El conflicto de la zona de aparcamiento para residentes en el Zumbacón: vecinos enfrentados y una decisión en septiembre
Un problema que tiene a vecinos opinando de una u otra forma, con la posibilidad de que los votos de la mayoría hable, aunque tampoco se está de acuerdo en eso. El barrio del Zumbacón se encuentra inmerso en una controversia vecinal debido a la propuesta de implantación de una Zona de Aparcamiento Vecinal, lo que se conoce popularmente como zona naranja. Esta medida busca dar respuesta a una problemática que, según algunos, se ha agravado con los años: la saturación de los vehículos en las calles.
De hecho, el proyecto inicial, diseñado por el Ayuntamiento de Córdoba, contempla la creación de 257 plazas de aparcamiento de uso exclusivo para residentes en vías principales como la avenida de la Igualdad y calles como Balanzona, El Vacar o Villaharta. El sistema funcionaría mediante un control tecnológico avanzado en seis cámaras de lectura de matrículas que identificarían los vehículos autorizados. El horario de restricción propuesto para los no residentes sería de 18:00 a 7:00 en días laborables, y durante las 24 horas los sábados, domingos y festivos.
Y esto es el eje central del desacuerdo entre vecinos y, además, los trabajadores de la Cruz Blanca, la Casa Familia San Francisco de Asis. Por un lado, los primeros denuncian que personas de otros barrios y usuarios de pisos turísticos utilizan el Zumbacón como un “aparcamiento gratuito”, dejando al resto sin plazas cerca de sus hogares en un barrio compuesto mayoritariamente por edificios antiguos sin cocheras subterráneas. Por otro lado, los profesionales de la Cruz Blanca se queda sin parking para realizar su jornada laboral, sobre todo en ciertos turnos como el de la tarde o el de la noche.
Paralización del proyecto y el desacuerdo entre los vecinos
A pesar de que esta zona de aparcamiento residencial estaba lista para ser activada de inmediato, el proceso ha quedado paralizado tras detectarse un fuerte malestar entre un sector de los vecinos que asegura no haber sido consultado debidamente. Por tanto, la decisión final se ha pospuesto a una asamblea vecinal que se celebrará en septiembre, donde se votará si el bario adopta finalmente la zona naranja o mantiene el sistema actual.
Sin embargo, este periódico ha querido preguntar a todas las partes implicadas para saber en qué situación está la asamblea, si se ha convocado ya y quiénes decidirá el futuro de este proyecto en el barrio. Primeramente, Antonio Romero, presidente de la Asociación Vecinal El Zumbacón, ha defendido en Cordópolis que es una iniciativa que se ha trabajado desde 2022, cuando una encuesta reflejó que los vecinos estaban de acuerdo. El dirigente ha explicado que el objetivo es garantizar que todos los ciudadanos de este barrio puedan regresar de trabajar tarde y puedan encontrar sitio.
Pese a ello, Romero ha reconocido que ante la aparición de dichas voces críticas, lo más democrático es someterlo a votación. “La asamblea tendrá que respetar si sale sí o si sale no”. Ahora bien, esto también ha traído consigo polémica, ya que, según ha confirmado el presidente, únicamente los socios de la entidad vecinal tendrían derecho a voto en la asamblea de septiembre. Esta restricción ha sido calificada de “ilegal” por otros residentes, quienes sostienen que una asociación de apenas 40 miembros “no puede decidir sobre el futuro de un barrio entero”.
Por su parte, el Ayuntamiento de Córdoba ha impulsado la medida como un proyecto piloto de sostenibilidad y mejora de la calidad de vida. El Consistorio justificó la intervención en el Zumbacón, un barrio de casas bajas donde las necesidades de aparcamiento son permanentes. No obstante, ante el conflicto surgido, el Ayuntamiento ha optado por la prudencia, esperando a que los vecinos alcancen un consenso antes de proceder con el pintado de las calles y la instalación de la señalética.
Fuentes municipales han confirmado a este periódico que la intención del Ayuntamiento sigue siendo escuchar a los residentes y ver qué piensan de la medida presentada, tratando de que el proyecto sea “vivo” y admita variaciones durante su maduración. El objetivo final del Gobierno local es evitar que el barrio se convierta en un “aparcamiento de otros barrios”, pero aplicando “prudencia y sentido común”.
Asimismo, Cordópolis acudió al barrio para saber el sentir de los vecinos. Y hay una doble variante. Por un lado, Manuel Cabanillas, Rafael Sueco, José Obregón, Juan Pérez, Soledad Luque y María del Carmen Recio son varios de los ciudadanos que se oponen frontalmente a la zona naranja, alegando que la medida “aislará” el barrio. Este grupo de personas han denunciado que la implantación de horarios restringidos impedirá que hijos, nietos o familiares puedan visitar a las personas mayores que viven en la zona, una población especialmente vulnerable en el Zumbacón. “Van a dejar solas a las personas mayores porque sus familias no podrán aparcar para venir a verlos”, lamenta uno de los residentes.
Aunque las quejas seguían sucediéndose con el paso de los minutos. Muchos vecinos aseguraban haberse enterado del proyecto de forma “extraoficial” o a través de carteles en comercios locales, denunciando que las gestiones se han hecho “a escondidas”. Además, han criticado que no se les haya pedido opinión directamente y temen que, tras la zona naranja, el Ayuntamiento acabe imponiendo nuevas tasas o impuestos por aparcar en sus propias calles.
Otra arista de este problema es el impacto económico en los negocios locales también es un punto de fricción. Un ejemplo es el de un taller mecánico de la zona, cuyo propietario ha explicado que necesita espacio en la calle para los vehículos de sus clientes y las grúas. Con la nueva regulación, el negocio se vería gravemente perjudicado al no poder estacionar coches fuera de su local sin riesgo de sanción, lo que, según sus palabras, le obligaría prácticamente a cerrar o trabajar en condiciones imposibles.
Hay vecinos a favor... pero se decidirá en septiembre
Aun así, no están todos en contra. Antonio Romero y Estrella Ruiz también reciben a este periódico en las puertas de sus casas para explicar que ellos no están ni de acuerdo ni en contra. Ambos ven cosas positivas y negativas de la zona naranja, pero apelan a una solución democrática. “Lo que voten en la asamblea los vecinos, pues eso se tendrá que adoptar. Para bien o para mal, lo que decida la mayoría así debería ser”.
El conflicto queda así en suspenso hasta la llegada de septiembre. La asamblea vecinal se perfila como un encuentro donde se decidirá el modelo de convivencia y movilidad para el Zumbacón. Mientras tanto, el barrio permanece dividido entre quienes ven en la zona naranja la solución al caos circulatorio y quienes la perciben como una medida que restringe su libertad y la de sus familias.
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