Crónica

Mi casa, mis puntos

Luismi celebrando su gol en El Arcángel

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Volver a casa para olvidar los problemas. El Córdoba CF quería dejar atrás todo lo extradeportivo que ha rodeado a la entidad en los últimos días, y que deparó la primera derrota administrativa del club en toda su historia. Una nueva oportunidad tenían los blanquiverdes de resarcirse y volver a sumar de tres. Y ante su público. El Arcángel, en una espléndida mañana de domingo, recibió a los suyos con optimismo y conscientes de la necesidad de evitar perder el camino fijado. Y no fue fácil, dado que el Mensajero dispuso de todas las armas posibles para convertir el duelo en el más complicado de los cordobeses como locales en lo que va de temporada. Sufriendo, quizá, más que nunca. Pero otra victoria que se queda en el feudo ribereño.

El duelo comenzó con máxima igualdad por parte de ambos. La ambición del pequeño que visita un estadio que hace no mucho fue de Primera. Pero ahora son de rango similar, y con ese propósito saltó al césped el Mensajero, que sumó el primer acercamiento del partido, incluido un saque de esquina. Eso sí, respondió pronto el Córdoba, y con más atino si cabe, pues en la primera acción ya vio puerta. Ni las circunstancias externas pueden tumbar el ímpetu ganador de este equipo, que en tres minutos logró abrir la lata con un perfecto derechazo de Luismi al aprovechar una segunda jugada, igualmente, tras córner. 

Dosis de alegría tras unos días turbulentos. Además, lo más llamativo del gol fue precisamente la celebración, pues toda la plantilla se fue corriendo haciendo el banquillo para abrazar y dedicarle el tanto al delegado Julio Cruz. Un detalle magnífico que demuestra, una vez más, que van todos a una. Y el tanto desató la ofensiva, ya que el siguiente acercamiento de peligro fue también por parte de los califas, aunque habría que esperar ya al cuarto de hora. En efecto, una gran acción esquinada de Javi Flores terminó con un jugador del Mensajero salvando el 2-0 en línea de gol.

Así, querían crecerse los de Germán Crespo, aunque el exceso de insistencia arriba propició huecos atrás, y en esas, los canarios aprovecharon también la oportunidad que se les presentó. Una jugada vertical al contragolpe de Ale culminó con un disparo escorado que, tras rebotar en Gudelj, se metió en la meta de Carlos Marín. El empate iluminó entonces el electrónico de El Arcángel, y los de Jose Uribe ganaron en confianza. Los siguientes minutos fueron de intercambio de fuerzas, con ocasiones para Simo o Antonio Casas, aunque ninguna encontró el camino del gol. Por contra, el Mensajero rozó el 1-2 con un gran golpeo escorado de falta directa que atajó Marín por bajo. De este modo, poco más dio de sí el primer tiempo, con un Córdoba CF dominante en la posesión pero inefectivo en los últimos metros, y con un cuadro visitante muy vertical y que conseguía encontrar huecos al contraataque. Por tanto, todo quedaba abierto para la segunda mitad.

El botín era dispar para los intereses de uno y otro, por lo que el Mensajero salió en la reanudación con la idea de encerrarse y, de nuevo, buscando únicamente el contraataque. La necesidad sí que apremiaba al Córdoba, que comenzó a acercarse a la meta rival tímidamente. En este sentido, las oportunidades siguieron produciéndose, primero con un cabezazo de De las Cuevas que salió mordido y poco después en una acción de Casas, que a la media vuelta no pudo superar a Padilla.

El partido fue poniéndose muy cuesta para los califas, con un juego poco fluido y muchas imprecisiones en la circulación. Los de Crespo no encontraban ni la velocidad ni la combinación por dentro. Y las ocasiones llegaban a chispazos, como la que dispuso Viedma con un chut seco desde fuera del área. Pero el atasco en el que andaban sumidos los cordobeses se destapó, a falta de un cuarto de hora, en una jugada a balón parado. Una falta servida desde el vértice del área encontró completamente solo a De las Cuevas, que a placer puso a los suyos de nuevo por delante con un sutil remate de cabeza. El tramo final, y la desventaja, obligó al Mensajero a subir líneas, lo cual generó huecos en la zaga. Así, cuando todo parecía visto para sentencia, un balón filtrado a la espalda de la defensa lo recogió Willy quien, tras driblar al arquero, sentenció con el 3-1 que dejaba un mensaje claro del Córdoba. Mi casa, mis puntos.

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