Buñuel, entre Lorca y Dalí

El hispanista irlandés Ian Gibson anoche en la Feria del Libro | MADERO CUBERO
El hispanista irlandés Ian Gibson presenta en la Feria del Libro su biografía sobre el cineasta aragonés y su amistad con el poeta granadino y el pintor del Ampurdán

Fue algo más de un lustro irrepetible. En un mismo paisaje, casi en un mismo edificio, se hicieron amigos tres de los talentos más importantes del siglo XX español. Lorca, Buñuel y Dalí. Tres apellidos que hace décadas que ya entonces no necesitaban de nombres propios, si bien Federico, Luis y Salvador nunca dejaron de llamarse así entre ellos. Al menos mientras duró su amistad, llena de sombras y luces y marcada por el asesinato del poeta granadino en agosto de 1936, fusilado a las afueras de su ciudad. A ese universo ha vuelto -si alguna vez se fue-el hispanista irlandés Ian Gibson, que anoche presentó en la Feria del Libro su última biografía, Luis Buñuel, la forja de un cineasta universal.

A través de sus autobiografías -“No hay que fiarse de ellas”, advierte Gibson- de Buñuel y Dalí; de las entrevistas que realizaron, sus cartas, y los testimonios de quienes les conocieron en la Residencia de Estudiantes, el dublinés dibuja una turbulenta relación a tres en la que Buñuel viviría una fascinación por sus compañeros marcada por la abierta homosexualidad de Lorca, enamorado de Salvador, y la ambigua respuesta de Dalí.

“La Residencia de Estudiantes, donde se conocieron y nació su gran amistad, era posiblemente el lugar más progresista y abierto de la época, pero seguía siendo timorato para algo como la homosexualidad”, señalaba anoche Gibson. Dos ejemplos familiares son claros: Luis no fue al entierro de su hermano menor, amigo de Lorca y, como él, abiertamente gay. “Y no fue a pesar de que estaba rodando en España Viridiana”, resalta Gibson. “Por otro lado, cuando Francisco, el hermano de Federico García Lorca, publicó en los años ochenta Federico y su mundo no dedicó ni una línea al hecho de que éste fuese homosexual”, constata el biógrafo.

“Buñuel vivía el hecho de la homosexualidad con inquietud. Él hacía gala de su hombría y de su machismo, contaba anécdotas de palizas a homosexuales , de cómo había sacado dinero a un noble al hacerle creer que se liaría con él. Pero Buñuel, en el fondo, era una persona muy tímida y no sabemos si esas historias que contaba eran ciertas o no”, destaca el biógrafo. Y esa tensión se refleja en los celos que sintió cuando la fascinación entre Lorca y Dalí se hizo manifiesta. “Recibí una carta asquerosa de Lorca y si acólito”, le escribió a un amigo, sin mencionar a Dalí en ese pasaje.

Pero las tensiones y las broncas a cuenta de la sexualidad del poeta, del pintor y, por ende, del propio director de cine no truncaron una amistad que sí destrozaría la guerra. El asesinato en Granada de Lorca a manos de los fascistas sublevados fue una losa que acompañaría para siempre a los dos amigos supervivientes. La memoria sobre él se dulcificó. Y en su autobiografía, Mi último suspiro, Buñuel solo guardaba ardientes elogios para su amigo muerto. Pero como recuerda Gibson: “Cuidado con las autobiografías. Ponemos y olvidamos lo que queremos”.

Nueva documentación sobre el asesinato de Lorca

La visita de Ian Gibson a Córdoba coincidió el mismo día en el que se hicieron públicos los informes redactados por la policía franquista en los que, 20 años después del fusilamiento, se relatan los hechos. “La existencia de los documentos ya se conocían y se habían hecho referencias a ellos pero lo bueno ahora es que se han reproducido. Podemos verlo”, destaca el historiador. El informe en sí no tiene información nueva, pero refleja un momento, en 1965 cuando el mismo gobierno franquista empieza a abrirse y pide información a la Policía de Granada sobre la muerte del poeta. “Y la respuesta es demoledora”, exclama Gibson. “En ese informe no se dice que Lorca fuese asesinado por algo personal, por rencillas. No, lo que dice es que fue una ejecución en toda regla”, prosigue el biógrafo. El el Gobierno de la época se quedaron de una pieza cuando se enfrentaron con la realidad sobre el papel. “Cuando el Gobierno de Franco recibió ese documento confirmando que lo habían matado ellos dijeron: 'Esto, mejor no menearlo”.

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