“¿Oenequé?”: 35 años de la fundación de ASPA, la primera ONG de Andalucía

Proyecto de cooperación en Nicaragua de quienes luego fundaron ASPA

En los años 80 del siglo XX, en Córdoba borboteaban algunos movimientos sociales que dieron lugar a la fundación, en el año 1987, de la que sería la primera ONG de Andalucía: la Asociación Andaluza por la Solidaridad y la Paz (ASPA). Su creación vino precedida de un movimiento larvado durante varios años en la capital cordobesa, por quienes fueron incorporando al ideario del activismo los valores de la solidaridad, la cooperación internacional, la ayuda al desarrollo y la paz. Fueron los pioneros en el mundo de las ONG en Andalucía cuando, en aquel entonces, la mayoría de la gente les preguntaba: “¿Oenequé?”.

Quien da cuenta de esta anécdota es Javier Rodríguez, uno de los fundadores de ASPA, que ha hablado con Cordópolis para recordar los inicios y la trayectoria de la primera ONG andaluza ahora que cumple 35 años. Rodríguez, junto a Antonio Carlos Zurita, Paco Paños y Jorge González Baute, fueron quienes “le pusimos nombre y apellidos en un papel y legalizamos la iniciativa. Pero no dejábamos de ser la punta del iceberg de un movimiento que había” en Córdoba.

Recuerda uno de los fundadores de ASPA cómo, desde años atrás, en Córdoba existía el Comité de Solidaridad con Centroamérica, “promocionado por los partidos de la izquierda de entonces y que surgió al calor de movimientos de respuesta en Nicaragua, El Salvador, Guatemala...”. Y ya en 1984, desde ese Comité de Solidaridad, “se organizó una brigada que fue a Nicaragua a construir una escuela”, durante los meses de verano. “Llevamos recursos económicos, mucha buena voluntad y mano de obra. Y ese empuje sirvió para construir una escuela en una comunidad del sur de Nicaragua, en una de las regiones más pobre junto al río San Julián”.

Inicios muy ilusionantes

Esa experiencia, se sumó a la de integrantes del proyecto que se quedaron más tiempo en aquel país y a la de otros que participaron en un proyecto junto a la Universidad y la Escuela Técnica Empresarial (ETEA) en Managua, conectando con movimientos de ONG a nivel internacional. “Y todo aquello fue el germen” que dio lugar en 1987 a la fundación de ASPA como primera ONG en Andalucía y a la celebración de su asamblea constituyente.

Recuerda Javier Rodríguez que los inicios de la andadura “fueron muy ilusionantes, a la vez que también éramos inexpertos. Teníamos alguna trayectoria política, pero no teníamos mucha experiencia de gestión de este tipo de organismo porque eran nuevos. Tenías que explicarle a la gente qué era una ONG”, rememora, con la repetida pregunta que les hacían: “¿Oenequé?”.

Aquellos primeros pasos sirvieron para que ASPA para hacer contactos como con la ONG catalana Intermón y para asentarse: “Nosotros evolucionamos de los movimientos sociales a fundar una ONG”, en una sociedad en la que, durante mucho tiempo, “en España el movimiento estaba asociado a las instituciones religiosas o a entidades más ligadas a la acción gubernamental”, como Manos Unidas o Cruz Roja, cita.

Y entre los primeros proyectos que acometió ASPA fue el de traer temporalmente a niños saharauis a Andalucía. “Fue novedoso en esos primeros momentos. Venían en grupo, con monitores saharauis, nos incorporábamos monitores de aquí y, previamente acordado con instituciones como diputaciones y ayuntamientos, estas les buscaban alojamiento y manuntención. El servicio de Salud se movilizaba sobre todo para revisiones ofatlmológicas, los ayuntamientos facilitaban el acceso a las piscinas municipales....Fue una experiencia muy bonita”.

Esa experiencia que queda en la retina de los fundadores de la primera ONG de Andalucía se guarda junto a un sentimiento de agradecimiento: “De la solidaridad he recibido más de lo que que he dado. Yo era el vehículo de una ayuda material y, a cambio, recibía una gratificación emocional, vinculada a los sentimientos comunitarios, que aquí se habían perdido”, apunta Rodríguez.

Proyectos internacionales y locales

Durante estos 35 años, la trayectoria de ASPA ha combinado la gestión de proyectos de ayuda al desarrollo, sobre el terreno en otros países, con la acción de sensibilización y concienciación social entre la población local. “Son las dos patas con las que iniciamos el trabajo”. Es lo que ha venido haciendo, encontrándose también con el conflicto de ver que “la ayuda material que llevaba a otros países no siempre cumplía la función ideal o utópica que se pensaba. También llevabas valores, técnicas productivas, enfoques de la sociedad moderna a comunidades que no estaban inmunizadas contra los riesgos de la sociedad moderna como la importancia de la riqueza, de lo material...”, reflexiona.

Y pone un ejemplo real: “Llevar luz a una comunidad también significaba que iba a llegar la televisión y con ella el consumo, el venderte un mundo ideal, el capitalismo...Los valores que eso difunde en una comunidad campesina no son los de la solidaridad sino todo lo contrario, la competencia, la ley del más fuerte....”.

De hecho, explica cómo, a su juicio, “los 30 años del movimiento de las ONG coincide con el asentamiento de la globalización. Y a pesar de la gran fuerza del movimiento de las ONG, actualmente la brecha entre países ricos y empobrecidos es más grande. Algo falla. Esa discusión ya estaba en los años 90, sobre las contradicciones que había que resolver”.

Ejemplo para otras ONGs

Por eso, entre otras cuestiones, ASPA se centró en equilibrar sus acciones exteriores y locales, promoviendo la conciencia social de cooperación, con la publicación de revistas y folletos, con la organización de conferencias y trayendo hasta territorio local personas que dieran testimonio de la vida en países empobrecidos y necesitados de ayuda al desarrollo.

¿Sirvió de ejemplo ASPA como primera ONG? “La idea rápidamente prendió y la gente dejó de preguntar ¿Oenequé?”, cuenta Javier Rodríguez. Y a eso ayudó que “andalucía siempre hemos sido un lugar muy solidario, seguramente por nuestro propio sustrato histórico o también porque hemos sido gente pobre respecto a Europa. Sea por lo que sea, enseguida prendió y empezaron a surgir iniciativas locales y también regionales”.

Incluso -aprecia uno de sus fundadores-, en ese caldo de cultivo, “ONG como Cruz Roja o Manos Unidas vieron que había una sensibilidad social y bajaron de la institución a pie de calle”. Y, a nivel local, en los primeros años de los 90, se creó la Coordinadora Córdoba Solidaria, donde confluían distintas ONG de ayuda al desarrollo y cooperación, organización que aún pervive, y tampoco tardó en constituirse una Coordinadora Andaluza, al calor de una similar a nivel nacional.

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