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Sanguijuelas del Guadiana y Los Aslándticos: el cemento que pega los azulejos de la memoria

Concierto de Los Aslándticos
3 de julio de 2026 09:56 h

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Hubo un tiempo en que algunos productos en los pueblos se anunciaban con azulejos. Antes de que las marquesinas, los leds y los algoritmos decidieran qué debíamos mirar, las fachadas de los almacenes agrícolas lucían orgullosas aquellas placas, entre otras, de Nitrato de Chile, auténticos collages cerámicos donde una tipografía imposible prometía cosechas más abundantes. Eran publicidad, sí, pero también una declaración de principios: aquí se trabaja la tierra. Aquí todavía merece la pena quedarse.

Sanguijuelas del Guadiana ha entendido mejor que nadie aquella estética. No es casualidad que la hayan convertido en bandera gráfica de una banda que ha hecho exactamente lo mismo que aquellos anuncios: reivindicar el terruño sin convertirlo en un decorado de postal ni en un lamento permanente. Han cambiado el fertilizante por canciones y el esmalte por Instagram, pero el mensaje sigue siendo el mismo.

Para pegar con fuerza los azulejos de la memoria colectiva, hace falta una masa que resista el paso del tiempo. Nada mejor para eso que el cemento rudo, industrial y de toda la vida de la fábrica Asland. Justo allí, a la sombra gris de sus silos, tenían hace ya muchos años su local de ensayo Los Aslándticos.

Concierto de Los Aslándticos

Y la jugada en el Festival de la Guitarra fue perfecta. Si la noche necesitaba un aglutinante definitivo para que la fiesta no se desmoronase, los cordobeses pusieron la mezcla exacta. Jugar en casa siempre tiene ese plus de electricidad en el ambiente.

Arrancó la noche con el equipo local en estado de gracia. No era para menos: Los Aslándticos están de celebración. Veinte años desde aquel El mundo está fatal de los nervios se dice pronto, pero mantenerse con esa frescura en el panorama independiente exige una resistencia estoica, casi de obrero del metal. La banda celebra este aniversario redondo con 20 Años fatal de los nervios, un disco que combina revisiones de sus temas más emblemáticos con canciones inéditas que demuestran que la maquinaria sigue perfectamente engrasada. La banda de Bueno Rodríguez, Alberto Invernón y Jorge Carmona defiende —y demuestra con creces directo tras directo— que, por encima de la nostalgia facilona, este cumpleaños funciona como una reafirmación de identidad absoluta.

Salieron a morder el escenario con esa energía indomable que los caracteriza, demostrando que su fórmula de vitalismo ilustrado sigue tan viva como el primer día. Lo de Los Aslandticos es otro tipo de collage: el de la Córdoba periférica, la que no sale en los folletos turísticos de la Mezquita pero que late con una fuerza descomunal en los barrios.

Desplegaron su artillería habitual de optimismo canalla y ritmos cruzados, hilando un setlist donde De momento, Mi primer día o La receta funcionaron como auténticas inyecciones de dopamina para un público que ya estaba entregado a la causa del baile.

Verlos conectar con la plaza es entender que el cemento de su antigua fábrica no solo sirvió para levantar bloques de pisos; sirvió para fraguar un sonido propio, inconfundible, que se adhiere a la piel y te obliga a saltar aunque el termómetro pida clemencia.

Concierto de Sanguijuelas del Guadiana

Entre Córdoba y Casas de Don Pedro apenas hay un cambio de pigmento. Donde Andalucía luce el verde, blanco y verde, Extremadura cambió hace siglos ese último color verde por el negro heredado de la taifa de Badajoz. Lo demás es una conversación interminable entre pueblos que comparten dehesas, jornales, emigraciones, bares donde el café sigue costando poco y esa sospecha permanente de que el talento siempre tiene que marcharse para que alguien lo tome en serio.

De pronto aparece un grupo como Sanguijuelas del Guadiana desde la siberia extremeña y dinamita el relato. Una escenografía que reproduce su cochera del pueblo con un cartel de Se vendía y un frigorífico lleno de latas de cerveza.

No venían al Festival de la Guitarra a demostrar nada. Eso ya lo hicieron hace meses llenando salas por todo el país. Venían a confirmar que lo suyo ha dejado de ser una promesa para convertirse en un fenómeno popular. Y eso se notó desde 100 amapolas, donde el público ya cantaba como quien vuelve a casa después de demasiado tiempo. Yesca hizo exactamente lo que promete su nombre: prender fuego a cualquier distancia entre escenario y patio de butacas.

Hay grupos que mezclan estilos. Sanguijuelas mezclan geografías. En una misma canción caben la verbena, el drum'n'bass, la rumba, un sintetizador pasado de vueltas, la sombra de Extremoduro, una tarde de feria, Los Chichos, una litrona caliente y el orgullo de pronunciar “Casas de Don Pedro” delante de cientos de personas sin pedir perdón por el acento. Lo suyo no es folklore actualizado. Es costumbrismo mutante.

Concierto de Sanguijuelas del Guadiana

Mientras sonaban El estandarte, Quiero parecer o Jaribe, daba la impresión de que el Festival de la Guitarra se había mudado durante una hora a cualquier plaza extremeña un sábado de agosto. Después llegó La brecha, y aquello dejó de parecer un concierto para convertirse en una romería electrónica donde daba igual venir de Córdoba, de Villanueva de Córdoba, de Pozoblanco o de la Siberia Extremeña. Durante un rato todos hablamos el mismo idioma.

Y entonces apareció Revolá. Poco que decir cuando temblaba el recalentado suelo del Teatro de la Axerquía con más de 1.500 personas botando. Es probablemente la mayor victoria de Sanguijuelas del Guadiana: haber conseguido que miles de chavales vuelvan a pronunciar el nombre de sus pueblos con la cabeza alta.

Acercándose el final, con Llevadme a mi Extremadura no sonó como un ejercicio de nostalgia. Sonó como una frontera que desaparecía delante de nuestros ojos. Porque si algo quedó claro en Córdoba es que Andalucía y Extremadura llevan siglos compartiendo mucho más que una raya en el mapa. Comparten el mismo barro en las botas, el mismo humor de supervivencia y la misma manía de convertir la precariedad en fiesta.

Hubo una comunión total entre la propuesta cruda y rural de las Sanguijuelas y la explosión urbana y colorida de los cordobeses. Dos formas de entender la resistencia cultural que, al final de la noche, terminaron encajando como piezas de una misma estructura.

Tenemos azulejos que mirar y cemento de sobra para aguantar el tirón.

Concierto de Sanguijuelas del Guadiana
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