Peritos del crimen de Sagunto revelan la “agresión brutal” que sufrió Rafael hasta morir asfixiado
Rafael sufrió hasta la muerte e intentó defenderse. Esa es la principal conclusión a la que se llega después de la segunda sesión del juicio a tres personas acusadas de su asesinato en su piso de la calle Reina Mercedes, en la zona de Sagunto. Este martes, la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Córdoba ha acogido las declaraciones de hasta 13 testigos, todo ellos peritos, entre médicos forenses y policías que intervinieron de una forma u otra en el caso por el que se piden 23 años de prisión para R. y J., y 17 para M.
En líneas generales, la forense que analizó la escena del crimen y los que hicieron la autopsia al cadáver de Rafael han apuntado a una “agresión muy brutal” y a una resistencia desesperada por parte de la víctima. Estos expertos no solo han confirmado que Rafael sufrió una prolongada “agonía”, sino que han desmontado las tesis de “arrebato” u obcecación al revelar una frialdad incompatible con un estado de shock pasional. Según sus declaraciones, la víctima no recibió un único golpe, sino una “gran cantidad” de impactos repartidos por el costado, el cuello y la cabeza. Como posible arma que se usó en el crimen, se han referido a un travesaño metálico de una cama de 1,90 metros que presentaba manchas de sangre. Casi al término de la sesión, la Policía Científica ha revelado que en dicho travesaño se hallaron únicamente huellas de R., el acusado que ha reconocido que mató a Rafael, aunque “movido” por una presunta agresión sexual que la víctima habría cometido sobre M., que era su pareja.
Por otro lado, los dos forenses que realizaron la autopsia al cadáver han señalado que la causa de la muerte fue la asfixia, ejecutada mediante un doble mecanismo: la oclusión de nariz y boca, y la estrangulación manual. Ambos mecanismos se habrían llevado a cabo a la vez, según uno de los forenses, dado que la víctima tenía la nariz rota y había muy poca sangre para este tipo de lesiones. Es decir, si tras la fractura de nariz hubiera estado mucho tiempo con vida, la sangre presente en la escena del crimen habría sido muchísimo mayor a la encontrada. Además, tenía un dedo meñique y varias costillas rotos porque uno de los acusados se subió a horcajadas. Ante estas evidencias, estos expertos han rechazado que la agresión la cometiera una única persona, sino, como mínimo, dos. Asimismo, durante la sesión ha quedado reflejado que Rafael intentó defenderse debido a las lesiones que presentaba en antebrazos, manos, pies y rodillas.
Estas muestras de autodefensa también se constatan en el desgarro del frenillo superior de la boca; indicio típico, según los peritos, de que hizo movimientos laterales desesperados para sobrevivir mientras le comprimían la cara. Finalmente, la víctima murió asfixiada. Por todo ello, los forenses han afirmado, sin ningún género de dudas, que Rafael tuvo que sentir “agonía y sufrimiento psíquico de saber que su vida se iba a terminar”. Los informes toxicológicos realizados a la víctima han revelado la presencia de un fármaco, pero en dosis no tóxicas, y una ausencia total e alcohol. En cuanto al análisis de orina, los peritos han detectado restos de cinco fármacos distintos que pudieron ser ingeridos días o, incluso, semanas antes de los hechos.
En la casa había restos biológicos de los tres acusados
El análisis de las huellas y restos biológicos recogidos en el piso de Rafael sitúan a los tres procesados en la escena del crimen, aunque en la habitación donde presumiblemente fue asesinado, solo se han hallado restos de R. y J. La defensa de este último afirmó este lunes que su cliente no participó en la agresión y que, incluso, no sabía que la víctima estaba muerta cuando horas más tarde de la muerte entró al piso para robar una televisión.
En concreto, la Policía Científica halló el perfil genético de J. tanto la uña del dedo meñique de Rafael, precisamente el dedo que tenía roto, como en una mancha de sangre encontrada en la habitación. Asimismo, el ADN de R. no solo se encontró en el travesaño metálico de la cama, sino también en el cinturón de un batín de la víctima, en manchas de sangre y en otros objetos que se encontraron en el salón. De la procesada, por otro lado, también se hallaron huellas en una botella de cerveza, en un cigarro y una taza de café. Por último, la Policía halló otras huellas que no han podido identificarse.
En cuanto al momento de la muerte, aunque inicialmente se barajó la franja entre las 9:00 y las 11:00 del 3 de abril basándose en el humor vítreo de los ojos de la víctima, los forenses que hicieron la autopsia han situado el fallecimiento “varias horas antes de las 9:00 del 3 de abril”. No obstante, lo que sí han confirmado es que ese intervalo de tiempo no sería superior a las 12 horas por los síntomas de inicio de descomposición que tenía el hígado de Rafael.
Los acusados sabían lo que estaba pasando
En esta segunda sesión también ha quedado patente el grado de conocimiento de la realidad que tenían los acusados. En cuanto a R., los médicos forenses han explicado que no padece ningún tipo de adicción ni trastorno psicopatológico o de personalidad. De hecho, él mismo negó un consumo abusivo de sustancias, lo cual fue corroborado por los análisis clínicos. Además, los expertos han rechazado la tesis de la defensa sobre un posible “arrebato” al observar a la víctima con su pareja, argumentando que conductas posteriores que sostiene la Fiscalía -como ducharse, acostarse o quedarse fumando y bebiendo- son incompatibles con un estado de shock o una reacción impulsiva, la cual suele durar “pocos minutos”.
Respecto a J., el informe forense ha revelado que padece trastorno de conduta por consumo de sustancias (específicamente cocaína y cannabis) y un trastorno de conducta, aunque los forenses han concluido que dicho trastorno no influyó “en su inteligencia ni en su voluntad al momento de los hechos”. Finalmente, el informe sobre la procesada, la forense han indicado que padece un retraso mental leve y madurativo. Aunque esto hace que la mujer sea “una persona influenciable y fácil de manipular en sus relaciones sociales”, la mujer sí tiene una “capacidad básica” para conocer la realidad y entender que una persona ha sido dañada o ha muerto. Además, ha afirmado que es “una persona funcional porque ha trabajado, ha sido mamá y sabe distinguir entre el bien y el mal”. El juicio continuará este miércoles.
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