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El músico frustrado que se recicló como astrofísico tras el ‘crack’ de 2008 y ha identificado una luna en Júpiter

Juan Luis Rizos

Juan Velasco

24 de julio de 2026 20:01 h

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Hubo un tiempo en que Juan Luis Rizos (El Carpio, 1986) recorría los pueblos de Córdoba cargando instrumentos en la furgoneta de una orquesta, enlazando actuaciones, sobreviviendo con clases particulares de música y alargando las noches entre bares y cervezas. Quería vivir de la música. Pero la crisis económica de 2008 acabó por romper aquel sueño. “La música me dijo que no”, resume hoy con una sonrisa un astrofísico que, cuando sintió que había tocado suelo, decidió hacer justo lo contrario: levantar la vista hacia el cielo.

Aquel músico que estudiaba Física por la UNED mientras intentaba llegar a fin de mes tocando en verbenas y locales de la capital, es hoy uno de los investigadores españoles que trabaja en la exploración del Sistema Solar. Acaba de liderar un estudio del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC), publicado en Nature Astronomy, que ha conseguido “iluminar” Kallichore, una diminuta luna irregular de Júpiter de apenas unos kilómetros de diámetro cuya posición, tamaño, forma y brillo se conocen ahora con una precisión sin precedentes.

El trabajo supone un paso decisivo para que la misión europea JUICE, actualmente en ruta hacia el planeta gigante, pueda realizar un posible sobrevuelo de este pequeño satélite, considerado un fósil del Sistema Solar primitivo. Y, por si fuera poco, hace apenas unas semanas la Unión Astronómica Internacional decidió poner su nombre a un cometa descubierto en los años noventa, un reconocimiento reservado a investigadores con aportaciones destacadas en el campo de la astronomía.

Rizos, a la derecha, en su época como músico en Córdoba.

La moneda de un euro en Moscú

El nombre de Rizos, no obstante, llegó a la bandeja de entrada de este periódico esta semana, como aviso del “alumbramiento” de una pequeña luna jupiterina. El investigador cuenta a Cordópolis que la historia de Kallichore comenzó con un problema aparentemente insalvable. Cuando se incorporó hace un año y medio al equipo científico de la misión JUICE, en una de las primeras reuniones surgió la posibilidad de estudiar esta pequeña luna durante el viaje de la sonda hacia el sistema joviano.

El inconveniente era que nadie sabía con suficiente precisión dónde estaría el satélite en el momento clave. La incertidumbre alcanzaba los 1.500 kilómetros. “Si no sabes exactamente dónde está, no puedes decirle a la sonda dónde tiene que apuntar”, explica el investigador cordobés. Fue entonces cuando propuso recurrir a una técnica que ya conocía bien: las ocultaciones estelares, una especie de “eclipse” en el que un objeto pasa por delante de una estrella y permite calcular su posición con enorme exactitud gracias a los datos de la misión Gaia.

A partir de ahí se puso en marcha una operación internacional que combinó observaciones del telescopio espacial Hubble, del Gran Telescopio Canarias y de decenas de observadores profesionales y aficionados repartidos por Europa y Norteamérica. La preparación duró más de un año y obligó a coordinar telescopios desde Turquía hasta Colorado.

“Caracterizar un objeto de menos de cuatro kilómetros de diámetro, situado a más de cuatro veces la distancia entre la Tierra y el Sol, equivale a estudiar desde Córdoba una moneda de un euro situada en Moscú”, resume Rizos sobre la proeza, que tenía todo en contra para no resultar posible.

Juan Luis Rizos

La madrugada que salió bien

La noche decisiva fue una madrugada de invierno. Rizos había estado meses poniendo en aviso a observadores de todo el mundo, muchos de ellos simples aficionados, de que ese día concreto de enero, se podría visualizar el fenómeno que permitiría caracterizar a Kallichore. Sin embargo, llegada la fecha, muchos equipos se quedaron sin observar nada por culpa de las nubes, mientras que otros guardaron silencio. Durante horas, el propio investigador dio la campaña prácticamente por perdida. De hecho, relata que se acostó pensando que tendría que escribir un correo de agradecimiento a todos los participantes por el esfuerzo realizado y dar carpetazo a su idea.

Sin embargo, al despertar encontró un mensaje procedente del norte de Italia: un equipo había registrado la ocultación de la estrella. Y no una vez, sino tres. “Pensé que se habían equivocado. Entré a analizar los datos y vi que era verdad”, recuerda. Aquellos tres telescopios permitieron afinar de forma extraordinaria el tamaño, el brillo y la órbita de Kallichore. Rizos tenía su “Eureka”: la primera caracterización física detallada de esta luna irregular y un paso clave para que JUICE pueda estudiarla de cerca cuando llegue a Júpiter.

También tenía resultados a meses de trabajo en pos de algo que el común de los mortales igual no es capaz ni de entender. El investigador cordobés detalla que esa pequeña luna podría conservar materiales prácticamente inalterados desde el origen del Sistema Solar y que la importancia de su caracterización está en que se pueden estudiar objetos similares a los transneptunianos sin necesidad de viajar hasta ellos. “Nosotros no podemos mandar una sonda a estudiar un objeto transneptuniano porque está sin 15 unidades astronómicas o 30, y desde el punto de vista tecnológico es mucho más complicado. Sin embargo, estas lunas están a 4 lunas gastronómicas. Están, entre comillas, al lado”, explica Rizos, que remata que, en cierto modo, la investigación abre una ventana cercana hacia regiones del Sistema Solar que normalmente resultan inaccesibles.

Rizos, en el congreso de Polonia en el que le pusieron su nombre a un asteroide.

De Ciudad Jardín a la NASA

Rizos lo cuenta todo con un lenguaje muy claro, esquivando tecnicismos. Se entiende cuando tratas con él y te cuenta cómo ha llegado hasta aquí. La trayectoria del investigador parece una novela de reinvención propia de la España del siglo XXI, que vio cómo su sueño de prosperidad se rompió a finales de la primera década, cuando estalló la crisis inmobiliaria de 2008.

Su historia no es muy distinta de la de miles de españoles que cogieron las maletas, con el añadido de que optó por reciclarse en pleno desmontaje del sistema económico español. Así, mientras estudiaba Física a distancia, Rizos vivía en un pequeño piso de alquiler Ciudad Jardín y seguía tocando con una orquesta cordobesa para sobrevivir. “Veía que no llegaba a fin de mes y tenía que hacer un cambio”, recuerda. Tras terminar la carrera consiguió su primer contrato en Canarias para realizar la tesis doctoral. Después dio el salto a Estados Unidos, donde trabajó en la Universidad de Maryland y participó en algunas de misiones espaciales de la NASA.

Su tesis estuvo vinculada a OSIRIS-REx, la misión que recogió muestras del asteroide Bennu, y más tarde formó parte del equipo científico de DART, la misión que logró desviar por primera vez la trayectoria de un asteroide mediante un impacto controlado. En 2023 regresó a España gracias a un contrato Juan de la Cierva para incorporarse al Instituto de Astrofísica de Andalucía, en Granada.

“Hay gente que tiene un piso en la playa; a mí me ha tocado esto”

Casi al final de la charla, se tiene que recordar a sí mismo que esta luna jupiterina no es lo único relevante que le ha ocurrido en los últimos meses. Y es que hace poco, durante un congreso en Polonia, recibió otro reconocimiento difícil de imaginar para aquel músico que hacía bolos por la provincia. La Unión Astronómica Internacional decidió rebautizar con su nombre un cometa descubierto en los años noventa, sustituyendo la fría denominación numérica con la que había sido catalogado, por Juan Luis Rizos.

“Hay gente que tiene un piso en la playa; a mí me ha tocado esto”, bromea. Aunque detrás de la frase hay algo más que humor. También la conciencia de haber atravesado etapas muy distintas: la precariedad de la crisis, las noches de carretera con la orquesta, los años de investigación en Estados Unidos y, ahora, la posibilidad de que una sonda europea sobrevuele una luna cuya posición él ha ayudado a desentrañar.

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