'La mirada ausente' ante el precipicio de la vida

Dos espectadores ante uno de los cuadros de la muestra. | TONI BLANCO
El joven cordobés Sebastián Contreras refleja en su primera exposición en solitario el devenir del aprendizaje del artista

Retratos de modelos, miradas de rostros que van desde el realismo primitivo a la figuración, desde la técnica de quien aprende el oficio a quien con los años pule su hacer frente al lienzo. Porque frente al lienzo se coloca un joven artista, el cordobés Sebastián Contreras, que en su primera exposición en solitario plasma el devenir entre sus primeras obras y el avance de su trabajo con el paso del tiempo.

Con 28 años, este licenciado en Bellas Artes y especialista en diseño 3D, tras participar en varias exposiciones colectivas en Sevilla y Córdoba, plasma ahora en una serie de trece óleos, varias fotografías y un dibujo el devenir del aprendizaje de quien con la ilusión camina hacia su horizonte profesional.

"Las obras más antiguas tienen un acabado distinto, con menos técnica", señala el autor sobre sus pinturas hechas en su época de estudiante aún. Otras, las iniciadas entonces y retomadas después, dan un paso más en la técnica utilizada y las últimas -realizadas entre 2013 y 2014- dejan asomar ya "un punto fantástico" en los retratos expuestos.

Y es que aún en la corta vida de este artista, su obra va del puro realismo a la figuración, del detalle concreto al espacio para la imaginación, en una serie con un universo iconográfico con referencias al cine y la literatura que se muestran en formatos de tamaño distinto que van desde los 30 centímetros a lienzos de un metro.

La muestra, que bajo el título de La mirada ausente está abierta al público en la sala de la Escuela de Arte Mateo Inurria hasta la última semana de febrero, es el primer escalón de su carrera que Contreras sube en solitario, una carrera que, sin embargo, ve con las dificultades propias del momento actual.

"Veo difícil ganarme la vida con la pintura en Córdoba", dice sobre sus expectativas de futuro en la ciudad que, paradójicamente, le ha dado su primera oportunidad. Se plantea, como muchos otros, irse fuera para seguir su carrera mientras, desde ese primer escalón, aún ve con distancia el precipicio de su horizonte artístico.

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