Conspiranoicos de sí mismos. Negar la realidad
Llevamos una semana disfrutando de la victoria más rotunda y justa del fútbol mundial. Sí, ganó el fútbol de verdad, sin trampa ni cartón. Y yo me pregunto ¿cómo es posible el espectáculo esperpéntico que están dando los argentinos si el mundo entero lo vio?
Que si hubo un tercer balón invisible en el campo; que si el balón tenía un chip que emitía impulsos para frenar o acelerar la pelota a gusto de España; que si nuestros jugadores llevaban tacos imantados en las botas; que si hubo Interferencias 5G en el estadio para desconcentrar a los argentinos; y hasta sostienen que hubo una fuerza sobrenatural que fue la que impidió que Argentina ganara dos veces seguidas. Bueno, me quedo tranquila, al menos lo predijeron Los Simpson, Baba Vanga y Nostradamus.
A estas alturas suenan casi normal el resto de las teorías conspiranoicas: la mano negra de la FIFA por la pancarta de las Malvinas; la intervención del FBI, el arbitraje comprado y, por supuesto, el VAR conectado a una IA que iba modificando las decisiones arbitrales favorables a España. Y ahora viene lo bueno, y es que todo esto ya lo sabía el astuto Messi, el ídolo criado en el fútbol español que le dio el culo a los ganadores -¡menudo final indigno para un dios!-. Su mensaje cifrado en la charla que le dio a sus compañeros parece que lo explica todo. Alucinante.
Pero no, no se rían, ni crean que esto es cosa de los argentinos, cuyos jugadores dicen que “hay que comprarlos por lo que valen y venderlos por lo que ellos creen que valen”. No, esto no es cosa de fantasmas, ni de los fantasmas de acento rioplatense, esto es la revelación inequívoca del mundo en que vivimos, donde la verdad está cada vez más infravalorada. Y la autocrítica, no digamos.
Si no acepto mi responsabilidad, si me equivoco, si me sale el tiro por la culata, si me trincan, pues voy y me invento cualquier excusa, por absurda que sea, porque siempre habrá imbéciles que se lo traguen, empezando por mí mismo.
A partir de ahora “hacer un argentino”, viene a ser como “hacer un Zapatero” en España… ¿Qué me trincan las joyas millonarias escondidas en mi caja fuerte? Pero qué mal pensados que son ustedes: “Estaban ahí y nada más”, “sin uso, ni destino”, “no hay ningún afán patrimonial”, “¡ni hemos pensado en ellas!”… ¿Habrá frases más ridículas por absurdas?
El autoengaño y la mentira se han convertido en la peor lacra de nuestra sociedad. El pensamiento crítico no existe y todo lo que nos pasa, si no nos gusta, es culpa de otros y de conspiraciones contra nuestra majestuosa perfección. ¡Ay de aquellos años en los que, a la vuelta del colegio, si te habían puesto un cero, o te habían castigado, tus padres iban y te castigaban otra vez!. Ahora la culpa siempre es del profesor. Advierto, de estos polvos, vendrán lodos muy gordos.
En fin, no sé si será el ego, si una sociedad cada vez con menos valores, o la falsedad del imparable mundo artificial de las redes. Tal vez por eso resultó tan mágico para el mundo entero ese efímero momento de auténtica verdad que el pasado domingo nos regalaron nuestros jugadores.
Ahora ya pasó. Los autoconspiranoicos llegaron para quedarse. Cuidado.
Sobre este blog
Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada.
Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta.
¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.
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