'Jesús, qué vida llevo': Pablo Carbonell frente a Dios en un ensayo que publica Almuzara
Entre la fe y la ausencia de ella…, la carcajada, la sensatez, la irreverencia, el sentido de la vida y la fascinación por la figura de Jesús de Nazaret transcurre el último libro del músico, escritor y actor Pablo Carbonell, que publica la editorial Almuzara. El regreso de este creador inclasificable a las librerías se titula Jesús, qué vida llevo. Conversaciones con el hombre que siempre va conmigo, y es, según la casa que lo publica, “un libro provocador y lleno de inteligencia emocional en el que el artista gaditano dialoga con la fe, la culpa, el deseo, la educación católica y la necesidad humana de trascendencia”.
Lejos del ensayo religioso convencional, Carbonell edifica un relato confesional, irónico y hondamente literario en el que conviven la memoria familiar, la cultura popular y las grandes preguntas espirituales. “Yo vivía en Dios”, escribe el autor al recordar una infancia marcada por una educación católica, donde “el patio, la playa, el colegio, el campo, la calleja donde vendían cucuruchos de camarones y el supermercado eran Dios”. Después de tomar la Primera Comunión fue admitido como monaguillo. Y así lo recuerda: “En aquel momento, asistiendo al cura en la misa, no me daba cuenta de lo complejo que podía resultar aquel rito, aquella función de la consagración. No era la representación, la impostura de un milagro, no, era el milagro en directo. Solo ahora, después de tantos años, me doy cuenta de la inmensa complejidad, la concentración necesaria para realizar semejante prodigio con la seriedad y ceremonia debidas. En esto hay bastante consenso, para celebraciones, bodas, comuniones, pompas, quema de herejes…, los rituales católicos lo bordan”, escribe.
“¿Hay alguien ahí afuera? ¿Hay alguien aquí dentro?”, se pregunta en otro de los pasajes más reveladores de una obra atravesada por la duda, el humor y la honestidad más descarnada. En estas páginas aparecerán Jesús de Nazaret, Nietzsche, San Agustín, Martin Scorsese, Groucho Marx o Javier Krahe, en una conversación libre y sorprendente donde caben tanto la mística como el deseo, el pensamiento crítico y la necesidad de creer en algo..., o no.
“El alma es como una bola de billar metida debajo del colchón, un Pepito Grillo, cricrí, cricrí, al que no se desea escuchar”, escribe el artista en uno de los muchos momentos en los que estas páginas transitan entre la reflexión filosófica y el más lúcido de los humores.
Pero Jesús, qué vida llevo no se queda solo en la provocación o en la revisión crítica de la fe heredada. Conforme avanza el libro, el tono se vuelve más íntimo, más sereno y luminoso, acercándose a una idea de espiritualidad intensamente humana, ligada al amor, la compasión y la necesidad de encontrar el verdadero sentido; no en vano afirma: “Las cosas son cuando las nombras”. Acaso esa sea la verdadera esencia de este texto, el de poner nombre a las dudas, los temores y las contradicciones que nos acompañan. Con la honestidad por bandera y el carisma verbal que siempre lo han caracterizado, Pablo Carbonell firma uno de sus libros más personales y rotundos.
Pablo Carbonell (Cádiz, 1962) es una de las figuras más singulares de la cultura española contemporánea. Músico, actor, escritor y comunicador, ha desarrollado una trayectoria marcada por el humor, la ironía y una mirada muy personal sobre la realidad. Se dio a conocer como líder del grupo Los Toreros Muertos, con el que alcanzó gran popularidad gracias a su estilo irreverente y sus letras satíricas. En el ámbito literario, es autor de libros como Sinsahara, junto a Eva Salmerón; El mundo de la tarántula; Pepita, y El nombre de los tontos está escrito en todas partes, en los que despliega una escritura ingeniosa, cercana y cargada de observación crítica. Ha participado, además, en cine y televisión, consolidando una presencia versátil como actor y reportero.
A lo largo de su carrera, Carbonell ha mantenido una constante inquietud artística, moviéndose entre disciplinas sin perder su sello personal. Su obra literaria refleja esa misma actitud: una combinación de humor, sensibilidad y mirada lúcida sobre lo cotidiano.
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