La tormenta perfecta

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Tarik y la fábrica de colores regresó anoche al Teatro Góngora, 25 años después de la edición de su disco homónimo

25 años años después de Tarik y la fábrica de colores, un disco editado por el sello Mano Negra, Álvaro Muñoz decidió reaparecer ante el público cordobés para echar la vista atrás y revisar aquellas canciones y aquel sonido, eso sí, sin su banda de entonces -“porque es imposible”- en la que falta el guitarrista Charly de la Mata, fallecido hace unos años. Eligió para la ocasión un blazer de lentejuelas y tres músicos diez -Fernando Vacas, CC Olivas y Eric Jiménez- para poner en marcha la celebración de un disco de culto y darle aún más sofisticación y psicodelia a sus temas. Y la cita fue una fiesta.

No del modo de las fiestas de Burbujas o Varsovia (dos bares míticos de la Córdoba de los ochenta) pero sí con los ecos y la memoria de quienes llenaron ayer la sala principal del teatro Góngora. Glorias de mediana edad que sentadas en sus localidades y sin ningún vaso en la mano, movían sus cabezas por fuera mientras se emocionaban internamente poniendo en valor temazos como Algunos consejos, Oh, pequeña, Diez puertas, Entonces, ¿por qué? y, sobre todo, Esa extraña emoción.

La frialdad de este actual gentleman del pop es solo una falsa apariencia. Él vino a ofrecer su corazón. También a mostrar su tormenta interna, tan contundente como la batería de Eric y tan indescifrable como la nota más rara que origina un acorde. Tarik ha sido nuestro músico post-punk, algo que vino a celebrar con elegancia a la vez que cerraba un círculo. Para el bis se reservó otros mundos de su etapa sin la Fábrica, algunas canciones que lo han convertido en nuestro particular Thin White Duke. Pero esa será otra fiesta que algún día habrá que celebrar.

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