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Ayina, el final de una historia de exámenes sin aprobar

Ayina pelea un balon aéreo ante el Alavés. FOTO: MADERO CUBERO
El punta francés sale del Córdoba hacia el Racing de Santander con la rescisión de su contrato en el bolsillo y un regusto amargo

El pasado domingo ante el Alavés dio sus últimas carreras sobre el césped -o lo que sea que haya sobre el piso de El Arcángel-, recogió los piadosos aplausos de un público que siempre -por esos inexplicables mecanismos sentimentales del fútbol- le tuvo cariño y se marchó por un túnel de vestuarios que ya no cruzará más. El vínculo se ha roto. John Christophe Ayina (Rouen, Francia, 1991) ha dejado de ser jugador del Córdoba, un club que le reclutó en julio de 2012 desde el modesto Quevilly, de la tercera división gala, para apostar por él como una promesa de futuro. Si se revalorizaba, podría ser una buena venta. Al final, vistos los acontecimientos, todas las partes han decidido que la mejor opción era echar el cerrojo y decirse adiós.

Ni el futbolista progresó como se podía esperar ni el Córdoba estaba dispuesto a darle más plazos, a pesar de que a última hora le ofreció una ampliación de contrato -el actual expiraba en junio de 2014- con la idea de cederle de nuevo o mandarle a reforzar al filial de Segunda B. Pero esa posibilidad se cortó de raíz. La Pantera de Rouen se marcha a Santander, donde se integrará a un club histórico que vive un desplome brutal. Ha pasado de la Primera División a la Segunda B en apenas tres cursos. Ayina buscará su porvenir en El Sardinero, donde desde ahora podrán tener la ocasión de seguir los avances de este delantero de 22 años que acaba de salir del Córdoba.

Ayina recaló en el club blanquiverde como uno de esos fichajes que el presidente, Carlos González, avaló personalmente como apuestas. Su llegada apenas resulta gravosa para la economía de la entidad, los sueldos rozan el mínimo y, si explotan en el campo, se revalorizan. Ése era el plan con el francés, que iba a vivir su primera experiencia completa como futbolista profesional a las órdenes de Rafa Berges. Su paso por las secciones formativas del Guincamp, de gran prestigio en el país galo, le abrió las puertas de un histórico como el París Saint Germain, aunque allí no logró prosperar como esperaba.En octubre de 2011 recaló en el modesto Quevilly, un recién ascendido a la tercera división francesa. Allí se reveló como un delantero con potencial y vivió el que ha sido, hasta ahora, su momento álgido como jugador. Dos goles suyos valieron para eliminar en prórroga (3-2) al Marsella, el equipo con más títulos en la Copa. Luego cayó el Rennes y el Quevilly alcanzó la gran final. Allí cayeron por 1-0 ante el Lyon. Ayina rozó el cielo. Fue el protagonista en el sueño de un modesto, una especia de alcorconazo en versión francesa. Y el Córdoba lo fichó por dos años.

Con Berges estuvo más en la grada que en el banquillo. El campeonato de Liga ni lo olió, aunque tuvo el privilegio de salir al campo en el partido que el Córdoba disputó en El Arcángel ante el Barcelona de Leo Messi (0-2). En el mercado invernal, tomó la puerta de salida junto a casi todos los puntas de los que entonces disponía Berges: Patiño se fue al Xerez, Pepe Díaz al Oviedo y John Ayina al Écija, del grupo IV de Segunda B. Diecisiete partidos y tres goles con el conjunto astigitano antes de regresar este verano para afrontar otro examen. Pablo Villa le dio oportunidades en los encuentros de pretemporada. En el campeonato de Liga ha estado en el banquillo y ha salido a escena cuando la ocasión lo requería. La última vez, ante el Alavés. Una ración más de impulsivas arrancadas por distintas zonas del campo, a veces con el balón y otras sin él, a menudo lejos del compañero, o demasiado cerca. Lo de la disciplina táctica y el sentido de la colocación no eran su fuerte. Lo suyo era otra cosa, aunque nunca se supo claramente qué. El chico dio todo lo que tenía. No ha sido suficiente.

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