Adiós al último superviviente en el Córdoba CF
Cinco años dan para mucho. En la vida y, más todavía, en el fútbol, donde nunca se sabe muy bien dónde se puede estar de un día para otro. Y si no, que se lo digan al Córdoba, que sin esperarlo ni verlo venir, acabó hace seis años descendiendo a Segunda Federación; es decir, la cuarta categoría del fútbol español.
Su propósito era otro, pero una mala gestión y otras tantas circunstancias adicionales provocaron que un proyecto que nació con el claro propósito de asomarse al fútbol español se cayera por el camino, dando con sus huesos en una categoría que ni mucho menos merecía un club como el blanquiverde.
Así, hubo que ponerse manos a la obra con el objetivo de recuperar, y cuanto antes, el terreno perdido. Juan Gutiérrez, desde la dirección deportiva, armó un equipo que arrasó por completo en Segunda Federación, ascendiendo con cuatro jornadas de antelación y porque, entre medias, un error administrativo condujo a una alineación indebida que costó tres puntos. Si no, el regreso hubiera sido todavía más plácido.
De entre todos los jugadores que llegaron a El Arcángel para aquella temporada, el de Carlos Marín terminó ganando un peso que muy pocos esperaron al inicio. Porque la apuesta para la titularidad era Felipe Ramos, un portero bastante más experimentado que el almeriense. En principio, Germán Crespo le dio a Marín tres partidos de Copa Federación: Juventud Torremolinos (1-2), Xerez (0-1) y las semifinales frente al Ebro (1-0). Su rendimiento ya no pasaba desapercibido, por lo que el técnico granadino tomó una decisión que, con el tiempo, ha quedado demostrado que fue la mejor. Así, después de once jornadas ligueras a la sombra del guardameta de Alcorcón, Carlos Marín se hizo con un sitio que ya nunca más abandonó, terminando ese curso con 24 encuentros a sus espaldas.
Con el ascenso a Primera Federación, esa decisión resultó inamovible y, en ese primer curso, disputó 37 jornadas. Sin embargo, el sabor de boca final fue bastante malo, pues una caída muy pronunciada del equipo durante la segunda vuelta (como este pasado ejercicio), dejó al Córdoba sin la posibilidad siquiera de jugar el playoff de ascenso a Segunda División. Ahí los rumores de salida se acentuaron, siendo precisamente el Albacete uno de los equipos más interesados en su figura.
No obstante, el almeriense no salió de El Arcángel y lo que vino después es de sobra conocido: ascenso a Segunda en la 23/24 (40 partidos) y una consolidación total bajo palos en su estreno en el fútbol profesional (en la 24/25 sumó otras 40 apariciones). Sin embargo, la comisión deportiva entendió que el nivel de la portería debía subir para el pasado curso, de ahí que llegara en propiedad un Iker Álvarez que, aunque empezó como suplente, terminó ganándole la partida a Carlos Marín, que solo pudo jugar 9 partidos.
Por eso, todas las partes entendieron que era el momento de salir. 150 partidos después y con un historial al alcance de muy pocos de los que han vestido la camiseta blanquiverde. Pese a todo, no se le dio la oportunidad de despedirse, ni en la última jornada del curso anterior frente al Huesca en El Arcángel ni con unos minutos en la pasada edición del Trofeo Puertas de Córdoba. Con su salida no solo se va una leyenda sino también el último superviviente de una de las épocas más duras del club blanquiverde. Aunque, tristemente, no se haya podido llevar el aplauso que mereció por parte de la afición cordobesista.
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