¡Por fin! La semana que viene bajará el calor... ¡10 grados!

Dos turistas se protegen del calor en el Puente Romano | TONI BLANCO
Las máximas a partir del miércoles bajarán hasta los 31 grados en lo que la Agencia Estatal de Meteorología considera la “normalización” del verano

Cuando algo iba mal, las abuelas consolaban a sus nietos con un refrán: “Siempre que llueve, escampa”. Ahora quizás habría que actualizar el refrán: “El calor no es eterno. Siempre llega el frío”. Y eso es, al menos, lo que parece que ocurrirá a partir de la próxima semana cuando ¡por fin! las temperaturas se “normalicen”, según los expertos en meteorología. Se prevé, de hecho, que las máximas puedan descender hasta ¡10 grados!, regresando a unos valores que no se registraban desde principios del mes de junio.

De hecho, hoy mismo y después de la llegada de un frente que ha dejado algo de lluvia en la ciudad, no se espera una máxima superior a los 35 grados, que son ya cinco grados menos que el calor que por ejemplo se registró durante la jornada de ayer. No obstante, la de hoy será una jornada de transición, ya que se espera que mañana la temperatura alcance los 39 grados. La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) ha activado el aviso amarillo por altas temperaturas.

La ansiada “normalización” de las temperaturas no llegará, pues, hasta el martes, cuando las máximas previstas vuelvan a ser de 35 grados. El miércoles será el mejor día de todos, con unas máximas de 31 grados, es decir, diez grados menos de máxima de lo que el cordobés estaba acostumbrado a soportar prácticamente desde finales del pasado mes de junio. Para el jueves y el viernes las máximas ya oscilarán en torno a los 33 grados. Es decir, será un agosto “normal” y no “extremadamente cálido”, como la Aemet ha calificado al pasado mes de julio.

La madrugada de hoy ha sido extraña. Así, según los datos aportados por el Observatorio del Aeropuerto, la ciudad iba camino de batir un nuevo récord de temperatura mínima más alta en una madrugada, después del registrado antes de anoche. A las 00:00 de la noche, en la ciudad el termómetro marcaba unos increíbles 35 grados. Pero todo cambio entre las 3.00 y las 4.00 de la mañana. A esa hora, el termómetro bajó siete grados de golpe con la llegada de una tormenta, que dejó rachas de viento de hasta 60 kilómetros por hora. También llovió, pero no mucho: apenas dos litros que se convirtieron en barro. Y tronó, aunque poco.

La tormenta y los fuertes vientos hicieron que las temperaturas se desplomaran rápidamente y que marcaran una mínima mucho más soportable: 23,9 grados a las 4.50. No obstante, la humedad se disparó y eso ha hecho que esta mañana continuaran las lluvias, muy débiles. Por eso, y aunque solo sea por un día, la sensación de calor extremo ha desaparecido. Solo había que tener paciencia.

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