Cansancio, apatía, irritabilidad, estrés y falta de concentración: la 'factura' de la adaptación a la vuelta a la rutina
Septiembre significa el reinicio de la actividad para mayores y pequeños después de un periodo más o menos largo de vacaciones, de jornadas donde no hay ni horarios ni tareas marcadas. Volver a la rutina supone un proceso de readaptación al que el cuerpo y la mente responden de distintas formas, provocando unos días o incluso semanas en los que cuesta llevar a cabo esa adaptación. Y ahí, se abren paso el cansancio, la apatía, la irritabilidad, la falta de concentración, el sueño y el estrés como algunos de los efectos que tiene el intentar volver a la rutina y la actividad laboral o académica.
“Con la vuelta a la rutina nos enfrentamos a un proceso de readaptación, de cambios de horarios y demanda de actividad y tiempos”, explica a Cordópolis la investigadora pre doctoral de la Universidad de Córdoba (UCO) e integrante del grupo de Psicología Aplicada del Instituto Maimónides de Investigación Biomédica de Córdoba(Imibic), Sandra Marqués. Durante las vacaciones han desaparecido esas demandas laborales o académicas, hay horarios más flexibles y disminuye el nivel de estrés y aumenta el bienestar -explica la experta-. “Ahora hay que volver a adaptar nuestros horarios y esa transición genera a veces malestar en algunas personas”.
“El cansancio, la apatía, la irritabilidad, el sueño o la dificultad para concentrarse son respuestas a esa adaptación” durante varios días o semanas, según las personas. “Pasamos de tener más control sobre nuestro tiempo en vacaciones a tener menos tiempo disponible. Y eso puede generar más estrés, con los horarios y obligaciones de la rutina. En vacaciones hemos tenido más libertad para decidir qué hacemos y esa pérdida de libertad genera estrés”, señala.
Lo que habitualmente cuesta más es enfrentarse a recuperar los horarios ciertos hábitos como el sueño. “Durante las vacaciones solemos acostarnos y levantarnos más tarde y volver de forma brusca al horario habitual -ya sea del trabajo o de clase- puede hacer que estemos más cansados y nos cueste concentrarnos en la tarea más”.
“No exigirnos estar al 100% el primer día”
Como consejos para que este proceso de adaptación no provoque problemas, esta psicóloga indican que es oportuno “retomar la rutina de forma gradual, no exigirnos estar al 100% el primer día o ponernos de todo al día durante una mañana. Es algo más complicado y debe ser progresivo”. Otro de los puntos clave es “tener unos hábitos adecuados de sueño” y no sobrecargarse de tareas ni establecer grandes objetivos, sino ir paso a paso. Y, junto a ello, no dejar los momentos de descanso y de socialización de los que hemos disfrutado en vacaciones: “Hay que mantener los encuentros con amigos y la familia”.
Este proceso de adaptación se da tanto en adultos como en niños, unos con la recuperación de las responsabilidades laborales y familiares -lo que aumenta la percepción de tener poco control sobre el tiempo propio-, y otros con las tareas académicas. “La diferencia entre adultos y niños está en que los primeros tienen capacidad para identificar y poner palabras a aquello que están sintiendo, a su malestar. Los niños hacen eso de manera más indirecta: pueden estar más irritables, llorar más fácilmente... es importante saber interpretar ese comportamiento del niño porque puede responder a una dificultad para adaptarse” a la rutina. “Es importante explicarle a los niños los pasos que van a dar para ir volviendo poco a poco a sus tareas”.
Con todo, en la adaptación a la vuelta a la rutina confluyen distintos factores, como variables psicosociales que influyen junto a las circunstancias externas en cada persona. “No es lo mismo unas vacaciones basadas en el descanso que unas llenas de actividad donde no ha habido tiempo de recuperación. Y luego también influyen factores como los recursos de cada persona, la gestión de sus emociones, la carga laboral que conlleva su trabajo, etcétera. Juegan muchos factores”, advierte. Y ahí, los estudios que llevan a cabo desde el grupo de Psicología Aplicada del Imibic, ayudan a comprender cómo se relacionan esos factores con el bienestar, la salud y la calidad de vida de las personas en general y, en una época como esta, en la vuelta a la rutina que marca septiembre.
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