Belleza y recuerdos en la exposición de Alba Blanco en UCOcultura

La exposición de Alba Blanco en UCOcultura

Hasta el próximo 5 de febrero puede visitarse en el centro UCOcultura de la Plaza de la Corredera la muestra Mise en Abyme. La artista malagueña Alba Blanca expone una colección de seis fotos, siete escanografías, una pieza formada por fotografía y códigos y tres bordados; “un proyecto que en principio hablaba sobre la belleza, que para mí son imágenes de recuerdos”, indica. 

La exposición ha sido inaugurada por el rector de la UCO, Manuel Torralbo Rodríguez, acompañado del vicerrector de Estudiantes y Cultura, Israel Muñoz Gallarte; y el director general de Cultura, Fernando Lara de Vicente.  

Alba Blanco ha explicado que Mise en Abyme, o puesta en abismo, “reúne imágenes mentales que trataba de reconstruir por medio de fotografías. Esas imágenes tenían casi siempre un carácter cotidiano. Son objetos, como el brazo ortopédico de mi padre. A partir de ahí empecé a plantearme la cuestión del código de esas construcciones y la similitud con los bordados (algo también relacionado con mis recuerdos familiares). Porque los bordados son imágenes que tienen un proceso de elaboración, y un reverso, un código. De ahí el código alfanumérico que es el reverso de la fotografía. Y de ahí también «Mise en Abyme», una expresión francesa referida a la narración integrada en otra narración, y que deriva a la pintura, la fotografía, etc. Yo lo relaciono con la fotografía del reverso de un bordado donde se introduce el código de la fotografía, o con el bordado a partir de una fotografía del reverso de un bordado. Como si fueran espejos enfrentados que nos llevan al abismo”. 

La artista malagueña afincada en Córdoba considera que “la belleza es un delicado tejido formado por recuerdos que a veces se pueden alcanzar contemplando imágenes y objetos. Fotografía y objeto sustituyen lo que ha sido. Porque el recuerdo es siempre pasado y por tanto, representación”. Continúa explicando que “la mano ortopédica de mi padre es para mí la belleza. Por un lado, el simulacro de algo que no está. Y por otro, un resto valioso de mi infancia que junto a otros objetos, guardo en un altillo. Ya no forman parte de lo cotidiano. Así que busco un halo de irrealidad que los envuelva para pasar a ser representación pura. Los bordados, que son memoria, los deposito en la naturaleza. Anochece y los veo en sueños. Hay una luz cálida y misteriosa que proyecta sombras en su superficie. Lo que quiero es darles la vuelta y ver el reverso del bordado, un código: cómo se construye la representación de esas imágenes que son cosas que ya no existen”.

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