinillos.

ÁRBITRO: Sánchez Martínez (Colegio Murciano). Amonestó con tarjeta amarilla a los locales Aythami y Nauzet, y a los blanquiverdes López Silva, López Garai, Pelayo y Bouzón.

GOL: 1-0 (47'). Apoño. 1-1 (90+) Uli Dávila.

INCIDENCIAS: Partido de vuelta de la final por el ascenso a Primera División, disputado en el Estadio Gran Canaria ante un lleno total, con 31.240 espectadores en las gradas. Entre ellos se dejó sentir la presencia de un centenar de seguidores cordobesistas. El Córdoba conquista el ascenso a la Primera División.

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