Los cinco incendios de Djukic en el Córdoba

Djukic, pensativo antes del partido ante el Getafe | ÁLVARO CARMONA
El entrenador serbio estará el domingo en el banquillo de La Rosaleda ante el Málaga | El club le respalda a pesar de que el equipo atraviesa la peor racha de todos los tiempos

La puñalada trapera que el fútbol le dio al Córdoba ante el Getafe terminó con una indignación de manual, sin excesos, con cánticos que ya se han oído otras veces. Los jugadores -algunos, con especial saña- se llevaron la peor parte de las puyas de una grada desencantada. También tuvo su ración de improperios personalizados el presidente Carlos González, que presenció desde el palco el lamentable episodio. Del inquilino del banquillo nadie se acordó en esos instantes de frustración.

Hubo una visita del dueño a los vestuarios. Palabras de ánimo, palmadas en la espalda, lo clásico en estos casos. ¿Un relevo en la dirección? Nada de eso. La convocatoria de prensa del club anunciando la comparecencia de Djukic -el próximo sábado, a eso de las 12:45- llegó a las redacciones de los medios como viene siendo habitual. Todo normal. Como si no pasara nada. Aunque está pasando mucho. A falta de doce jornadas, a siete puntos de la permanencia y embrollado en la racha de resultados más horrible de sus 60 años de historia, el Córdoba de Djukic encara un final de temporada con aires de ruleta rusa. El serbio tiene un puñado de incendios en su equipo -los desmanes son de autoría diversa- y le tocará apagarlos antes de que todo quede reducido a cenizas.

RECUPERAR LA EFICACIA EN EL ARCÁNGEL

“Tenemos que hacer de El Arcángel un fortín”. Lo dijo nada más aterrizar en Córdoba para coger a un equipo que era colista y no había vencido en ocho jornadas. Es evidente que no lo ha conseguido. Debutó en un Córdoba-Real Sociedad y los locales salvaron un punto gracias a un postrero gol de Xisco con la mano. Desde entonces, un solo triunfo -por 2-0 ante el Granada- y unas últimas citas decepcionantes. Las derrotas ante Almería (1-2) y Getafe (1-2) han sido crueles y determinantes. Por el estadio ribereño tienen que pasar aún Atlético de Madrid, Elche, Athletic de Bilbao, Barcelona y Rayo Vallecano. El Córdoba mantiene desde hace más de un año una trayectoria extraordinariamente endeble ante su público, que ha aguantado con una fidelidad conmovedora una racha infame: una sola victoria oficial en 18 partidos.

LA PESADILLA DEL BALÓN PARADO

Ante el Getafe, la acción decidisiva llegó tras un saque de córner que remató Juan Rodríguez en el tiempo añadido. Otra vez. El Córdoba ha recibido 13 goles en acciones de estrategia y ocho de ellos en saques de esquina. Djukic ha hecho referencia en multitud de ocasiones a la desconcentración, a los “vacíos”, como causa de esa sangría. Los permanentes cambios en la retaguardia tampoco ayudan a la estabilidad ni a los automatismos. Exceptuando a Pantic toda la temporada y a Crespo en la etapa de Djukic, toda la línea de atrás ha cambiado su fisonomía, incluyendo la invención de un lateral zurdo -Fede Vico- después del descarte de Pinillos y el fichaje invernal del brasileño Edimar.

¿QUIÉN MARCA GOLES AQUÍ?

Ghilas ha hecho 7 de los 19 tantos del Córdoba. No hay jugador en Primera que tenga mayor impacto en la producción ofensiva de su equipo. Fede Cartabia ha firmado 4. Tanto el argelino como el argentino han disputado 22 partidos. Con 3 dianas en 9 citas está el emergente Florin Andone, ídolo de la afición y uno de los descubrimientos de Djukic, que le dio la alternativa cuando tuvo claro que no le valían ni Mike Havenaar -ahora en el Helsinki finlandés- ni Xisco Jiménez, que salió cedido al Mallorca y ha devuelto a los baleares la esperanza en el play off con 4 goles en 6 partidos. Con la blanquiverde hizo uno, igual que Ekeng, Borja y Fidel. Ninguno de los cinco refuerzos de invierno (Bebé, Héldon, Edimar, Zuculini y Krhin) ha marcado un solo gol.

LA INCAPACIDAD PARA MANTENER LAS VENTAJAS

La poca productividad ofensiva del Córdoba le obliga a defender como oro su portería y a rentabilizar sus ventajas cuando las consigue. Ni lo uno ni lo otro lo ha conseguido. Sigue en la tarea, está en ello, pero el tiempo le come. Los últimos partidos en casa han sido especialmente dolorosos. Se adelantó el Córdoba ante el Real Madrid, el Almería y el Getafe y terminó perdiendo siempre por 1-2. En el caso de los blancos, con un penalti postrero; ante el Almería, de una forma incomprensible tras asediar la portería rival el primer tiempo; contra el Getafe, en el tiempo añadido. Frente al Éibar también se puso con 1-0, pero los armeros se llevaron un punto. También fuera de casa ha tenido el Córdoba situaciones de ventaja que ha desaprovechado. El caso de Elche fue flagrante. Los blanquiverdes se pusieron con 0-2 en el Martínez Valero ante un rival en crisis que terminó empatando 2-2 y hasta pudo ganar. En Getafe, en la ida, también vio cómo le equilibraban el partido tras ir venciendo con un gol de Ekeng.

LAS REFERENCIAS EN EL CAMPO Y LOS LÍDERES DEL VESTUARIO

El vaivén en el vestuario del Córdoba en el último trienio ha hecho que el brazalete de capitán se convierta en un accesorio de moda más que en una señal de jefatura para un futbolista con peso, tanto dentro del campo como en el vestuario. La progresiva desaparición de jugadores de la cantera tampoco ha ayudado. El único cordobés de la plantilla es el joven Fede Vico, que está cedido por el Anderlecht belga. Con un porcentaje mayoritario de futbolistas a préstamo, la falta de liderazgo y de identificación con el cordobesismo se han hecho patentes. Esta temporada han sido capitanes desde López Silva en el Bernabéu a Mikel Saizar ante el Getafe, pasando por Abel Gómez -el primero de todos, aunque cada vez juega menos-, Xisco Jiménez o Luso en el Camp Nou. Un vistazo al plantel cordobesista descubre que apenas hay jugadores fijos. Juan Carlos y Íñigo López, inamovibles en el primer tramo de la Liga, se cayeron del cartel. Ghilas entró con buen pie, pero el castigo de Djukic por su salida nocturna -y los malos resultados, antes que nada- le han zarandeado en el pedestal.

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