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Las defensas del crimen de Sagunto alegan una supuesta agresión sexual como detonante del asesinato

Juicio a los acusados de asesinar a un hombre en el barrio de Sagunto

Alejandra Luque

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La Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Córdoba ha celebrado este lunes la primera sesión del juicio por jurado que juzgará a tres personas, R., J. y M., por a muerte de Rafael, un vecino de Sagunto, que perdió la vida en su propia casa en la calle Reina Mercedes, y por dos delitos de robo. El juicio, previsto para las 9:30, ha comenzado pasadas las 12:00 ante la complejidad que supone constituir un tribunal de jurado. La sesión se ha alargado hasta la tarde y ha cogido la declaración de más de diez personas. Los acusados declararán después de que los hayan hecho todos los testigos, aunque sus defensas ya han adelantado que la muerte de Rafael se produjo como respuesta a un supuesto intento de violación que la víctima habría intentado con la mujer que también está procesada.

La sesión ha arrancado con la lectura de los escritos de calificación de la Fiscalía y de la acusación particular, representada por la hija de la víctima. Ambas acusaciones coinciden en responsabilizar de los hechos a los tres acusados, en mayor o menor medida, solicitando para los dos hombres 20 años de prisión por el delito de asesinato más cuatro años por el robo con violencia y otros tres años por el robo con fuerza. Para la mujer han pedido una pena de diez años por asesinato más las penas por los robos, sumando 17 años de prisión. Los procesados habrían conocido a la víctima en un centro social del barrio.

Por su parte, la defensa de uno de los acusados, R., y la de su pareja, M., ha reconocido que su cliente es el autor de la muerte de Rafael, pero ha rechazado la acusación de asesinato. Según su versión, R. sorprendió a la víctima intentando abusar de M., lo que le provocó un estado de “ofuscación y cerrazón”, ha apuntado su abogada, que ha asegurado que su cliente “no tenía intención de matar, sino de darle una lección”. “Cualquier persona, en un momento así, podría perder la cabeza”, ha seguido apuntando esta letrada, quien ha asegurado que el acusado “confesó los hechos, ayudó a la Policía a esclarecer lo sucedido y se encontraba bajo la influencia del alcohol en el momento del ataque”. Por ello, ha solicitado que sea juzgado por un delito de homicidio doloso, al no apreciarse alevosía ni ensañamiento. A lo largo de esta semana se esclarecerá si esta confesión y ayuda fueron tales.

Para M., la misma defensa ha solicitado la libre absolución y ha señalado que tiene discapacidad intelectual y que en el momento de los hechos estaba embarazada de dos meses. Según su abogada, la acusada no participó en la agresión y que los otros dos acusados le ocultaron la muerte de Rafael, de la cual no tuvo conocimiento hasta que fue informada por la Policía.

Uno de los acusados

Por su parte, la defensa de J. ha negado cualquier participación en la muerte de Rafael y sostiene que, en un momento dado de la noche del 2 de abril, la víctima habría intento agredir sexualmente a la procesada. Tras esto, según su versión, la mujer y él se fueron “a otro piso” mientras que R. se quedó con Rafael en su piso y reconoce que volvió después de los hechos, ya el día 3, para sustraer diveros objetos de la casa. Además, asegura que no sabía que la víctima había muerto. Por tanto, ha pedido que se le juzgue únicamente por un delito de hurto -dado que él, asegura, tenía las llaves del piso de la víctima- y se le aplique la atenuante de drogadicción y un trastorno de personalidad. Los tres fueron detenidos el 5 de abril en una nave de Chinales con algunos de los objetos que eran propiedad de la víctima.

Vecinas y familiares aseguran que “no era normal” que la víctima metiera a nadie en su casa

La ronda de declaraciones la ha iniciado una vecina de la víctima, quien, como el resto de vecinas y familiares de Rafael, ha explicado que “no era normal” que este hombre acogiera a nadie en su casa y, ni mucho menos, hiciera fiestas o pusiera música, tal y como ocurrió tanto la noche del crimen como el día previo. En primer lugar ha declarado la única vecina que, el día de la muerte de Rafael, llamó a la casa para pedirles que bajaran la música. Ha relatado que aquella noche del 2 de abril escuchó “risas de hombres y de una mujer, y música muy alta”. Antes de llamarles la atención, logró escuchar a Rafael, aunque no muy bien. Cuando llamó a la puerta, le abrieron los procesados R. y M., que le aseguraron que eran pareja, que ella estaba embarazada, que venían de Madrid y que Rafael les había alquilado una habitación, algo que a esta vecina le extrañó sobremanera.

Sin embargo, poco después de que esta vecina se quejara del ruido, los acusados volvieron a subir la música mucho más y, tras esto, oyó un golpe seco en la pared. Después, nunca más volvió a escuchar a su vecino. Esta vecina ha apuntado que la noche del 2 de abril no fue la única en la que hubo problemas por el volumen de la música, sino que también se produjeron el día anterior, aunque ha reconocido que no les llamó la atención porque entendía que podía ser ocasional.

Dos de los acusados

Otra vecina ha declarado que el día después del crimen, el 3 de abril, se cruzó con R. y vio que llevaba pertenencias de Rafael, como “sus zapatillas de deporte, su teléfono móvil y sus cadenas de oro”. En el momento en que esta vecina vio a este procesado, aún no se había descubierto el hallazgo del cuerpo de la víctima. Una tercera vecina ha afirmado que también el 3 de abril vio a otro procesado -según su descripción, J.- salir de la vivienda de Rafael cargando con el televisor a plena luz del día.

Dada que la situación era, para todas las vecinas, “muy extraña”, una de ellas decidió avisar a uno de los hermanos de la víctima. En cuanto este pudo, se presentó en el piso de Rafael. Nada más entrar, según ha declarado ante la magistrada, se encontró “las paredes manchadas de sangre y un salón” con claros indicios de haber acogido una fiesta. Decidió entonces ir hacia la habitación de su hermano. Allí halló su cadáver, “debajo de un colchón y de ropa, totalmente reventado, con golpes por todos lados y ensangrentado”. Este testigo ha insistido en que su hermano era una persona vulnerable -al parecer, sufría depresión- que tomaba mucha medicación y que, debido a su bondad, “confiaba con facilidad” en desconocidos.

En esta primera sesión también han declarado un amigo de la víctima, quien le advirtió que “tuviera cuidado” con las personas con las que iba cuando lo vio con los procesados; así como otros dos hermanos de la víctima y su hija, quien, emocionada, se ha referido a la buena relación que tenían, pese a no convivir juntos, y a los proyectos futuros de vida que tenían. Todos los testigos han señalado que la víctima era “muy buena persona” y “siempre ayudaba”.

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