Aguado, un destello entre tinieblas

Álvaro Aguado, en La Romareda ante el Zaragoza | LOF

“Hay algún jugador que me ha impresionado, como Álvaro, que es un pelotero que me ha sorprendido muchísimo”. Quien lo dice es Aythami Artiles, una de las presencias estelares de la brigada de fichajes -son diez, con dos aún a falta de formalizar su inscripción- que ha llegado en los últimos días para salvar al Córdoba. Y Álvaro es Álvaro Aguado, que ya estaba aquí desde unos meses antes. Primero, en el filial de Segunda B, siendo una de las piezas clave de una formación que lucha por la permanencia; ahora, desde diciembre, es un recurso habitual para Jorge Romero en el primer equipo blanquiverde, que anda metido en una heroica batalla por conservar la categoría. Un desafío áspero, más propio para gente con el pellejo duro y el expediente profesional trufado de episodios al límite. Álvaro solo tiene 21 años, pero le ha puesto descaro y acumula cinco partidos en Segunda División. Con la puerta giratoria del club echando humo, este mediocentro de corte ofensivo ha aprovechado para coger la posición en medio de una plantilla en reconstrucción permanente. Sin demasiado ruido, con los focos apuntando a otros, se está trabajando la continuidad en el proyecto cordobesista.

Álvaro Aguado Méndez (Jaén, 1996) se formó en los escalafones inferiores del Real Jaén y sus actuaciones llamaron la atención a clubes más poderosos. Como tantos otros talentos jóvenes -en Córdoba ocurre algo parecido-, buscó un porvenir lejos de casa. Pasó por el Villarreal y el Levante hasta terminar su etapa juvenil. Luego fue al Ontinyent, en Tercera, y disputó el play off de ascenso a Segunda B. La entidad de su tierra le llamó y pensó que era una buena salida. Subió de categoría, pero el cuadro de La Victoria terminó descendiendo... y a Álvaro, uno de los puntales con más proyección, le echaron las redes. Lo querían el Betis, Las Palmas y el Córdoba para sus filiales. Su cláusula era de 3.000 euros y acabó saliendo este verano con destino a El Arcángel, sufriendo una agria polémica por el modo en que el club de la capital del Santo Reino anunció su adiós. El futbolista aclaró en su momento que no era una marcha unilateral, sino una consecuencia del pago de su cláusula por parte de otro club. Hubo tensión, pero todo terminó del único modo posible dadas las circunstancias. Y Álvaro cogió las maletas.

En el Córdoba se integró en el filial, donde fue básico a las órdenes de Jorge Romero. Titular indiscutible en las diecinueve primeras jornadas, dio el salto a la primera plantilla apenas días después de que su técnico en el B tomara las riendas en sustitución de Juan Merino. Con Aguado, el filial perdió 6 partidos de 19; su marcha coincidió con una racha oscura -cuatro derrotas consecutivas-, rota este pasado lunes con la victoria ante Las Palmas Atlético. Un gol postrero del juvenil Andrés dio al B su primer triunfo de la temporada sin Álvaro Aguado, que ya está plenamente integrado en la dinámica de la plantilla de Segunda División. Romero le tiene en estima.

Este centrocampista organizador, con visión de juego y fina técnica, tiene entre sus principales virtudes su capacidad para entender cuándo debe intentar algo fuera de lo común y en qué momento se exige una actitud práctica y menos lucida. En el Córdoba actual, donde prima la eficiencia, ha sabido adaptarse a un rol menos vistoso. Después de ser convocado por primera vez en Almería, debutó en la semana siguiente en el partido más memorable del presente curso: el 5-0 al Reus. Salió a falta de 15 minutos en un cambio que simboliza un cambio de era. Se fue del campo Carlos Caballero, capitán del equipo y el más antiguo en la plantilla. Entró un chaval doce años más joven para estrenarse en el fútbol profesional. Tras sumar minutos ante el Albacete en El Arcángel, otro cuartito de hora en El Molinón de Gijón. En la siguiente salida, titular ante el Zaragoza en otro escenario histórico como La Romareda. Y en medio de otro esto, una venta del club y un carrusel de despidos y fichajes. Un panorama de tinieblas en el que brillaba la luz de un futbolista en busca de su oportunidad. Ha intervenido en cinco partidos y sigue empeñado en hacerse un sitio en el Córdoba del futuro. Atención al 37.

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